Atención Por Favor.

Ante todo nos dirigimos y agradecemos a todos por la ayuda que nos dan con este blog ya sean seguidores, oyentes del programa de radio y por sobre todo a todos aquellos propietarios de webs, blogs, libros y todos los lugares donde han obtenidos la información y nos han acercado a nuestro mail para que podamos publicarlas en este humilde blog, para que todas las semanas desde hace ya 7 años podamos compartir en dos emisiones las tantas historias, enigmas y misterios del universo que se van pasando de generación en generación y así reflejar esas viejas leyendas, historias, enigmas y misterios que de niños oímos mas de una vez y que nos asustaban en algunos casos como también en otras nos enseñaban a valorar y respetar esas narraciones.

Desde ya les agradezco a todos y pido disculpas si no se agrega la fuente por que muchos correos no la poseen y para no cometer errores no se agrega pero en este pequeño equipo estamos muy agradecidos para con todos. Muchísimas Gracias a todos en general por su valiosa información y por su cordial atención.

Equipo Infinito.

.

.

domingo, 2 de enero de 2011

Ser Enterrado Vivo


Este niño de cinco años enfermó de cólera en una epidemia que asoló su pequeña ciudad de Wisconsin en 1865. Después de tres días, el médico lo declaró muerto y Max fue enterrado.
La noche siguiente al entierro de Max Hoffman, su madre tuvo una pesadilla, en la que veía a su hijo atrapado dentro de su oscura tumba. Con las manos unidas debajo de su mejilla izquierda, el niño de cinco años se revolvía y agitaba forcejeando por escapar de su mortal prisión.

Tras despertar de aquel horrible sueño, la madre le rogó a su marido que desenterrasen el ataúd, pero él se negó, creyendo que ella, simplemente, se negaba a aceptar el hecho de que su hijo estuviese muerto. Sin embargo, a la noche siguiente, la señora Hoffman tuvo el mismo sueño. Finalmente, su marido se mostró de acuerdo para apaciguar a su angustiada mujer.

Con la ayuda de un vecino, el señor Hoffman se dirigió al cementerio a la una de la madrugada y exhumó el cuerpo de su hijo. Yacía exactamente como la señora Hoffman había soñado, pero no mostraba señales de vida. Incluso así, se llevó el cuerpo del niño al médico que había certificado su muerte. A regañadientes, el médico trató de reanimarlo. Una hora después, quedaron conmocionados al observar que le temblaba un párpado.
Al cabo de una semana, Max se había recuperado por completo y llegó a vivir hasta casi los noventa años en Clinton, Iowa, y su tesoro más preciado eran las manijas del pequeño ataúd en el que una vez estuvo enterrado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario