Atención Por Favor.

Ante todo nos dirigimos y agradecemos a todos por la ayuda que nos dan con este blog ya sean seguidores, oyentes del programa de radio y por sobre todo a todos aquellos propietarios de webs, blogs, libros y todos los lugares donde han obtenidos la información y nos han acercado a nuestro mail para que podamos publicarlas en este humilde blog, para que todas las semanas desde hace ya 7 años podamos compartir en dos emisiones las tantas historias, enigmas y misterios del universo que se van pasando de generación en generación y así reflejar esas viejas leyendas, historias, enigmas y misterios que de niños oímos mas de una vez y que nos asustaban en algunos casos como también en otras nos enseñaban a valorar y respetar esas narraciones.

Desde ya les agradezco a todos y pido disculpas si no se agrega la fuente por que muchos correos no la poseen y para no cometer errores no se agrega pero en este pequeño equipo estamos muy agradecidos para con todos. Muchísimas Gracias a todos en general por su valiosa información y por su cordial atención.

Equipo Infinito.

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miércoles, 3 de junio de 2020

La Verdad Del Cuento: Las Aventuras De Pinocho


El escritor italiano Carlo Collodi publicó «Las Aventuras de Pinocchio» en el primer semanario dirigido a niños, llamado «Giornale Per I Bambini», entre 1881 y 1882, el cual contaba con las ilustraciones de Ugo Fleres y Enrico Mazzanti.

La imagen original de Pinocho es la de un ser de madera, pero nada muy elaborado, un niño de palo que vagaba por las calles, pobre, hambriento, mentiroso, avaro, sin escrúpulos ni emociones, que no acepta las críticas o correcciones de personas que lo quieren aconsejar.

De hecho, en una oportunidad el grillo parlante del cuento, más conocido como el querido Pepito Grillo gracias a Disney, advirtió a Pinocho de que estaba actuando mal y que regresara a casa, pero el muñeco reaccionó violentamente:

«Al oír estas últimas palabras, Pinocho se levantó enfurecido, agarró del banco un martillo y lo arrojó contra el Grillo parlante. (…) Lo alcanzó en toda la cabeza, hasta el punto que el pobre Grillo casi no tuvo tiempo para hacer cri-cri-cri, y después se quedó en el sitio, tieso y aplastado contra la pared. ¡Muerto!»

En vez de sentir remordimiento por el asesinato que cometió, aseguró a Geppetto que el Grillo había tenido la culpa de todo y que él no tenía la intención de matarlo.

Por eso, en el siguiente episodio el karma lo castigó para darle una lección.
Durante una noche de tormenta, Pinocho salió a mendigar, pero los vecinos no le dieron nada y le tiraron una cubeta llena de agua encima.

Entonces el muñeco volvió a su casa mojado y sin comida, se sentó cerca de una hoguera para secarse y se quedó dormido, pero sus piernas comenzaron a arder y se convirtieron en cenizas.
Geppetto golpea la puerta repetidas veces y grita para que Pinocho le abra, pero éste le contesta que no puede caminar.

Su padre creador no le cree, pero logra entrar y ve que sus piernas están totalmente quemadas.
El pobre carpintero reconstruye las extremidades de la mentirosa figura de madera, pero más tarde se dará cuenta de que habría sido mejor no hacerlo, porque Pinocho comienza a vender sus pertenencias y el dinero que obtiene los derrocha en vicios y diversos líos.

El último violento episodio que vivió se produjo cuando escapaba de un par de ladrones que lo persiguieron para robarle, pero él logró entrar en una casa encantada para refugiarse, donde tuvo una extraña conversación con una niña que habría estado muerta, al igual que toda su familia (hay otra versión que es el fantasma del grillo el que se le aparece para decirle que no se fie de quien le diga que existe el monte mágico).

Tras esto, los delincuentes ingresaron a la vivienda y comenzaron a acuchillarlo.
Como vieron que no resultaba herido, pensaron en ahorcarlo y así lo hicieron, hecho relatado en una terrible escena no apropiada para menores:

«Y corrieron tras de mí y corrí y corrí, hasta que al fin me atraparon y me colgaron de un árbol, diciendo: ‘Mañana volveremos por ti y estarás muerto y tu boca estará abierta, y luego tomaremos las piezas de oro que has escondido bajo la lengua'».

Collodi había pensado que ésta fuera la historia final, pero el editor del periódico le solicitó que continuara con su obra y le diera un final más feliz.

Es por eso que pensó en el hada azul, quien salvaría a la marioneta y le indicaría el camino correcto en la vida.

Sin embargo, en otros violentos capítulos ella también muere y luego aparece como un fantasma, al igual que el grillo parlante.

Finalmente, ambos logran que Pinocho siente cabeza y cuide a su anciano padre, no sin antes protagonizar duras escenas en las cuales quisieron freírlo en un sartén, lo convirtieron en burro, le quitaron la piel para hacer con ella un tambor (eso se lo hace un músico).

Para ello le ata piedras al cuello y lo sumerge en el agua, aunque antes de ahogarse los peces se comen la carne del burro y el esqueleto, que es de madera, vuelve a ser Pinocho.

A pesar del claro mensaje moral, es evidente que se trata de una historia muy poco apropiada para niños que, además, se sospecha que pudo estar muy influenciada por el mundo de la alquimia y de la masonería.

No es solo la historia se base en el concepto del «homúnculo», encarnado en el protagonista, es que la obra está llena de simbolismos alquímicos y de secretos ocultistas cuyo significado aún hoy en día se sigue discutiendo.

En 1940, Walt Disney popularizó el cuento a través de una película, donde Pinocho conservó sus peores características de mentiroso y terco, pero ahora en un mundo mucho más infantil y colorido, pero muy alejado del original.

La Muñeca Fea


Yo siempre veía a mi hermana con una muñeca misteriosa la cual no sabía su procedencia pero era horriblemente fea con una sospechosa sonrisa en la cara y con ojos bien grandotes,

En fin, un dia desperté de mi cama, me dirigi al cuarto de mi hermana para ver si ya había despertado pero lo que vi me dejo perplejo;

¡¡¡mi hermana estaba levitando!!!

No me lo podía creer, tenía las sabanas por encima pero cláramente estaba levitando pues apenas rozaban la cama, pero lo peor era que la muñeca estaba de pié en el estómago de mi hermana, era como algún tipo de ritual que no lograba entender, aunque tampoco lo pensé mucho y como acto reflejo encendí la luz, en un abrir y cerrar de ojos mi hermana callo sobre el colchón y la muñeca rodó por el suelo.

Corrí rápido a buscarla y la agarré y de un golpe y porrazo la metí en un baúl que tiene mi hermana en el cuarto, y cerré con llave.

En seguida revisé que mi hermana estuviese bien y la desperté suavemente y solo logré a comprender que me dijo;

-¿Que haces Marcos? ¡¡¡Déjame dormir!!!

La muñeca
Esas palabras me calmaron muchísimo, definitivamente mi hermana estaba bien, por lo que me guardé la llave del baúl y después de horas intentándolo me dormí.

A la mañana siguiente y tras pensarlo tranquilamente decidí no contárselo a nadie pues pensarían que estaba loco, así que lo dejé correr, además iban pasando los días y las semanas y no pasaba nada, por lo que me fui olvidando del tema.

Mi hermana me preguntó muchas veces si sabía donde estaba la llave del baul que ella estaba convencida de que su muñeca tenía que estar allí pues era el único sitio de la casa que le quedaba por mirar, lógicamente le mentí y le dije que no sabía donde estaba.

Un día mis padres salieron a una cena de empresa por lo que me quedé al cuidado de mi hermana, la acosté a eso de las 10 y me baje a mi cuarto a ver la televisión y me quede dormido hasta que a eso de las 12 escuché un ruido abajo, coji mi bate de beisbol y baje corriendo las escaleras, al comprobar que todo estaba bien volví a mi cuarto, en cuanto me estiré en la cama, escuche el grito enfermizo de mi hermana, fui corriendo otra vez bate en mano y lo que vi en cuanto abrí la puerta de su cuarto fue algo espeluznante, quizás de lo peor que puedan ver unos ojos, lo primero que vi era a mi hermana de pie en su cama gritando como loca mirando al suelo al otro lado de su cama, enseguida giré la mirada y vi a mis padres degollados ¡¡¡sin cabeza!!! un regero de sangre inundaba toda la habitación, acto reflejo miré al baúl ¡¡¡estaba abierto!!! agarré a mi hermana en brazos y corrí sin mirar atrás.

Mi hermana quedó sin habla durante más de 2 años, fue entonces cuando me confesó que ella estaba durmiendo cuando mamá la despertó al llegar de la cena para darle un beso como cada noche y le dijo que encontró en mi cuarto las llaves del baul que si quería que le buscara la muñeca en él para dormir con ella, lógicamente respondió que sí, y al abrir el baúl la muñeca salió disparada cortando el cuello de la mujer con un trozo afilado de metal, acto seguido se abalanzó sobre el padre con idéntico resultado y procedió a arrancarles la cabeza y que en ese mismo momento en que yo llegué y sin saber el motivo la muñeca se escondió debajo de la cama.

Hoy hace 20 años de Aquel suceso, mi hermana lleva desde los 18 años en un psiquiátrico y yo sufro de terrores nocturnos una noche si, y la otra también, al menos nunca más supimos de aquella muñeca.

Jikininki


Una vez, Musõ Kokushi, sacerdote de la secta zen que viajaba solo por la provincia de Mino, se perdió en una comarca montañosa donde no había nadie que lo guiara. Erró sin rumbo durante largo tiempo; y ya desesperaba de hallar refugio durante la noche, cuando vislumbró, en lo alto de una colina iluminada por los últimos rayos del sol, una de esas pequeñas ermitas llamadas anjitsu, que suelen construir los monjes solitarios. Aunque parecía estar derruida, Musõ se apresuró a acercarse a ella; descubrió que la habitaba un anciano monje, a quien rogó que le concediera alojamiento por esa noche. El anciano rehusó con hosquedad, pero le indicó a Musõ la situación de una aldea, en un valle próximo, donde hallaría alojamiento y comida.

Musõ se encaminó hacia la aldea, compuesta por menos de una docena de granjas; el jefe del villorrio lo recibió en su casa con suma afabilidad. A la llegada de Musõ había cuarenta o cincuenta personas reunidas en el aposento principal; a él lo guiaron hasta un cuarto pequeño y apartado, donde pronto le ofrecieron cama y alimento. Vencido por la fatiga, Musõ se acostó muy temprano; pero poco antes de medianoche su sueño se vio interrumpido por un llanto que provenía del aposento contiguo. Deslizáronse entonces las puertas correderas; y un joven, que llevaba una lámpara encendida, entró al cuarto, lo saludó con una reverencia y le dijo :

-Venerable señor, es mi penoso deber informaros que ahora soy el responsable de esta casa. Ayer no era sino el hijo mayor. Pero cuando vos llegasteis aquí, vencido por la fatiga, no queríamos incomodaros de ningún modo: no os anunciamos, pues, que mi padre había muerto hacía apenas unas horas. Aquellos a quienes visteis reunidos en el aposento contiguo son los habitantes de esta aldea; se han congregado aquí para rendirle al muerto un póstumo homenaje; y pronto se marcharán a otra aldea que dista tres millas de aquí, pues nuestra costumbre nos prohíbe permanecer en la aldea la noche que sucede a la muerte de alguien. Hacemos nuestras ofrendas, elevamos nuestras plegarias, y luego nos retiramos, dejando solo al cadáver. En la casa donde queda el cadáver suelen suceder cosas extrañas: pensamos, pues, que sería mejor que nos acompañarais. En la otra aldea hallaréis buen alojamiento. Aunque, quizá, siendo un sacerdote, no temáis a los demonios y a los espíritus malignos; y, si no os inquieta quedaros solo con el muerto, sois bienvenido a nuestro humilde hogar. No obstante, debo advertiros que nadie, salvo un sacerdote, se atrevería a pernoctar aquí.

Musõ respondió :

-Vuestras cordiales intenciones, así como vuestra generosa hospitalidad, merecen mi más profunda gratitud. Pero lamento que no me hayáis anunciado la muerte de vuestro padre en cuanto llegué, pues, aunque estaba algo fatigado, por cierto que no lo estaba al punto de hallar dificultades en cumplir con mis deberes sacerdotales. Si me lo hubierais dicho, habría administrado el servicio antes de que todos partieran. Así las cosas, lo administraré una vez que os retiréis, y permaneceré con el cuerpo hasta la mañana. Ignoro a qué os referís al mencionar el peligro que entraña quedarse aquí a solas; pero no temo a demonios ni espectros: os ruego, por tanto, que no abriguéis temor alguno por mi persona.

Estas declaraciones parecieron regocijar al joven, quien manifestó su gratitud con las palabras pertinentes. Después, los otros miembros de la familia, así como los aldeanos reunidos en el aposento contiguo, enterados de las promesas del sacerdote, acudieron a darle las gracias, y luego dijo el dueño de la casa :

-Ahora, venerable señor, aunque mucho deploremos dejaros a solas, debemos despedirnos. Las normas de nuestra aldea nos impiden quedarnos aquí después de medianoche. Os imploramos, amable señor, que en todo punto cuidéis de vuestro honorable cuerpo mientras no estemos aquí para serviros. Y si acaso oyerais o escucharais algo extraño durante nuestra ausencia, no olvidéis referírnoslo cuando regresemos por la mañana.

Todos dejaron la casa salvo el sacerdote, quien se dirigió al aposento donde yacía el cadáver. Habían depositado ante éste las habituales ofrendas; ardía un tõmyõ, una pequeña lámpara budista. El sacerdote recitó las correspondientes plegarias, ejecutó las ceremonias fúnebres, y entró luego en profunda meditación. Así permaneció durante varias horas; ni un sonido alteró la paz de la aldea desierta. Pero en lo más hondo de la nocturna quietud, una Forma, vaga y de gran tamaño, entró sigilosamente; y en ese mismo instante Musõ se vio privado del habla y el movimiento. Vio que la Forma se apoderaba del cadáver, como si tuviera manos, y lo devoraba con más rapidez que un gato al comer una rata; comenzó por la cabeza y luego prosiguió por partes: el pelo, los huesos y aun el sudario. Y esa Criatura monstruosa, tras consumir el cadáver, se volvió hacia las ofrendas y también las devoró. Luego se fue tan misteriosamente como había venido.

Los aldeanos, al regresar por la mañana, hallaron al sacerdote ante las puertas de la casa. Todos lo saludaron; y al entrar y mirar en torno, nadie expresó sorpresa alguna ante la desaparición del cadáver y las ofrendas. Pero el dueño de la casa le dijo a Musõ:

-Venerable señor, acaso hayáis visto cosas desagradables durante vuestra estancia: temimos todos por vos. Pero ahora nos place hallaros sano y salvo. De buena gana nos habríamos quedado, de haber sido posible. Pero las leyes de nuestra aldea, según os informé anoche, nos ordenan abandonar las casas después de un fallecimiento y dejar el cadáver a solas. Cada vez que se infringió esta ley, sobrevino una enorme desgracia. Cada vez que se la obedece, hallamos que el cadáver y las ofrendas desaparecen durante nuestra ausencia. Acaso hayáis visto la causa.

Entonces Musõ le habló de la Forma tenue y horrible que había entrado en la cámara mortuoria para devorar el cuerpo y las ofrendas. A nadie pareció sorprender esta narración; y el dueño de la casa señaló :

-Lo que nos acabáis de referir, venerable señor, coincide con cuanto se ha dicho al respecto desde antiguo.

Musõ entonces preguntó :

-¿El monje de la colina no suele realizar los servicios fúnebres para vuestros muertos?

-¿Qué monje ? -preguntó el joven.

-El monje que ayer por la noche me indicó esta aldea -respondió Musõ-. Llegué hasta su anjitsu, que está en la colina. Rehusó alojarme, pero me dijo cómo llegar aquí.

Todos se miraron entre sí con expresión atónita; y, tras un instante de silencio, el dueño de la casa declaró :

-Venerable señor, en la colina no hay monje ni anjitsu alguno. Hace muchas generaciones que ningún monje reside en esta comarca.

Musõ no dijo nada más al respecto, pues era evidente que sus amables anfitriones lo juzgaban víctima de alguna ilusión sobrenatural. Pero en cuanto se despidió, no sin procurarse la información necesaria para proseguir su camino, decidió buscar la ermita de la colina para confirmar si había sufrido o no un engaño. Halló el anjitsu sin dificultad; y esta vez el anciano lo invitó a acompañarlo. En cuanto Musõ entró, el eremita hizo una humilde reverencia y exclamó :

-¡Ah! ¿Vergüenza de mí…! ¿Gran vergüenza sobre mí…! ¡Terrible vergüenza sobre mí!

-No debéis avergonzaros por haberme negado alojamiento -dijo Musõ-. Me indicasteis la aldea vecina, donde fui recibido con suma amabilidad; y os agradezco ese favor.

-A nadie puedo ofrecer alojamiento -respondió el recluso-, y no es mi negación lo que me avergüenza. Me avergüenza que me hayáis visto en mi verdadera forma… pues fui yo quien devoró el cadáver y las ofrendas ante vuestros propios ojos… Sabed, venerable señor, que soy un jikininki, un devorador de carne humana. Compadecedme y permitidme confesar la secreta falta que me redujo a esta condición.

“Hace mucho, mucho tiempo, yo era sacerdote en esta desolada región. No había otro sacerdote en leguas a la redonda. De modo que, en esa época, los montañeses solían traer aquí los cuerpos de los que habían muerto (a veces desde parajes distantes) para que yo cumpliera con los servicios sagrados. Pero yo no cumplía estos servicios y no realizaba los ritos sino por afán de lucro; sólo pensaba en la comida y las vestimentas que podía obtener mediante mi sacra profesión. Y a causa de este impío egoísmo volví a nacer, inmediatamente después de mi muerte, como jikininki. Desde entonces estoy obligado a alimentarme de los cadáveres de la gente que muere en esta comarca: a todos debo devorarlos del modo que anoche presenciasteis… Ahora, venerable señor, permitidme que os ruegue que realicéis un sacrificio Ségaki para mí: ayudadme mediante vuestras plegarias, os lo imploro, para que no tarde en liberarme de esta espantosa existencia…”

En cuanto el eremita hizo esta solicitud desapareció; y también desapareció la ermita, en el mismo instante. Y Musõ Kokushi se halló a solas, de rodillas en el pastizal, junto a un sepulcro antiguo y enmohecido, con la forma que llaman go-rin-ishi, que parecía ser la tumba de un sacerdote.

lunes, 1 de junio de 2020

Charles Lee Ray: "La Vida Antes de Chucky"


Fue una tarde del 24 de enero de 1950, en el hospital público de la ciudad, donde nació Charles Lee Ray, hijo de una familia humilde, de escasos recursos económicos, pero de muy buen corazón.

Charles tuvo una infancia feliz, sus padres trataron de darle lo mejor a él y su hermano menor, pese a todas las carencias en casa. Vivieron en un suburbio, esos típicos lugares donde las fachadas de los edificios ya nos brindan ese ambiente sombrío de pobreza, discriminación y desigualdad; pese a ello, siempre compartían largas tardes de juego con los amigos de la comunidad. Por las mañanas su papá trabajaba en la compañía eléctrica del centro, ganando 7 dólares por hora y seis días a la semana, este salario tan bajo se veía compensado por el bono de descuento para vivir en los edificios de la compañía. Su madre no tenía un trabajo estable, se dedicaba de manera íntegra a los quehaceres del hogar y eventualmente vendía algunos postres para los vecinos de la zona.

Pero la rutina de la felicidad se mide por ciclos y etapas de la vida, momento donde toca ser feliz como una forma de retribución a las buenas acciones, y momentos de tristeza, por tener que aprender alguna lección, pero ¿ qué pasa con las casualidades, los eventos desafortunados o lo que nos tiene marcado el destino?, esto se preguntaría mucho tiempo después Charles Lee Ray luego de ejecutar su primer asesinato.

Una noche de 1958, jugaba los habituales juegos de guerra con su hermano. Habían desarrollado sus propias temáticas recreativas, siempre condicionadas al contexto social en el que vivían, uno de sus juegos favoritos era ”El Espía del Pearl Harbor”, juego que consistía en hacer confesar a un supuesto espía mediante la tortura. Obviamente se trataba de un juego de niños, pero un día Charles quiso ponerle un poco más de emoción al mismo y pensó que colocar una bolsa sobre el rostro de su hermano (interpretando el rol de espía), haría que confiese más rápido. Claro está, siempre controlando el momento justo para dejarlo respirar y continuar bajo el rol del torturador; sin embargo, mientras asfixiaba a su hermano, Charles no sentía la marcada distancia que debe existir entre interpretar a un personaje y la personalidad natural del actor, se sentía mimetizado con la muerte y disfrutaba hacerlo, este sentimiento desconocido aún de niño lo reconocería muchos años después al iniciar sus conocimientos en magia negra. Y fue en ese momento del juego que ese placer irreconocible nació, como nace el más puro de los amores en una novela romántica. La bolsa se sostuvo mucho más del tiempo escatimado, su pequeño hermano confundido entre el juego y la realidad no supo reaccionar, y se entregó a los brazos de la muerte. Al darse cuenta de la situación, Charles entró en sí y se dio cuenta de lo que había sucedido, asustado trató de despertar a su pequeño hermano pero ya era muy tarde.

Al principio sus padres trataron de entender que se trató de un accidente, que el impulso natural de la diversión no podría condenar a un niño de 8 años, pero con el tiempo las cosas fueron tomando orden, no podemos esperar que una tragedia no traiga consecuencias y todos sufrieron esa extraña metamorfosis marcada por este evento desafortunado, que marcaría el inicio del instinto asesino de Charles. Bien dicen que la mejor forma de superar el dolor es aceptar que llevas cierta carga emocional, pero el padre de Charles se refugiaría en el alcohol para negarse esta nueva realidad. Naturalmente al iniciar este viaje en el alcoholismo, perdería el trabajo y el único sustento familiar. Su madre cayó en una profunda depresión, se la pasaba mirando todas las tardes por la ventana, esperando que en algún momento llegue su pequeño.

Charles se vio forzado a estar en las calles cuando sintió el rechazo de sus padres, ya no veían el episodio fatídico como un accidente, los nuevos vicios adquiridos nublaron sus juicios y la mejor forma de redención fue culpando a Charles. Una tarde de agosto su padre regresó a casa totalmente borracho, vio a Charles sentado haciendo sus tareas y como todas las tardes comenzó a culparlo por el accidente, pero esta vez fue más lejos y lo golpeó tan fuerte con la correa que tuvieron que pasar cinco días para que esas heridas cicatricen. Su padre había encontrado una nueva forma de desfogar su frustración, y todas las tardes azotaba con la correa a Charles, ante la mirada indiferente de su madre, quien en el fondo sentía que se hacía justicia de cierta forma. Una noche, luego de la golpiza recibida, su padre intentó estrangularlo mientras dormía, Charles a duras penas pudo defenderse con una vieja lámpara cercana a su cama para poder escapar de su victimario. Desde ese día se iría de su casa para no volver jamás.

Ya en las calles la necesidad lo obligaría a unirse a una pandilla, chicos como él, abandonados, maltratados, que encontraban refugio en las calles y en lo más alejado de los suburbios, bajo el mando el cojo Robert, quien les daba posada a cambio de robar para él. Charles siempre había sido rápido, cuando jugaba con su hermano siempre sacaba ventaja por ser más veloz y este atributo fue fundamental para la pandilla de Robert. A la edad de 16 años su ambición lo haría juntarse con una de las pandillas locales más peligrosas de la ciudad, dicha pandilla acogió a Charles sin ningún problema porque veían potencial en él. En su primer robo a un supermercado, Charles cometería su segundo crimen, años después confesaría que cometió el crimen para ganarse el respeto de la pandilla, un profundo corte a la yugular a un testigo ocular del asalto. Luego de ello seguirían los asesinatos, encontraba cierto placer en matar y algunos miembros de la pandilla le temían por ello. Charles no sentía remordimiento por ninguno de sus crímenes, solo por uno, el que marcó el inicio de ese instinto asesino y lo llevaba a beber desesperadamente para poder olvidar, pero era imposible, veía a su hermano por todos lados, inclusive en sueños. Los asaltos le traerían dinero y de esa forma descubriría el amor, en uno de esos amores conocería a Tiffany su eterna enamorada y cómplice con quien viviría un especial romance.

A la edad de 35 años conocería a Eddie Caputo, quien se volvería su incondicional compañero de robos y asesinatos, Charles ya había adoptado una nueva forma de asesinar y era mediante el estrangulamiento, le hacían recordar a su padre. En alguna conversación con Eddie confesó que observar la mirada de una persona a minutos de la muerte era una de las formas más puras de belleza, y consideraba la muerte como el paso a una nueva vida, por ello no se consideraba un asesino sino un mediador. Este afán por lo espiritual lo llevó a conocer al ”Doctor Muerte”, un gurú de magía negra que le enseñaría todos los trucos existentes de este arte. Charles sintió una vital conexión con él porque sentía que si vinculaba la magía negra a su instinto asesino sería indestructible, años después el ”El Doctor Muerte” se arrepentiría profundamente de haber sido su mentor y lo pagaría con su propia vida.

Esta fama de asesino lo catapultó como el ”Estrangulador de Lake Shore”, pero todo cambiaría una fría noche de 1988, cuando Eddie lo dejó a su suerte y Charles fue asesinado por el detective Mike Norris. Minutos antes de morir, Charles practicaría ese viejo ritual que le enseñó el ”Doctor Muerte” y desde ese día nacería Chucky, el muñeco diabólico.

La Mujer Extraña Regresa


Cuando ya creíamos que no lograríamos sacarle algo de información, fue entonces que el mismo nos comento, Después de un tiempo de que mi tío nos contara esa historia, que nos dejó impactados, si nos entró un poco de curiosidad, y le insistíamos de una y mil formas para que nos dijera que había pasado después de eso porque, cuando nos platicó esa historia el, cambio de una manera rara será que, al recordar esa experiencia, que vivió de adolescente realmente lo traumo, una tarde de un domingo.

Bueno niños pues, después de tanto pensarlo, me propuse platicarles el resto de esa tan desafortunada historia, si recuerdan algo de lo que les comente ese día….

Si tío pero porque tanto misterio?…. y porque cambio su forma de ser, después de que nos platicara aquella fascinante historia,……

Como les había dicho cuando tenía su edad, ocurrieron un sinfín de extrañas cosas, sobre todo después de la muerte de don Luis, pues ahí no termino todo, cuando pensábamos que todo había pasado, algo comenzó a ocurrir, pues hacían comentarios algunas personas, que estaban apareciendo cuerpos de hombres muertos, a las orillas del rio, con una expresión de espanto en sus rostros, y en un estado algo deplorable que no sabían porque estaban en esa descomposición tan avanzada, pues era como si tuvieran semanas dentro del agua, y lo más raro era que se reportaban desaparecidos de un día a otro, entonces no era lógico que estuvieran así.

Y eso siguió sucediendo un buen tiempo pero, nada ni nadie se explicaba como sucedían esas muertes.

En una ocasión ya estando en planes de boda con su querida tía, ya se me había olvidado lo ocurrido, y pues como saben aquí estamos.

Pero porque estas tan nervioso tío?….. Al parecer nos estas ocultando algo más, o no?…

Está bien, pero por favor no se lo digan a nadie ni a sus padres está bien, prométanlo, por favor…!

Te lo prometemos que nunca le diremos a nadie, de lo que estas a punto de contarnos.

Fernando, el tenía un par de meses de nacido y pues yo estaba muy contento por ser papa, y andaba festejando con mis amigos de la infancia, y al calor del alcohol empezamos a comentar acerca de lo sucedido años atrás, y uno de ellos nos platicó que hacía poco tiempo, la había vuelto a ver a la mujer misteriosa, puesto que a él, le encantaba el trago, y textualmente nos comentó, que tiene una figura muy ostentosa y que el vestido que trae puesto no deja nada a la imaginación, pero nunca se deja ver la cara, nada más se te insinúa, seduciéndote con su contoneo de caderas, y efectivamente se introduce rumbo hacia el rio, en donde se pierde en la penumbra de la noche, para después soltar un alarido muy lastimoso..

Aaaahhhhhhhhhhh!!!!.

Aaaaaahhhhhhhhhhhh!!!.

Y como es de machos, nos propusimos ir a ver por nuestros propios ojos nuevamente, aquella misteriosa dama, ya andábamos un poco pasados de copas por lo cual no recuerdo bien que paso realmente, pero al estar esperándola, bajo la temperatura drásticamente como aquella noche, y de pronto a lo lejos se dejó ver una silueta acompañada por na niebla muy densa, era como la una de la madrugada, hasta eso no era tan tarde, y como buenos hombres nos fuimos acercando lentamente, hasta que la visualizamos bien estábamos a unos cuantos metros de ella, entonces Beto, el más aventado le empezó a decir cosas obscenas, y en realidad por la espalda era una mujer muy llamativa, y cuando tubo nuestra completa atención sobre ella, comenzó a desplazarse, y no literalmente, no se veía que sus pies tocaran el suelo, y se fue introduciendo más y más al rio, cuando estaba a pie del mismo, Beto siguió con sus piropos subidos de tono, y en ese momento la mujer se retira su velo, fue entonces que mi amigo, ya casi la agarraba por la espalda, y se dio la vuelta, para lanzar un alarido de muerte, fue entonces que a nosotros se nos acabó el encanto y salimos corriendo, de reojo vi algo que cuando lo recuerdo, se me enchina la piel, pues ella tenía a mi amigo abrazado y como si le estuviera sustrayendo la vida, con sus fauces bien abiertas, el solamente se retorcía y ella con ese rostro tan espantoso que no se si lo imagine, por lo ebrio que estaba pero al aparecer me sonrió.

Fuimos corriendo para avisar a las autoridades de lo ocurrido, pero no nos tomaron en serio por el olor, tan fuerte que traíamos a alcohol, ya en la tarde del día siguiente encontraron el cuerpo de mi amigo Beto, boca abajo a la orilla del rio, con ese aspecto deprimente, y fue entonces que supe porque las demás victimas encontradas, tenían ese aspecto cadavérico y sin color en su pie, pues ella les chupa la vida.

Aquella Sangrienta Batalla a Orillas del Río Neuquén


Un malón atacó el fuerte, ubicado debajo de los actuales puentes. Ocurrió el 16 de enero de 1882, mucho antes de que se fundara la nueva capital en la Confluencia.

Todo hacía parecer que sería una mañana más de verano en el Fortín Primera División aquel amanecer del 16 de enero de 1882. Neuquén todavía no existía en la división política como gobernación del territorio nacional, y el paraje al que luego se trasladaría la capital desde Chos Malal era un lugar desértico que solo tenía fuertes contrastes en la zona de la confluencia de los ríos.

Eran las 5 de la madrugada y el cielo estaba clareando. Una partida de milicos había salido de recorrida desde el fortín hacia el paraje La Picasa, para observar los terrenos del lugar. Era la rutina casi diaria de la patrulla. El grupo lo integraban el cabo Manuel Contreras y cuatro soldados.

La temperatura era agradable. Se sentía la frescura y el aroma del río Neuquén, que no mucho más lejos se uniría con el Limay en el lugar conocido como la Confluencia.

Casi a la misma hora, tres soldados habían sido enviados hacia una pequeña isla a buscar a medio centenar de caballos que estaban pastando desde el día anterior.

Juan Lindor Robledo, Lorenzo Montecino y Ramón Mercado, un joven mendocino de 22 años, eran los tres soldados que fueron a buscar los animales. El lugar quedaba cerca del fortín, por lo que el viaje demandaría apenas algunos minutos.

Aprovechando la frescura del amanecer, el capitán Juan José Gómez también había decidido hacer una salida para “cansar” un poco a su caballo, un brioso animal que se le había escapado varias veces y que por las noches no descansaba en la isla con el resto de la tropilla, sino dentro del fortín.

Para Gómez también era una rutina. Solía salir bien temprano y aprovechar las extensiones de tierra para hacer largas carreras con su caballo, antes de las actividades militares que comenzaban con el toque de diana. Una veintena de soldados y troperos aún descansaba en la pequeña cuadra, sin siquiera sospechar que en pocos minutos comenzaría una sangrienta batalla.

A casi un kilómetro del fortín, un millar de guerreros de las tribus de Namuncurá, Reuquecurá y Ñancucheo, con la colaboración de indios neuquinos y araucanos de Chile, estaban esperando la orden para el ataque a aquel edificio construido con piedras y palos. Estaban agazapados y en silencio. El objetivo era robar todos los animales y armas que pudieran. Y destruir el fortín.

Esa mañana el capitán Gómez disfrutaba el paisaje del río, los árboles y el ruido del agua, cuando el sonido del clarín y las descargas de los fusiles lo volvieron a la realidad. El ataque había comenzado.

El militar se dio cuenta de que estaba prácticamente indefenso, sin más armamento que un revólver y un puñado de balas. Tenía que regresar al fortín, pero para ello, debía atravesar las filas enemigas.

Antes de emprender una carrera alocada en busca de refugio, Gómez se sacó una camisa roja para enrollarla en un brazo y, de esta manera, poder protegerse de las lanzas y cuchilladas que seguro vendrían en los próximos minutos.

Cuando los indios notaron su presencia inmediatamente se dirigieron a él. Cinco jinetes habían salido del fortín para darle protección a punta de pistola, mientras que el resto seguía parapetado contra las maderas disparando sus fusiles una y otra vez.

Revólver en mano, Gómez eludió una decena de atacantes, pero no pudo evitar el encuentro casi cuerpo a cuerpo con dos de ellos. A uno lo mató de un certero disparo, pero al otro le erró, por lo que el indio con un rápido reflejo lanzó un chuzazo que lo alcanzó en la pierna. Pese al dolor, la reacción de Gómez también fue rápida y de dos disparos terminó con la vida de su enemigo para seguir su camino al fortín.

La aparición de Gómez sorprendió realmente a los atacantes que se replegaron por un instante para organizarse y volver a la carga. Ninguno de ellos se imaginaba que había más milicos en las afueras del edificio. Todos pensaban que sorprenderían a los ocupantes adentro y durmiendo.

Pero en ese mismo momento, tuvo lugar otro imprevisto. La patrulla de soldados que comandaba el cabo Contreras volvía de hacer su relevamiento en La Picasa (donde hoy se encuentra la ciudad de Cinco Saltos), por lo que no pudo eludir el choque.

Gómez ordenó a los soldados que estaban en el fortín que abrieran fuego contra unos 70 indios que habían salido en busca de los recién llegados. Esta rápida acción permitió que Contreras y sus hombres lograran llegar milagrosamente hasta la empalizada del fortín sin mayores heridas que algún corte superficial.

Pero el combate seguiría dando sorpresas. Los tres soldados que habían ido a cuidar la caballada aparecieron por el lado del río y el enfrentamiento fue inevitable. Cuando los vieron los indios se lanzaron al ataque.

El soldado Robledo cayó atravesado por cinco lanzazos y murió al instante. Montecino alcanzó a disparar su arma, pero ante la gran cantidad de enemigos decidió retroceder hasta una laguna que se había formado por el desborde del río. Hasta allí fueron a buscarlo y lo mataron a chuzazos.

El joven Mercado quedó solo. En vano, disparó su carabina y luego sacó su sable para batirse con varios que lo rodeaban.

Desde el fortín alcanzaron a ver la escena, pero Mercado estaba demasiado lejos para el alcance de los fusiles, por lo que el sargento Ponce le pidió permiso al capitán Gómez para salir a auxiliarlo. Los soldados Gerónimo Reinoso, Nicasio Bustos, Emilio Luján y Manuel Díaz lo acompañarían aun sabiendo el riesgo de la misión.

Los caciques, de manera inteligente, ordenaron no salir a atacar a los salvadores. Era mejor esperarlos para cuando estuvieran lejos del alcance de las balas, y luego buscarlos y matarlos.

Tras una rápida carrera, los cinco militares llegaron finalmente hasta donde estaba Mercado. A los tiros lograron ahuyentar unos metros a los indios, pero el salvataje se hizo complicado. El soldado no se podía parar porque una lanza lo había atravesado de lado a lado.

“Agarrate de la cola del caballo”, le gritó uno de sus compañeros. Con las pocas fuerzas que le quedaban, Mercado se aferró a las crines y el grupo retomó el regreso al fortín, no sin antes enfrentarse nuevamente a una gran columna de indios que había ido a buscarlos.

A los tiros y sablazos, los milicos lograron avanzar hasta quedar cerca de la guarnición militar que cubrió con varios disparos la llegada.

Mercado quedó tendido en el suelo y un soldado tuvo que salir en su búsqueda para auxiliarlo. Logró levantarlo e ingresarlo finalmente al fortín, pero el esfuerzo fue en vano. El joven finalmente moriría horas después por las heridas de 27 lanzazos.

El grueso del malón, que se había mantenido sin intervenir en estas primeras acciones de lucha, escuchó finalmente la orden de los caciques para el ataque final al fuerte. Y todos salieron en masa a matar o morir.

El enorme grupo, con lanzas y cuchillos en mano, llegó rápidamente hasta casi el borde del foso que rodeaba al fortín. Allí se bajaron y se lanzaron dentro de la zanja para tratar de llegar a la guarnición. Pero los disparos de fusiles y revólveres impidieron que llegaran a la empalizada.

En cuestión de segundos, numerosos cadáveres quedaron tendidos en la zanja sin que se lograra penetrar en la pequeña fortaleza militar, por lo que los jefes decidieron ordenar la retirada para reagruparse y esperar una mejor oportunidad.

Adentro del edificio se percibía el miedo y la desesperanza. El grupo de milicos sabía que podría resistir un par de ataques más, pero que era cuestión de tiempo. Los indios superaban en gran número al puñado de militares que había quedado encerrado y sin chances de escapar. No había posibilidades de que llegaran refuerzos de ningún lado, las municiones se estaban terminando y el agotamiento era cada vez mayor.

El capitán Gómez miraba a través de las maderas de la empalizada tratando de encontrar alguna estrategia que permitiera frenar el ataque que se vendría en cuestión de minutos y que sería más feroz que los anteriores.

En un momento, alcanzó divisar a lo lejos la figura de uno de los caciques que gesticulaba y parecía dar órdenes a los indios. ¿Y si intentaba dispararle?

La posibilidad de acertar un balazo a semejante distancia era prácticamente nula, pero no había otra salida.

El capitán le pidió el fusil a un soldado y volvió nuevamente hasta la pared de maderas. Apoyó el Remington en un hueco de la empalizada y apuntó pacientemente. A lo lejos, la muchedumbre se veía borrosa porque todavía había mucho polvo suspendido en el aire. Contuvo la respiración un par de segundos y finalmente disparó.

La bala cruzó todo el campo de batalla e impactó en el cuerpo del cacique, que cayó malherido para sorpresa de todos sus seguidores.

El episodio terminó convenciendo al resto y a quienes dirigían el malón de que sería mejor una retirada ordenada sin arriesgar más vidas. Después de todo, el saldo no había sido tan malo para los indios: habían matado a cuatro milicos y herido a una decena más, por lo que el fortín había quedado debilitado. Además, tenían en su poder los 50 caballos que habían logrado robar de la isla donde estaban pastando. Los 27 muertos en sus filas no significaban un número importante para el gran ejército que poseían.

Cuando los indios se retiraron, dentro del fortín volvió la calma, pero la depresión se adueñó del capitán Gómez. En el parte de guerra que escribió al coronel Villegas comentó los pormenores de la batalla y lamentó haber perdido a cuatro soldados y a toda la caballada.

“Puedo asegurar al señor coronel que si los indios consiguieron arrebatarme parte de los caballos que estaban en el corral, no fue por culpa mía, ni por descuido o negligencia. Y si después de retirarse no los perseguí fue debido al estado de la tropa. Apenas disponía de diez hombres en estado de moverse”, aseguró en el escrito.

Por la acción de defensa del fortín, Juan José Gómez fue promovido al grado de sargento mayor; Ponce a sargento 1º, y los soldados Gerónimo Reinoso, Nicasio Bustos, Emilio Luján y Manuel Díaz, que protagonizaron el audaz rescate, a cabos 1º.

La batalla del Fortín Primera División fue uno de los tantos episodios sangrientos que se vivieron en el norte de la Patagonia a finales del siglo XIX. Y ocurrió debajo de los actuales puentes que se levantan sobre el río Neuquén.

lunes, 11 de mayo de 2020

La Dama Del Lago


Viviana, Niniana o Nimue, sus nombres al igual que su carácter ofrecen algunas variantes, aprendiz de Merlín, a la que algunos sitúan incluso como su amante, hada, o espíritu inmortal. La Dama del Lago pasó a tener un lugar de relevancia en el ciclo artúrico, lo que ayudó a su difusión en la cultura occidental. 

Aparece en muchas de las obras sobre el rey Arturo, y ha trascendido como un personaje relevante de las leyendas artúricas por su relación cercana con el mago Merlín, y con la espada Excalibur. Y aunque la leyenda artúrica generalmente representa a la Dama del Lago como un personaje benévolo, a veces también es representada como un agente del mal, o un ser humano con virtudes y defectos comunes, como la paciencia y el rencor.

Según cuenta la leyenda, el rey Arturo estaba preocupado por su espada, que había perdido peleando. Merlin le aseguró que había una mejor para él. Entonces se fueron a un lago cercano donde, de una manera misteriosa, estaba un brazo erguido que empuñaba una espada. «Ahí está tu espada», dijo Merlin. Arturo no sabía como llegar a la espada y entonces vio a lo lejos una barca con unajoven vestida de blanco. «ella es la dama del lago, debes convencerla para que te dé la espada».

La dama se acercó y el Rey le pidió la espada, ella le dijo que se la daría si le concedía un deseo. Arturo aceptó y la dama le dijo:» Toma mi barca y navega hasta donde está el brazo, él te dará la espada. En cuanto a mi deseo, te lo pediré después». Cuando Arturo tomó por fin la espada notó que en la hoja se podía leer una inscripción que decía: «Excalibur» , más abajo decía: «Tómame». Y del otro lado de la hoja decía: «Arrójame lejos». Esta espada sería la protagonista de innumerables batallas victoriosas y de grandes hechos heroicos.

En otras leyendas, Nimue aparece como la hija de la Dama del Lago, y en otras como la amante del mago Merlín. Según Chrétien de Troyes, La Dama del Lago (con el nombre de Viviane) es la madre adoptiva de Lancelot. Así mismo aparece en los romances no sólo como el hada que entrega Excalibur a Arturo sino también la que exige que la espada sea devuelta al Lago (que puede identificarse con Avalon) cuando Arturo es herido de muerte en el campo de batalla. En la obra de Malory, es una de las tres hadas que escoltan al rey Arturo a Avalon.

Otra leyenda cuenta que Merlín conoció a Nimue cerca de la fuente de Barenton, en Bretaña, y que se enamoró de ella tan profundamente que consintió en mostrarle el secreto de sus poderes mágicos. Nimue se convirtió en su amante y en su escriba y anotó cuidadosamente las profecías del mago. Pasaron los años, y las artes de Nimue se volvieron casi tan poderosas como las de su maestro y, aprovechando la confianza que el mago había depositado en ella, lo engañó y lo encerró en una cueva (o en una torre de cristal o en el tronco de un roble, según las distintas versiones).En las tradiciones más modernas, el papel de Nimue como pupila de Merlín y como la malvada culpable de su caida, se traspasa a Morgana Le Fay.

También se habla de ella como la reina de las hadas del bosque encantado, protectoras de los caballeros de la Tabla Redonda en su búsqueda del Santo Grial. En las Nieblas de Avalon, Nimue es la hija de Lancelot y Elaine y sucesora de Morgana como Dama del Lago y Señora de Avalon. Nimue recibe una misión muy especial que la llevará a la muerte: castigar a Kevin, el Merlín de Bretaña (en la novela no es un nombre propio sino un título), por traición a Avalon y a los dioses antiguos.

Con un encantamiento, Nimue hace que Merlín se enamore de ella y le engaña para que la acompañe a Avalon donde es ejecutado. Tras una lucha feroz, Arturo fue mortalmente herido por la espada de Modred. Sintiéndose morir, ordenó a uno de sus caballeros que arrojaran Excalibur a un lago cercano, pero cuando la espada caía a las aguas surgió Nimue, quien la recogió, la blandió tres veces y desapareció con ella en las profundidades.