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Equipo Infinito.

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lunes, 7 de enero de 2013

El Judío “Telúrico” Carece de Alma


Permítanos repetir una vez más, y de nuevo y otra vez, el punto más importante que se ha establecido hasta ahora: a la religión judía le falta completamente la creencia en un Más Allá suprasensible. De hecho, uno incluso consigue una impresión casi positiva que, en el curso del tiempo, todo aquello que podría sostener en lo más mínimo una creencia en una vida incorporal después de la muerte fue eliminado intencionalmente. ¡Los judíos, con su religión orientada a los asuntos completamente terrenales, permanecen exclusivamente en el mundo!. Esto no debe olvidarse ni por un solo momento; es altamente significativo. 

Porque es esta situación excepcional la que explica porqué una "nación sombría" como la de los judíos ha sobrevivido a las más grandes y gloriosas naciones, y continuará sobreviviendo, hasta el fin de todo el tiempo, hasta que la hora de la salvación golpee a toda la humanidad. La nación judía no perecerá antes que esta hora golpee. El mundo sólo es preservado, como veremos, sólo por un asentimiento positivo al mundo mismo.

 Entre el pueblo judío esta afirmación-del-mundo es totalmente pura, sin ninguna mezcla de rechazo al mundo. Todas las otras naciones que han existido alguna vez, y existen hoy, tenían, o tienen, semejante mezcla, caracterizada por la idea de Otra Vida, aun si es sólo un rastro de ella. Este mero rastro habría bastado, o bastaría, para proporcionar el contrapeso necesario al puro asentimiento positivo al mundo mismo, tal como está encarnado en el pueblo judío. Ya que la luz interna, y la creencia en la inmortalidad es la luz interna, no necesita brillar siempre con la luz más luminosa para producir un efecto; simplemente debe estar allí, no debe permitírsele ser aspirada fuera, o de otra forma la humanidad estaría perdida para siempre al mundo terrestre. Todo toma su propio tiempo sin embargo, un hecho que es demasiado a menudo pasado por alto. La negación-del-mundo necesita un tiempo aun más largo para crecer para que adquiriera un predominio duradero sobre la afirmación-del-mundo.

En este momento parece haberse hundido nuevamente a un punto cero; su contrario, simbolizado por el pueblo judío, está triunfante como nunca antes. Parece como si la luz interna hubiera desaparecido completamente de esta tierra. Pero, para anticipar, sólo parece meramente así. La negación-del-mundo no puede perecer porque es parte del alma de la humanidad y el alma es inmortal. Donde la idea de lo inmortal mora, el anhelo por lo eterno o el retiro de la temporalidad debe siempre surgir de nuevo; por ello una negación-del-mundo siempre reaparecerá. Y éste es el significado de los pueblos no judíos: ellos son los custodios de la negación-del-mundo, de la idea de otra vida, aun cuando ellos la mantengan de la manera más pobre. Por ello, uno u otro de ellos puede irse calladamente, pero lo que realmente importa vive en sus descendientes. Si, sin embargo, el pueblo judío fuera a perecer, ninguna nación permanecería qué pudiera sostener la afirmación-del-mundo en alta estima - el fin de todo el tiempo estaría aquí.

Éste también sería el caso si la idea Sionista fuera a volverse una realidad, a saber, si el pueblo judío entero se uniera para volverse una entidad nacional en Palestina o en alguna otra parte25. Semejante unificación de los judíos nunca ha existido antes: esto no debe enfatizarse dos veces sino tres veces, ya que es poco conocido. Largo tiempo antes de la destrucción del Templo en Jerusalén una gran parte de los judíos vivía en la diáspora, es decir, disperso entre el pueblo "pagano". Y, como cada colegial sabe, al principio de su historia ellos eran "invitados" entre los egipcios. Lo que se levantó después en Palestina era cualquier cosa menos una estructura estatal. A lo más fue un esfuerzo por construir una, si es que no fue sino una escuela preparatoria para la explotación o la destrucción de pueblos extranjeros.
Según el judío Weiningen su propia nación es como un tejido cohesivo invisible de hongo del limo (el plasmodium), existente desde tiempo inmemorial y disperso sobre la tierra entera; y este expansionismo, como él observa correctamente (sin, claro, demostrarlo), es un componente esencial de la idea, de la naturaleza del judaísmo. Esto se aclara inmediatamente si nosotros nuevamente consideramos al pueblo judío como la encarnación de la afirmación del mundo. Sin él, nada de un carácter terrestre, y en consecuencia ninguna nación, es concebible. De aquí que, el judío, el único consistente y por consiguiente el único afirmador del mundo viable, debe encontrarse dondequiera que otros hombres llevan en ellos - si sólo en el más diminuto grado - una compulsión para superar al mundo. El judío representa el necesario contrapeso a ellos; de otra forma ese deseo urgente se cumpliría inmediatamente y por eso no guiaría en la salvación del mundo (ya que el pueblo judío todavía permanecería en existencia), pero lo destruiría de una manera diferente a través de la eliminación del poder espiritual sin en cual no puede existir. Discutiré esta idea después más completamente; aquí yo deseo meramente demostrar que el mundo podría no existir si los judíos estuvieran viviendo por sí mismos. Esto es porqué una vieja profecía proclama que el fin del mundo llegará en el día cuando los judíos hayan establecido el estado de Palestina.

De todo esto sigue que el judaísmo es parte del organismo de la humanidad así como, permítasenos decir, ciertas bacterias son parte del cuerpo del hombre, y de hecho los judíos son tan necesarios como las bacterias. El cuerpo contiene, como sabemos, un huésped de organismos diminutos sin el cual perecería, aun cuando ellos se alimentan en él. Similarmente, la humanidad necesita la cepa judía para conservar su vitalidad hasta que su misión terrenal esté cumplida. En otros términos, la afirmación-del-mundo ejemplificada por el Judaísmo en su forma más pura, aunque desastrosa en sí misma, es una condición del ser terrestre del hombre, mientras los hombres existan, y no podemos imaginar ni siquiera su inexistencia. Sólo se derrumbará cuando toda la humanidad se redima.  Así, nos obligan a que aceptemos a los judíos entre nosotros como un mal necesario, por quién sabe cuántos miles de años por venir. Pero así como el cuerpo devendría achaparrado si el crecimiento de las bacterias aumentaran más allá de un número saludable, nuestra nación también, para describir un círculo más limitado, sucumbiría gradualmente a una enfermedad espiritual si el judío deviniera demasiado para ella. 

Dejarnos completamente (éste es el objetivo del Sionismo, o por lo menos lo que pretende ser) sería tan desastroso como si fuera a dominarnos. La misión de la nación alemana vendrá a un fin, y ésta es mi firme convicción, con la última hora de la humanidad. Pero nosotros nunca podríamos alcanzarla si perdemos la afirmación-del-mundo, el judío entre nosotros, porque ninguna vida es posible sin la afirmación-del-mundo. Por otro lado, si el judío estuviera continuamente sofocándonos, nunca podríamos cumplir nuestra misión que es la salvación del mundo sino que, para ser franco, sucumbiríamos a la locura, ya que la afirmación-del-mundo pura, la voluntad desenfrenada para una existencia vana, no lleva a ninguna otra meta. Llevaría literalmente a un vacío, a la destrucción no sólo del mundo terrenal ilusorio sino también del en verdad existente, el espiritual. 

Considerado en sí mismo el judío no representa nada más sino esta voluntad ciega para la destrucción, la locura de la humanidad30. Se sabe que el pueblo judío es especialmente propenso a la enfermedad mental31. "Dominado por delusiones", dijo Schopenhauer sobre el judío.... Despojar al mundo de su alma, eso y nada más es lo que el Judaísmo busca. Esto, sin embargo, sería equivalente a la destrucción del mundo.
Aun ahora, mientras los judíos todavía viven entre nosotros, todas sus tareas revelan este objetivo. Su objetivo es despojar humanidad de su alma. Esto es por qué ellos se esfuerzan por romper cualquier forma detrás del la cual el alma viviente es operativa. Ya que en cuanto archimaterialistas, es su opinión demente que es precisamente lo espiritual, que ellos sólo sienten obscuramente, que está conectado con la forma como una materia de vida y muerte y debe perecer con ella. Aquí ellos son también, todos y diversos, anarquistas, conscientemente o inconscientemente. De hecho, ellos no pueden ser nada más sino que antagonistas del orden y la ley, porque el orden y la ley, de una forma única, llevan la impresión radiante de un mundo más puro. Schiller llama al orden "la hija de cielo", y para el origen divino de la ley nosotros encontramos mucha evidencia en Schiller y todavía más en Goethe.

Sin orden ni ley ninguna concepción del estado puede ser actualizada, ya que ellos son las bases de él. Por esta razón, el judío, el enemigo mortal de la ley y el orden, nunca podrá crear un estado viable en Palestina. El resultado será nuevamente el caos. Ya que esta palabra, traducida correctamente, significa un vacío infinito, la nada.

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