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Equipo Infinito.

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jueves, 1 de junio de 2017

Gilda El Ángel Que Canta



Una de las últimas “santitas” que ha dado la Argentina es “la santa de la bailanta”; a quien nombramos por su nombre artístico, porque si hablamos de Myriam Alejandra Bianchi tal vez muy pocos entenderán a quien nos referimos, pero si decimos que ella es Gilda todos sabrán de quien estamos hablando.

A los 29 años de edad decidió dejar un matrimonio en crisis y su trabajo de maestra y encarar profesionalmente la pasión de toda su vida: ser compositora y cantante de música popular (o bailantera como también se la ha llamado).

Esta joven menuda, morocha y dueña de un carisma especial cumple todos los “requisitos” para ser una “santita” en la elección del pueblo.

Desde siempre ejerció un magnetismo especial en su público y luego de su muerte en muchos que ni siquiera la conocían como cantante o no gustan del género musical que ella desarrollaba. A ese magnetismo hay que sumar que se tejía en torno a ella y su música un halo de poder mágico y curativo; además de haber muerto violentamente en un accidente.

Si bien no había desarrollado todavía una carrera exitosa (pero si se encontraba en camino hacia el éxito), una gran cantidad de seguidores se reunía en cada lugar donde ella cantaba, vibrando con cada canción, alcanzándole miles de papeles con frases, saludos y pedidos, para luego de su actuación irse, porque lo suyo era solamente seguir a Gilda, casi “una experiencia religiosa”, como lo definiera acertadamente una periodista biógrafa de la cantante.

Hay un hecho que se cuenta recurrentemente entre sus fieles y es aquel que narra como en uno de sus recitales una niña lloraba amargamente delante del escenario mientras Gilda cantaba su tema “Baila esta cumbia”. Al terminar llevaron ante ella a la pequeña quien le contó que su madre había intentado suicidarse cortándose las venas y mientras estaba en terapia intensiva, su hija le colocaba un grabador con ese tema de Gilda. La mujer se recuperó y entendían que la cantante con su música especial la había salvado, produciendo un milagro.

A esto se agrega que la mujer que acompañaba a la niña le pide a Gilda que la toque y le cure la diabetes. A pesar de negarse y explicarle que no tiene poderes curativos, finalmente lo realizó a pedido de sus músicos que insistían en que la conformara para poder irse a cumplir otro compromiso. Con respecto a esto Gilda dijo en algún reportaje: « Me pareció terrible ... me pareció terrible lo que me estaba pasando ... es increíble ... pero si el poder de la música puede conseguir esas cosas, bienvenida la música, bienvenidos los curanderos, bienvenido todo lo que ayude a que la gente sea feliz ».

Después de su muerte, esa fama y ese carisma especial, esa conjunción para con su público se incrementó de tal manera que se convirtió en un ángel para muchísima gente.

Este ser especial que había nacido bajo el signo de Libra, el 11 de octubre de 1961 (Buey en horóscopo chino), murió el 7 de septiembre de 1996, en un trágico accidente cuando el colectivo en que se trasladaba su banda por la ruta 12 en la provincia de Entre Ríos (con destino a la ciudad de Chajarí), choca frontalmente con un camión en una funesta tarde lluviosa.

Para los amantes de la numerología el momento de su muerte tiene varias connotaciones: Muere a los 34 años (3+4=7), en un accidente ocurrido un día 7, a las 7 de la tarde, murieron 7 personas (Gilda, su madre, su hija, el conductor y tres integrantes de su banda); mientras que el hecho ocurrió en la ruta 12 (1+2=3), en el kilómetro 129 (1+2+9=12 / 1+2=3). Los números 3 y 7 cabalísticamente asociados con el bien y la santidad inspiran a quienes ven en Gilda a un ángel. Otro de los hechos extraños ocurridos en ese accidente es que se encontró entre los restos, un cassette con un tema que hacia muy poco había grabado junto a su pareja “Toti” Giménez y al cual unos días antes le había cambiado el nombre original por el de “No es mi despedida”. Este tema forma parte de su álbum póstumo y se ha interpretado como un mensaje premonitorio para sus seguidores. Sus restos descansan en Buenos Aires, en el Cementerio de la Chacarita (en el primer piso de la galería 24, nicho 3635), su cajón ubicado al revés de lo común, con la cabeza hacia fuera (“para que sus fieles puedan tocarla” según sus fans), completando el espacio interior de la tumba, miles de flores y cartas.

Se cuenta que Gilda descansa en su ataúd, vestida de blanco y su cuerpo está intacto ya que murió desnucada y con los ojos abiertos, sin ningún magullón ni herida visible.

El otro lugar que sus seguidores visitan es el santuario que se levantó en el lugar del accidente, donde también se encuentra el colectivo, casi como una macabra muestra del horror. Allí, como en todos los santuarios de los distintos santitos del país, son innumerables los objetos que se encuentran, dejados por los miles y miles de seguidores, fieles y promesantes que se acercan, como para estar en el lugar donde “su ángel” dejó este mundo.

Muchos son los relatos que se pueden recoger en estos lugares. Muchos los milagros atribuidos a Gilda, y sobre todo, mucha la esperanza y la fe depositadas en esta intermediaria ante Dios, como la consideran sus seguidores.

Se le encuentra un cierto paralelismo con Selena, una mexicana que fuera asesinada en Texas (Estados Unidos) en 1995 mientras (al igual que Gilda) empezaba a transitar el camino a la fama en la música popular. Las une, no solamente un cierto parecido físico e igual forma de vestir; sino también ese extraño magnetismo que las unía a sus seguidores a fuerza de carisma.

Las dos murieron jóvenes y en el caso de Selena también después de su muerte se han comentado supuestos milagros y apariciones.
Gilda siempre dijo que quería morir sobre un escenario, pero no fue posible, por que directamente no murió, ya que aunque desapareció físicamente, quedó para siempre en sus fieles, quienes la elevaron a la categoría de “santita popular”.

Esta increíble mujer que ya alcanzó la inmortalidad que siempre buscó a través de su obra, nació siendo Myriam Alejandra Bianchi y se fue siendo simplemente Gilda. En el camino se convirtió en “El ángel de la bailanta” y así permanecerá para siempre.

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