Atención Por Favor.

Ante todo nos dirigimos y agradecemos a todos por la ayuda que nos dan con este blog ya sean seguidores, oyentes del programa de radio y por sobre todo a todos aquellos propietarios de webs, blogs, libros y todos los lugares donde han obtenidos la información y nos han acercado a nuestro mail para que podamos publicarlas en este humilde blog, para que todas las semanas desde hace ya 7 años podamos compartir en dos emisiones las tantas historias, enigmas y misterios del universo que se van pasando de generación en generación y así reflejar esas viejas leyendas, historias, enigmas y misterios que de niños oímos mas de una vez y que nos asustaban en algunos casos como también en otras nos enseñaban a valorar y respetar esas narraciones.

Desde ya les agradezco a todos y pido disculpas si no se agrega la fuente por que muchos correos no la poseen y para no cometer errores no se agrega pero en este pequeño equipo estamos muy agradecidos para con todos. Muchísimas Gracias a todos en general por su valiosa información y por su cordial atención.

Equipo Infinito.

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lunes, 11 de junio de 2018

La Imagen del Universo


Uno de los logros mayores del ser humano en los últimos años, ha sido la construcción y puesta en marcha del telescopio espacial Hubble.

El tremendo aparato orbita fuera del planeta, en el exterior de nuestra atmósfera a 593 kilometros de altura.  Su nombre es un homenaje al astrónomo Edwin Hubble y fue puesto en órbita hace 28 años, en abril de 1990.  

Es un proyecto conjunto de la NASA y de la Agencia Espacial Europea y ha logrado captar imágenes de los confines del universo.

Aquí te presentamos esta, por ejemplo, que es una imagen impresionante, ya que dadas las posibilidades que presenta este telescopio, puede observar momentos de galaxias y estrellas situadas a 13.000 millones de años luz de distancia.

Esto significa decir que lo que se observa aquí, es lo que existía hace 13.000 millones de años, es decir casi sobre el inicio de lo que se calcula el nacimiento de nuestro universo.

La imagen se conoce como Campo UltraProfundo del Hubble y es la unión de varias imágenes obtenidas a través de casi un año de fotografías.

Esto que estamos viendo, tal vez en la actualidad ni siquiera se parezca, pero el Universo es tan pero tan enorme, que la luz de estas estrellas, ha llegado a las lentes del Hubble después de viajar por ese gigantesco espacio durante 13.000 millones de años, un tiempo muy pero muy anterior a la existencia de nada de lo conocido por nosotros, incluyendo nuestro planeta.

El Caso Llanca


El 28 de octubre de 1973, un camionero de 25 años, de nombre Dionisio LLanca, fue protagonista de una increíble historia cerca de Bahía Blanca.  

Su encuentro con tres seres supuestamente extraterrestres y la permanencia dentro de una nave espacial, ha sido motivo de controversias y presentaciones en los principales congresos ufológicos de decenas de países.

Su historia,  es reconocida en todo el mundo y ha sido traducida al inglés, portugués, español y francés, entre otros idiomas.  Sin embargo, la mayoría de los sitios especializados en ovnis tiene un dato erróneo: aseguran que Dionisio murió en 1986, cuando en realidad el supuesto abducido vive tratando que nadie se entere de su pasado en una ciudad del sur, donde trabaja desde 2009 como encargado de una estación de servicio.

“Si me volviera a pasar lo de aquella noche, no se lo contaría a nadie. Me hizo mucho mal, me difamaron y usaron. En estos 40 años largos… estuve internado por diferentes problemas emocionales y de salud en hospitales de Rawson, Mendoza y Buenos Aires”, dice Dionisio Llanca, en una nota publicada por un diario bahiense.

El evento se produjo mientras le cambiaba una rueda pinchada a su camión, a la 1.30 de la madrugada de aquel sábado, en la banquina del kilómetro 705 de la ruta 3. Dos hombres y una mujer vestidos con trajes grises ajustados y con botas y guantes de color amarillo, aparecieron de la nada a su lado.

A unos 7 metros de altura, sobre una arboleda que también sobrevive al paso del tiempo, estaba suspendida la nave, a la que describió como de unos 4 metros de diámetro y silenciosa como la noche en el medio del campo. Antes, sólo había notado que una luz amarilla se acercaba por la ruta.

Según su relato, en ese momento quedó inmovilizado, aunque contó que no fue por el miedo, sino porque una fuerza desconocida se lo impedía. Pudo escuchar a los seres hablando entre ellos en un idioma que le resultaba indescifrable, hasta que uno lo levantó por el cuello y otro le pinchó uno de sus dedos. Lo último que vio fueron dos gotas de sangre que se deslizaban desde el índice hacia el piso y la mirada fija de la mujer. Luego perdió la conciencia.

Cuando despertó, aproximadamente poco después de las 3, se encontraba en el predio de la Sociedad Rural, tirado junto a unos vagones y a unos 10 kilómetros de donde todavía se encontraba estacionado su camión, que fue recogido por la policía horas más tarde.

“En el año 76, cansado de que me inyecten Pentotal –el llamado suero de la verdad– y los problemas que me generaba recordar todo eso decidí escaparme, no aparecer más”, dice.

Su fuga hacia el anonimato lo llevó a lugares que no imaginó. En la etapa siguiente pasó dos años y medio internado en hospitales de Mendoza, Buenos Aires y Rawson.

“Se me caía la piel de todo el cuerpo y por momentos se me enrojecían tanto los ojos que parecía que me iba a quedar ciego. Los médicos me decían que tenía índices de exposición a radioactividad, aunque lo peor de todo es que de vez en cuando veía la luz del ovni”, dice.

El caso fue exhaustivamente investigado por un sinnúmero de especialistas, pero el misterio sigue en pie.

El Callejón de las Manitas

Era el año 1780 cuando llegó a la ciudad de San Luis Potosí un sacerdote que avivado por el benigno clima del lugar decidió quedarse a radicar ahí. Al clérigo le fue fácil encontrar colocación como maestro en uno de los mejores colegios de aquel entonces, y aunque se le proporcionaba una manera digna de vivir allí mismo, decidió alquilar una casa en uno de los barrios más desolados del lugar que recibía el nombre de Alfalfa.

Un buen día dejó de impartir sus habituales clases de latín para salir con rumbo desconocido. A su regreso fue cruelmente asesinado; se dice que por sus acompañantes: dos mozos que él mismo había invitado a su recorrido. Y aunque la versión es contada de diversas maneras, en términos generales ésta es la que más se repite.

El sacerdote hizo su recorrido por los pueblos cercanos, reunió algo de dinero que traía consigo siempre, destinando una parte para comprarse algunas cosas que necesitaba y la otra a socorrer a los pobres más indigentes; casi todos sus honorarios los gastaba en ellos. Luego de su arribo a la ciudad se dirigió a su casa situada en el antiguo callejón de Alfalfa. Una vez instalado ahí, dejó que sus ayudantes cumplieran con su obligación: desensillar los caballos, desaparejar las mulas y llevar a los animales al pesebre. Los dos mozalbetes ejecutaron sus labores con toda calma y después fueron a tomar sus alimentos. Mientras tanto, el sacerdote, que ya estaba muy cansado, prefirió ir directamente a la cama, no sin antes rezar sus oraciones. Entrada la noche se encendieron los faroles de las calles y como los mozos sintieron miedo de irse, decidieron regresar a la casa. Pero gran temor sintieron cuando llegaron y vieron al padre tendido en medio del cuarto bañado en sangre. Salieron pidiendo ayuda mucha gente acudió y algunos dieron parte a las autoridades.

El esclarecimiento del crimen fue más complicado de lo que se creía, pues los mozos sólo habían estado unos minutos afuera y por más que buscaron no hallaban nada alrededor de la casa. Incluso los acompañantes del padre se ofrecieron a buscar, pero no tuvieron éxito. Los ayudantes del padre eran compadecidos por mucha gente y hasta por las autoridades, quienes, en tanto conseguían trabajo, les ayudaron en su sostenimiento. Sin embargo, un miembro de la autoridad jurídica, quien siempre sospechó de los dos muchachos, pidió que se les internara en el Hospital Militar en calidad de detenidos.

Hecho esto, se resolvió en que los colocarían en cuartos separados e incomunicados, sujetándolos a intensos interrogatorios. Días después se culparon mutuamente y uno de ellos dijo que su primo (el más grande de los dos) era quier había dado muerte al padre, ocultando el producto del robo, el cual consistía en unas cuantas monedas. Las autoridades y los reos se trasladaron al sitio de los hechos donde fueron encontradas las monedas así como el cuerpo del delito que fue un puñal.

Pero ellos aseguraban que no había sido el robo el móvil del crimen, sino vengarse por el mal trato que les daba el sacerdote. Aun así, fueron sentenciados, retardando el castigo las apelaciones de los defensores; fue así como transcurrieron cinco años, aunque al término se confirmó la sentencia de muerte, que consistía además en cortarles las manos a los cuerpos para que fueran exhibidas como escarmiento para el resto de la población. Las manos criminales se colgaron del muro exterior de la sombría casa del callejón solitario y triste. Desde entonces se le llamó el Callejón de las Manitas. Cuando la gente tenía que pasar por este callejón empezaba a rezar y no cesaba de hacerlo hasta que salía de él.

Por fin alguien descolgó las manos de aquel sitio, pero pasados unos días volvían a aparecer. Así fue en forma sucesiva durante mucho tiempo, hasta que se reformó el barrio y el callejón lo atravesó una calle ancha. Aun así, en ese mismo lugar donde estuvo la casa lúgubre, en algunas noches del mes de noviembre todavía se ven flotar en el espacio unas manos esqueléticas que buscan acomodo en un sitio, también se aparece un sacerdote menudito, esmirriado, de sotana rabona, que cruza la calle y se pierde al doblar la esquina, motivo por el que todavía hoy en día los habitantes de San Luis Potosí temen cruzar el callejón que existe atrás del Hospital Militar de la ciudad.

sábado, 9 de junio de 2018

El Diablo en Pañales

Se dice que cierta vez, ya entrada la noche, andaba por las callejuelas retorcidas y mal formadas de la ciudad un hombre evidentemente ebrio. Y a pesar de que las calles eran alumbradas por los candiles que hacían sombras extrañas, esto parecía no importarle, pues a el los fantasmas no le asustaban cuando tenia a su lado una botella. Al dar vuelta en una esquina, escucho claramente el llanto de un bebé; eran ruidos ahogados pero claros. 

Se detuvo tambaleante pero ya no escucho mas que el aullar de los perros en la lejanía. Unos metros adelante volvió a escuchar el llanto, ahora si era claro; se trataba indudablemente de un bebé. El hombre busco en los rincones y justo debajo del puente que cruzaba, encontró a la criatura apenas cubierta con una manta.

El hombre levanto al bebé sin antes maldecir a la desnaturalizada madre. Aun tambaleándose siguió su camino murmurando pestes contra la infame que dejo a su pequeño en semejante situación. Pero no había llegado ni al siguiente faro cuando empezó a tener la impresión de que el niño pesaba mas. Todavía así camino cuatro calles, pero el peso ya era insoportable. Lo miro varias veces, todas sin remover la manta que lo cubría. Y al llegar a la siguiente luz, pudo ver bien al niño que llevaba en brazos. Para su sorpresa, no llevaba un bebe, sino un cerdo con ojos encendidos que lo miraba amenazante.

Se dice que el infernal ser chasqueó los colmillos produciendo en el ebrio hombre un susto que lo curó de inmediato. Como pudo lanzo al animal por los aires exclamando una oración que ya casi no recordaba; se echo a correr por las calles y nunca mas volvió a tomar.

Pudiera ser que la leyenda fuera creada para evitar que los hombres se embrutecieran con la bebida; sin embargo, en toda la República mexicana se cuentan historias similares en las que bebés con dientes se vuelven animales infernales.

El aparecido del Salto del Gato

Uno de los caminos para ir de Izúcar de Matamoros a Acatlán de Osorio, ambos municipios poblanos, es la antigua Carretera Panamericana, que comunica a la República Mexicana de noreste a sureste.

A principios del siglo XX, cerca de la década de los años 30, los primeros autobuses de pasajeros comenzaron a circular el entonces moderno camino, que entre las mencionadas entidades atraviesa una pequeña porción del eje volcánico y rodea un peligroso precipicio.

Fueron muchos los vehículos que cayeron por el abismo, y muchos más los individuos que allí perdieron la vida, sin embargo, en torno a las innumerables tragedias surgió la creencia de que un charro, vestido con un elegante traje negro de botones plateados, hacía la parada a los choferes, y al ingresar a los autobuses, ofrecía cuantiosas cantidades de dinero para que al llegar a la cumbre, se arrojaran por la ventana, dejando caer los carruajes al abismo con todos sus ocupantes.

Pocos días después de los accidentes, los cadáveres de los conductores que accedían a tan atroz acuerdo, eran encontrados en las cercanías, con visibles signos de tortura.

Las habladurías provocaron tal terror entre los viajeros y choferes, que estos dejaron de permitir a los pasajeros subir a los autobuses en esa zona, sin embargo, el enigmático charro continuaba apareciéndose a su lado, con su malévola propuesta económica.

Las autoridades eclesiales decidieron colocar cruces y bendecir el lugar, con la finalidad de exorcizarlo del maquiavélico espíritu, y cuentan los descendientes de quienes asistieron a la ceremonia religiosa, que el charro apareció lacerando al sacerdote oficiante con un látigo. Justo antes de morir, el padre empapó al ente con una bandeja de agua bendita, y este se convirtió en una figura demoniaca parecida a un felino, que cayó por el precipicio entre insultos y desgarradores gritos de dolor, que aún pueden escucharse por esos caminos, según cuentan los que ahí residen.

La Leyenda del Fantasma de la Monja

Esta leyenda, como muchas otras sucedió en la época de la Colonia, época inolvidable por muchas razones, dentro de las cuales las más importantes son los antiguos testimonios en donde se barajan nombres auténticos y acontecimientos que hacen de nuestro país un abanico de leyendas.

Durante muchos años y según consta en las actas del muy antiguo convento de la Concepción, que hoy se localizaría en la esquina de Santa María la Redonda y Belisario Domínguez, las monjas enclaustradas en tan lóbrega institución, vinieron sufriendo la presencia de una blanca y espantable figura que en su hábito de monja de esa orden, veían colgada de uno de los árboles de durazno que en ese entonces existía.

Cada vez que alguna de las novicias o profesas tenían que salir a alguna misión nocturna y cruzaban el patio y jardines de las celdas interiores, no resistían la tentación de mirarse en las cristalinas aguas de la fuente que en el centro del convento había y entonces ocurría aquello: tras ellas, balanceándose al soplo ligero de la brisa nocturnal, veían a aquella novicia pendiente de una soga, con sus ojos salidos de las órbitas y con su lengua como un palmo fuera de los labios retorcidos y resecos, sus manos juntas y sus pies con la puntas de las chinelas hacia abajo.

Las religiosas huían despavoridas llevando hasta sus labios el nombre de Dios, pero cuando llevaban a las superioras, la horrible visión ya se había esfumado.

La aparición de la monja ahorcada en el durazno se remontaba a muchos años antes, pues debe tenerse en cuenta que el Convento de la Concepción fue el primero en ser construido en la capital de la Nueva España, apenas 22 años después de la consumación de la Conquista; de ahí que recibieran como novicias a hijas, familiares y conocidas mujeres de los conquistadores españoles.

Después de arduas investigaciones para esclarecer el origen de esas apariciones, se supo que dicho fantasma correspondía  a la que en vida llevó el nombre de doña María de Alvarado, quien compartía la morada con sus hermanos Gil y Alfonso Ávila en la esquina que hoy serían las calles de Argentina y Guatemala, justamente donde se ubicaba una cantina.

Se cuenta que era una mujer muy bonita y de gran prestancia que se enamoró de Arrutia, un mestizo de humilde cuna, que al ver su amor que ella le profesaba por los ojos, quiso hacerse de mujer, dinero y linaje.

A tales amoríos se opusieron los hermanos Ávila, sobre todo Alfonso, quien llamando una tarde al irrespetuoso y altanero mestizo, le prohibió que anduviese tras su hermana.
-Nada podéis hacer si ella me ama-dijo altaneramente Arrutia- pues el corazón de vuestra hermana es mío: podéis oponeros cuanto queráis, que nada logréis.

Molesto don Alfonso se fue a su casa para hablar con su hermano Gil, a quien le contó lo sucedido. Gil pensó en matar al bellaco que se enfrentaba a ellos, pero don Alfonso pensando mejor las cosas, dijo que el sujeto era un mestizo despreciable que no podría medirse a espada contra ninguno de los dos y que mejor sería que le dieran un escarmiento.

Así decidieron reunir un buen monto de dinero y se lo ofrecieron al mestizo para que se largara para siempre de la capital, pues con los dineros ofrecidos podría instalarse en otro sitio y poner un negocio lucrativo.

Se dice que el mestizo aceptó y sin darle un adiós  a su amada se fue a Veracruz y de allí a otros lugares, dejando transcurrir los meses para ajustarse a dos años, tiempo durante el cual  la desdichada doña María Alvarado sufría, padecía, lloraba y gemía como una sombra por la casa solariega de los hermanos. Al verla sufrir tanto, sus hermanos decidieron convencerla para que entrara de novicia a un convento. Escogieron para dicho fin el de La Concepción y no fue difícil que la aceptaran, pues luego de haber dado una fuerte cantidad de dinero, la joven tuvo que ir a refugiarse del dolor que le provocaba la supuesta muerte del mestizo.

Pero sin mucha voluntad, doña María entró como novicia, en donde comenzó a llevar la triste vida claustral, aunque sin dejar de llorar su pena de amor, recordando al mestizo Arrutia. Por las noches, en la angustiosa soledad de su celda se olvidaba de su amor a Dios, de su fe y de todo y sólo pensaba en aquel mestizo que la había abandonado.

Al fin, una noche, no pudiendo resistir más esa pasión que era mucho más fuerte que su fe, decidió matarse ante el silencio del amado de cuyo regreso llegó a saber, pues el mestizo había vuelto a pedir más dinero a los hermanos Ávila.

Se cuenta que al saberse traicionada por ambas partes, de su amado y de sus hermanos, tomó un cordón y lo trenzó con otro para hacerlo más fuerte, después se hincó ante el Cristo Crucificado a quien pidió perdón por no haber tenido el valor y la pasión de profesarse. Caminó hasta la fuente donde se reflejó por última vez, allí derramó unas lágrimas que se confundieron con la cristalina agua. En cuanto tomó aliento ató la cuerda a una de las ramas del durazno y volvió a rezar pidiendo perdón a Dios por lo que iba a hacer, y sin pensarlo dos veces se lanzó golpeando sus pies en el brocal de la fuente.

Y allí quedó, balanceándose como un  péndulo blanco movido por el viento. Al día siguiente, cuando la portera del convento fue a revisar los picaportes y herrajes de la puerta del convento, la vio colgando rígida y con el semblante blanco.

El cuerpo ya tieso de María de Alvarado fue bajado y sepultado esa misma tarde en el cementerio interior del convento y allí pareció terminar aquel drama amoroso. Sin embargo, un mes después, una de las novicias vio la horrible aparición reflejada en las aguas de la fuente. A esta aparición siguieron otras, hasta que las superioras prohibieron la salida de las monjas a la huerta después de la puesta de sol.

Al deducir que el alma de la joven andaba penando, las autoridades comenzaron a investigar, tomando por culpables a los hermanos Ávila, pues habían sido ellos los que de alguna manera encaminaron a María a terminar con su vida de esa manera. Así que los juzgaron y sentenciaron a muerte en cuanto el sol comenzaba a asomarse.

La casa donde vivieron fue destruida y arada con sal, ya que de acuerdo con algunas costumbres de la época, ésa era la única forma en que el alma de la monja pudiera descansar en paz.

jueves, 7 de junio de 2018

La Leyenda de Los Bandidos de Agua Zarca y su Tesoro

En las inmediaciones del pueblo de Otzoloapan, perteneciente a la jurisdicción del Valle de Bravo, Estado de México, hay un barranco que baja del rancho de Agua Zarca y cuentan las historias antiguas que, una partida de ladrones que conducía al lomo de poderosas mulas un cuanto de alhajas y onzas de oro y plata robado a innumerables víctimas que habitan el rico mineral de Temascaltepec, era perseguida por la justicia que estaba a punto de darles alcance 

Los bandidos aquellos, viéndose perdidos, resolvieron descargar las mulas de los pesados sacos que fueron arrojados en una cueva que había en aquel barranco y que precisamente taparon Con tierra, ocultándolos de esta manera a los ojos de sus perseguidores teniendo la esperanza de que libres de ellos, algún día podrían volver allí, para desenterrar el tesoro. Aligeradas las acémilas de aquel peso y montados en ellas los ladrones emprendieron con más velocidad la huida; pero en esto último no fueron ayudados por la fortuna porque los soldados que los perseguían les dieron alcance matándolos a todos cuando iban en la fuerza de la carrera. Y al ser identificados sus cadáveres, los agentes de la justicia se dieron cuenta de que ya no llevaban absolutamente nada de lo robado, abrigando la íntima convicción de que únicamente en el barranco que baja del Agua Zarca lo pudieron haber ocultado ya que todo el resto del camino era llano y parejo, no pudiéndolo haber abandonado allí.

Desde luego mucho se buscó el escondite; pero todo fue en vano, pues nunca se encontro. Pasaron muchos años de aquel suceso; pero su memoria no pereció, porque de generación en generación se iba renovando el recuerdo y sobre todo en las personas mas ancianas había la plena seguridad de que ese tesoro continuaba enterrado pues no habia sido descubierto por nadie en aquel lugar. Entre estas personas había tres sumamente caracterizadas, cuyos nombres eran Antonio Sánchez, Juan Hernández y Rafael Flores; los dos primeros originarios y vecinos de San Martín Otzoloapan y el último del Valle de Bravo.

Convencidos hasta la saciedad de que en la barranca que baja del Agua Zarca estaba escondido un gran botín, determinaron irlo a buscar con todo ahínco, y para el efecto invitaron para que los acompañara a Primo Castillo del Valle de Bravo, hombre decidido para cualquier empresa y de un valor casi temerario.

Hechos todos los preparativos se encaminaron cierto día al lugar de referencia y despues de trazar planos y conbinar el trabajo, comenzaron a escarbar en  un lugar que creyeron más seguro; y cuando hacian esta operación, hé aquí que escucharon unos quejidos huecos que salian de la tierra: los oyó primero Primo Castillo quien contó esta leyenda y también los demás acompañantes, quienes poseídos de terror, acobardados emprendieron precipitada fuga. Dos veces más fueron y en ellas también volvieron a oír los lúgubres quejidos que les impedían proseguir su trabajo y que. les hicieron comprender que el demonio estaba apoderado de esas riquezas y no permitía que las sacaran.

En cierta ocasión Antonio Sánchez llevó un rosario bendito y se lo colgó en el cuello creyendo que con aquella prenda el demonio los dejaría trabajar; pero no fue así, porque cuando menos pensaron, el del rosario sintió que se le acercaba un hombre que intempesitvamente había aparecido; y cuando llegó a él, lo saludó dándole las “buenas tardes”. ..y esto diciendo le arrebató el rosario y desapareció en la medianía de la barranca. Tan raro Suceso los desconcertó e hizo que emprendieran precipitada fuga.

Pero aquellos hombres estaban decididos a todo; y aunque se apoderaba de su ánimo un temor natural, en otra ocasión fueron de nuevo en busca del ambicionado tesoro, y entonces una extraña aparición les trastornó sus mentes, al ver que en un tepeguaje estaba un mono negro con un sombrero que casi le tapaba la cara y al acercarse a ellos se reía a carcajadas. ..Creyeron firmemente que era el demonio; y Antonio Sánchez que era el más piadoso de todos, rezó el Magnificat; el mono se esfumó, pero a poco tiempo volvió a salir de un hueco y aquellos hombres amedrentados por esas muestras misteosas y sobrenaturales, huyeron y ya no volvieron a presentarse más en aquel lugar. Donde se asegura sigue custodiado por un mono, quién se supone es la encarnación del mismo demonio. Esto pasaba por el año de 1880.

La Leyenda de El Fantasma del Pirata

Una persona muy conocida en la Nueva España era el capitán ingles Robert Barret, por sus hazañas y su fama recorrió toda la región, en el año 1568 inesperadamente fue apresado por la Santa Inquisición, lo destituyó de su cargo y lo trasladaron a Texcoco. 

Fue encerrado en la Casa del Obraje, ahí permaneció como 4 meses.

El motivo de su encarcelamiento, además de ser un gran marino era un famoso bandido conocido por sus fechorías el pirata Barret. 

La gente  se entero que la fortuna que había logrado era producto de sus saqueos a los diferentes puertos del país; acorralado no tuvo opción, y confesó sus crímenes. 

Fue encontrado culpable y condenado a la horca. Se cuenta que en el sitio donde fue colgado creció un árbol, el cual todavía existe. 

Ahí bajo su sombra, se suele ver deambulando la silueta de un hombre que es el alma del pirata en pena y tiene la misión de asustar a todo aquel que vague por las calles después de la medía noche.

La Leyenda De La Casa de la Quemada

Adelina era una mujer con muy mala reputación en el pueblo, vivía con su madre en una casa muy humilde, pero a pesar de su condición económica, era una persona sumamente arrogante y déspota con sus conocidos. No se cansaba de repetir que algún día se casaría con un hombre rico y que viviría en una lujosa mansión; los jóvenes que la pretendían solían burlarse de su fantasía y ella enojada les gritaba que cuando eso sucediese, ellos serían sus sirvientes. 

Se desempeñaba como cocinera en la hostería Los Tres Reyes, en la ciudad de Texcoco, inmueble ubicado en la esquina que forman las calles de Juárez y Morelos. Se dice que quien probaba sus guisados quedaba maravillado, al grado de volverse asiduo cliente del lugar. Por esta razón, Adelina tenía muchos pretendientes y no le importaba entablar amorios con varios de ellos, ya que así se enteraba si poseían alguna fortuna. Para su mala suerte, ninguno de estos caballeros era rico ni provenía de una familia adinerada.

Adelina sólo utilizaba a los hombres y les hacía creer que sería su esposa, pero más tardaba en decírselos que en colgarse repentinamente del brazo de otro caballero. Esta situación le creó mala fama entre los habitantes, sobre todo entre los varones, que cada vez eran menos los que se atrevían a tomarla en serio.

Por estos días llegó a la región, el nuevo párroco de la Iglesia, un hombre de edad madura, llamado Juan. Rápidamente las personas lo llevaron a comer a la posada de los Tres Reyes; ahí conoció a Adelina y aunque sabía que cometía pecado, quedó prendado de ella, debido al buen sazón de su comida.

Se dice que el traslado del sacerdote fue para aplacar los rumores de la gente debido a su comportamiento inadecuado en otra región. Así fue como fray Juan llegó al poblado, donde sus malas acciones persistirian.

Adelina y el padre se hicieron amantes, la mujer sabía que si alguien podía cumplirle todos sus caprichos era precisamente el clérigo, pues había mostrado ser un hombre adinerado y codicioso. Se veían a escondidas en una habitación que astutamente habían acondicionado en el interior de la posada. Así pasaron los días y la gente notaba la amistad tan estrecha que había surgido entre el sacerdote y Adelina; al principio lo veían como una situación normal, sin embargo, pronto las mujeres comenzaron a sospechar y decidieron vigilarlos. El tiempo les dio la razón, descubrieron que todas las noches llevaban una vida de marido y mujer. La noticia corrió como reguero de pólvora, los habitantes al enterarse exigieron que se resolviera el problema. Como no tuvieron una respuesta pronta de las autoridades eclesiásticas, la gente se reunió para poner fin al asunto. Llenos de cólera encendieron antorchas y se dirigieron hasta la casa donde se encontraba Adelina, quien, al escuchar los gritos, se encerró en su habitación y esperó a que todo se calmara.

Minutos después, los dueños de la posada intentaron apaciguar los ánimos de las personas enardecidas, cerraron puertas y ventanas para evitar que destrozaran el lugar, no obstante, resultó contraproducente, pues la muchedumbre creyó que protegían a la mujer y eso los enfureció más. Indignados decidieron predenerle fuego al inmueble, quedando atrapados los dos patrones y Adelina. Cuando la casa se consumió por completo, se encontró el cuerpo calcinado de Adelina, atada de pies y manos, en un rincón de una de las habitaciones.

Cuenta la leyenda que los dueños de Tres Reyes deseaban proteger su negocio por lo que amarraron a la mujer para entregarla a la enardecida multitud; pero la gente no permitió que los patrones pronunciaran palabra alguna.

Desde entonces los habitantes llamaron a ese sitio la Casa de la Quemada, ya que se creía que el alma de Adelina penaba en el lugar y en ciertas ocasiones se les aparecía a todos aquellos que provocaron su muerte.

martes, 5 de junio de 2018

Leyenda de La Calle de la Mujer Herrada.

Entre los años 1670 y 1680 en la Nueva España (actual ciudad de México) en la casa marcada con el número 3 de la calle Puerta Falsa de Santo Domingo, ahora número 100, donde vivía un clérigo con una mujer. Como bien sabemos, los sacerdotes no pueden casarse ni vivir en unión marital con alguien; sin embargo, este hombre la tenía como su legítima esposa.

No lejos de ahí, en la calle de las Rejas de Balbanera, había una casa, hoy reedificada, que se llamó del Pujavante. En dicha casa vivía un herrador, grande amigo del clérigo, quien estaba al tanto de la mala vida de su compadre, aunque esto no significaba que estuviera de acuerdo con ello, pues fueron varias las veces que le aconsejó abandonar esa torcida senda que lo llevaría a la perdición, pero vanos fueron los consejos.

Cierta noche en que el buen herrador estaba ya dormido, oyó llamar a la puerta del taller con grandes y descomunales golpes que le hicieron despertar y levantarse más que de prisa. Salió a ver quién era, perezoso por lo avanzado de la hora, pero a la vez alarmado por temor de que fuesen ladrones, y se halló con que los que llamaban eran dos negros que conducían una mula y además llevaban un recado de su compadre el clérigo, suplicándole le herrarse  inmediatamente el animal porque muy temprano tenía que ir al Santuario de la Virgen de Guadalupe. Reconoció, en efecto, la cabalgadura que solía usar su compadre, y aunque de mal talante por la incomodidad de la hora, clavó las herraduras correspondientes en las patas de la mula. Concluída la tarea, los negros se llevaron a la mula, pero dándole tan crueles y repetidos golpes, que el cristiano herrador les reprendió agriamente su poco caritativo proceder.

Al día siguiente, muy de mañana, se presentó el herrador en casa de su compadre para informarse por qué iría tan temprano al santuario, como le habían informado los negros, y halló al clérigo aún recogido en la cama al lado de su manceba.

-Vaya sorpresa compadre -le dijo-, mire que despertarme tan noche para herrar una mula y todavía se encuentra bajo las sábanas. ¿No hará el viaje?

El clérigo lo miró con extrañeza.

- No he mandado herrar mi mula. ¿Y de qué viaje habla? - replicó el aludido.

Las explicaciones llegaron y al fin de cuentas convinieron en que algún travieso había querido jugar aquella broma al buen herrador. Para celebrar el clérigo quiso despertar a su mujer con quien vivía, pero ella no respondió. Movió su cuerpo, el cual estaba rígido, no se notaba respiración en ella. Había muerto.

Los compadres descubrieron a la mujer, asombrándose cuando vieron en cada una de las manos y en cada uno de los pies de aquella desgraciada, las herraduras con los clavos que el herrero le había puesto la noche anterior a la mula. Repuestos de su asombro, se convencieron de que aquello era efecto de la justicia divina y que los negros eran demonios salidos del infierno.

Inmediatamente avisaron al cura de la parroquia de Santa Catarina, en aquel entonces el doctor Francisco Antonio Ortiz. Volvieron con él a la casa, hallando en ella a don José Vidal  y aun religioso carmelita que también habíansido llmados. Todos miraron con atención a la difunta, quien tenía un freno en la boca y la señal de los golpes que le dieron los demonios cuando la llevaron a errar convertida en mula.

Ante caso tan aterrador y por acuerdo de los tres respetables testigos, se resolvió abrir una fosa en la misma casa para enterrar a la mujer, y una vez ejecutada la inhumación, guardar el más profundo secreto. Ese mismo día, temblando de miedo e intentando cambiar de vida, salió el clérigo de la casa número 3 de la calle de la puerta Falsa de Santo Domingo, sin que nadie volviera a tener noticias de él.

La Casa Macabra

En lo que hoy es el Banco Nacional de México BANAMEX estaba hace mucho tiempo la Casa de la familia Almanza, y ya en esos tiempos se oían ruidos macabros de arrastrar de cadenas o tintinear de Monedas.

Esa casa fue una vez también un bar llamado “La linterna Roja” que también fingía como prostíbulo. Forasteros adinerados venían a visitar el lugar y disfrutar de las prostitutas las cuales cobraban altos precios, razón por la cual era común ver a hombres adinerados pidiendo sus servicios, sin embargo el dueño del lugar Mauro Lara, se aprovechaba de estos incautos viajeros y les robaba todas sus pertenencias para asesinarlos después, convirtiendo su bar en un cementerio clandestino pues ahí enterraba los cuerpos de sus víctimas.

Lara se volvió un hombre muy rico, fortuna de la cual no pudo disfrutar ya que una prostituta le quito la vida, pagando esta con cárcel su delito.

Muchos buscaron la fortuna que se decía había amasado, pero jamás la encontraron, después la casona fue abandonada por mucho tiempo. Luego fue re habitada sin embargo los inquilinos se quejaban de sucesos paranormales y ruidos de monedas que eran vaciadas en alguna parte.

Tiempo después la parte de la casa que fungía como cantina fue demolida y se construyó un nuevo edificio, los empleados de la hoy sucursal de BANAMEX reportan sucesos extraños tales como ruidos, o sombras extrañas.

uno de los trabajadores narra: “Me ha ocurrido que cuando estoy contando dinero en morralla, continuamente siento que se me cae, más cuando me agacho para cerciorarme no hay nada, vuelvo a contar el dinero y este está siempre completo”.

No es la primera vez que me ocurre, un compañero de trabajo me rebeló que ha tenido las misma experiencia, pero no le comente que yo también para no alarmar lo.

Es posible que los ruidos del trabajo del día disimulen los ruidos de ultratumba, aunque lo más seguro es que se oigan cuando ya oscureció, porque algunas personas que han pasado por allí a eso de la media noche, dicen haber visto luces tambaleantes en las ventanas, como velas sostenidas por la mano descarnada de los fantasmas…

La Pila De Bagdad

En 1938 un arqueólogo austriaco, el Dr. Wilhelm König, revisando el material del Museo Nacional de Bagdad, encontró unos recipientes de cerámica de unos quince centímetros de alto, que contenían un cilindro de cobre. Ésta hoja de cobre estaba soldada con una aleación de estaño similar a la utilizada hoy en día para soldaduras y el cilindro de cobre a su vez se aislaba de la vasija por medio de un tapón de asfalto en su base. 

También se utilizó asfalto para sellar la apertura del recipiente, y tener sostenida entre el tubo de cobre una varilla de hierro. Esta varilla tenía muestras de haber sido corroída por un agente ácido y el cobre llevaba una pátina azul, característica de la galvanoplastia con la plata.El Dr. König se dio cuenta rápidamente que este objeto no era un recipiente decorativo para almacenar manuscritos o joyas en su interior, sino una pila. 

Ésta pila, junto a otras que fueron también desenterradas en este país, estaban fechadas en la época Partiana, entre el 248 a.C y 226 d.C. Además, el Dr. König encontró a su vez vasos de cobre recubiertos con una fina capa de plata. Realizando una incisión en esta capa de plata se podía apreciar una delgada pátina azul, característica como ya he dicho, de los trabajos llevados a cabo por medio de electrólisis. Estos vasos estaban tasados en la época Sumeria, aproximadamente en el 2.500 a.C. 

Esto daba a entender que los Partianos habían heredado el conocimiento de la pila por medio de los Sumerios.Pero quedaban algunas incógnitas sobre estas pilas, como el ácido utilizado para realizar la electrólisis. Es por ello que después de la Segunda Guerra Mundial, un ingeniero en electrónica, Willard Gray, fabricó un duplicado de estas pilas con sulfato de cobre, y ésta genero entre 1 y 2 V. Más adelante, se probó el mismo sistema con zumo de uva o vinagre, es decir, con ácido acético, que era probablemente el utilizado en la antigüedad, ya que es el ácido natural más corrosivo. 

Pero esto no queda aquí, algunos estudios apuntan que en Egipto también se podían haber utilizado estas baterías, donde se han encontrado diversos objetos con signos de haber sido plateados eléctricamente. 

Otro de los sitios donde el uso de la electricidad pudo ser utilizado a gran escala es en China. En la tumba del general Chu (265-316 d.C.) se encontró un cinto que estaba hecho de una aleación de 85% de aluminio, 10% de cobre y 5% de manganeso. El único método viable es el que más adelante se patentara en el siglo XIX. Este proceso de obtención de aluminio a partir de bauxita es un proceso electrolítico realizado después de que la alúmina se ha disuelto en criolita fundida. Para realizar este proceso químico las pilas de Bagdad resultarían inútiles, ya que se necesita una corriente bastante grande.

Es por ello que nuestra visión de que la creación de la pila fue una invención del francés Volta en 1800 está claramente equivocada, y parece que el Francés, que se llevó grandes honores en vida y después de muerto, con la utilización de su apellido para medir la fuerza electromotriz, tuvo más honores de los que se merecía. ¿Alguien acaso mide en Sumerios en vez de en Voltios? Y es que parece que la ciencia es exclusiva de Occidente, aunque día tras día asía y oriente nos demuestren lo contrario.  

domingo, 3 de junio de 2018

El Candelabro De Parracas

El "candelabro" de Paracas es un enorme geoglifo cuyas dimensiones totales rondan los 183 metros de longitud, 3,2 metros de anchura entre los brazos, y una profundidad de surco de las lineas de entre 1 y 1,2 metros. 

En la base del "candelabro" aparece dibujado un rectángulo cuya profundidad oscila entre los 10 y los 60 metros, dependiendo de si las fuertes oleadas de aire de la zona vacían o llenan el surco de arena.Para construir este geoglifo se piensa que se recurrió a la técnica del vaciado y del prensado, hasta conseguir que las paredes de los surcos quedaran tan sólidamente apelmazadas que resulta muy dificil que la arena se desprenda y tape el surco.

Otro hecho curioso que revela el examen detallado de los surcos de las líneas del "candelabro" de Paracas se produce cuando, al excavar la tierra del fondo, tras unos diez o quince centimetros, aparece una costra blanquecina, muy habitual en esa zona, que se supone que era el verdadero suelo del surco y que quizás pudiera resplandecer bajo la acción del sol, siendo entonces visible a gran distancia, al modo de un moderno faro.Esta hipótesis, la de ser una flecha indicadora para los navegantes que se dirigían a ese punto resulta la más probable, el problema reside en que al desconocer la época en la cual este geoglifo fue realizado, hace igualmente muy complicado sacar conclusiones acerca de la dirección a la que apunta el eje principal del "tridente" o "candelabro".Por ello existen otras hipótesis acerca de su función, algunas más verídicas, otras menos, que relataremos a continuación mediante un breve resumen. 

¿Un símbolo masónico revolucionario? 

Una de estas teorias es la que defiende que el "candelabro" de Paracas es una obra relativamente reciente, ya que se atribuye su creación al militar libertador José de San Martín (1778 - 1850). 

Para los investigadores que creen en esta hipótesis la función del "candelabro" sería entonces un símbolo masónico de revolución y libertad. Son muchas las leyendas que circulan acerca de la presunta pertenencia a la masoneria de muchos de los grandes personajes que participaron en las distintas guerras de liberación de las colonias americanas respecto de España. 

¿Un mapa de un gran tesoro? 

Otra serie de investigadores opina que este geoglifo fue realizado por los piratas que infectaban las rutas comerciales oceánicas de los galeones españoles que llevaban los impuestos y las riquezas de América a la metrópoli durante los siglos XVI y XVII. 
Para ellos su función sería la de indicar una ruta hacia un posible gran tesoro. Una teoria similar a esta es la que defiende el francés Robert Charroux que pensaba que era un indicador que señalaba donde se encontraba un fastuoso y legendario tesoro inca. 

¿Un símbolo ritual de sacrificios humanos? 

Tras su estudio en el lugar, el famoso periodista y escritor español J.J Benitez en el capítulo que le dedica al "candelabro" de Paracas en su libro Mis enigmas favoritos señala que la función del extraño geoglifo no era la de señalar hacia las líneas de Nazca ni tampoco necesariamente una señal para posibles visitantes estelares sino quizás un símbolo ritual de sacrificios humanos. 

Opina eso basándose en que el eje principal apunta directamente al rumbo de la isla Blanca y del archipiélago de Las Chinchas, donde se encontraron momias de mujeres jovenes decapitadas muy posiblemente como sacrificio a los dioses. 

¿Un indicador para extraterrestres hacia Nazca? 

Por último, la teoría menos plausible de todas, sostenida por investigadores como Von Danniken y L.Taylor Hansen, que parten ya de una falacia como es la de que el "candelabro" señala hacia Nazca (que como ya se ha mencionado no es así), es la de que el "candelabro" sería un indicador a las naves de los supuestos extraterrestres que nos visitaron en la antigüedad hacia las líneas de Nazca. 

El Sagrado Nombre de Chile

El nombre de Chile es un misterio.  Aunque lo es también el nombre de otros países de la América románica.   Pero, si bien es cierto, no ha podido determinarse el origen o significado del nombre de muchos de estos países, el caso de Chile representa definitivamente un caso aparte, sólo parangonable al misterio que rodea el origen y significado del nombre de "Brasil".   

Por ejemplo, el nombre de países como Paraguay, Uruguay, Panamá, Nicaragua y México, aunque aun se discute su significado, se sabe con precisión que son de origen indígena.  Paraguay y Uruguay son voces guaraníes.  México es una voz nahuatl.  También el nombre de Guatemala es de origen nahuatl, pero en este caso queda claro cuál es su significado.  Guatemala significa "lugar de muchos árboles".  Nicaragua, el otro país cuyo nombre es de origen indígena viene del cacique Niquerahua.  Y también los nombres de Colombia y Bolivia, se sabe, fueron puestos en homenaje de personajes emblemáticos de la historia de nuestra Latino América.  

Honduras, el Salvador y Costa Rica son voces castellanas.  Aunque en el caso de Honduras se cree que la palabra es una castellanización del nombre "Huntulha" cuyo significado es "país de costas acuosas".   Con razón o sin ella, la palabra es indiscutiblemente una voz castellana; y es muy difícil no atender, por sentido común, a la idea que ésta expresa: la idea de profundidad, de honduras.  Por lo que muy probablemente el nombre del país haga referencia a una región de Honduras y Profundidades -se sabe que esta región es montañosa en casi un setenta por ciento.  En mi opinión este nombre no pudo venir sino de este hecho.  

La palabra Perú, aunque se ignora su significado, es también de origen indígena.   Los indígenas del río Virú, al norte del actual Perú, llamaban a este país Virú.  Y aunque existen otras hipótesis la nominación de esta región como Perú -castellanización de la voz indígena Virú o Berú-, desde antes del descubrimiento del país, es un hecho documentado y ampliamente constatable.  Los nombres de Venezuela, Ecuador y Argentina son, junto a los ya mencionados nombres de Colombia y Bolivia, los que menos misterio representan.  Ecuador fue llamado Ecuador por la línea del Ecuador, Venezuela lo fue por su remembranza de la Venecia itálica; y Argentina es una castellanización de la palabra latina Argentum, cuyo significado es "plata", en referencia al "País de la Plata".  Sólo "Brasil" y "Chile" constituyen nombres misteriosos de los que se ignora, incluso, el origen de la palabra.

Aunque el nombre de Brasil proviene indiscutiblemente del hecho de que los descubridores portugueses confundieron el lugar con la mítica Isla de Brasil, ubicada en el Atlántico, frente a las costas de Irlanda (de allí su carácter misterioso), es parangonable al caso de Chile, por dos importantes razones: primero, porque se ignora por completo el origen de la voz "Brasil", y, segundo, porque está asociado a una Isla en el Atlántico, isla fantasmagórica, de la que se tiene evidencias únicamente en los mapas del medievo, particularmente los mapas de Dalorto (1325), Pizigani (1367), Piri Rei (1513), Ortelius (1595), Mercator (1595) y el famoso mapa de Europa, anónimo de 1570 (En otro artículo próximo me referiré, in extenso, a este curioso misterio).    

Esta isla fantasma del Atlántico es relevante porque está asociada a las leyendas de la Atlántida, Thule y el país de los hiperbóreos.  Es en este sentido, ya se verá más adelante, que el nombre de Brasil es igualmente misterioso que el sagrado nombre de Chile.  Oficialmente se sabe que la palabra Brasil viene del Pau-Brasil (en castellano: Palo Brasil), nombre que los portugueses dieron a un árbol de la región que crecía allí abundantemente y que al ser rojo como una brasa le llamaron Brasil.  Pero es probable, no lo sabemos, que esta fuera la misma razón por la que la fantasmagórica isla del Atlántico fuera llamada así.  Después de todo, no sería descabellado imaginar, atendiendo a los relatos que existen, que la Thule de los orígenes tuviera un aspecto tan paradisiaco como lo ostenta el país del Pau-Brasil.

El nombre de Chile se relaciona con esto último porque la voz Chile, que no es una voz indígena, hace igualmente referencia a un misterio relacionado con la Atlántida, con la Thule de los orígenes.   La voz Chile, digámoslo sumariamente, es la traslación a voces indígenas de una voz todavía más antigua, de origen germánico, rúnico, atlántico, en la que aun podemos oír las palabras Tile, Tyle, Thyle, Thule.  He aquí su carácter sagrado.  Lo que sigue es una hipótesis personal sobre el origen del vocablo Chile.


No hay consenso aun sobre el origen de la voz "Chile".  Y probablemente no lo haya en mucho tiempo más -si es que acaso cabe pensar optimistamente que lo haya alguna vez.  Según las hipótesis más célebres el nombre de Chile vendría del trinar de un pájaro, de una voz quechua que significa frío, o una voz aimara que significa lugar donde se acaba la tierra, del nombre de un cacique o de un hidrónimo en el valle del Aconcagua, etc.  Ninguna de estas hipótesis, no obstante, aclara el significado de la palabra. Y aunque algunas nos resultan ampliamente descartables, otras nos merecen una atención y una mirada más cuidadosa. 


Don Alonso de Ercilla y Zúñiga, en la Araucana, dijo que el nombre de Chile se debía al nombre del valle principal de la región.  González de Najera añadió a esto que el nombre de Chile era de origen indígena -aunque no especificó cuál- y que significaba "frío", porque los indios consideraban que estas tierras eran muy frías a causa de los vientos que corren de sus nevadas sierras en invierno.  Diego de Rosales, en el siglo XVII, decía que el nombre de Chile se debía a un cacique del Aconcagua llamado Tile.  Pero el mismo autor añade en su Historia General del Reino de Chile que el nombre fue puesto por los españoles, quienes castellanizaron la voz indígena Tili.  Según Rosales, cuando Almagro marchó del Cuzco hacia la conquista de las tierra del Sur se topó con unos indígenas a quienes preguntó de dónde venían, y respondiéndoles éstos que venían de Tili o Tile decidió poner así a estas tierras, castellanizando la voz Tile en Chile.  

Jerónimo de Vivar, mucho antes que éstos últimos, señaló en su Crónica y Relación Copiosa y Verdadera de los Reinos de Chile, fechada en 1558, que el nombre de Chile se debe a la expresión aymara "anchachire", cuyo significado es "gran frío", dada a Almagro por unos indígenas venidos del Perú.  Según Vivar este es el motivo por el que se le llamó al valle CHIRE, de donde por deformación del uso de la palabra culminó llamándose Chile.  Aunque esta hipótesis no me parece en absoluto descabellada no veo por dónde, en cuanto lingüista que soy, que la letra "R" se haya podido declinar en "L".  Estructuralmente hablando, las corrosiones del lenguaje, que acontecen todas siempre siguiendo un patrón estructural (esto ya lo estudiaron los discípulos de Saussure y el propio Saussure antes que ellos) dan cuenta de una lógica en la que esta supuesta declinación de la "R" en "L" resulta muy sospechosa, por no decir, rara o imposible.  Pero suspendamos mientras nuestro juicio al respecto.

En febrero de 1925, en Panamá, tuvo lugar uno de los hechos más curiosos de la historia de nuestra América románica.  Allí, los indígenas kunas del Panamá decidieron independizarse de este país formando una República Autónoma a la que llamaron TULE.   Este hecho no sería tan sorprendente si no viniera unido a otro símbolo significativo, cual es, el símbolo y diseño de la Bandera de la naciente República de Tule.   Esta Bandera, semejante en colores y diseño a la Bandera de España ostentaba en el centro el símbolo de una ESVÁSTICA.  Para quienes tenemos conocimiento esotérico no será difícil notar la sincronía: La ESVÁSTICA era el símbolo del país de THULE, de la más antigua tradición.  Por eso fue el símbolo privilegiado de la Sociedad Thule: una esvástica a la que se anteponía una daga.   Pero ¿por qué los indígenas kunas del panamá decidieron llamar a su naciente república como República de TULE? ¿Qué clase de memoria, de recuerdos ancestrales, tenían estos indígenas, que les permitía, además, asociar el nombre de Tule al símbolo de la esvástica?


Nuestra explicación, dicha del modo más sucinto que puedo, es la que sigue.  Me baso, para ello, en el testimonio de un libro sagrado que tengo el privilegio de estar traduciendo.  Me refiero a Las Bodas de Arkhanen.  Según Las Bodas de Arkhanen el verdadero nombre de la Atlántida fue Thule.  Atlántida no es un nombre, sino un modo de expresarse.  Esto me lo sugirió otro libro que traduje y que fue ya publicado el año pasado bajo el título de Oera Linda.  Atlántida es una expresión proto-nórdica que significa "Tierra Antigua" (Alt-Land, de donde viene Atland).  Es la tierra ubicada más allá del viento norte, en el extremo septentrión, que Píndaro llamó el país de los hiperbóreos.  Tampoco "Hiperbórea" es un nombre, sino una expresión.  Ésta nunca fue usada, en realidad, por los antiguos -es decir, por Píndaro o sus contemporáneos.  Píndaro no habló de HIPERBOREA, sino de los HIPERBOREOS, para referirse a los que habitaban un país en el extremo septentrión al que nunca nominó.  Ese país, siguiendo las enseñanzas de Las Bodas de Arkhanen y del Oera Linda, se llamó THULE, su símbolo fue una ESVÁSTICA, y sus habitantes se llamaron ARKHANEN.   Ese país desapareció sumergido en las aguas del Atlántico.   Sus habitantes, los que sobrevivieron, hablaron de él como la Tierra Antigua, Atland; nombre que llegó a los oídos de Platón como ATLÁNTIDA.  Ecos de esa tierra podrían ser la fantasmagórica Isla de Brasil, pero también la Tile de los mapas de Olaus Magnus y otros cartógrafos del renacimiento.  Sumergida en el océano, sus sobrevivientes marcharon en distintas direcciones.  Y algunos de ellos llegaron a estas tierras con sus servis y anquilæs (esto es, con los ancestros de los indígenas), pero marcharon luego de retorno a sus orígenes, grabando en la memoria de estos últimos, el esplendor de  una época dorada que no tendrá eco en sus porvenires.  


Basado en este relato me permitiré elaborar la siguiente hipótesis sobre el sagrado nombre de Chile.  Asumiendo que los habitantes de la antigua Thule (Atlántida o Hiperbórea para los desentendidos) hubieran efectivamente desembarcado en las costas de nuestra América, en una época tan inmemorial que se pierde en la noche de los tiempos, es ésta una razón que podría explicar la curiosísima existencia de la fugaz República de Tule en Panamá y su símbolo de la esvástica en la bandera.  Lo que pudo acontecer fue lo siguiente: los arkhanen, habitantes de Thule, sobrevivientes de su inmersión en el océano, fundaron en la América Central un reino, un magnificente reino, constructores quizá de las pirámides de México, y verdaderos autores del calendario, la astronomía y la escritura equívocamente atribuida a los Mayas.  Pero siguiendo un impulso vital (una memoria de su sangre) marcharon de esas tierras hacia el polo Sur, y más allá todavía, hacia la Antártica.  Los únicos que le recordarían en la América Central serían los indígenas.  Por eso los kunas, quienes guardaban en su memoria ancestral el recuerdo de los antiguos habitantes de la Thule desaparecida, en homenaje de éstos buenos gobernantes, decidieron emularles en el nombre y en el símbolo que grabaron en el corazón de su bandera.
  

Pero los arkhanen siguieron su impulso vital más al sur.  Buscaban el oasis en las frías tierras meridionales de la América Patagónica.   Después de todo, la leyenda de la Thule ancestral dice que ésta era un oasis tropical, parecido a las tierras del Brasil, en medio de una zona de hielos eternos. ¿Vinieron los arkhanen, los habitantes de la antigua Thule, a estas tierras del sur del mundo?  Recapitulemos un poco lo que hemos venido diciendo y atemos los cabos que antes dejamos sueltos.  Jerónimo de Vivar y González de Najera decían que los indios aymaras llamaban a este lugar Chire y que esta palabra significaba FRÍO.  Ambos dicen luego que la palabra CHIRE se desvirtúa entre los españoles convirtiéndose en CHILE.  Desde un punto de vista de la lingüística estructural, ciencia que estudia la estructura de las lenguas, un cambio de este tipo vendría a ser muy raro o imposible.  Ya apuntamos algunas líneas sobre esto más arriba.  Pero no sé si podría ser factible al revés.  Esto es, que la palabra no fuera indígena, y que los indios hayan podido mutar el sonido de la "L" por el de la "R".   Y aunque no sé absolutamente nada sobre lenguas indígenas de este lado del mundo, me hace mucho más sentido el que los indios hayan podido trucar la "L" por la "R" y no al revés.   Así, la palabra que los indios aymaras asociaron al "frío" podría venir perfectamente del nombre conocido por ellos de este lugar.  Es decir, en otras palabras, que no fue en virtud del frío que los indios llamaron Chire a Chile, sino que fue al revés, esto es, que en virtud a que estas tierras eran ya llamadas Chile por habitantes ancestrales, y en razón a lo frías que eran, fue que los indígenas aymaras, y probablemente otros indígenas antes que ellos, llamaron Chire al frío. 


Nuestra hipótesis es la que sigue.  Los arkhanen de Thule llegaron a estas tierras en épocas inmemoriales, fundaron aquí su famosa Ciudad de los Césares a la que llamaron Thule, como su patria ancestral, y los ecos de esta voz se grabaron en la memoria de los indios locales, algunos de los cuales, los de más al norte, con el trascurrir del tiempo, pudieron mutar, en parte, su sonido (el reciente ejemplo revisado de la "R" y la "L").  Pero más al sur el nombre se conservó casi íntegramente.  La voz griega Θουλη suena "Zule" y la voz, también griega, Θυλη suena "Zile".  Ambas Θουλη  y  Θυλη fueron las palabras que los griegos utilizaron para Thule.  La primera se transcribe literalmente como THULE y la segunda como THILE.  Siendo la TH un fonema anglosajón, germánico-nórdico conocidísimo, que se pronuncia muy cercanamente al sonido de la "Z" de la península.  En nuestra opinión, la voz Chile se deriva de Tile, y ésta a su vez de Thile o Thule.  Después de todo, es ésta una opinión muy bien fundada de don Diego de Rosales, quien decía que el valle del Aconcagua era llamado por los indígenas TILE, y lo decía apenas cien años después que Olaus Magnus publicara su Carta Marina, donde aparece el nombre de THULE como TILE, sin que tengamos noticias que el cronista español haya conocido al cartógrafo sueco.  


En realidad, lo que creemos es que el nombre de TILE es una evocación de la vieja THULE y que ésta es la razón por la que éstas tierras fueron llamadas así.  De esto estaba esotéricamente informado nuestro Padre Patrio, don José Miguel de la Carrera y Verdugo, quien, no sin conocimiento, hizo poner en el frontis del escudo nacional (el Escudo de la Primera República) la siguiente críptica leyenda hasta hoy muy mal comprendida e interpretada: POST TENEBRAS LUX.  Si se lee mi artículo sobre el significado del nombre de Thule, publicado en este Blog, se entenderá el sentido de esa leyenda en el Escudo.  THULE significa precisamente que el triunfo sobre la muerte (en el caso de la naciente república de Chile, la independencia del tirano francés) se conquista a través de un camino que va de la oscuridad a la luz (Post Tenebras Lux).  Pues es ése un primado de significación esotérico-alquímico.  Pero hay todavía más: en la bandera elegida para presidir el pabellón de la naciente república el Padre de la Patria utilizó los colores de la Aurora de Thule (el azul, el blanco y el amarillo) e hizo poner en una esquina de la franja superior, la franja blanca una Cruz de Santiago en color rojo.  Es esta cruz un fyrfos, una esvástica encriptada.  

Completando con ello una asociación más que sincronística con la vieja Thule, a la que estamos unidos por tradición y destino.

El Secreto de las Runas

El Secreto de las Runas es un tratado esotérico sobre filosofía rúnica. Ello significa que su contenido está asociado a la inteligencia de una compleja elaboración metafísica, cuya profundidad puede apreciarse ya en las primeras páginas del libro.  No es, por tanto, un texto de enseñanza de lectura oracular.  

Su secreto nada tiene que ver con formas ocultas o desconocidas acerca de cómo leer las runas. En él, quien busque recetas o consejos prácticos sobre las runas con fines de adivinación, perderá su tiempo. Pues no es éste un libro para esa clase de inclinaciones circunstanciales. El Secreto de las Runas enseña que éstas son más que un oráculo; y, por lo tanto, que utilizarlas únicamente con objetivos oraculares supone una comprensión harto superficial de su esencia y del misterio que les está asociado. Pues para poder mínimamente consultar las runas se precisa saber que no son todas ellas originales y que, por tanto, no todas ellas tienen el poder de abrirnos a la comprensión interior y responder adecuadamente nuestras preguntas.  Y es este tipo de cosas, entre otras, a las que responde este libro.

El Secreto de las Runas se inicia con una constatación simple: las runas, el proto-lenguaje de los pueblos germánicos, es un tipo de escritura original cuya antigüedad alcanza fácilmente los mil años por sobre las fechas comúnmente aceptadas.  No son, como se piensa, un tipo de escritura derivado de los alfabetos fenicios o de la escritura uncial latina; ni son, tampoco, símbolos utilizados únicamente con este fin.  Sólo muy tardíamente las runas fueron usadas como letras, en el sentido que damos hoy nosotros a nuestros símbolos de escritura.  Pero no era ésta, ni remotamente, su finalidad original.  

La segunda afirmación interesante que vemos aparecer en El Secreto de las Runas es todavía más desconcertante.  Según List el futhark original, contrariamente a lo que ha venido aceptándose desde mediados del siglo XIX, constaba de dieciséis runas y no de veinticuatro.  Esta es una de las tesis centrales del libro (sobre este punto nos extenderemos en el siguiente apartado de nuestro Estudio Preliminar).  Paralelamente a esta afirmación List sostiene que el Hâvamâl, el Libro de la sabiduría rúnica de Wotan, considera la existencia de dieciocho runas.  Este canto, junto con todos los otros cantos del Edda, en la opinión de List, es infinitamente más antiguo de lo que se ha aceptado comúnmente.  La ciencia oficial pretende remontarlos al Codex Regius, aunque admite la posibilidad que se trate de una tradición oral más antigua.  Según List el Edda fue fijado definitivamente hacia finales del siglo VIII, pero su verdadera antigüedad se pierde en la noche de los tiempos.  Por lo que las dieciocho runas que supuso su composición, en la medida que el proto-germánico cedió su lugar al germánico antiguo, tempranamente forzó la aparición de otros símbolos rúnicos, los que al cabo de unos siglos ya se contaban por sobre los veinte y los treinta.

La tercera afirmación relevante en la primera parte del libro establece que en la raíz de todas las letras que forman el sistema de escritura germánico antiguo se halla originalmente una runa; o que todas ellas, tanto en su trazo como en su nombre o su sonido pueden remitir a una runa original del conjunto de las dieciséis runas que son las verdaderamente originales.  En la actualidad, sostiene List, cada runa tiene un nombre que da cuenta de la runa original; ese sentido germinal de la runa es monosilábico -pues es ésta una condición natural de los símbolos sagrados antiguos (sobre este interesante particular precisaremos algunas notas en el siguiente apartado de nuestro Estudio Preliminar).  List apunta al respecto:

"Debido a que las runas tienen nombres singulares y estos nombres constituyen palabras monosilábicas es igualmente evidente que las runas –en los distantes días de antaño (...) constituyeron un sistema jeroglífico.  Esto es porque el proto-arianismo era, lo mismo que todo lenguaje primitivo, monosilábico, y sólo tiempo después se contrajo en una escritura alfabética, cuando la estructura del lenguaje jeroglífico o silábico demostró ser una escritura demasiado engorrosa".

La cuarta afirmación relevante en la primera parte del libro señala una de las tesis centrales de El Secreto de las Runas.  No hay un único tipo de runas, sino, a lo menos, dos.  Tempranamente, indica List, vemos aparecer una división interna en el sistema rúnico original (futharkh -con "h" final)[2].  Dos grandes grupos de runas se desprenden del tronco rúnico originario para culminar constituyendo dos modelos o tipos diferentes de éstas. Por una parte las Buchstaben-Runen, y, por otra, las Heilszeichen-Runen.  Las Buchstaben-Runen son las runas utilizadas como letras en un sistema de escritura similar al utilizado por otros sistemas de escritura, como el griego, el latino, el fenicio, etc.  Las Heilszeichen-Runen son las runas consideradas como símbolos sagrados, mágicos, cuyo poder trasunta al operador si éste las sabe consultar debidamente.  Las Heilszeichen-Runen constituyen el sistema rúnico más antiguo, aquel del que decíamos más arriba que estaba compuesto originalmente sólo por dieciséis símbolos rúnicos.  De éste, y por la necesidad de servirse de las runas como un sistema de escritura -no olvidar lo que dice List en relación a que la runas monosilábicas (esto es, las heilszeichenrunen) se vieron obligadas a contraerse en una escritura alfabética sólo "cuando la estructura del lenguaje jeroglífico o silábico demostró ser una escritura demasiado engorrosa"- surgieron luego una treintena de runas que con el tiempo culminaron por constituirse en un sistema rúnico autónomo, cuya función principal fue la de servir como sistema de escritura, empobreciendo notablemente su sentido mágico original.

De acuerdo con List el Edda Hâvamâl enseña dieciocho runas.  Éstas, pese a tener un innegable carácter literal (esto es, pese a que pueden utilizarse como letras) conservan su esencia mágico-sagrada original. Es decir, ostentan la peculiaridad de ser Buchstabenrunen y Heilszechenrunen a la vez.  En su opinión, este carácter único de las runas enseñadas en el Hâvamâl está en concordancia con la relevancia capital de este canto, en cuyo secreto yace la clave que revela el verdadero misterio de las runas.  Sobre la importancia de este Edda el propio List apunta:

"Ningún otro canto del Edda da una visión tan clara de la cosmovisión aria original sobre la relación que une el espíritu al cuerpo,  Dios al Todo –y a través de la arianidad trae de manera tan significativa a la conciencia el reconocimiento de la dualidad que une a los contrarios en el microcosmos y el macrocosmos- como el Hâvamâl y la sabiduría rúnica de Wotan incluida en él"[3].

Luego de desarrollar un conjunto de ideas relativas al significado metafísico de Wotan, de la que hablaremos en el apartado correspondiente, List propone otra tesis notable sobre el origen de las runas -tesis que será compartida luego y desarrollada por otro gran runólogo alemán, el filósofo Friedrich Bernhard Marby.  Las runas fueron originalmente, en opinión de List, formas simbólicas sagradas a través de las cuales los sabios del pasado comunicaban su visión interior.  En una época en que el lenguaje era tan limitado éstos tuvieron que servirse de movimientos físicos y de determinadas posiciones corporales para comunicar lo que, de otro modo, habría permanecido insalvablemente oculto. Esas posiciones corporales reflejaban medios de canalización de energía a través de las cuales los sabios arios lograban desarrollar su visión interior y trasuntar los poderes mágicos respectivos.  Por su importancia este tema será más ampliamente desarrollado hacia el final del apartado que dedicamos a la Metafísica del Secreto de las Runas incluida en este Estudio Preliminar.

La parte medular de El Secreto de las Runas se centra en la descripción de las dieciocho runas enseñadas por el Edda Hâvamâl. Allí la plenitud de su contenido mágico y místico nos es revelado de una manera directa y sintética.  Cuando los versos del Edda Hâvamâl se combinan con los nombres de las runas -nos dice List- adviene de un modo mágico la iluminación y el secreto de éstas es por fin develado.  En esta parte del libro se pasa revista a los versos del Hâvamâl contenido en las estrofas que van de la 138 a la 163.  Según List, cada una de estas estrofas está referida a una runa original y su comprensión otorga la clave debida para la resolución del misterio asociado a cada una de las dieciocho runas originales (en el apartado siguiente esperamos responder por qué si List admite que las runas originales eran dieciséis culmina hablando de dieciocho).  List hace acompañar a cada runa un pequeño listado con las raíces de la palabra que forman su nombre, a las que se unen una serie de conceptos asociativos con los que se persigue comunicar intuitivamente su significado.  Los versos del Edda Hâvamâl son, en cada caso, presentados como la clave que resuelve el misterio de las runas, por lo que no se les analiza ni se les explica, sino que se les despliega en toda su profundidad poética, esotérico y mistérica.  List añade a esto una explicación racional del significado de la runa que no atañe a los versos del Hâvamâl, los que permanecen intactos.  Su reflexión se centra en los nombres de las runas, en el análisis de las palabras-raíces que constituyen su etimología; y a veces añade uno que otro dato histórico o filosófico que ilumina aun más la comprensión racional de la runa. Finalmente una fórmula sintética busca dar con el corazón del significado esotérico del símbolo rúnico.

Las runas del Edda Hâvamâl coinciden con las runas del futhark armanen (esta misteriosa coincidencia será explicada en el apartado siguiente de nuestro Estudio Preliminar).  Sus nombres son resumidamente los que sigue: fa, ur, thor, os, ried, kaum, hagal, noth, is, ar, sieg, tyr, bar, laf, man, yr, eh, gibor.   Cada una de estas runas es estudiada por separado y vistas a la luz de su significado en el conjunto del sistema rúnico armanista, tras lo cual List se aplica a desentrañar el misterio de la que considera la runa principal de este sistema: el fyrfos o runa gibor (esto será desarrollado en el apartado dedicado al misterio del fyrfos de nuestro Estudio Preliminar).

Tras revisar el significado esotérico de cada símbolo rúnico la obra de List se centra en develar cuál es el verdadero Secreto de las Runas.  Y he aquí que este libro se vuelve todavía más original y desconcertante que nunca.  Comparable únicamente con lo que Copérnico llevó a cabo en el plano general de la ciencia, la tesis de List viene a reformar por completo -y lo hace tempranamente- el esoterismo global de la filosofía asociada a las runas. Su predicamento, sencillo en esencia, arranca de la convicción de que paralelamente al conjunto de dieciocho runas del futhark armanen, habría existido un número indeterminado de símbolos rúnicos, formados a base de los trazos originales de las dieciocho runas armanen, encriptados primero en la grafía y el lenguaje proto-germánico, y desarrollados luego en los motivos ornamentales, los que habrían sido preservados celosamente por los skalder, pues contenían no sólo el verdadero misterio rúnico, sino que, en su esencia, ellos eran (ellos constituían) el auténtico secreto de las runas.  Quien tras leer este libro no entiende ese predicamento sencillo, no ha entendido nada acerca de lo que aquí se ha buscado comunicar.  Y el secreto así develado de las runas jamás podrá serle accesible más que en apariencia.  List sostiene al respecto lo que sigue:

Únicamente después de estos comienzos se crearon estas runas. Y un número de otras, que la sabiduría rúnica de Wotan no nombra, poco a poco se marchitaron en "letras", conforme a nuestro sentido de la palabra -esto es, en signos fonéticos vacíos e inarticulados.  La aún no contabilizada gran masa de otros signos sagrados o jeroglíficos, que no fueron simplificados en signos fonéticos insustanciales, pero que fueron más bien -como ya se ha dicho- desarrollados en los motivos ornamentales más elegantes, con la preservación característica de las líneas básicas de sus formas primarias, y que también ampliaron sus nombres y valores simbólicos, llegaron a formar el sistema ario de jeroglíficos o pictogramas, que seguía siendo el secreto de los Skalder.

Esa aun no contabilizada gran masa de símbolos sagrados o jeroglíficos es lo que, en otro libro de mi autoría, titulado El Misterio del Fyrfos, me he permitido llamar como alfabeto kálico[6], basado en el presupuesto listiano de que la esencia de su secreto fue conservado y custodiado por la Kala o Hochheilige Heimlich Acht.  Ése alfabeto kálico, en lo que a este libro compete, será desarrollado atendiendo, en primer lugar, a la heráldica; y luego, de una manera general, a todas los motivos ornamentales de la arquitectura y el folclore alemanes de antaño, incluido en ello la sabiduría popular de refranes y cuentos.  Es menester, eso sí, advertir de entrada al lector despreocupado, que el develamiento del secreto de las runas asociado al des-cubrimiento del misterio kálico en la heráldica, la arquitectura y el folclore alemanes sólo se vuelve accesible a la inteligencia moderna si acaso se comprende la metafísica listiana de los tres niveles de interpretación, basados en las tres fases del acontecer (el venir-al-ser, el ser y abandonar-el-ser para venir-al-ser nuevamente, en forma respectiva) en los que se despliegan y desarrollan todos los secretos rúnicos-kálicos aquí develados. Sin esa comprensión de base la filosofía listiana se transforma en un lenguaje abstruso, que más que abrirnos al misterio rúnico, nos cierra el paso a toda posibilidad de aprehenderlo.

Según Guido von List una palabra o un símbolo heráldico, derivado de alguna kala y, por tanto, de alguna runa originaria, da lugar a palabras o símbolos equivalentes cuyos significados, no obstante, son disímiles.  Así, por ejemplo, la palabra "Rath", de la que derivan palabras tales como Rat (Consejo), Rad (Rueda) y Ratte (Rata) tienen todas significados distintos, pese a venir de una palabra común, en virtud a que siempre, toda kala, puede ser descifrada en alguno de los tres niveles de interpretación que se siguen del ciclo natural y permanente de todas las cosas.  List señala que todas las instituciones de los pueblos arios, lo mismo que su religión, su mitología, su sociedad, su lengua original (el ario primitivo), etc., estaban basadas en una comprensión tripartita de la realidad cuyo fundamento no era otro más que "el reconocimiento intuitivo de las leyes evolutivas de la naturaleza"[8].  Esas leyes evolutivas de la naturaleza, que han sido mencionadas por nosotros más arriba en la fórmula del venir-al-ser, el ser y abandonar-el-ser para venir-al-ser nuevamente, imprimen al corazón del pueblo germánico un imperativo fundamental que lo atraviesa todo.  Así, una palabra como "Rath", derivada de la runa "Ried", debía necesariamente ser interpretada en estos tres niveles de comprensión, dando lugar, con ello, a tres palabras distintas y con significados disímiles.  En el primer nivel asociado al venir-al-ser Rath se convirtió en Rat (Consejo), a modo de señalar una actividad que pone en movimiento cosas -pues un consejo es siempre la base de una decisión. En el segundo nivel Rath se convirtió en Rad (Rueda), a modo de significar lo que ya está en marcha, lo que es movimiento en el presente -la decisión hecha actualidad, realidad, acto.  Y en el tercer nivel Rath se transformó en Ratte (Rata), animal que señala la corrupción -en íntima coincidencia con el ciclo evolutivo de las cosas.

Más interesante que estos ejemplos lo son los de las palabras "Ygdrasil" o "Iroglif". En cada caso se trata kalas compuestas, esto es, de palabras en cuya formación participan dos o más runas.  La realidad así desplegada por la nueva kala o palabra rúnica conjunta todos los significados individuales e indivisibles de las runas que la componen.  Y esto lo hace, obviamente, en los tres niveles de interpretación. Así, el significado de una palabra como "Iroglif" resulta de la conjunción del significado de las tres runas que la componen (Ir - Og - Lif, que responden a las runas primitivas Ar - Og - Laf), las que consideradas en los tres niveles de interpretación dan lugar a nueve sentidos distintos. En todos los casos, la tarea del intérprete rúnico será la de recoger el sentido más propio de las tres runas de la palabra, individualmente consideradas, en cada uno de los niveles respectivo, y forjarse interiormente el sentido de la kala global.

Tras especificar estas minucias de la interpretación List se aplica a analizar un conjunto ilimitado de kalas rúnicas simples y compuestas presentes en el folclore alemán, la arquitectura, los símbolos, las instituciones y la heráldica.  Todas ellas son reflejo de la presencia indiscutible de la tradición armanista en suelo germánico.