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jueves, 11 de mayo de 2017

Napoleón Bonaparte Crónica De Una Muerte Dudosa



Según la historia oficial, la que se enseña en las escuelas, Napoleón Bonaparte, ese General que muchas veces se ha ridiculizado como loco, que fue el gran estratega militar y que llevó a Francia a épocas de esplendor y conquistas; expiró el 5 de mayo de 1821 en la isla Santa Elena, después de estar seis años prisionero, desterrado, inmensamente aburrido y con la única actividad diaria de dictar sus memorias.



Históricamente, Napoleón Bonaparte falleció victima de un cáncer de estómago.



Al día siguiente de su muerte se le practicó una autopsia, la que estuvo a cargo del Dr. Antommarchi, asistido por cinco colegas ingleses. Este médico --que había mandado la familia unos días antes--  confirmó una hipertrofia del hígado y un estómago en estado lamentable. Su diagnóstico fue categórico: muerte por cáncer estomacal.



La primera duda la planteó René Maury, (economista en la Universidad de Tokio y Montpellier), quien plantea que la causa aceptada del deceso + es un gran error, y defiende su hipótesis de que el Gran Emperador fue envenenado lentamente con arsénico y esta fue la verdadera causa de su muerte.

INDICIOS QUE ABREN DUDAS



El primer documento que Maury aportó fue el parte médico de uno de los facultativos ingleses, el Dr. O’Meara (recordemos que el francés Antommarchi) llegó prácticamente al momento de la muerte y eran los doctores ingleses quienes se ocupaban de la quebrantada salud del Gran Corso).



En notas médicas del Dr. O’Meara, fechadas en septiembre de 1817 se lee: “Ví a Napoleón Bonaparte cuando se bañaba, se quejó de un dolor en la mejilla derecha, que se debía a su diente enfermo. Sus encías estaban hinchadas y sangraban al menor contacto”.



También menciona en sus notas haber constatado problemas en el sueño, fuertes migrañas, sofocones e hinchazón de pies y piernas.



Teniendo en cuenta los modernos tratados de Toxicología, René Maury reconoce en estos síntomas un clásico envenenamiento por ingestión de arsénico.



A pesar de la acalorada defensa y difusión de su hipótesis, Maury fue desacreditado por los médicos forenses.



El segundo argumento de René Maury son los restos mortales de Napoleón.



Cuando en 1840, se envían los restos a Francia, se descubre el cadáver intacto, y sobre ese detalle arremete nuevamente Maury con su creencia de muerte por envenenamiento, asegurando que el arsénico tiene la capacidad  de conservar la carne (lo que no ocurre en una muerte por cáncer). Por su parte, los opositores, los defensores de la causa oficial de la muerte, no tomaron esto como una prueba contundente, ya que ciertas condiciones de temperatura y de humedad también preservan a los cadáveres de la descomposición.



 ¿FUE UN CRIMEN PERFECTO?

René Maury trató (con muy poco éxito y escaso apoyo) de explicar la muerte de Napoleón como un asesinato por ingesta de arsénico e incluso encontró al sospechoso ideal entre los compañeros de exilio del Gran Emperador. Sus dardos apuntaron al Conde de Montholon, quien era el encargado de la Intendencia y proveía a Francia de un exquisito vino sudafricano que el mismo se encargaba de embotellar. Hubiera sido muy fácil para él agregar diariamente una pizca de arsénico en las botellas de vino reservadas para el consumo de Napoleón.



Claro que –de ser cierto el crimen y exacto el criminal--  tiene que haber un móvil, una razón, un motivo y para René Maury está clara la intención del Conde asesino: Montholon figuraba como primer beneficiario en el testamento de Napoleón para el reparto de sus bienes y era interesante apurar el trámite de la muerte y juntarse con la herencia rápidamente.



 SIN RESULTADOS CONCLUYENTES

Si hay una característica saliente en Maury es, sin dudas, su tozudez.



En 1994 logró que cabellos del cadáver del Emperador se sacaran del Museo de Historia de Lausana y se sometieran a un análisis en el Sincrotón de Genoble, que en ese momento se presentaba como lo más moderno para determinar de manera muy precisa, cuales eran los materiales sometidos a su radiación.



Los cabellos del cadáver de Napoleón Bonaparte tenían arsénico, aunque no en cantidad suficiente como para determinar fehacientemente que hubo un asesinato.



Los expertos concluyen que el veneno presente en el cuerpo pudo deberse a algunos alimentos, al agua mineral (que lo contiene en forma natural), o a la cola  usada para pegar los papeles pintados que decoraban su habitación; por lo que no encuentran una prueba definitiva y por lo tanto descartan nuevamente la hipótesis de envenenamiento que tanto defiende René Maury.



 Esta polémica todavía no tiene un final. Por lo pronto la investigación está estancada en un punto muerto. Para muchos es inútil tratar de cambiar al historia, para otros es una obligación encontrar la verdad, sea cual sea.-



René Maury planteó una duda que aún no tiene una respuesta: ¿Murió Napoleón Bonaparte envenenado?.

Fuente: http://www.enigmas.com.ar/

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