Atención Por Favor.

Ante todo nos dirigimos y agradecemos a todos por la ayuda que nos dan con este blog ya sean seguidores, oyentes del programa de radio y por sobre todo a todos aquellos propietarios de webs, blogs, libros y todos los lugares donde han obtenidos la información y nos han acercado a nuestro mail para que podamos publicarlas en este humilde blog, para que todas las semanas desde hace ya 7 años podamos compartir en dos emisiones las tantas historias, enigmas y misterios del universo que se van pasando de generación en generación y así reflejar esas viejas leyendas, historias, enigmas y misterios que de niños oímos mas de una vez y que nos asustaban en algunos casos como también en otras nos enseñaban a valorar y respetar esas narraciones.

Desde ya les agradezco a todos y pido disculpas si no se agrega la fuente por que muchos correos no la poseen y para no cometer errores no se agrega pero en este pequeño equipo estamos muy agradecidos para con todos. Muchísimas Gracias a todos en general por su valiosa información y por su cordial atención.

Equipo Infinito.

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lunes, 11 de junio de 2018

La Imagen del Universo


Uno de los logros mayores del ser humano en los últimos años, ha sido la construcción y puesta en marcha del telescopio espacial Hubble.

El tremendo aparato orbita fuera del planeta, en el exterior de nuestra atmósfera a 593 kilometros de altura.  Su nombre es un homenaje al astrónomo Edwin Hubble y fue puesto en órbita hace 28 años, en abril de 1990.  

Es un proyecto conjunto de la NASA y de la Agencia Espacial Europea y ha logrado captar imágenes de los confines del universo.

Aquí te presentamos esta, por ejemplo, que es una imagen impresionante, ya que dadas las posibilidades que presenta este telescopio, puede observar momentos de galaxias y estrellas situadas a 13.000 millones de años luz de distancia.

Esto significa decir que lo que se observa aquí, es lo que existía hace 13.000 millones de años, es decir casi sobre el inicio de lo que se calcula el nacimiento de nuestro universo.

La imagen se conoce como Campo UltraProfundo del Hubble y es la unión de varias imágenes obtenidas a través de casi un año de fotografías.

Esto que estamos viendo, tal vez en la actualidad ni siquiera se parezca, pero el Universo es tan pero tan enorme, que la luz de estas estrellas, ha llegado a las lentes del Hubble después de viajar por ese gigantesco espacio durante 13.000 millones de años, un tiempo muy pero muy anterior a la existencia de nada de lo conocido por nosotros, incluyendo nuestro planeta.

El Caso Llanca


El 28 de octubre de 1973, un camionero de 25 años, de nombre Dionisio LLanca, fue protagonista de una increíble historia cerca de Bahía Blanca.  

Su encuentro con tres seres supuestamente extraterrestres y la permanencia dentro de una nave espacial, ha sido motivo de controversias y presentaciones en los principales congresos ufológicos de decenas de países.

Su historia,  es reconocida en todo el mundo y ha sido traducida al inglés, portugués, español y francés, entre otros idiomas.  Sin embargo, la mayoría de los sitios especializados en ovnis tiene un dato erróneo: aseguran que Dionisio murió en 1986, cuando en realidad el supuesto abducido vive tratando que nadie se entere de su pasado en una ciudad del sur, donde trabaja desde 2009 como encargado de una estación de servicio.

“Si me volviera a pasar lo de aquella noche, no se lo contaría a nadie. Me hizo mucho mal, me difamaron y usaron. En estos 40 años largos… estuve internado por diferentes problemas emocionales y de salud en hospitales de Rawson, Mendoza y Buenos Aires”, dice Dionisio Llanca, en una nota publicada por un diario bahiense.

El evento se produjo mientras le cambiaba una rueda pinchada a su camión, a la 1.30 de la madrugada de aquel sábado, en la banquina del kilómetro 705 de la ruta 3. Dos hombres y una mujer vestidos con trajes grises ajustados y con botas y guantes de color amarillo, aparecieron de la nada a su lado.

A unos 7 metros de altura, sobre una arboleda que también sobrevive al paso del tiempo, estaba suspendida la nave, a la que describió como de unos 4 metros de diámetro y silenciosa como la noche en el medio del campo. Antes, sólo había notado que una luz amarilla se acercaba por la ruta.

Según su relato, en ese momento quedó inmovilizado, aunque contó que no fue por el miedo, sino porque una fuerza desconocida se lo impedía. Pudo escuchar a los seres hablando entre ellos en un idioma que le resultaba indescifrable, hasta que uno lo levantó por el cuello y otro le pinchó uno de sus dedos. Lo último que vio fueron dos gotas de sangre que se deslizaban desde el índice hacia el piso y la mirada fija de la mujer. Luego perdió la conciencia.

Cuando despertó, aproximadamente poco después de las 3, se encontraba en el predio de la Sociedad Rural, tirado junto a unos vagones y a unos 10 kilómetros de donde todavía se encontraba estacionado su camión, que fue recogido por la policía horas más tarde.

“En el año 76, cansado de que me inyecten Pentotal –el llamado suero de la verdad– y los problemas que me generaba recordar todo eso decidí escaparme, no aparecer más”, dice.

Su fuga hacia el anonimato lo llevó a lugares que no imaginó. En la etapa siguiente pasó dos años y medio internado en hospitales de Mendoza, Buenos Aires y Rawson.

“Se me caía la piel de todo el cuerpo y por momentos se me enrojecían tanto los ojos que parecía que me iba a quedar ciego. Los médicos me decían que tenía índices de exposición a radioactividad, aunque lo peor de todo es que de vez en cuando veía la luz del ovni”, dice.

El caso fue exhaustivamente investigado por un sinnúmero de especialistas, pero el misterio sigue en pie.

El Callejón de las Manitas

Era el año 1780 cuando llegó a la ciudad de San Luis Potosí un sacerdote que avivado por el benigno clima del lugar decidió quedarse a radicar ahí. Al clérigo le fue fácil encontrar colocación como maestro en uno de los mejores colegios de aquel entonces, y aunque se le proporcionaba una manera digna de vivir allí mismo, decidió alquilar una casa en uno de los barrios más desolados del lugar que recibía el nombre de Alfalfa.

Un buen día dejó de impartir sus habituales clases de latín para salir con rumbo desconocido. A su regreso fue cruelmente asesinado; se dice que por sus acompañantes: dos mozos que él mismo había invitado a su recorrido. Y aunque la versión es contada de diversas maneras, en términos generales ésta es la que más se repite.

El sacerdote hizo su recorrido por los pueblos cercanos, reunió algo de dinero que traía consigo siempre, destinando una parte para comprarse algunas cosas que necesitaba y la otra a socorrer a los pobres más indigentes; casi todos sus honorarios los gastaba en ellos. Luego de su arribo a la ciudad se dirigió a su casa situada en el antiguo callejón de Alfalfa. Una vez instalado ahí, dejó que sus ayudantes cumplieran con su obligación: desensillar los caballos, desaparejar las mulas y llevar a los animales al pesebre. Los dos mozalbetes ejecutaron sus labores con toda calma y después fueron a tomar sus alimentos. Mientras tanto, el sacerdote, que ya estaba muy cansado, prefirió ir directamente a la cama, no sin antes rezar sus oraciones. Entrada la noche se encendieron los faroles de las calles y como los mozos sintieron miedo de irse, decidieron regresar a la casa. Pero gran temor sintieron cuando llegaron y vieron al padre tendido en medio del cuarto bañado en sangre. Salieron pidiendo ayuda mucha gente acudió y algunos dieron parte a las autoridades.

El esclarecimiento del crimen fue más complicado de lo que se creía, pues los mozos sólo habían estado unos minutos afuera y por más que buscaron no hallaban nada alrededor de la casa. Incluso los acompañantes del padre se ofrecieron a buscar, pero no tuvieron éxito. Los ayudantes del padre eran compadecidos por mucha gente y hasta por las autoridades, quienes, en tanto conseguían trabajo, les ayudaron en su sostenimiento. Sin embargo, un miembro de la autoridad jurídica, quien siempre sospechó de los dos muchachos, pidió que se les internara en el Hospital Militar en calidad de detenidos.

Hecho esto, se resolvió en que los colocarían en cuartos separados e incomunicados, sujetándolos a intensos interrogatorios. Días después se culparon mutuamente y uno de ellos dijo que su primo (el más grande de los dos) era quier había dado muerte al padre, ocultando el producto del robo, el cual consistía en unas cuantas monedas. Las autoridades y los reos se trasladaron al sitio de los hechos donde fueron encontradas las monedas así como el cuerpo del delito que fue un puñal.

Pero ellos aseguraban que no había sido el robo el móvil del crimen, sino vengarse por el mal trato que les daba el sacerdote. Aun así, fueron sentenciados, retardando el castigo las apelaciones de los defensores; fue así como transcurrieron cinco años, aunque al término se confirmó la sentencia de muerte, que consistía además en cortarles las manos a los cuerpos para que fueran exhibidas como escarmiento para el resto de la población. Las manos criminales se colgaron del muro exterior de la sombría casa del callejón solitario y triste. Desde entonces se le llamó el Callejón de las Manitas. Cuando la gente tenía que pasar por este callejón empezaba a rezar y no cesaba de hacerlo hasta que salía de él.

Por fin alguien descolgó las manos de aquel sitio, pero pasados unos días volvían a aparecer. Así fue en forma sucesiva durante mucho tiempo, hasta que se reformó el barrio y el callejón lo atravesó una calle ancha. Aun así, en ese mismo lugar donde estuvo la casa lúgubre, en algunas noches del mes de noviembre todavía se ven flotar en el espacio unas manos esqueléticas que buscan acomodo en un sitio, también se aparece un sacerdote menudito, esmirriado, de sotana rabona, que cruza la calle y se pierde al doblar la esquina, motivo por el que todavía hoy en día los habitantes de San Luis Potosí temen cruzar el callejón que existe atrás del Hospital Militar de la ciudad.

sábado, 9 de junio de 2018

El Diablo en Pañales

Se dice que cierta vez, ya entrada la noche, andaba por las callejuelas retorcidas y mal formadas de la ciudad un hombre evidentemente ebrio. Y a pesar de que las calles eran alumbradas por los candiles que hacían sombras extrañas, esto parecía no importarle, pues a el los fantasmas no le asustaban cuando tenia a su lado una botella. Al dar vuelta en una esquina, escucho claramente el llanto de un bebé; eran ruidos ahogados pero claros. 

Se detuvo tambaleante pero ya no escucho mas que el aullar de los perros en la lejanía. Unos metros adelante volvió a escuchar el llanto, ahora si era claro; se trataba indudablemente de un bebé. El hombre busco en los rincones y justo debajo del puente que cruzaba, encontró a la criatura apenas cubierta con una manta.

El hombre levanto al bebé sin antes maldecir a la desnaturalizada madre. Aun tambaleándose siguió su camino murmurando pestes contra la infame que dejo a su pequeño en semejante situación. Pero no había llegado ni al siguiente faro cuando empezó a tener la impresión de que el niño pesaba mas. Todavía así camino cuatro calles, pero el peso ya era insoportable. Lo miro varias veces, todas sin remover la manta que lo cubría. Y al llegar a la siguiente luz, pudo ver bien al niño que llevaba en brazos. Para su sorpresa, no llevaba un bebe, sino un cerdo con ojos encendidos que lo miraba amenazante.

Se dice que el infernal ser chasqueó los colmillos produciendo en el ebrio hombre un susto que lo curó de inmediato. Como pudo lanzo al animal por los aires exclamando una oración que ya casi no recordaba; se echo a correr por las calles y nunca mas volvió a tomar.

Pudiera ser que la leyenda fuera creada para evitar que los hombres se embrutecieran con la bebida; sin embargo, en toda la República mexicana se cuentan historias similares en las que bebés con dientes se vuelven animales infernales.

El aparecido del Salto del Gato

Uno de los caminos para ir de Izúcar de Matamoros a Acatlán de Osorio, ambos municipios poblanos, es la antigua Carretera Panamericana, que comunica a la República Mexicana de noreste a sureste.

A principios del siglo XX, cerca de la década de los años 30, los primeros autobuses de pasajeros comenzaron a circular el entonces moderno camino, que entre las mencionadas entidades atraviesa una pequeña porción del eje volcánico y rodea un peligroso precipicio.

Fueron muchos los vehículos que cayeron por el abismo, y muchos más los individuos que allí perdieron la vida, sin embargo, en torno a las innumerables tragedias surgió la creencia de que un charro, vestido con un elegante traje negro de botones plateados, hacía la parada a los choferes, y al ingresar a los autobuses, ofrecía cuantiosas cantidades de dinero para que al llegar a la cumbre, se arrojaran por la ventana, dejando caer los carruajes al abismo con todos sus ocupantes.

Pocos días después de los accidentes, los cadáveres de los conductores que accedían a tan atroz acuerdo, eran encontrados en las cercanías, con visibles signos de tortura.

Las habladurías provocaron tal terror entre los viajeros y choferes, que estos dejaron de permitir a los pasajeros subir a los autobuses en esa zona, sin embargo, el enigmático charro continuaba apareciéndose a su lado, con su malévola propuesta económica.

Las autoridades eclesiales decidieron colocar cruces y bendecir el lugar, con la finalidad de exorcizarlo del maquiavélico espíritu, y cuentan los descendientes de quienes asistieron a la ceremonia religiosa, que el charro apareció lacerando al sacerdote oficiante con un látigo. Justo antes de morir, el padre empapó al ente con una bandeja de agua bendita, y este se convirtió en una figura demoniaca parecida a un felino, que cayó por el precipicio entre insultos y desgarradores gritos de dolor, que aún pueden escucharse por esos caminos, según cuentan los que ahí residen.

La Leyenda del Fantasma de la Monja

Esta leyenda, como muchas otras sucedió en la época de la Colonia, época inolvidable por muchas razones, dentro de las cuales las más importantes son los antiguos testimonios en donde se barajan nombres auténticos y acontecimientos que hacen de nuestro país un abanico de leyendas.

Durante muchos años y según consta en las actas del muy antiguo convento de la Concepción, que hoy se localizaría en la esquina de Santa María la Redonda y Belisario Domínguez, las monjas enclaustradas en tan lóbrega institución, vinieron sufriendo la presencia de una blanca y espantable figura que en su hábito de monja de esa orden, veían colgada de uno de los árboles de durazno que en ese entonces existía.

Cada vez que alguna de las novicias o profesas tenían que salir a alguna misión nocturna y cruzaban el patio y jardines de las celdas interiores, no resistían la tentación de mirarse en las cristalinas aguas de la fuente que en el centro del convento había y entonces ocurría aquello: tras ellas, balanceándose al soplo ligero de la brisa nocturnal, veían a aquella novicia pendiente de una soga, con sus ojos salidos de las órbitas y con su lengua como un palmo fuera de los labios retorcidos y resecos, sus manos juntas y sus pies con la puntas de las chinelas hacia abajo.

Las religiosas huían despavoridas llevando hasta sus labios el nombre de Dios, pero cuando llevaban a las superioras, la horrible visión ya se había esfumado.

La aparición de la monja ahorcada en el durazno se remontaba a muchos años antes, pues debe tenerse en cuenta que el Convento de la Concepción fue el primero en ser construido en la capital de la Nueva España, apenas 22 años después de la consumación de la Conquista; de ahí que recibieran como novicias a hijas, familiares y conocidas mujeres de los conquistadores españoles.

Después de arduas investigaciones para esclarecer el origen de esas apariciones, se supo que dicho fantasma correspondía  a la que en vida llevó el nombre de doña María de Alvarado, quien compartía la morada con sus hermanos Gil y Alfonso Ávila en la esquina que hoy serían las calles de Argentina y Guatemala, justamente donde se ubicaba una cantina.

Se cuenta que era una mujer muy bonita y de gran prestancia que se enamoró de Arrutia, un mestizo de humilde cuna, que al ver su amor que ella le profesaba por los ojos, quiso hacerse de mujer, dinero y linaje.

A tales amoríos se opusieron los hermanos Ávila, sobre todo Alfonso, quien llamando una tarde al irrespetuoso y altanero mestizo, le prohibió que anduviese tras su hermana.
-Nada podéis hacer si ella me ama-dijo altaneramente Arrutia- pues el corazón de vuestra hermana es mío: podéis oponeros cuanto queráis, que nada logréis.

Molesto don Alfonso se fue a su casa para hablar con su hermano Gil, a quien le contó lo sucedido. Gil pensó en matar al bellaco que se enfrentaba a ellos, pero don Alfonso pensando mejor las cosas, dijo que el sujeto era un mestizo despreciable que no podría medirse a espada contra ninguno de los dos y que mejor sería que le dieran un escarmiento.

Así decidieron reunir un buen monto de dinero y se lo ofrecieron al mestizo para que se largara para siempre de la capital, pues con los dineros ofrecidos podría instalarse en otro sitio y poner un negocio lucrativo.

Se dice que el mestizo aceptó y sin darle un adiós  a su amada se fue a Veracruz y de allí a otros lugares, dejando transcurrir los meses para ajustarse a dos años, tiempo durante el cual  la desdichada doña María Alvarado sufría, padecía, lloraba y gemía como una sombra por la casa solariega de los hermanos. Al verla sufrir tanto, sus hermanos decidieron convencerla para que entrara de novicia a un convento. Escogieron para dicho fin el de La Concepción y no fue difícil que la aceptaran, pues luego de haber dado una fuerte cantidad de dinero, la joven tuvo que ir a refugiarse del dolor que le provocaba la supuesta muerte del mestizo.

Pero sin mucha voluntad, doña María entró como novicia, en donde comenzó a llevar la triste vida claustral, aunque sin dejar de llorar su pena de amor, recordando al mestizo Arrutia. Por las noches, en la angustiosa soledad de su celda se olvidaba de su amor a Dios, de su fe y de todo y sólo pensaba en aquel mestizo que la había abandonado.

Al fin, una noche, no pudiendo resistir más esa pasión que era mucho más fuerte que su fe, decidió matarse ante el silencio del amado de cuyo regreso llegó a saber, pues el mestizo había vuelto a pedir más dinero a los hermanos Ávila.

Se cuenta que al saberse traicionada por ambas partes, de su amado y de sus hermanos, tomó un cordón y lo trenzó con otro para hacerlo más fuerte, después se hincó ante el Cristo Crucificado a quien pidió perdón por no haber tenido el valor y la pasión de profesarse. Caminó hasta la fuente donde se reflejó por última vez, allí derramó unas lágrimas que se confundieron con la cristalina agua. En cuanto tomó aliento ató la cuerda a una de las ramas del durazno y volvió a rezar pidiendo perdón a Dios por lo que iba a hacer, y sin pensarlo dos veces se lanzó golpeando sus pies en el brocal de la fuente.

Y allí quedó, balanceándose como un  péndulo blanco movido por el viento. Al día siguiente, cuando la portera del convento fue a revisar los picaportes y herrajes de la puerta del convento, la vio colgando rígida y con el semblante blanco.

El cuerpo ya tieso de María de Alvarado fue bajado y sepultado esa misma tarde en el cementerio interior del convento y allí pareció terminar aquel drama amoroso. Sin embargo, un mes después, una de las novicias vio la horrible aparición reflejada en las aguas de la fuente. A esta aparición siguieron otras, hasta que las superioras prohibieron la salida de las monjas a la huerta después de la puesta de sol.

Al deducir que el alma de la joven andaba penando, las autoridades comenzaron a investigar, tomando por culpables a los hermanos Ávila, pues habían sido ellos los que de alguna manera encaminaron a María a terminar con su vida de esa manera. Así que los juzgaron y sentenciaron a muerte en cuanto el sol comenzaba a asomarse.

La casa donde vivieron fue destruida y arada con sal, ya que de acuerdo con algunas costumbres de la época, ésa era la única forma en que el alma de la monja pudiera descansar en paz.

jueves, 7 de junio de 2018

La Leyenda de Los Bandidos de Agua Zarca y su Tesoro

En las inmediaciones del pueblo de Otzoloapan, perteneciente a la jurisdicción del Valle de Bravo, Estado de México, hay un barranco que baja del rancho de Agua Zarca y cuentan las historias antiguas que, una partida de ladrones que conducía al lomo de poderosas mulas un cuanto de alhajas y onzas de oro y plata robado a innumerables víctimas que habitan el rico mineral de Temascaltepec, era perseguida por la justicia que estaba a punto de darles alcance 

Los bandidos aquellos, viéndose perdidos, resolvieron descargar las mulas de los pesados sacos que fueron arrojados en una cueva que había en aquel barranco y que precisamente taparon Con tierra, ocultándolos de esta manera a los ojos de sus perseguidores teniendo la esperanza de que libres de ellos, algún día podrían volver allí, para desenterrar el tesoro. Aligeradas las acémilas de aquel peso y montados en ellas los ladrones emprendieron con más velocidad la huida; pero en esto último no fueron ayudados por la fortuna porque los soldados que los perseguían les dieron alcance matándolos a todos cuando iban en la fuerza de la carrera. Y al ser identificados sus cadáveres, los agentes de la justicia se dieron cuenta de que ya no llevaban absolutamente nada de lo robado, abrigando la íntima convicción de que únicamente en el barranco que baja del Agua Zarca lo pudieron haber ocultado ya que todo el resto del camino era llano y parejo, no pudiéndolo haber abandonado allí.

Desde luego mucho se buscó el escondite; pero todo fue en vano, pues nunca se encontro. Pasaron muchos años de aquel suceso; pero su memoria no pereció, porque de generación en generación se iba renovando el recuerdo y sobre todo en las personas mas ancianas había la plena seguridad de que ese tesoro continuaba enterrado pues no habia sido descubierto por nadie en aquel lugar. Entre estas personas había tres sumamente caracterizadas, cuyos nombres eran Antonio Sánchez, Juan Hernández y Rafael Flores; los dos primeros originarios y vecinos de San Martín Otzoloapan y el último del Valle de Bravo.

Convencidos hasta la saciedad de que en la barranca que baja del Agua Zarca estaba escondido un gran botín, determinaron irlo a buscar con todo ahínco, y para el efecto invitaron para que los acompañara a Primo Castillo del Valle de Bravo, hombre decidido para cualquier empresa y de un valor casi temerario.

Hechos todos los preparativos se encaminaron cierto día al lugar de referencia y despues de trazar planos y conbinar el trabajo, comenzaron a escarbar en  un lugar que creyeron más seguro; y cuando hacian esta operación, hé aquí que escucharon unos quejidos huecos que salian de la tierra: los oyó primero Primo Castillo quien contó esta leyenda y también los demás acompañantes, quienes poseídos de terror, acobardados emprendieron precipitada fuga. Dos veces más fueron y en ellas también volvieron a oír los lúgubres quejidos que les impedían proseguir su trabajo y que. les hicieron comprender que el demonio estaba apoderado de esas riquezas y no permitía que las sacaran.

En cierta ocasión Antonio Sánchez llevó un rosario bendito y se lo colgó en el cuello creyendo que con aquella prenda el demonio los dejaría trabajar; pero no fue así, porque cuando menos pensaron, el del rosario sintió que se le acercaba un hombre que intempesitvamente había aparecido; y cuando llegó a él, lo saludó dándole las “buenas tardes”. ..y esto diciendo le arrebató el rosario y desapareció en la medianía de la barranca. Tan raro Suceso los desconcertó e hizo que emprendieran precipitada fuga.

Pero aquellos hombres estaban decididos a todo; y aunque se apoderaba de su ánimo un temor natural, en otra ocasión fueron de nuevo en busca del ambicionado tesoro, y entonces una extraña aparición les trastornó sus mentes, al ver que en un tepeguaje estaba un mono negro con un sombrero que casi le tapaba la cara y al acercarse a ellos se reía a carcajadas. ..Creyeron firmemente que era el demonio; y Antonio Sánchez que era el más piadoso de todos, rezó el Magnificat; el mono se esfumó, pero a poco tiempo volvió a salir de un hueco y aquellos hombres amedrentados por esas muestras misteosas y sobrenaturales, huyeron y ya no volvieron a presentarse más en aquel lugar. Donde se asegura sigue custodiado por un mono, quién se supone es la encarnación del mismo demonio. Esto pasaba por el año de 1880.