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Desde ya les agradezco a todos y pido disculpas si no se agrega la fuente por que muchos correos no la poseen y para no cometer errores no se agrega pero en este pequeño equipo estamos muy agradecidos para con todos. Muchísimas Gracias a todos en general por su valiosa información y por su cordial atención.

Equipo Infinito.

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domingo, 3 de enero de 2010

El Mito de Ra y la Creación del Mundo


Es el mito de Ra el que nos describe los origenes y creación del Mundo según las creencias del Antiguo Egipto. De él tenemos una primera referencia en los Textos de las Pirámides, una colección de grabados hechos en piedras sobre las paredes interiores de algunas pirámides egipcias y que describen no sólo estos orígenes, sino rituales, ceremonias y otras muchas creencias milenarias.

Según lo extraído de estos grabados, existía en los comienzos el Nun, un inmenso vacío acuoso que contenía los gérmenes de la vida. De ella se engendraría todo, pues no había ni cielo, ni tierra, ni vida. De aquel caos de agua surgiría el primer montículo de tierra que sirviera de punto de apoyo a la deidad que creara el Mundo. y así, con ese soporte, y con la consciencia de su propio germen, nacería de aquella penumbre de Nun, Rá, su hijo.

Hay una descripción detallada de la creación del Mundo en el papiro Bremner Rhind, en el que el propio Rá expone cómo lo creó.

“Fui yo quien vino a la existencia como Jepri. Cuando vine a la existencia, ‘el Ser’ vino a la existencia y todos los seres vinieron a la existencia después de que yo viniera a la existencia…”

Así fue, pues Ra, sobre aquella tierra original, se dispuso a crear primero el Sol. Sobre la oscuridad del vacío se levantó el Sol sobre el horizonte y todo se iluminó. Luego nombró a Shu, y el viento comenzó a soplar y más tarde mencionó a Tefnut, y comenzó a llover. Shu y Tefnut tuvieron dos hijos: de Geb formó el resto de la Tierra y de Nut, el cielo. También Geb y Nut se casaron, y por eso, siempre Nut está sobre Geb, el cielo sobre la Tierra, copulando. De su unión nacieron las estrellas.

“Realmente yo me excité con mi mano, copulé con mi mano, escupí con mi propia boca; escupí a Shu, expectoré a Tefnut y mi padre Nun los educó”

Pero Shu y Tefnut, contrarios a aquella relación de sus hijos pidieron a Ra que enviara a uno de sus Ojos a vigilarlos. Así lo hizo, pero cuando ese Ojo regresó, se dio cuenta que el sitio que antes había ocupado en Ra, ahora estaba ocupado por otro ojo. Fue con ese Ojo de Ra con el que la Humanidad nació, de las lágrimas de pena que de él salieron. Siguió entonces con la creación de diosos que le ayudarían en el Gobierno del Mundo…

“Yo surgí de las raíces, creé a todos los reptiles y todo lo que existe entre ellos. Shu y Tefnut engendraron a Geb y Nut, y Geb y Nut engendraron a Osiris, Horus [Mejentienirti], Seth, Isis y Neftis de su útero, uno tras otro, y ellos dieron origen a las multitudes que habitan esta tierra”

Creado todo, Ra tomó forma humana dispuesto a dirigir el Mundo. Durante miles de años Ra gobernó en Egipto con prosperidad y alegría. Sus súbditos le eran fieles y se hacía cuanto él ordenaba, pero el paso de los años no era en balde para él, ya humano, y poco a poco fue envejeciendo. Aquella lealtad de cientos de años atrás fue perdiéndose ante su aspecto cada vez más débil, y los actos de desobediencia eran cada vez más frecuentes entre los humanos, por lo que decidió castigarlos bajo la forma de su hija Sekhmet.

La diosa Sekhmet liberó su furia sobre quienes habían desairado a su padre y sembró el terror allá donde fue. Pero tal era su violencia y crueldad, que de nuevo Ra tuvo que intervenir, apiadado de los humanos y por ello la transformó en Hathor, diosa de la dulzura y el amor.

Llegaba ya el momento en que Ra habría de retirarse, y que fuera uno de los otros dioses quien le relevara en el Gobierno de Egipto. Isis, conocedora de su senilidad, elaboró un plan. De una gota de baba de Ra que obtuvo ocultamente concibió una serpiente que mordió al propio Ra, quedando éste envenenado. El dolor se apoderó de su cuerpo, y urgiendo su salvación, convocó a Isis, su sanadora, para que le curara. Ésta admitió hacerlo siempre que le descubriera su verdadera deidad: “Si me dices tu nombre secreto, podré usar mis poderes mágicos”, le urgió.

“Yo soy Kephera por la mañana, Ra al mediodía y Tum al atardecer, el que creó el cielo y la tierra, el agua, el viento y la luz, el que creó el Nilo…”

Pero Isis le seguía urgiendo por su verdadero nombre, aquél que al conocerlo, la convertiría en faraona de Egipto.

“Prométeme que no se lo dirás a nadie, sólo a tu hijo, al que pondrás por nombre Horus, y que éste tampoco se lo dirá a nadie, salvo a su hijo…” y así fue de generación en generación.
Ra quedó sanado del veneno, y traspasó sus poderes a Isis. Desde entonces, Ra vigila desde el cielo, transportando en su Barca sagrada el Sol, mientras que por la noche Nut se lo tragaba, siguiendo su viaje por el Infierno. Cada día al atravesarlo, Ra vuelve a aparecer con su Barca… porque Ra es el Sol, y aparece con el día, y desaparece con la noche…

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