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Equipo Infinito.

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martes, 3 de noviembre de 2009

Santos


Los santos (<>Empleo del término

En español se utiliza la palabra santa cuando se trata de una mujer (por ejemplo, santa Ana de Nazareth). Cuando es un hombre se utiliza siempre el apócope san, con las excepciones de santo Tomé, santo Toribio, santo Tomás, Santo Medero y santo Domingo, en las que se emplea el término completo.

La palabra santo se utiliza como adjetivo para indicar una relación directa con Dios. Por ello, se aplica a personas (los santos), lugares (como el Monte Athos), textos (como las Sagradas Escrituras), etc.

En muchas tradiciones religiosas teístas son los intercesores o los protectores y son objeto de culto por entenderse que, después de muertos, disfrutan de la compañía de la divinidad.

En la tradición cristiana se trata de personas destacadas por sus virtudes y son venerados como modelos capaces de mostrar a los demás un camino ejemplar de perfección. Al ser Dios amor,[1] su principal virtud es, consecuentemente, su capacidad para amar a Dios y a los demás seres humanos. La religión cristiana considera además que toda la humanidad está llamada a ser santa y a seguir a los santos, que representan el ejemplo de creencia y seguimiento de Dios cuya vida puede resumirse en un sólo concepto: el amor al ser supremo.

En la Iglesia católica el reconocimiento de un «santo» se produce después de un proceso judicial llamado canonización. Actualmente, sólo el Papa, al quien se llama protocolariamente «Su Santidad», puede determinar la santidad de fieles católicos. Este proceso tiene análogos en algunas otras confesiones cristianas.

En el budismo, al no existir el concepto de Dios, un santo es una persona iluminada o cercana a la iluminación, y por consiguiente, al Amor Universal. De este modo, es su karma el que determina su grado de pureza espiritual, el cual puede ser verificado por medios metafísicos (percepción extrasensorial de los chakras) por otros santos.

Para el budismo, los santos son personas iluminadas o cercanas a la iluminación. Al orar y fijar el pensamiento en una figura santa o en algo relacionado con ella se entra en conexión metafísica respecto a determinado campo de la conciencia con lo que representa dicha figura y con todos los que estén y hayan estado pensando u orando sobre lo mismo. Así, estas figuras se realizan desde tiempos ancestrales con colores vivos y detalles característicos invariables que faciliten una imagen mental común. Por lo tanto, el objetivo no es realmente venerar lo sagrado, sino entrar en conexión con nuestra conciencia universal, aunque, para evitar el apego, no se suele recalcar dicho objetivo. Actualmente, y para santos aún vivos o de vida reciente, se usan también fotografías.

Por otro lado, si bien la mayor parte de las religiones de la India tienen a menudo tendencias sincretistas, no es así en los tres grandes monoteísmos occidentales (Judaísmo, Cristianismo e Islam), que conciben la santidad encuadrada en una pertenencia comunitaria o sacramental. El islam y el cristianismo protestante rechazan incluso la noción de santo y el culto dedicado a los seres humanos. Esto no impide, no obstante, al islam popular haber desarrollado, al margen de las corrientes oficiales y cultas, un fervor en torno a las tumbas de los santos.

Cristianismo

Iglesia primitiva

La Iglesia afirma, desde sus orígenes, siguiendo la tradición judaica, que sólo Dios es santo. Sin embargo, por el hecho del bautismo y la adopción que conlleva, los cristianos son asociados y llamados a la santidad, que es una vocación universal.

El apóstol Pablo designaba como santos a los cristianos que vivían en una ciudad determinada, expresando la santidad como el estado de comunión con Dios, en la Iglesia, por el bautismo.

Los santos en sentido estricto son aquellos que alcanzan la beatitud eterna, contemplan a Dios en el Cielo e interceden por los seres humanos en la Tierra.

Entre los difuntos, son también venerados como santos los mártires (su sacrificio borra todo pecado) y los apóstoles (por haber sido elegidos por Jesucristo). Otros santos, como ciertos ascetas serán aceptados más tarde para la veneración.

Poco a poco, la noción de santo se iría ampliando, y numerosas personalidades locales de la Iglesia primitiva y de las nuevas poblaciones cristianizadas adquirirían la reputación de la santidad.

Catolicismo

Para los católicos, los santos forman la llamada Iglesia triunfante e interceden ante Dios por la humanidad, por los vivos en la Tierra y por los difuntos en el Purgatorio: es la llamada comunión de los santos. Todos ellos, incluso los que han sido oficialmente reconocidos como tales, tiene su festividad conjunta en el Día de Todos los Santos, que se celebra el 1 de noviembre y que para los católicos representa que, más allá del número de personas canonizadas (es decir, de las cuales la santidad se afirma sin ambigüedad y se les puede dirigir el culto), hay abundantes cristianos (e incluso no cristianos en sentido estricto, como Abraham, Moisés, David, Job), que ha alcanzado el ideal de comunión con Dios.

Los santos inscritos en el martirologio romano son los declarados por la Iglesia Católica como indudablemente presentes en el Cielo y, por tanto, pueden ser objetos del culto público, el llamado culto de dulía, a diferencia del culto de latría, que no debe dirigirse más que a Dios. Una excepción en estas categorías del culto representa la Virgen María, receptora de la hiperdulía que se celebra en los lugares de apariciones marianas.

Aunque los antiguos santos eran declarados como tales por los obispos, el procedimiento, a lo largo de los siglos, se ha ido centrando en Roma y, desde hace un milenio, sólo el Papa puede celebrar canonizaciones. La Iglesia Católica establece la santidad de ciertas personas mediante los procesos abiertos por la llamada Congregación para las causas de los santos. El proceso de santificación tiene que pasar por las etapas de venerabilidad, beatificación y canonización. El proceso de canonización adopta las formas de un proceso judicial en el que una persona (el «promotor de justicia», tradicionalmente llamada abogado del Diablo) examina y cuestiona la supuesta santidad del candidato propuesto por el postulador de la causa. En este sentido, el postulador asume el papel de «fiscal», pues debe «demostrar» la santidad del candidato, y el promotor actúa como la «defensa», pues le basta mostrar dudas razonables contra la causa. Aunque el derecho canónico establece un tiempo mínimo entre el fallecimiento de una persona y el inicio de su causa de canonización en Roma, los plazos son muy variables.

El papel de los santos en la Iglesia y entre los creyentes ha evolucionado mucho durante la segunda mitad del siglo XX. El culto que se les solía rendir se ha ido matizando y sus imágenes son más utilizadas como ejemplos que como agentes de intercesión, papel que desempeñaron con fuerza durante siglos. El Papa Benedicto XVI afirma: "El santo es aquel que está tan fascinado por la belleza de Dios y por su perfecta verdad que éstas lo irán progresivamente transformando. Por esta belleza y verdad está dispuesto a renunciar a todo, tambien a sí mismo. Le es suficiente el amor de Dios, que experimenta y transmite en el servicio humilde y desinteresado al prójimo".

Desde el Concilio Vaticano II, los procedimientos han cambiado, los plazos se han hecho más cortos y el número de milagros post-mortem necesario, que antes podía alcanzar varias centenas (en función de la credulidad de las épocas), se ha reducido a dos.

Existen más de 10,000 beatificados y santos. El reverendo Alban Butler, publicó Lives of the Saints (La Vida de los Santos) en 1756, conteniendo 1,486 santos. La obra, editada por el padre Herbert Thurston, S.J. y el autor británico Donald Attwater, contiene las vidas de 2,565 santos.

Bajo el pontificado de Juan Pablo II, en un período de 25 años, se proclamaron no menos de 2000 beatificaciones o canonizaciones, mientras que sus predecesores necesitaron varios siglos para unas centenas de declaraciones.

Iglesia Ortodoxa

La santidad es para la Iglesia Ortodoxa una participación en la vida de Cristo, y los santos son llamados así en la medida en que son cristóforos, es decir, suficientemente obedientes a la figura de Cristo como para representar fielmente su imagen, ser su icono.

La Iglesia Ortodoxa ignora la noción de bienaventurado; la palabra equivale a santo. Tampoco conoce el proceso de canonización o el número mínimo de milagros para ser proclamado santo. Cuando la veneración de la memoria de un difunto se extiende entre los fieles, el sínodo de la Iglesia afectada se reúne en torno al primado (patriarca o arzobispo) y estudia la cuestión de la santidad de la persona. Sucede con frecuencia que para entonces ya han sido pintados iconos en su memoria. Cuando la santidad es proclamada, se determinan los días (pueden ser uno o varios) de fiesta litúrgica y se adopta un himno en su honor. El canón iconográfico del santo comienza entonces a elaborarse. En el calendario ortodoxo, el día consagrado a la memoria de todos los santos el primer domingo después de Pentecostés.

Protestantismo

El protestantismo se distingue especialmente del resto del cristianismo por su rechazo del culto de los santos y de sus reliquias. La acepción de la palabra santo como sinónimo de cristiano es la más corriente entre los protestantes, que insisten en la afirmación de que sólo Dios conoce a los que le pertenecen. Por ello, se abstienen de declarar a nadie particularmente santo, en tanto que su concepción de la otra vida es muy variable, no sólo entre las diferentes denominaciones, sino también según los individuos.

El protestantismo más clásico suele llamar santos a los personajes del Nuevo Testamento, sin que ello de lugar a ningún culto. Por tradición, algunos países protestantes han conservado el patronazgo de los santos a los que atribuyen haber jugado un papel importante en su evangelización: santa Brígida en Suecia, san Olaf en Noruega, etc.

Mormones

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días reclama que es la misma iglesia que Cristo estableció y que ha sido restaurado en nuestros días en preparación para la segundo venida del Salvador. Y de ahí, como su nombre indica, la Iglesia dice que sólo es diferenciada de la Iglesia primitiva en que los santos, o los miembros de la iglesia, viven en estos, los últimos días.

Elder Russell M. Nelson, miembro del Quórum de los 12 apóstoles de dicha iglesia, clarificó la definición de la Iglesia de un santo de la siguiente manera:

La palabra cristiano aparece en sólo tres versículos de la versión Reina Valera de la Biblia. Un versículos describe el hecho histórico en que 'a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.' (Hechos 11:26); una otras cita un no creyente sarcástico, el rey Agripa (véase Hechos 26:28); y la tercera indica como un cristiano 'debe estar preparado para sufrir' (1 Pedro 4:16).
En contraste, el término santo (o los santos) aparece en treinta y seis versículos del Antiguo Testamento y en sesenta y dos versículos del Nuevo Testamento.

Pablo dirigió una epístola 'a los santos que están en Éfeso, y al fiel en Jesucristo' (Efesios 1:1.). A conversos recientes allí, les dijo, 'Por eso, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios' (Efes. 2:19; véase también a Efes. 3:17–19). ¡En su epístola a los efesios, Pablo utilizó al santo de palabra por lo menos una vez en cada capítulo!

A pesar de su uso en noventa y ocho versículos de la Biblia, el término santo todavía no es entendido bien. Algunos piensan erróneamente que la palabra, cuando se refiere a una persona, implica la beatificación o la perfección ¡No es así! Un santo es un creyente en Cristo y sabe de Su amor perfecto... Un santo sirve a los otros, sabiendo que el más uno sirve, la más grande la oportunidad para el Espíritu para santificar y purificar.


Russell M. Nelson


Otras religiones

Judaísmo

El término hebreo para la santidad («kedushah» en hebreo: קדושה‎) significa «apartamiento» o «separación». En la religión hebrea, lo «santo» es lo «diferente» o «apartado», y en ese sentido Yahvé es «santo», distinto del mundo profano. Los objetos y las personas se «santifican» por su relación con Dios, habitualmente a causa de la elección divina, o por una ofrenda especial hecha a la divinidad. Así, por ejemplo, el «santo de los santos» del Templo de Jerusalem era el santuario reservado para el culto especial, separado especialmente del resto de los atrios, para significar su propiedad especial por parte de Dios, y esta «santidad» se extendía a Jerusalén, la «ciudad santa», los «días santos» reservados para el culto por Yahvé, y al pueblo hebreo, elegido por Dios. Buena parte del sentido de «santo» de la religión hebrea permea en toda la tradición cristiana.

El trato con «lo santo», Yahvé en particular, se considera deseable pero cuidadoso: en la religión hebrea antigua la profanación era especialmente penada, incluso con la muerte.

Islam

En teoría, el Islam rechaza todo culto que no se dirija a Alá. Sin embargo, el chiismo reconoce santos cuyas tumbas son destinos de peregrinajes. El islam africano practica también un cierto culto de los santos llamados marabuts. El sufismo conoce los wali, expresión susceptible de ser traducida como santos.

Budismo

Los budistas en su doctrina veneran a los arahants y bodhisattvas, y, en el Tíbet, a los monjes lamas. Al Dalái Lama y al Karmapa se les llama protocolariamente «Su Santidad».

Hinduismo

Los practicantes del hinduismo hacen reverencia a sus gurús o santones, maestros espirituales de vida ascética.

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