sábado, 9 de octubre de 2010

Atlantis: El Imperio Perdido


El mito del continente perdido de la Atlántida empieza hacia el año 355 a.C., cuando el filósofo Platón decidió escribir una trilogía de libros acerca de la naturaleza humana, la creación del mundo y la historia de la Atlántida, además de otros temas. Sin embargo, únicamente el primero de estos libros se finalizó, mientras que del segundo únicamente se escribió una parte y el tercero no se llegó tan siquiera a comenzar.
Platón empleó una serie de diálogos (de hecho se llamaron así, Diálogos) para expresar sus ideas, en los que las convicciones del autor se desgranaban en una serie de argumentos y debates entre los personajes que conformaban cada una de las historias. Generalmente, los personajes eran reales, si bien las palabras puestas en sus bocas eran propias del autor.
Uno de estos personajes era Critias, quien narra una historia que conocía su familia desde hacia generaciones. Era la historia de una fabulosa civilización que existió en tiempos remotos y que según el propio Critias – Platón, le fue narrada a un antepasado suyo, Solón, cuando visitó a un famoso sacerdote egipcio.
De acuerdo a los diálogos de Critias, existió un poderoso imperio localizado hacia el oeste, hacia las llamadas Columnas de Hércules (el Estrecho de Gibraltar) en una isla que estaba ubicada, según parece, en el Océano Atlántico. Este lugar fue creado por Poseidón, dios griego del mar, quien engendró cinco pares de gemelos para que cada uno de ellos gobernara cada una de las diez partes en las que dividió la tierra atlante.
La capital de la Atlántida era una maravilla de la arquitectura y la ingeniería. La ciudad estaba compuesta por una serie de murallas y canales concéntricos y justo en su centro había una colina, en la cumbre de la cual se hallaba un templo dedicado a Poseidón. En el interior del templo había una estatua de oro macizo de Poseidón y sus seis caballos alados.
Pero unos 9000 años antes de la época en la que vivió Platón, cuando los habitantes de la Atlántida se volvieron corruptos y vanidosos, los dioses del Olimpo decidieron destruirlos: desataron un violento terremoto que produjo olas gigantescas que engulleron para siempre la isla.
Esta leyenda, narrada por Critias plantea una duda: ¿estaba Platón refiriéndose, de forma metafórica al auge y caída de alguna de las civilizaciones contemporáneas o bien realmente existió alguna vez un lugar como el que narró en sus Diálogos?

Las diferentes Atlántidas.

En muchos puntos de los Diálogos, Platón insiste en afirmar que la historia que narra es genuina y podemos considerar que, el hecho de que se detalle de forma tan “fidedigna” como era la Atlántida no se corresponde a algo que hubiese de ser necesario si se trataba meramente de un recurso literario.
Por tanto, si consideramos como ciertas las afirmaciones de Platón, ¿a que lugar de más allá de las Columnas de Hércules se podría estar refiriendo?. Podríamos considerar como firmes candidatas las islas Azores (hay quien incluso ha sugerido que las Azores son los restos de los picos más altos que existían en la Atlántida, razón por la que no fueron anegados por el mar tras el cataclismo). Sin embargo, un proyecto científico al respecto ha demostrado que en el fondo marino de dichas islas atlánticas, la sedimentación corresponde a estratos que tienen millones de años, sin que hayan aparecido restos de una isla sumergida.
Pero, ¿existen otros lugares que hubieran podido ser el misterioso continente perdido?. Uno de los argumentos más convincentes proviene del doctor K.T. Frost, profesor de Historia Antigua en la Queen´s University de Belfast, que se vio reforzado por la posterior aportación del arqueólogo griego Spyridon Marinatos y el sismólogo A.G. Galanopoulos.
La teoría de Frost sugiere que en lugar de estar ubicada más allá del Estrecho de Gibraltar, la Atlántida puedo estar mucho más cerca, en el Mediterráneo y que la catástrofe no sobrevino 9000 años antes de que Platón elucubrara al respecto, sino 900 años antes. De hecho, la isla que se ha convertido en mito era conocida entonces y lo sigue siendo ahora: la isla de Creta.
En la actualidad Creta forma parte de Grecia y está ubicada justo en dirección sur desde Atenas, en medio del Mediterráneo. En el segundo milenio antes de Cristo, era la cuna de la más poderosa e influyente cultura mediterránea, la Minoica. Los minoicos dominaban toda la cuenca este del Mediterráneo, basando su hegemonía en una poderosa flota naval, gracias a la cual su civilización llegó a cotas sociales y culturales muy elevadas: la sofisticación de su arte, su arquitectura, la igualdad legal de hombres y mujeres, y los sistemas de regadío extensivos desarrollados por este pueblo aún hoy sorprenden a propios y extraños.
Sin embargo y prácticamente en un abrir y cerrar de ojos, toda esa sociedad desaparece, prácticamente sin dejar rastro. ¿Qué fue lo que pasó?
Estudios geológicos recientes han demostrado que en la actual isla de Santorini, llamada en la antigüedad Tera, situada 10 millas al norte de Creta, ocurrió un desastre de proporciones gigantescas y que posiblemente dio lugar al colapso de la civilización minoica.
Actualmente es un paraíso mediterráneo, consistente en diferentes islas situadas en forma de anillo. Pero a mediados del s. XVII a.C. era una única isla, bastante grande, que tenía un volcán en el centro de la misma de unos 1600 metros de altura.
El volcán, tranquilo y sereno durante muchos años empieza a salir de su letargo, causando el terror de los habitantes de la isla. Una serie de terremotos de cierta magnitud obligó a la gente a huir hacia islas vecinas. Por lo que se ha podido averiguar en base a las excavaciones arqueológicas de la isla, la marcha de sus habitantes se produjo de forma controlada. No se han encontrado restos de ganadería, joyas u objetos de valor (salvo en una pequeña zona al oeste de la isla), lo que hace pensar que a los teranos les dió tiempo de recoger todas sus pertenencias antes de abandonar Tera. La ceniza que desprendía el volcán hizo que se formara una pequeña capa de ésta en la ciudad pero poco más ocurrió.
Pasó el tiempo, sin que se sepa en la actualidad cuanto (si meses o años) y el volcán regreso a un estado de reposo. En vista a la nueva situación, algunos habitantes volvieron de nuevo a la islas (se han descubierto obras de reparación en ciertos lugares de la ciudad), pero llegó el otoño del 1628 a.C. (según datos del prestigioso arqueo-paleontólogo Charles Pellegrino) y el volcán despertó de nuevo, esta vez con muchísima más virulencia. La poca gente que había vuelto, escapó del lugar a toda prisa y el volcán comenzó a emanar tal cantidad de ceniza que ciertos lugares quedaron sepultados bajo más de 60 metros de ella: esta razón ha permitido que hayamos encontrado la ciudad hoy en día casi tal y como la dejaron los teranos hace más de 3500 años.
Pero lo peor aún estaba por llegar: en un instante el enorme volcán estalló de forma violentísima y el centro de la isla, donde se hallaba éste, desapareció en milésimas de segundo. En su lugar, donde antes había una montaña de 1600 metros de altura, ahora había un enorme hoyo de 125 km cúbicos con una profundidad de más de 1.5 km donde el agua del Mediterraneo comenzó a entrar formando una inmensa catarata.
Para entender el efecto de dicha explosión, los científicos la han comparado con la que se considera la más potente de las que se tiene registro científico hasta la fecha y que tuvo lugar en la isla de Krakatoa, situada entre Java y Sumatra (en Indonesia) en 1883: esta macro-explosión provocó un tsunami de unos 36 metros de altura que arrasó las islas vecinas a Krakatoa, matando a más de 36000 personas. Las cenizas expulsadas en la atmósfera oscurecieron el cielo en toda la Tierra durante tres días, cambiaron el patrón climático del año siguiente en todo el planeta y el sonido de la explosión se pudo escuchar a más de 2200 millas, que para que nos hagamos una idea, es donde está Madagascar.
El fin de una cultura excepcional.
Pues bien. Según estudios científicos al respecto, la explosión en la isla de Santorini fue cuatro veces más potente que la de Krakatoa. El tsunami que golpeó Creta se cree que llegó a cinco o seis kilómetros tierra adentro, destrozando todos los pueblos y ciudades costeras. Pero, ¿es esto motivo para que desaparezca toda una poderosa cultura?.
Para averiguarlo, nos iremos al verano del año 1932 d.C. El arqueólogo Spyridon Marinatos se hallaba trabajando en la costa septentrional de Creta (la costa norte, frente a Tera) en un lugar llamado Amnisos. Allí, en unas excavaciones, observó como unos muros de piedra se habían desplomado de un modo un tanto extraño. En una de las casas faltaba toda la parte superior de un bloque vertical y cual fue su sorpresa cuando el resto del bloque fue hallado a más de 100 metros, encajaba perfectamente y ¡pesaba media tonelada!.
Desde luego no cabe en la cabeza de nadie que alguno de los invasores posteriores de la isla pudo dedicarse a romper y trasladar un bloque de media tonelada a más de 100 metros sin ninguna reazón aparente: definitivamente ese bloque desplazado podría ser la prueba de que un gigantesco tsunami arrasó aquella zona.
Posteriores investigaciones han aportado pruebas acerca del tsunami que se originó tras la explosión de Tera. Por ejemplo, se sabe que en el golfo de Kerme, Turquia, a más de 200 km al este de Tera, la ola llegó con tal fuerza que gracias a la holografía del terreno, que actuó como cuña, ésta se elevó hasta los 250 metros de altura y penetró más de 50 km tierra adentro. Algo parecido ocurrió en el oeste, en el golfo de Nauplis (Grecia).
Es difícil imaginar lo devastadores efectos que tuvieron lugar en la costa septentrional de Creta a causa del tsunami: la ciudad de Cnosos (al norte de la isla) debió sucumbir ante la fuerza del agua y la mayor parte de la flota (por no decir toda) atracada en su puerto de Heraclión debió quedar reducida a astillas. Quizás, solo algunos barcos que se encontraban en ese instante en alta mar pudieron salvarse de la ola terana dado que el verdadero poder destructor de ésta reside al romper contra la costa.
En unos segundos la importante flota cretense quedó reducida a nada y lo que es peor, sin las infraestructuras necesarias para reconstruirla en poco tiempo. Con la isla prácticamente devastada, con el puerto y astilleros destruidos y sin apenas barcos, la situación era muy delicada: estaban indefensos y los griegos continentales se aprovecharon de ello invadiendo la isla. Los minoicos pasaron de controlar todo el Mediterráneo a estar subyugados al poder helenístico en apenas 50 años.
No se sabe muy bien que ocurrió con todos los supervivientes, especialmente con los maestros y expertos artesanos. Quizás algunos fueran seleccionados por los griegos y los más valiosos enviados a Grecia o Italia. Se cree que otra parte navegó hacia el sureste rumbo a Túnez. Otros fueron al sur, a Egipto, donde los más talentosos al parecer se convirtieron en un conjunto de nobles egipcios. Y quizás el resto viajaron hacia el este, llevando su particular arquitectura al país que denominaron Filistea o Palestina.
Pero claro, si la historia de lo que sucedió en Creta es la historia de la Atlántida, ¿cómo es posible que Platón confundiera la fecha y la localización del suceso?. Existen varias teorías al respecto. Una de ellas sugiere que hubo un error durante la traducción del texto de Platón y se añadió un cero de más, tanto en los años del suceso como en la distancia: esto significaría 900 años en lugar de 9000 y 250 millas en lugar de 2500, ya que de otro modo, Platón, que conocía la extensión del Mediterráneo, sabría que estaba situando la Atlántida en medio del Océano Atlántico y seguramente no era eso lo que quería referir. A día de hoy y a falta de mejores argumentos al respecto, esta teoría sobre el volcán de la isla de Tera y la debacle de la civilización minoica son las comúnmente aceptadas por la comunidad científica internacional, y se cree, prácticamente de forma unánime, que la desaparecida civilización atlante se trata en realidad de un recuerdo que actualmente podemos asociar a la desgraciada civilización minoica.

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