Atención Por Favor.

Ante todo nos dirigimos y agradecemos a todos por la ayuda que nos dan con este blog ya sean seguidores, oyentes del programa de radio y por sobre todo a todos aquellos propietarios de webs, blogs, libros y todos los lugares donde han obtenidos la información y nos han acercado a nuestro mail para que podamos publicarlas en este humilde blog, para que todas las semanas desde hace ya 7 años podamos compartir en dos emisiones las tantas historias, enigmas y misterios del universo que se van pasando de generación en generación y así reflejar esas viejas leyendas, historias, enigmas y misterios que de niños oímos mas de una vez y que nos asustaban en algunos casos como también en otras nos enseñaban a valorar y respetar esas narraciones.

Desde ya les agradezco a todos y pido disculpas si no se agrega la fuente por que muchos correos no la poseen y para no cometer errores no se agrega pero en este pequeño equipo estamos muy agradecidos para con todos. Muchísimas Gracias a todos en general por su valiosa información y por su cordial atención.

Equipo Infinito.

viernes, 11 de junio de 2021

Las Amazonas

 


La leyenda de las mujeres guerreras, las míticas Amazonas, siempre ha llamado la atención en todas las culturas, y ha sido profusamente tratado en libros, cómics, cine y televisión. Siempre se las ha dibujado como mujeres perfectas, de físico envidiable, fuertes y seguras de sí mismas, partes de una sociedad que despreciaba al hombre, al que utilizaban como un mero objeto reproductor, y con una superioridad dotada por su libertad y su ardor guerrero. Tan admiradas han sido, que su historia se ha mezclado con la leyenda, con la fantasía e incluso con los mitos sexuales.

La «Historia» de Heródoto es la fuente más usada para estudiar a las Amazonas. Él las situaba cerca de la actual desembocadura del río Don, cerca de Kazajastán, adonde marcharon tras ser derrotadas por los griegos, sus más encarnizados enemigos.

Según ésta, las Amazonas descienden de Ares, dios de la guerra, y de la ninfa Harmonía, y adoraban a Artemisa, diosa de la caza. Vivían en Asia Menor, en la zona de lo que hoy es el Mar Negro, y su reino independiente lo establecieron en Temiscira, desde donde hacían las expediciones que las llevarías a las costas de Asia Menor y a las islas griegas del Egeo. Su aspecto guerrero se caracterizaba por el escudo que portaban, en forma de media luna, llamado «pelta».

Sin embargo, si bien esa era su localización inicial, tras alcanzar Grecia en el siglo III a.C., su fama se extendió entre griegos y romanos, y con ella, las imágenes populares de las mismas. Durante años surgieron relatos de mujeres guerreras por todos los continentes, pero fue la historia de sus batallas griegas las que las inmortalizaron.

Dicen de ellas que llegaron a alcanzar las islas griegas y que se establecieron, nómadas como eran, en la isla de Lesbos, en Lemnos y en Samotracia, y que, entre otras acciones, se apoderaron de Éfeso, donde fundaron el templo de Artemisa, y crearon la ciudad de Mitilene, hoy día, ciudad profundamente relacionada con el lesbianismo.

Eternas enemigas de los griegos, se enfrentaron en cruentas batallas que han pasado a la historia de la mitología. Su primer enfrentamiento serio sería con Heracles, quien en el transcurso de sus famosos 12 trabajos, tenía que robar el cinturón mágico de Hipólita, reina de las Amazonas. Cuenta la Historia que en este, su octavo trabajo, Heracles se hizo con el cinturón de la reina, quien se lo cedió por amor, sin embargo, Hera, la esposa de Zeus, celosa de la reina, se transformó en Amazona y provocó que Hércules matara a Hipólita.

Teseo también tuvo la oportunidad de enfrentarse a las Amazonas en una de sus expediciones. Enamorado de su reina, raptó a Antíope, que así se llamaba, pero sin embargo, tiempo después, acabó por abandonarla. Como venganza por el agravio, las amazonas invadieron Atenas.

La leyenda alcanza incluso al mismo Aquiles, quien se enfrentó cuerpo a cuerpo con Pentesilea, otra de las reinas amazonas. En el enfrentamiento, Aquiles atravesó el pecho de la reina, pero en ese preciso momento, por un sortilegio, quedó perdidamente enamorado de Pentesilea. Tras su desaparición, sus súbditas fueron apresadas y llevadas en tres barcos. Sin embargo, allí se rebelaron y tomaron el mando de las embarcaciones. Sus nulos conocimientos marinos las llevaron a desembarcar en las costas del Mar Azov y allí se establecerían tras luchar contra los escitas, con quienes acabaron por unirse para fundar la tribu de los sármatas, junto al río Don.

En esa nueva sociedad ellas tenían la libertad necesaria para ir de caza o a guerrear; controlaban la reproducción y, en suma, los roles sociales se invirtieron.

De lo ocurrido posteriormente y de sus tradiciones, nos movemos ya por el terreno de lo real y lo ficticio, pues según parece sólo necesitaban a sus hombres para segurar el matriarcado. Los varones tenían prohibido residir en su país, y habían de alojarse en el país vecino, adonde ellas acudían una vez al año para procrear. Si el fruto de esas relaciones resultaba ser un niño, éste era muerto o se entregaba al padre. Si era una niña, se la llevaban y la adiestraban como guerrera.

No fue hasta mediados del siglo XIX cuando el conde Bobrinsky, afamado arqueólogo, descubrió los primeros esqueletos de guerreras en los kurganes, unos túmulos encontrados en Ucrania, cerca del Dniéper. desde entonces se han encontrado sepulturas similares, siendo uno de los más famosos el de una sármata de unos 20 años que yacía junto a multitud de joyas, un hacha y las riendas de un caballo.

Una última curiosidad sobre las Amazonas: el origen de su nombre, del que según dicen, podría derivar de «a» (sin) y «Mazós» (pecho), o sea, sin pecho. Quizás de esa derivación surge la historia de que las Amazonas se cortaban un pecho, el seno derecho, para así poder manejar más facilmente el arco.

 

Fuente: Leyendas, Mitos, Misterios y Enigmas del Mundo

Barbanegra

 


Muerto el 22 de noviembre de 1718, Edward Teach, más conocido como Barbanegra, fue el último de los piratas clásicos del Caribe, cuyo nombre ha pasado a formar parte del imaginario popular como uno de los mayores malvados de la historia. Su apodo, Barbanegra, se debió a su abundante y enredada barba, de un intenso color negro, la cual adornaba, según reza la leyenda, con mechas de cañón que él mismo encendía durante los abordajes para infundir aún más terror entre sus enemigos. Con sus imponentes dos metros de altura y aspecto y mirada demoníacos, Barbanegra lucía un tricornio tocado de plumas y exhibía ante los horrorizados ojos de sus víctimas sus espadas, cuchillos y juegos de tres pistolas de distintos calibres.

Su aspecto y mirada demoníaca hicieron de Barbanegra el terror de lo mares, y más aún cuando en cada abordaje encendía unas mechas de cañón que adornaban su abundante barba

LAS PRIMERAS HAZAÑAS DE BARBANEGRA

Se desconoce el lugar exacto de su nacimiento: algunos apuntan a Bristol, otros a Carolina del Sur, e incluso a Jamaica. Los padres de Teach regentaban una taberna y las malas lenguas dicen que drogaban a los marineros para luego embarcarlos en naves en las que de estar sobrios nunca hubieran subido. Otros apuntan a que Barbanegra tuvo una posición acomodada puesto que sabía leer y escribir. Sea como fuere, sus inicios como marino tuvieron lugar durante la guerra entre Francia e Inglaterra por el control de Estados Unidos, actuando como corsario inglés y atacando barcos franceses. Al finalizar la contienda y quedarse sin trabajo, Barbanegra dejó de ser corsario para convertirse en pirata. Comenzó a navegar en compañía de un conocido pirata llamado Benjamin Hornigold, y fue entonces cuando empezó a vestir de la particular forma con que más tarde sería recordado. La isla de Nueva Providencia fue el escenario de sus primeras fechorías. Allí capturó un carguero español procedente de La Habana, otro de las Bermudas y un tercero de Madeira. En 1717 apresó al mercante francés Concorde, que se convertiría en su buque insignia y que rebautizaría como Queen Anne’s Revenge (La venganza de la reina Ana). Lo transformó en una formidable máquina de guerra a la que armó con más de cincuenta cañones.

La hazaña que hizo célebre a Barbanegra fue perpetrada en la base naval de San Vicente, en las islas de Barlovento, donde apresó a la nave Great Allen, que transportaba un valioso cargamento. Tras la escaramuza asesinó a la tripulación e hizo quemar el barco. Al conocerse la noticia, el buque de guerra inglés Scarborough zarpó enseguida para dar caza a Barbanegra y castigar su osadía, pero el navío sufrió asimismo una sonada derrota y tuvo que retirase. La noticia corrió como la pólvora y Barbanegra se convirtió en el enemigo público número uno del Imperio.

"EL GRAN DIABLO" RECHAZA EL INDULTO

Para erradicar la piratería de la zona, el rey Jorge I decretó una amnistía para todos aquellos piratas que abandonasen sus actividades. En el caso de que no quisieran aceptar las condiciones del edicto, las penas que se contemplaban en caso de ser capturados iban de la horca a las amputaciones de miembros. Barbanegra rehusó las condiciones estipuladas por el monarca y siguió con sus actividades delictivas. Entregado a un auténtico frenesí de ataques, Barbanegra asaltó posesiones tanto francesas como británicas y españolas. Sus incursiones en la península del Yucatán, en México, le valieron el mote de "El gran diablo".

La situación económica en Carolina del Norte no pasaba entonces por su mejor momento y el gobernador de la colonia, Charles Eden, llegó a un acuerdo con Barbanegra por el cual el pirata y su tripulación serían perdonados acogiéndose al Acta de Gracia. A cambio, parece ser que el gobernador acordó dejarle actuar con total impunidad y a cambio recibir una parte del botín que Barbanegra obtuviera de sus fechorías. En esa época, el pirata se casó con una jovencita de dieciséis años y se estableció como si fuera una persona honrada en la isla de Ocracoke.

Pero la farsa duró poco. En mayo de 1718, Barbanegra sitió la ciudad de Charleston y mantuvo secuestrada a toda la población. Tan sólo levantó el bloqueo cuando le entregaron un rescate de mil quinientas libras. La leyenda cuenta que Barbanegra llevó a cabo esta acción para hacerse con un lote de medicamentos para curar a su tripulación, que sufría de sífilis. Para el pirata la salud de sus hombres era fundamental, hasta el punto de que cuando capturó la nave francesa Concorde, Barbanegra se deshizo de toda la tripulación excepto de los cirujanos del barco.

SE INICIA LA PERSECUCIÓN

Ante el avance imparable de la piratería, y conocedor de que Barbanegra tenía su base en la isla de Ocracoke, el gobernador de Virginia, Alexander Spotswood, ante la posibilidad de que la economía de la colonia pudiera verse afectada, se puso en contacto con el teniente de la Marina Real Robert Maynard para que se hiciera cargo de la situación y acabara con el pirata. El 21 de noviembre, al mando de las balandras Ranger y Jane, el militar inglés llegó al extremo sur de la isla de Ocracoke. Una noche, mientras Barbanegra estuvo bebiendo ron con el patrón de una balandra con la que mantenía algunos "negocios", Maynard aprovechó para preparar el ataque del día siguiente.

El 22 de noviembre de 1718, Barbanegra, que ya estaba avisado de la llegada del teniente inglés, puso rumbo hacía el interior de los canales de la isla a bordo del Adventure. Maynard ordenó que una chalupa se hiciera a la mar para observar los movimientos de la nave de Barbanegra quien, al darse cuenta, la cañoneó a placer. Tras izar la enseña real, Maynard ordenó a sus naves que se dirigieran tan rápido como pudieran para interceptar a Barbanegra. Éste, al ver a las naves inglesas dirigirse hacia su posición, ordenó la retirada mientras sus cañones disparaban una y otra vez contra los ingleses. Según algunas versiones, todas las naves quedaron varadas por falta de viento, por lo que Maynard se vio obligado a perseguir al pirata a golpe de remo. Pero las naves inglesas no iban armadas con cañones y el teniente ordenó a sus hombres que disparasen sin cesar con sus armas cortas.

Mientras Maynard se iba deshaciendo del lastre, Barbanegra empezó a increparle: "¡Malditos villanos! ¿Quiénes sois? ¿Y de dónde venís?", a lo que Maynard le respondió que no era pirata y que él mismo subiría a su barco en cuanto pudiera. En respuesta a su desafío, Barbanegra, con un vaso de ron en la mano, le contestó: "Así se condene mi alma si os doy cuartel u os pido alguno".

Tras una noche llena de ron y celebraciones, Barbanegra se escabulló por los canales de la isla Ocracoke y el teniente Maynard empezó a perseguirle

Las dos naves inglesas embarrancaron y, para evitar más muertes, Maynard ordenó a sus hombres que se escondieran en las bodegas con sus armas preparadas. Los únicos que se mantuvieron en el puente fueron él mismo y el timonel, al cual también ordenó que se tumbara. Cuando Barbanegra vio que no había nadie en cubierta, ordenó a sus hombres que abordaran las naves inglesas: "¡Saltemos y hagámoslos pedazos!", ordenó. Sediento de sangre, Barbanegra abordó la balandra inglesa con la mitad de su tripulación, dispuesto a pasar a cuchillo a todo el que quedase, pero nada más subir abordo se dio cuenta de que había caído en una trampa cuando escuchó a Maynard ordenar a sus hombres que subieran rápidamente a cubierta. Durante varias horas, ambas tripulaciones se enzarzaron en una lucha a muerte en la que Maynard y Barbanegra acabaron enfrentándose cara a cara.

UNA MUERTE CARGADA DE LEYENDA

La leyenda de Barbanegra estaba a punto de nacer. El pirata fue finalmente abatido tras recibir veinticinco heridas, cinco de ellas de pistola. Cuando la otra balandra de Maynard pudo desembarrancar, atacó por un costado disparando hasta que la tripulación pirata finalmente se rindió. Maynard no mostró compasión alguna con el cadáver de Barbanegra: ordenó que le cortaran la cabeza y que ésta fuera expuesta durante varias semanas en el bauprés, el mástil que sale casi horizontalmente de la proa. A su regreso a Virginia, trece de los quince prisioneros fueron ahorcados.

Sobre la figura de Barbanegra circulan varias leyendas, como la que cuenta que una vez decapitado su cuerpo flotó alrededor de la nave varias veces o la que dice que su fantasma vaga por la zona de Teach's Hole, un lugar en la isla de Ocracoke llamado así en su honor, buscando su cabeza perdida. Lo que sí está claro es que, dejando a un lado el folklore, la espada de Robert Maynard acabó con la vida de Edward Teach, el temible pirata Barbanegra, del cual la sola mención de su nombre provocaba auténtico pavor entre los habitantes del Nuevo Mundo.

 

Fuente: Leyendas, Mitos, Misterios y Enigmas del Mundo

Los Tres Pelos Del Diablo

 


Un rey muy orgulloso, un día escuchó el presagio de una adivina: unos pobres campesinos acababan de tener un niño que en catorce años se casaría con su hija la princesa. Sin dudarlo, el cruel monarca se dirigió a la campiña para engañar a los felices padres y abandonar al pequeño a orillas de un río muy profundo. Y no habría vuelto a pensar en esto si no fuera que, años más tarde, un molinero le dijo:

– Hace catorce años encontramos a este joven al borde del río, y lo criamos como si fuera nuestro hijo.

El rey comprendió enseguida lo que había sucedido y quiso volver a deshacerse del muchacho redactando su sentencia de muerte. Pero un pícaro bandido cambió aquella orden por otra, gracias a la cual el joven se casó con la princesa. Aun así, el rey porfiado no se rindió y le impuso a su yerno una terrible misión: “Irás al infierno y me traerás tres pelos de oro del diablo”. Para cumplir con el pedido, el joven debía cruzar dos ciudades y un río. En la primera, un centinela le preguntó porqué la fuente de la plaza, que solía dar vino, se había secado. En la segunda, un guardia quiso saber porqué el árbol de la ciudad ya no daba manzanas de oro. Y en el río, el barquero se preguntaba porqué era él y no otro el que debía ejercer ese oficio, del que ya estaba cansado. A los tres hombres, el joven prometió darles una respuesta a su regreso.

Una vez en el infierno, la mujer del diablo decidió ayudarlo pues se apiadó de su historia. Así que, entre aullidos del diablo, fue arrancando uno a uno de la cabeza de su esposo los tres pelos de oro que necesitaba el muchacho, al tiempo que por cada pelo que le arrancaba, le formulaba una de las preguntas que sucesivamente le habían hecho al joven príncipe el centinela, el guardia y el barquero, pues nadie más que el diablo podía contestarlas.

Ya con los tres pelos del diablo en su mano y las tres respuestas en su poder, el joven salió raudo del infierno.

Así que el joven le advirtió al centinela de la primera ciudad: “Si encuentras al sapo que se ha metido en la fuente, volverás a tomar vino”.

Más tarde, al cruzar la segunda ciudad, le aconsejó al guardia: “Si sacas el ratón que está comiendo las raíces de tu árbol, volverás a tener manzanas de oro”.

-Tú, barquero- le dijo el príncipe al hombre que había hecho la última pregunta cuando ya iba de regreso al reino con los tres pelos de oro del diablo- "ponle los remos en la mano al primero que te pida cruzar este río y entonces esa persona te reemplazará en tu labor para siempre".

Y como muestra de agradecimiento, el centinela, el guardia y el barquero, colmaron al joven príncipe de múltiples riquezas.

Cuando el rey vio que su yerno había vuelto del infierno con los tres pelos de oro del diablo y con tantas riquezas, cegado por la avaricia, no dudó en realizar la misma travesía. Pero quiso el destino que el barquero pusiera en sus manos los remos malditos.

Y dicen que el rey, cruel y orgulloso, todavía sigue remando, remando y remando, y que lo seguirá haciendo... por toda la eternidad...

 

Fuente: Leyendas, Mitos, Misterios y Enigmas del Mundo

miércoles, 9 de junio de 2021

Gerónimo, El Líder Apache Más Temido

 


En febrero de 1909, Gerónimo, el último jefe indio en resistir a las fuerzas norteamericanas, cayó de su caballo completamente borracho, a orillas del río Lawton, en Oklahoma. Aquella helada noche la pasó sumergido en el agua y el 17 de ese mismo mes fallecía a causa de una pulmonía. Su propia hija Naiche dijo de él: "No era un buen hombre. Nunca oí nada bueno de él. La gente nunca dice que hizo cosas buenas".

UN TEMIDO CHAMÁN

Gerónimo nació el 16 de junio de 1829 en un campamento cercano al río Gila, que por aquel entonces formaba parte del territorio de Sonora, en México. Bautizado en su lengua nativa como Goyaalé, "el que bosteza", ha pasado a la historia como Gerónimo. Algunos sugieren que el nombre surgió como una mala pronunciación por parte de los mexicanos de su auténtico nombre indio. Los apaches bedonkohe, una de las cuatro tribus principales de los chiricahuas –al igual que sus parientes chokonen, chihenne y nedni,– eran ya en aquel entonces una población prácticamente sedentaria que se dedicaba a cultivar judías, maíz y patatas. Esporádicamente realizaban algunos robos –apachu significa enemigo en lengua zuñi, y de ahí deriva el nombre que les pusieron los españoles–, pero generalmente sus relaciones con los mexicanos eran pacíficas.

Quienes le odiaban y temían creían firmemente que Gerónimo poseía atributos místicos, entre los que destacaban que era capaz de hacer encasquillar los rifles de sus enemigos y que hacía inmunes a las balas a todos aquellos que cabalgaban junto a él. Creían que era un hombre "medicina" (medicin man), un adivino, un experto en hierbas y en curación que no luchó contra los "pieles blancas" por apego a su tierra, como los miembros de otras tribus indias, sino para vengar la muerte de su madre, de su primera esposa y de sus hijos a manos de los mexicanos en Sonora en 1858.

CAMPO DE ACTUACIÓN: MÉXICO

La principal diferencia entre Gerónimo y otros célebres jefes indios como Toro Sentado o Caballo Loco fue su campo de actuación, que en su caso fue México, en torno a la Sierra Madre, más que al territorio estadounidense. De hecho, su enemigo por antonomasia fue el ejército mexicano, del mismo modo que para los apaches del sur lo fueron los españoles. La sociedad chiricahua estaba dividida entre los que colaboraban con el ejército norteamericano (que eran la mayoría) y los que llevaban una vida depredadora: saqueaban y robaban ganado para luego esconderse en las estribaciones de la Sierra Madre. En este segundo grupo se encontraba Gerónimo, que era considerado un paria por la mayoría de sus compatriotas, y en la reserva de San Carlos, donde acabarían confinados, contaba con pocos partidarios.

En 1861, el ejército de Estados Unidos comenzó una guerra contra Gerónimo con la intención de acabar con él y sus incursiones. Para lograr su objetivo, durante diez años las tropas norteamericanas perpetraron atrocidades de todo tipo contra las poblaciones apaches. En supuestas reuniones de paz, el ejército de EE. UU. asesinó a sus caudillos y les impuso como condición para poder salvar sus vidas la reclusión de su tribu en reservas.

CONFINADOS EN RESERVAS

En 1871, el jefe apache Cochise aceptó rendirse y su pueblo fue confinado en cuatro reservas situadas en Nuevo México y Arizona. Aquella "paz" duró poco ya que en 1877 las autoridades norteamericanas dieron la orden de trasladar a los apaches a la reserva de San Carlos. Aquella decisión también enviaba un mensaje a Gerónimo que acudió a parlamentar. Sin embargo, no se respetó la tregua: los soldados estadounidenses lo atraparon, cargaron de cadenas y encerraron en una prisión militar durante cuatro meses. De allí salió sólo para ser trasladado a la reserva de San Carlos, junto con sus compatriotas.

El 30 de septiembre de 1881 hubo una sublevación en la reserva ante el miedo a una supuesta operación para arrestar a los elementos más beligerantes. En aquella revuelta, 375 apaches, entre ellos 74 guerreros, escaparon de San Carlos y sembraron, con Gerónimo a la cabeza, el terror allí por donde pasaron. Instalado en la Sierra Madre, Gerónimo buscó la manera de liberar a los que se habían quedado en San Carlos. Para ello propuso una expedición para sacar de allí a los descontentos, que en realidad eran una minoría, y robar de paso todo el ganado que pudieran. El 16 de abril, el líder apache atacó la reserva al grito de: "¡Cogedlos a todos! ¡Disparad a todo aquel que se niegue a venir con nosotros!". En realidad, muchos de los 179 apaches chihenes "liberados" que se vieron obligados a partir con el grupo de Gerónimo lo hicieron a punta de rifle. En aquella época, los apaches llevaron a cabo la más violenta razia de su historia, robando, quemando a mujeres, arrojando a niños blancos contra cactus y torturando a blancos e indios sin excepción.

UNA PERSECUCIÓN INTERMINABLE

Durante los años siguientes, el escurridizo Gerónimo esquivó a mexicanos, estadounidenses y a cuantos cazarrecompensas se cruzaron en su camino. En mayo de 1883, el Gobierno de EE. UU. ordenó realizar operaciones en México, sin contar con la autorización del Gobierno de aquel país, para dar caza a los saqueadores. Una interminable hilera de exploradores apaches se ofreció a unirse a la captura de Gerónimo, que finalmente fue cercado por el general Crook en la Sierra Madre.

Crook prometió tratar como amigo al líder apache si se rendía y le acompañaba a Estados Unidos de forma pacífica, a lo que Gerónimo, temeroso de que llegaran los mexicanos, accedió. Con las raciones de comida bajo mínimos y sin la capacidad de hacer tantos prisioneros, a Crook no le quedó más remedio que confiar en la palabra dada por el caudillo apache.

Pero en una cosa sí tenía razón Gerónimo. Los mexicanos estaban muy cerca. En enero de 1883, éstos sorprendieron a uno de los lugartenientes de Gerónimo. En la escaramuza murieron 14 hombres y numerosas mujeres fueron capturadas, entre ellas una esposa del líder indio. Como consecuencia, el general Crook esperó a Gerónimo durante meses, e incluso en el Congreso estadounidense se llegó a debatir con sorna si no sería Crook el que había sido capturado y no al revés. No fue hasta finales de 1883 cuando Gerónimo, sin escapatoria en México, apareció por sorpresa en la reserva de San Carlos.

NUEVA REBELIÓN Y DECADENCIA FINAL

Durante algún tiempo, Gerónimo dio algún que otro problema en la reserva debido a su adicción al alcohol. Cansado de aquella vida y de las prohibiciones del "Gran Padre Blanco" (como los indígenas llamaban al Gobierno estadounidense), el líder organizó una nueva revuelta y huyó con un pequeño grupo de partidarios. Sorprendido en la Sierra Madre occidental, por un grupo de soldados estadounidenses que habían realizado otra incursión ilegal en terriotorio mexicano, Gerónimo y sus lugartenientes prometieron verse con Crook en la frontera. El 25 de marzo de 1886 fueron fieles a su cita, aunque lo hicieron completamente borrachos. El general permaneció con gesto pétreo y se limitó a lanzarles un ultimátum: "O se rinden o les mataré aunque me lleve 50 años". A lo que Gerónimo respondió: "Me entrego. Una vez fui como el viento. Ahora me entrego ante ti, y eso es todo".

Al final, como apuntó Crook, "la rendición final de Gerónimo y su reducido grupo se consiguió sólo gracias a los chiricahuas que permanecieron fieles al Gobierno". Gerónimo todavía viviría 23 años más, reasentado como un pacífico granjero en Fort Sill, Oklahoma. El mito del gran jefe Gerónimo proviene de esa época, cuando el antiguo caudillo empezó a ser invitado como si de una gran celebridad se tratase a ferias y festivales dedicados al Viejo Oeste. En 1905, incluso participó en el desfile inaugural del presidente Theodore Roosevelt y dictó su autobiografía en términos exagerados y casi legendarios. Gerónimo también se convirtió al cristianismo, pero nunca renunció a sus creencias apaches ancestrales.

 

Fuente: Leyendas, Mitos, Misterios y Enigmas del Mundo

Arrebatados por Yahvé ¿Abducciones en la Biblia?

 


Enoc, Elias, Baruc, Felipe o Esdras son algunos de los muchos personajes bíblicos que fueron arrebatados a los cielos por misteriosos torbellinos y carros de fuego. Algunos jamás volvieron. ¿De dónde venían esos portentosos aparatos voladores?

Elías jamás regresó… Aquel «torbellino» le arrebató para siempre ante los ojos de 50 profetas y del propio Eliseo, el mismo que más tarde, pertrechado con las vestiduras y el manto rasgado de Elías caídos desde el cielo, golpeó las aguas del Jordán, que se abrieron en dos. Para los exegetas de la Iglesia Católica, Elías sufrió un «transporte extático»; es decir, el profeta entró en trance místico y se «imaginó» el arrebatamiento. Lo cierto, empero, es que a Elías «no se le vio más». Y todo apunta a que este episodio ocurrió realmente —según parece, en el Monte Carmelo, hace aproximadamente 2.850 años—, aunque los comentaristas bíblicos lo niegan: «La desaparición misteriosa —dicen— ha de explicarse conforme al género literario de este ciclo de historias sobre el gran profeta». La Iglesia, pues, considera «ciencia-ficción» el episodio, así como otros muchos similares. Pero la realidad puede ser bien otra.

El clan de los «arrebatados» Otro «arrebatado» y personaje enigmático donde los haya es Enoc, cuyo nombre, en hebreo, significa ‘iniciado’. Según cuenta el Génesis, Enoc «no murió, sino que fue arrebatado y llevado a los cielos en un carro de fuego». Poco más se dice de él en la Biblia, pero contamos con un sorprendente apócrifo, El libro de Enoc, en el que se relatan los viajes del misterioso personaje a bordo de esos «carros de fuego». En ese texto se narra, por ejemplo, cómo entró en «contacto» con misteriosos seres celestiales: «(…) se me aparecieron dos hombres de gran estatura; sus rostros brillaban como el sol y sus ojos eran como antorchas». Y le dijeron: «Hoy mismo estarás con nosotros en los cielos».

El relato de sus viajes celestiales resulta sorprendente: «Condujéronme entonces a los cielos. Entré hasta detenerme frente a un muro, que parecía hecho de sillares de cristal, y estaba rodeado de lenguas de fuego (…) Me vi ante un gran palacio de cristal labrado, con suelo embaldosado de placas de vidrio, y el piso era también de cristal». Y aún añade otras extrañas pistas sobre sus travesías: «Después de aquellos días transcurridos en un lugar donde se me permitió ver lo que está oculto, después de haber sido arrebatado por un remolino y conducido hacia el Poniente (…)». Tras el último de aquellos «viajes», Enoc no volvió. Al igual que Elias, fue «arrebatado» para siempre. Sólo que no fueron los únicos… En otro apócrifo llamado La Ascensión de Isaías se cuenta cómo este profeta también subió a los cielos en un sospechoso «trance», acompañado de varios ángeles que le invitaron a vestirse con sus ropajes y cómo a bordo de aquella «nave» visitó los siete cielos. Y también en el Segundo Libro de Baruc se cuenta algo similar: «Una fuerza —puede leerse— me levantó y me colocó sobre el muro de Jerusalén».

La sospecha de abducción

En Los hechos de los apóstoles se narra otro «arrebatamiento»: el de Felipe, uno de los Padres de la Iglesia. A partir del versículo 26 del capítulo VIII, podemos leer: «El ángel del señor habló a Felipe diciendo: “Levántate y marcha por el camino que baja de Jerusalén a Gaza”. Se levantó y partió. Y he aquí que un etíope eunuco regresaba sentado en su carro, leyendo al profeta Isaías…». Más adelante, ambos se pararon a beber agua, momento que Felipe aprovechó para bautizar al eunuco, pero «saliendo del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe y ya no le vio más el eunuco. Felipe se encontró en Azoto y recorría evangelizando todas las ciudades hasta llegara Cesárea». ¿Qué era aquel «espíritu del señor» que arrebató al apóstol y lo transportó 40 kilómetros? ¿Otra fantasía literaria?, ¿una nueva metáfora? ¿No se parecen demasiados estas descripciones a las que actualmente informan los testigos de abducciones ovni? Lo cierto es que aquellos «torbellinos», «carros de fuego» o «ruedas voladoras» aparecen muchas veces a lo largo de la Biblia y otros textos apócrifos. Realizan maniobras extrañas, son «habitados» por ángeles de gran estatura, luminosos, de rostros extraños… Para algunos son demasiadas coincidencias. E investigadores prestigiosos de la temática lo tienen claro: se trataba de naves extraterrestres.

Pero aún hay más: esos misteriosos objetos —y su enigmática función «arrebatadora»— ya fueron conocidos por Jesús. Así, en el apócrifo Historia de José, el carpintero (capítulo XVIII), podemos leer, en boca de Jesús, la siguiente expresión: «¿Y qué me impide ahora que yo ore para que mi Padre envíe un gran carro luminoso que eleve a José y que le traslade al lugar de reposo, para que viva allí con mis ángeles incorpóreos?». En cualquier caso, ni siquiera hace falta bucear en los apócrifos, porque en el Evangelio de San Mateo (capítulo 17,1-13), en donde se narra el extraño episodio de la Transfiguración, se dice que a Jesús le «brilló su rostro como el Sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz». Y allí aparecieron dos seres e, instantes después, les cubrió una «nube resplandeciente». Al abrir los ojos, todo volvió a la más absoluta normalidad. Lo más curioso es que aquellos dos seres luminosos fueron identificados como Elías —arrebatado para siempre— y Moisés, cuyo cadáver, después de haber mantenido contacto abierto con misteriosos seres que viajaban en extrañas «nubes», jamás fue encontrado.

Ezequiel da la clave: eran ovnis

Ezequiel tuvo la primera de sus «visiones» allá por el año 600 a.C. Cuatro de ellas aparecen relatadas en el libro que lleva su nombre. Él es otro «arrebatado», aunque con billete de vuelta. De aquel primer encuentro, Ezequiel ofrece detalles excepcionales: «Vi venir un viento huracanado, una nube densa en torno a la cual resplandecía un remolino de fuego, que en medio brillaba como bronce en ignición». Más adelante habla de «criaturas vivientes», de «portentosos cristales tras los cuales se observa el firmamento», de «ruedas que giran» posándose sobre el suelo…

En suma, para muchos estudiosos aquellos seres con caras de «toro», «águila» o «león» no eran más que astronautas con escafandras, tomas de oxígeno o antenas. Luego, la imaginación de aquella gente hizo el resto.

 

Fuente: Leyendas, Mitos, Misterios y Enigmas del Mundo

Eva Braun, La Mujer A La Sombra De Hitler

 


Siempre se ha dicho que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. Pero ¿a que mujer podemos encontrar detrás del hombre que personifica al mismísimo diablo, como es el caso de Adolf Hitler? Una mujer cuyo nombre es Eva Braun. Nacida el 6 de febrero de 1912, Eva tuvo una infancia idílica. Fue una niña amante de los deportes y de las novelas del Oeste.

Pero todo cambió para Eva en octubre de 1929, cuando trabajaba en el taller del fotógrafo personal de Adolf Hitler, Heinrich Hoffmann. Era costumbre que Hitler se pasara por el local para visitar a su amigo de partido. Una tarde, cuando llevaba un par de semanas trabajando allí, la joven atrajo la atención del futuro Führer de inmediato. En una carta enviada a un familiar suyo, Eva Braun explicaba que veía a Hitler como a un señor de cierta edad (en esa época rondaba los 40 años) y con un bigotillo gracioso. Hitler empleaba su tono más amable para dirigirse a las mujeres y con la frase "¿me permite invitarla a la ópera, señorita Eva?" empezó su relación. Eso sí, antes de comenzar su idilio, el futuro genocida investigó el árbol genealógico de Eva para saber si tenía algún antepasado judío.

INTENTOS DESESPERADOS DE LLAMAR LA ATENCIÓN

La relación entre los dos amantes no fue nada fácil. Prueba de ello son los dos intentos de suicidio de Eva. El primero fue en 1932, durante la extenuante gira electoral de Hitler para alcanzar el poder que lo llevó a pronunciar hasta cuatro discursos diarios. Eva se sentía sola, y con la intención de llamar la atención de Hitler se pegó un tiro en el pecho con la pistola de su padre. El segundo intento tuvo lugar en 1935, cuando Hitler ya se había hecho con el poder absoluto en Alemania (esta vez con somníferos). Los motivos fueron los mismos: Eva Braun se sentía sola y abandonada. Los viajes de Hitler eran constantes, pasaban pocos días juntos y él no prestaba atención a sus quejas: "Si no tengo respuesta antes de las diez de la noche, me tomaré mis 25 pastillas", le amenazó una vez.

A pesar de que Hitler empezó a prestar más atención a Eva, el papel de esta seguía siendo discreto. Solo un círculo de confianza muy reducido sabía de su relación con Hitler. Se podría decir que Eva Braun vivía a la sombra del Führer. A pesar de que las mujeres jugaron un papel secundario en la vida de Hitler –y en el régimen nazi en general– y que la cúpula de mando eran todo hombres, las mujeres eran esenciales en la política del Führer. Algunas nazis fanáticas como la esposa del ministro de propaganda, Magda Goebbels; Hanna Reitsch, famosa aviadora que le pidió a Hitler permiso para lanzar una flota de kamikazes contra los rusos que llegaban al Oder, o Gertrud Scholtz-Klink, líder de la rama femenina del Partido Nazi, dispuesta a organizar a sus afiliadas en batallones de choque fueron decisivas para el régimen. Pero ¿qué papel jugó Eva Braun? Según la escritora e historiadora Heike Görtemaker, la amante de Hitler fue mucho más que "el descanso del guerrero", ya que "compartía sin ambages la visión del mundo y las ideas políticas de Hitler".

UNA TRISTE ESPERA

El estallido de la guerra alteró de manera considerable la vida de Eva Braun en la residencia de Berghof, un lugar más conocido como "La guarida del lobo", en las montañas de Obersalzberg. Ésta se convirtió en 1941 en el "Cuartel General", donde se discutían todas las operaciones en el frente. Así, las constantes visitas de militares a la mansión aumentaron y el tiempo para la vida privada desapareció casi por completo. Hitler pasó meses enteros visitando los frentes de batalla y dirigiendo la lucha. Eva creía que una vez derrotado el comunismo y firmado un tratado con Inglaterra llegase la paz, algo que apuntó en varias de sus cartas: ver el fin de la guerra y poder volver a esa paz que había llevado a Alemania a una situación extraordinaria de desarrollo cultural.

En 1942, Hitler pasaba poco tiempo en Obersalzberg, pero cuando estaba allí Eva Braun le fotografiaba y preparaba un ambiente familiar. No soportaba la separación que provocaba la guerra, como así reflejó en su diario personal: "El tiempo es delicioso y yo, la amante del hombre más grande de Alemania y del mundo, pero tengo que quedarme sentada en casa, mirando por la ventana". Las páginas de ese día concluyen diciendo: "¡Dios mío, si al menos él me respondiera! ¡Una sola palabra, en tres meses de ausencia!". En los Diarios de Goebbels, una anotación del 25 de junio de 1943 dice de Eva: "Está muy cultivada, su juicio sobre cuestiones artísticas es de gran inteligencia y de gran madurez. Es un gran sostén para el Fürher".

La guerra iba de mal en peor para Alemania. La salud del Führer también empeoraba y Eva Braun redactó un testamento comprendiendo que el fin podía estar cerca. El 16 de enero de 1945, Hitler se trasladó a su búnker de Berlín y Eva Braun lo siguió. Con el ejército ruso a las puertas de la capital, Eva ensayaba con su pistola por si tuviera que pegarse un tiro en el momento en que los rusos entraran por sorpresa en el búnker, tal como expresaba en una de sus cartas: "Las secretarias y yo disparamos todos los días con pistola y hemos alcanzado tal maestría que ningún hombre se atreve a competir con nosotros".

MUERTE EN EL BÚNKER

Tras dar la guerra por perdida, Hitler ordenó a todos, incluidos Goebbels y Eva Braun, que abandonasen el búnker y se marchasen a un lugar seguro. Pero ninguno de los dos quiso dejar al Führer. Hitler dio la orden de destruir toda la documentación guardada en el búnker, pero parte del diario de Eva Braun sobrevivió a la quema y acabó cayendo en manos del ejército norteamericano.

Adolf Hitler redactó su testamento privado tras repartir botellitas de ácido cianhídrico a los que quedaban en el búnker. Pero antes de ingerir el contenido de las botellitas, decidió casarse con Eva el 29 de abril de 1945. En presencia de los mandos y dirigentes que quedaban allí, se ofició una sencilla ceremonia donde Hitler entregó a su prometida un anillo forjado a toda prisa para la ocasión. Pero la sortija resultó ser demasiado grande para la destinataria.

El 30 de abril de 1945, Hitler y Eva Braun entraron en el despacho del Führer. Allí Eva recibió una dosis de cianuro y una pistola. Por su parte, Hitler masticó una ampolla de cianuro y se pegó un tiro en la cabeza. Eva no logró disparar el arma y finalmente murió envenenada a los 33 años de edad. El personal del búnker sacó los cadáveres al jardín de la Cancillería, donde fueron quemados. Cuando el ejército soviético entró en Berlín y asaltó en búnker, encontró los restos medio calcinados de sus cuerpos y los enterraron secretamente en el complejo del SMERSH, el departamento de contrainteligencia de la Unión Soviética, en Magdeburgo, Alemania Oriental, junto con los cuerpos de Joseph y Magda Goebbels y sus seis hijos. El 4 de abril de 1970, un equipo del KGB soviético, con planos detallados de la ubicación de las tumbas, exhumó en secreto cinco cajas de madera con lo que quedaba de los cuerpos; los incineraron, machacaron los restos y arrojaron las cenizas al río Biederitz, afluente del cercano río Elba.

 

Fuente: Leyendas, Mitos, Misterios y Enigmas del Mundo

lunes, 7 de junio de 2021

La Biblioteca De Alejandría, La Destrucción Del Gran Centro Del Saber De La Antigüedad

 

Creada pocos años después de la fundación de la ciudad por Alejandro Magno en 331 a.C., tenía como finalidad compilar todas las obras del ingenio humano, de todas las épocas y todos los países, que debían ser «incluidas» en una suerte de colección inmortal para la posteridad.

A mediados del siglo III a.C., bajo la dirección del poeta Calímaco de Cirene, se cree que la biblioteca poseía cerca de 490.000 libros, una cifra que dos siglos después había aumentado hasta los 700.000, según Aulo Gelio. Son cifras discutidas –otros cálculos más prudentes les quitan un cero a ambas–, pero dan una idea de la gran pérdida para el conocimiento que supuso la destrucción de la biblioteca alejandrina, la desaparición completa del extraordinario patrimonio literario y científico que bibliotecarios como Demetrio de Falero, el citado Calímaco o Apolonio de Rodas supieron atesorar a lo largo de decenios.

Sin duda, la desaparición de la Biblioteca de Alejandría constituye uno de los más simbólicos desastres culturales de la historia, comparable tan sólo con la quema de libros que siguió a la toma de Constantinopla por los cruzados en 1204 o la que tuvo lugar en 1933 en la Bebelplatz de Berlín a instancias del ministro de propaganda Joseph Goebbels; eso por no hablar del incendio de la biblioteca de Bagdad, en 2003, ante la pasividad de las tropas estadounidenses.

LA PRIMERA DESTRUCCIÓN

Es difícil señalar el momento exacto en que se produjo la destrucción de la Biblioteca de Alejandría. El hecho está envuelto en mitos y tinieblas, y hay que indagar en las fuentes para hacerse una idea de la secuencia de los acontecimientos. La primera información al respecto se remonta al año 47 a.C. En la guerra entre los pretendientes al trono de Egipto, el general romano Julio César, que había acudido a Alejandría para apoyar a la reina Cleopatra, fue sitiado en el complejo palacial fortificado de los Ptolomeos, en el barrio de Bruquión, que daba al mar y donde seguramente se emplazaba la biblioteca de los «Libros regios» así como el Museo.

César se defendió bravamente en el palacio, pero durante un ataque se produjo en el arsenal un incendio que se extendió a una sección del palacio. Entonces se habrían quemado numerosos libros que el propio César pretendía transportar a Roma –las fuentes hablan de 40.000 rollos–; algunos afirmaron incluso que ardió la biblioteca entera. Este último extremo no es verosímil, sobre todo debido a la magnitud que habría tenido ese incendio para el propio palacio. De cualquier modo, se dijo que años más tarde, Marco Antonio, mientras estaba en Alejandría en compañía de Cleopatra, donó un gran número de libros procedentes de la biblioteca rival de Pérgamo, quizá como una manera de compensar la anterior destrucción.

COMIENZA EL DECLIVE

Con la caída de Antonio y Cleopatra y el consiguiente hundimiento del reino ptolemaico de Egipto, que cayó en manos de Roma, Alejandría fue entrando en una lenta e inexorable decadencia, y con ella también su Biblioteca. Ciertamente, ésta siguió atrayendo a estudiantes y sabios, como Diodoro Sículo o Estrabón, y su fama rebasaba las fronteras. Pero ya no existía una corte real propia que se preocupara por dotarla, y la ciudad egipcia perdía empuje ante Roma, la capital del Imperio.

El carácter de la Biblioteca evolucionó. Se abandonó la pretensión de totalidad que tuvieron los primeros Ptolomeos, ansiosos de recopilar todo el saber, incluido el de otros pueblos no griegos, como las tradiciones egipcias y judías o los himnos de Zoroastro, que fueron convenientemente traducidos al griego.

Las diversas crisis del siglo II, como la terrible peste Antonina que asoló Egipto, y sobre todo del siglo III, repleto de usurpaciones políticas y graves conflictos, tuvieron repercusiones muy negativas para la vida cultural de la ciudad y en particular para la conservación de los libros de la Biblioteca. Para colmo de males, en el año 272 el emperador Aureliano arrasó Alejandría en el transcurso de su campaña contra la reina Zenobia de Palmira. Años después, bajo el reinado de Diocleciano, la urbe sufrió otra importante devastación que afectó al complejo palacial.

La proclamación del cristianismo como religión oficial del Imperio en el siglo IV tuvo consecuencias más graves para la biblioteca alejandrina. En sus anaqueles se habían compilado los saberes del paganismo clásico, justamente el tipo de cultura que rechazaban algunos movimientos cristianos. Eran los años en que figuras como San Antonio huían al desierto o a comunidades monásticas donde se dedicaban sólo a orar y meditar sobre las Escrituras.

Inevitablemente, los viejos libros de la biblioteca ptolemaica dejaron de interesar a los adeptos de la nueva religión. Pero eso no fue todo. Las leyes contra el paganismo promulgadas por el emperador Teodosio fueron aprovechadas por los cristianos más exaltados para legitimar sus ataques contra templos e instituciones del paganismo.

De este modo, la importante biblioteca del Serapeo, fundación de Ptolomeo Evergetes –que algunos autores confunden con la biblioteca real, la propiamente dicha Biblioteca de Alejandría–, fue arrasada en el año 391 durante un «pogromo» antipagano instigado por el patriarca Teófilo.

Años más tarde, en 415, la filósofa y científica Hipatia de Alejandría, tal vez la última representante de la tradición filosófica alejandrina, moría a manos de una horda de monjes cristianos instigados por el patriarca Cirilo, a la sazón sucesor de Teófilo, y junto con ella desapareció su valiosa biblioteca. Por esa misma época, el teólogo hispano Orosio informaba de que al visitar la ciudad sólo halló anaqueles vacíos en los templos, sin ningún libro en ellos, pese a la fama libresca de Alejandría.

Si la Biblioteca no había desaparecido del todo, no hay duda de que en los decenios posteriores su declive se agudizó. La violencia sacudía una y otra vez la ciudad, con constantes guerras y enfrentamientos por el poder. A comienzos del siglo VII, la sangrienta disputa por el trono de Bizancio entre el usurpador Focas y el futuro emperador Heraclio dejó un rastro de destrucción en Alejandría. No fueron menores los daños que causó, en 618, la conquista de Egipto por los persas de Cosroes, quienes llegaron a robar la reliquia de la Vera Cruz de Jerusalén, aunque Heraclio logró recuperar la ciudad y todo Egipto para Bizancio.

LA INVASION ÁRABE

El golpe de gracia para la Biblioteca llegó en el año 640, cuando el Imperio bizantino sufrió la arrolladora irrupción de los árabes y Egipto se perdió totalmente. La propia Alejandría fue capturada por un ejército musulmán comandado por Amr ibn al-As. Y fue justamente este general quien, según la tradición, habría destruido la Biblioteca cumpliendo una orden del califa Omar.

El episodio es relatado en detalle por un autor siríaco cristiano del siglo XIII, Bar-Hebraeus, quien se refiere incluso a una gestión desesperada para salvar los libros por parte del teólogo Juan Filópono. Según esta fuente, el general árabe Amr ibn al-As era una persona sensible y cultivada, y tras escuchar las alegaciones de Filópono dirigió al califa Omar una carta en la que le pedía instrucciones sobre lo que había que hacer con los libros de la biblioteca.

Omar, estricto en sus creencias, repuso: «Si esos libros están de acuerdo con el Corán, no tenemos necesidad de ellos, y si éstos se oponen al Corán, deben ser destruidos». La orden era clara y fue ejecutada sin contemplaciones. También las fuentes árabes, aunque muy posteriores a los hechos, reconocían la destrucción; una de ellas dice incluso que los libros se usaron como combustible en los baños de la ciudad y que se necesitaron seis meses para quemarlos todos.

Este desenlace ha sido muy discutido por los estudiosos. En el siglo XVIII, el gran historiador británico Edward Gibbon consideró que la historia era inverosímil, una invención para imputar a los musulmanes lo que en realidad había sido responsabilidad de los cristianos. Algunos autores creen que la Biblioteca desapareció de forma progresiva y que a la llegada de los musulmanes apenas quedaba nada, aunque cabe también pensar que para entonces hubiera muchos libros nuevos, de teología cristiana, junto a otros de mayor antigüedad, como las obras aristotélicas a las que se refirió el propio Filópono y que, según se dice, logró salvar.

Sea o no cierta la historia, lo cierto es que el rastro de la Biblioteca de Alejandría se perdió para siempre, cumpliendo lo que parece ser

el sino de muchas de las grandes bibliotecas, el de perecer víctimas de la violencia, la intolerancia o el infortunio. La historia está plagada de episodios similares. Sin ir más lejos, el 18 de diciembre de 2011 se incendió la biblioteca de la Academia de Ciencias de Egipto, en El Cairo, que albergaba 200.000 documentos que se remontaban al siglo XVIII –entre ellos, una valiosa copia original de la Descripción de Egipto– y que contenían valiosísimas fuentes para la investigación del país del Nilo.

 

Fuente: Leyendas, Mitos, Misterios y Enigmas del Mundo