Atención Por Favor.

Ante todo nos dirigimos y agradecemos a todos por la ayuda que nos dan con este blog ya sean seguidores, oyentes del programa de radio y por sobre todo a todos aquellos propietarios de webs, blogs, libros y todos los lugares donde han obtenidos la información y nos han acercado a nuestro mail para que podamos publicarlas en este humilde blog, para que todas las semanas desde hace ya 7 años podamos compartir en dos emisiones las tantas historias, enigmas y misterios del universo que se van pasando de generación en generación y así reflejar esas viejas leyendas, historias, enigmas y misterios que de niños oímos mas de una vez y que nos asustaban en algunos casos como también en otras nos enseñaban a valorar y respetar esas narraciones.

Desde ya les agradezco a todos y pido disculpas si no se agrega la fuente por que muchos correos no la poseen y para no cometer errores no se agrega pero en este pequeño equipo estamos muy agradecidos para con todos. Muchísimas Gracias a todos en general por su valiosa información y por su cordial atención.

Equipo Infinito.



miércoles, 14 de julio de 2010

La Misteriosa Pasajera de La Línea 624


No sólo en las grandes ciudades del mundo es ámbito de la actividad de fantasmas y ánimas en pena, sino también el Gran Buenos Aires donde al decir de vecinos, comerciantes y trabajadores se registran episodios encuadrados en el más insondable misterio sobrenatural.
En La Matanza, conductores y pasajeros de la línea 624 suelen referir al extraño caso del fantasma de una anciana que los colectiveros ven por el espejo retrovisor sentada en el interior de la unidad, cuando el colectivo se queda sin pasaje y se acerca a su cabecera. La situación que generó más de un comentario suele darse, por ejemplo, cuando los colectivos de la 624 se acercan a la playa donde quedarán guardados, y la presencia observada es la de una mujer mayor de edad que viaja sola y que desaparece cuando la unidad detiene su marcha en la Terminal.
Las versiones fortalecidas por la leyenda y las suposiciones en torno a este enigma son por demás variadas, pero algunos vecinos de Rafael Castillo asocian la presencia del espectro con la procedencia que tiene esa línea de transporte en el tramo final de su recorrido: el cementerio de Villegas.

Fantasmas, Olores Que Desprenden


Muchos aseguran que uno de los distintivos más claros de la cercanía de un espíritu es su aroma. El tipo de olor que emite un fantasma depende del mensaje que nos quieran transmitir. Los espíritus que tienen el deseo de comunicarse con sus familiares o con sus amigos pueden elegir una amplia variedad de formas de hacerlo.

Todos hemos podido escuchar historias de voces fantasmales que nos llegan tras de una bruma, voces que nos dan consuelo o nos advierten de algo. Pero, ¿habéis oído hablar alguna vez de algún mensaje espiritual transmitido por el olor?.

La ciencia ha demostrado que el olor y la memoria están estrechamente relacionados. Quienes quieran acercarse a vosotros tal vez deseen hacerlo sin presentarse ante vuestros ojos, debido al pánico que os pudiera causar. Es por ello que, en ocasiones, usan el olor para avisarnos de un suceso que se puede desencadenar instantáneamente o bien nos pueden recordar un hecho pasado.

El olor más común asociado a los espíritus es el olor a flores frescas. Rosas, lilas, jazmines, tres diferentes olores que se atribuyen a los fantasmas más recientemente. A veces, un aroma floral nos puede recordar a un ser querido que ha fallecido hace poco, bien porque nos recuerde algún lugar o bien porque, en ese momento, se encuentre cerca nuestra y no nos demos cuenta de ello…

Algunos espíritus llevan consigo olores estrechamente relacionados con lo que fueron en vida, como el olor de un cigarro o una pipa, un perfume o colonia, café, cerveza, o bien el que resulta de cocinar un plato concreto. Se cree que estos olores son utilizados específicamente por los difuntos para que sus seres queridos sepan que están cerca en los momentos de alegría y de dolor.

Por otra parte, los olores de moho, huevo podrido o de azufre, nos informan de que a menudo los espíritus se encuentran muy tristes o se hallan incómodos en el lugar en el que están. Si creéis que habéis experimentado estos fenómenos, podéis plantearos una serie de preguntas que os ayudarán a comprender mejor el mensaje que os quieren transmitir: ¿es un olor agradable?, ¿es un aroma familiar?, ¿quién pensáis que quisiera ponerse en contacto con vosotros y porqué?, ¿estáis pasando momentos particularmente difíciles o felices en vuestra vida?.

Uno de los misterios que rodean a estos fenómenos paranormales es que a menudo sólo son percibidos por una o dos personas en una habitación, mientras que para los demás pasa desapercibido. Algunos investigadores creen que los olores no están en el aire, sino más bien que los espíritus manipulan directamente nuestros receptores olfativos. Obviamente, esta teoría debe desarrollarse aún más. Ahora mismo sólo podemos notar la presencia de estos seres extraños a través de la nariz…

… ¿oléis algo?…

Más Fantasmas a Bordo


Si te gustó “Fantasmas a bordo“, aquí hay algo mas para leer:

-El transatlántico encantado

El Great Eastern fue con diferencia el barco más grande de su época. Diseñado por el ingeniero Isambard Brunel para transportar a nada menos que 4000 pasajeros entre Inglaterra y Australia, medía más de 200 metros de largo y 25 de ancho y desplazaba unas 32000 toneladas. Sus artífices lograron completar con éxito el desafío que suponía la construcción de un navío de estas características en pleno siglo XIX. Sin embargo, no pudieron evitar que naciese tocado por la mala suerte.

La racha de accidentes y desgracias que rodearon al Great Eastern comenzó ya en los astilleros de Mirwall (Londres), mientras el sueño de Brunel se convertía en una sólida realidad de hierro y acero. El primero (y según la leyenda la causa de los demás) fue la desaparición de uno de los operarios, un remachador, mientras trabajaba en el interior del coloso. A pesar de que se le buscó con ahínco nadie encontró rastro de él.

Desde aquel momento, y durante los 27 años de vida útil del navío, retumbó por su casco el misterioso sonido de unos martillazos de procedencia desconocida que se iban y volvían en determinadas ocasiones, según afirmaron varios testigos, entre ellos uno de los capitanes del barco.

Su viaje de prueba, que tuvo lugar en 1859 terminó en tragedia al estallar una de las calderas matando a cinco personas. Brunel, que arrastraba unos problemas de salud, moría a los pocos días de enterarse de la noticia. Unos años antes el otro promotor del proyecto, el constructor del barco, John Scott Russell había dado en quiebra.

La posterior existencia del buque tampoco sería demasiado afortunada. Todas sus travesías estarían marcadas por los retrasos, las tormentas y los accidentes, el más grave la colisión contra un escollo sumergido cerca de Nueva York. Dado que nunca logró llenar las 4000 plazas del pasaje, la compañía propietaria, ahogada por las deudas, se vio obligada en 1864 a malvenderlo a cambio de una cantidad irrisoria.

El navío fue empleado a partir de entonces para tareas no relacionadas con el transporte de pasajeros. En 1865 se le reutilizó como carguero durante las operaciones de tendido del primer cable transoceánico. Su participación en la empresa fue tan accidentada como el resto de su trayectoria.

Finalmente, en 1885 fue remolcado a los astilleros de Liverpool (trayecto durante el cual casi se hunde) para ser desmantelado, tras llegar sus dueños a la conclusión de que valía más a trozos que entero. Pero el Great Eastern aún guardaba una pequeña sorpresa en su interior. Se dice que en 1889 los operarios que trabajaban desguazando el gigante de hierro encontraron un esqueleto emparedado entre dos de los cascos de la nave. Junto a él, una bolsa de herramientas oxidadas y otra con remaches metálicos.

El emparedamiento del remachador explica para la leyenda la fatal maldición que persiguió al Great Eastern. No habría que olvidar tampoco el hecho de que el diseño, la construcción y el manejo de un barco de su tamaño no tenían precedentes, por lo que es probable que no todo funcionase como se había imaginado al principio.

-Apariciones providenciales

Ni siquiera la muerte es capaz de impedir la proverbial solidaridad entre marineros, eso parecen decirnos las historias en las que navegantes de antaño regresan momentáneamente para ayudar a un colega metido en apuros.

Joshua Slocum fue el primer hombre en circunnavegar el globo en solitario. Durante su viaje, realizado entre 1895 y 1898 a bordo de un balandro llamado Spray, tuvo la suerte de experimentar este compañerismo de ultratumba, según él mismo cuenta en el libro que escribió narrando sus aventuras.

Tras darse un atracón de ciruelas y queso en mal estado, cayó enfermo, llegando a entrar en un estado casi de delirio. Al recuperar la conciencia vio que el barco estaba en medio de una tormenta, pero mantenía su rumbo gracias a un hombre ataviado con ropajes antiguos que sujetaba el timón.

Este personaje se presentó ante Slocum como el piloto de la Pinta, una de las carabelas de Colón, y le dijo que había acudido a ayudarlo al ver que estaba en dificultades.

Algo parecido sucedió a los Johansen, padre e hijo, mientras navegaban por el Atlántico en un pequeño velero a finales de agosto de 1900.

Una noche escucharon voces que aparentemente no venían de ninguna parte mantener una breve conversación cuyo significado no pudieron comprender. Días después, se desató una tormenta que los hubiese mandado a pique de no ser por la aparición de cuatro personajes con aspecto de lobos de mar de otra época que se hicieron cargo del barco. Mientras estuvieron al bordo del velero hablaron entre ellos y se dirigieron a los Johansen en un idioma que estos no conocían. Parecían también hacer señales a otros barcos invisibles.
A la mañana el tiempo mejoró y los cuatro marineros fantasmales se esfumaron, aunque volvieron a materializarse al llegar la tarde. Después desaparecieron para siempre: ya habían cumplido su misión.

Fantasmas a Bordo


Aunque los escenarios típicos de las narraciones de fantasmas son las viejas mansiones o los vetustos castillos, ruinas más o menos bien asentadas sobre tierra firme, existe también una tradición que los asocia a los navíos y el mundo marinero. Su base se encuentra la mayor parte de las veces en la vieja creencia de que los marinos muertos a bordo de su barco pueden regresar a él desde el otro mundo.

Y no hace falta remontarse a los tiempos míticos del Holandes Errante para encontrar ejemplos de este tipo de historias. Las siguientes tuvieron lugar supuestamente a finales del siglo XIX y principios del XX:

-Una visita de cortesía

Cuentan que corría el año 1910, o puede que el 1914, cuando uno de los suboficiales de la corbeta estadounidense Monongahela, un dicharachero irlandés pelirrojo y tuerto a quien sus compañeros conocían como “el viejo Pay”, reunió a sus amigos y les dijo:

―Me temo, muchachos, que se acerca mi hora. Pero no os sintáis tristes ni me echéis de menos cuando haya partido, pues tan bien se me ha tratado en este barco que creo que volveré a él al menos una vez. Oh, sí. Buscadme entonces en mi viejo camarote, el número dos.

Como el viejo Pay siempre había sido muy aficionado a narrar historias truculentas de naufragios, aparecidos y monstruos marinos, sus compañeros no se tomaron demasiado en serio sus palabras. Además, aunque era ya mayor, parecía estar todavía en buena forma. Por eso sobrecogió a todos sobremanera encontrarlo a la mañana siguiente inerte y pálido sobre su camastro.

Durante los siguientes viajes, el camarote del viejo Pay permaneció vacío, hasta que al fin fue ocupado por un nuevo suboficial. Una noche sus gritos alarmaron al resto de la tripulación, que al acudir a ver qué ocurría se lo encontraron sentado en el pasillo que conducía a su cuarto, balbuceando algo acerca de un cadáver tuerto y pelirrojo que yacía encima de su cama.

Al entrar en el camarote, los marineros no vieron a nadie sobre el camastro, pero pudieron comprobar que este se encontraba empapado y lleno de algas. Nadie dudo de que el viejo Pay acababa de cumplir su promesa.

-Accidente fatal

Si, según se dice a veces, el espíritu de quien fallece de forma violenta queda ligado al lugar de su muerte, atrapado en una eterna repetición del momento fatal, en el mar no podía suceder menos.

Eso dicen que sucedió, por ejemplo, a los tripulantes del Mohawk, velero que se hundió en State Island por un lamentable error humano: tras fondear, nadie se acordó de dar la orden de arriar el foque ni el palo mayor. El mar estaba en calma, pero, al poco de bajar los marinos a descansar, se originó un fuerte vendaval que escoró el barco hasta mandarlo a pique, ahogándose toda la tripulación.

El navío fue reflotado por una empresa y vendido al gobierno. Sus nuevos tripulantes aseguraron que todas las tardes veían aparecer un marinero fantasmal que corría hacia el foque con la desesperación marcada en rostro.

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lunes, 12 de julio de 2010

Sátiro


Los sátiros (en griego Σάτυροι, Satyroi) son criaturas masculinas —las sátiras son una invención posterior de los poetas— que en la mitología griega acompañaban a Pan y Dioniso, vagando por bosques y montañas. En la mitología están a menudo relacionados con el apetito sexual, y los pintores de vasijas solían representarlos con erecciones perpetuas.

Mitología

Los sátiros, relacionados con las Ménades, forman el «cortejo dionisíaco» que acompaña al dios Dioniso. Pueden estar también asociados con el dios Pan. Algunas tradiciones consideran a Sileno padre de la tribu de los sátiros. Los tres mayores de éstos, llamados Marón, Leneo y Astreo, eran iguales a su padre, y por ellos fueron también conocidos como silenos. Según algunas versiones del mito, habrían sido ellos los padres de los sátiros (de los que entonces sería Sileno su abuelo). Los tres estuvieron en el séquito de Dioniso cuando éste viajó a la India, y de hecho Astreo era el conductor de su carro.

Se les representa de varias formas; la más común (y básicamente romana) es la de una criatura mitad hombre mitad carnero, con orejas puntiagudas y cuernos en la cabeza, abundante cabellera, una nariz chata, cola de cabra y un priapismo permanente. A menudo llevan pieles de animales, de pantera (atributo de, por ejemplo, Dioniso).Las representaciones romanas confundían a los sátiros con los faunos, quienes solían tener piernas de chivo. La confusión ha perdurado incluso en obras de arte contemporáneas, como el «fauno danzante» de Lequesne, que es más bien un sátiro.

Se les ha representado en varias edades de su vida. Los menores son llamados satyrisci, y se los representa como graciosos jóvenes: el sátiro Anapauomenos («en descanso»), atribuido a Praxíteles, es el mejor ejemplo. Los sátiros mayores son llamados silenos, por Sileno, preceptor de Dioniso, y se les representa como de una gran fealdad. Aparecen a menudo con una copa o un tirso en la mano, en actitud de bailar con las ninfas, a las que a menudo persiguen.

Los sátiros son criaturas alegres y pícaras, aunque su carácter desenfadado y festivo puede volverse peligroso e incluso violento. Como criaturas dionisíacas, son amantes del vino, las mujeres y disfrutan de los placeres físicos. Bailan al son de las flautas (auloi), címbalos, castañuelas y gaitas. Tienen un baile especial llamado sikinnis. Debido a su gusto por el vino, a menudo aparecen sosteniendo copas y aparecen en la decoración de vasijas y vinajeras.

Mitología y arte griegos

En el arte griego arcaico, los sátiros aparecen como criaturas ancianas y feas, pero en un período posterior, especialmente en las obras de la escuela ática, su fealdad es suavizada con un aspecto más grácil y juvenil.

Esta transformación o humanización del sátiro aparece en el arte griego tardío. Otro ejemplo de este cambio se produce en las representaciones de Medusa y las amazonas, personajes tradicionalmente consideradas como salvajes e incivilizadas. La representación compasiva y humanizada del sátiro de Praxíteles, conocido como "Sátiro en reposo" es un claro ejemplo de esta evolución.

Aunque no son mencionados por Homero, en un fragmento de las obras de Hesíodo se dice que los sátiros son hermanos de las ninfas de las montañas y de Kuretes, fuertemente conectados con el culto de Dionisos y que son criaturas caprichosas e indignas. En el culto de Dionisos los seguidores masculinos son conocidos como sátiros y los femeninos como ménades o bacantes.

En la antigua Grecia existía una especie de drama que relataba las leyendas de dioses y héroes, y el coro estaba formado por sátiros y silenos. En la obras teatrales atenienses del siglo V a. C. el coro comentaba la acción principal. Los "dramas satíricos" se burlaban de las leyendas con pantomimas e incluso con insultos. Se ha conservado una obra satírica del siglo V. a.C., El Cíclope de Eurípides. También se ha conservado un papiro, con un fragmento extenso de una obra satírica de Sófocles, titulada Persiguiendo Sátiros (Ichneutae), que fue encontrado en la antigua colonia griega de Oxyrhynchus, en Egipto, en 1907.

Mitología y arte romanos

Los sátiros romanos fueron considerados en el arte y la imaginación poética como espíritus latinos de los bosques y con el rústico dios Pan, por lo que en ocasiones se les llama panes.

Las representaciones romanas de los sátiros son las más extendidas en el arte posterior y la mayor parte de las representaciones modernas toman como base los modelos romanos, y aparecen como criaturas con patas de cabra desde las caderas hasta las pezuñas, y a menudo con largos cuernos de cabra o carnero. Los poetas romanos a menudo los confundían con los faunos, aunque en origen eran criaturas diferentes. De hecho, las patas y cuernos de cabra son más propias de los faunos.

La sátira romana es una forma literaria que consiste en un ensayo poético utilizado para atacar o burlarse de personas o elementos sociales. Aunque la sátira romana en ocasiona ha sido vinculada con las obras satíricas griegas o romanas, se trata de dos géneros independientes, conectados por la naturaleza subversiva atribuida a los sátiros, como fuerzas opuestas al orden, el decoro y la propia civilización.

Sátiro en la jerga popular

Relacionado con su significado respecto a la mitología, en el habla popular se utiliza para denominar a un hombre dominado por el apetito sexual y que se esfuerza en perseguir mujeres en contra de lo que ellas deseen.

Otras referencias

Bien por influencia externa o por desarrollo propio, otras mitologías también muestran personajes o criaturas con carácter similar a los sátiros griegos y romanos, espíritus de los bosques y de la naturaleza, como los leszi o lisovik del folclore eslavo o las carantoñas de los bosques del noroeste de la península ibérica o los basajaun vascos. Éstas y otras criaturas muestran rasgos muy similares con los sátiros, ya sea su carácter alegre, festivo y desenfadado, su promiscuidad sexual o su gusto por el vino.

En la mitología hebrea existen los sh'lrlm ("peludos"), una especie de demonio o ser sobrenatural que habita en los desiertos, y a los que se alude en el Levítico como receptores de sacrificios, y posiblemente relacionados con la simbología del chivo expiatorio. En la Biblia estos seres son traducidos como diablos, aunque en la traducción inglesa del Rey Jaime se les atribuye el término "satyr" (sátiro). En la mitología árabe y musulmana estos seres son conocidos como azzab al-akaba (demonios peludos de los pasos de montaña).

En la mitología cristiana la representación del sátiro fue asumida por el diablo, que aún actualmente suele representarse en la iconografía como una criatura con patas y cuernos de cabra.

Sátiros infantiles

Los sátiros infantiles o niños sátiros son representaciones mitológicas derivadas de los sátiros, que aparecen en el folclore popular, obras de arte clásicas, películas y distintas formas de arte.

Algunas obras clásicas muestran a sátiros infantiles cuidados por sátiros adultos, y en otras representaciones aparecen participando en bacanales y rituales dionisíacos (bebiendo alcohol, tocando instrumentos musicales y bailando).

La presencia de los sátiros infantiles en el arte clásico, como la antigua cerámica griega es simplemente una elección estética por parte del artista. Sin embargo, el papel de los niños en el arte clásico podría indicar un simbolismo más profundo para los sátiros infantiles: Eros, el hijo de Afrodita, es representado habitualmente con la forma de un niño o bebé, y Dioniso, el líder divino de los sátiros es representado en numerosas obras como un bebé, a menudo en compañía de los sátiros. Una representación de sátiros infantiles más allá de la antigua Grecia es el grabado de Alberto Durero "músico sátiro y ninfa con bebé", también conocido como "La familia del sátiro". También hay una representación victoriana que muestra a un bebé sátiro sentado al lado de un barril.

Ver Revivals, Reveries, and Reconstructions: Images of Antiquity in Prints from 1500 to 1800, una exhibición en el Museo de Arte de Filadelfia.

También hay muchas obras del período rococó que muestran a niños sátiros participando en celebraciones dionisíacas. Algunas muestran a mujeres sátiro con sus hijos; otras muestran a los niños participando directamente en las bacanales. En la pintura de Jean Raoux (1677-1735) "Mademoiselle Prévost como Bacante", aparece un niño sátiro tocando un tambor, mientras la Sra. Prévost, una bailarina de la ópera, baila en medio de una fiesta en honor de Baco.

Cíclope


En la mitología griega, los Cíclopes (en griego Κύκλωψ Kýklops, plural Κύκλωπες Kýklopes, que viene de κύκλος kyklos, ‘rueda’, ‘círculo’ y ὤψ ops, ‘ojo’) eran los miembros de una raza de gigantes con un solo ojo en mitad de la frente.

Había dos generaciones de Cíclopes:

Primera generación

Los Cíclopes de la primera generación eran hijos de Urano y Gea, y conocidos artesanos y constructores. Eran gigantes con un solo ojo en mitad de la frente y un temperamento horrible. Según Hesíodo eran fuertes, testarudos, y de «bruscas emociones». Eventualmente sus nombres llegaron a ser sinónimo de fuerza y poder, y se usaban para referirse a armas especialmente bien manufacturadas.

Fueron tres: Brontes, Estéropes y Arges (aunque algunas fuentes cambian a Arges por Acmónides o Piracmón). Había también otros cuatro llamados Euríalo, Elatreo, Traquio y Halimedes, que presumiblemente eran hijos de los tres primeros.

Urano temía su fuerza y les encerró en el Tártaro. Más tarde Crono, otro hijo de Urano y Gea, liberó a los Cíclopes, junto con los Hecatónquiros y los Gigantes. Le ayudaron a derrocar y castrar a Urano, pero Crono les volvió a encarcelar en Tártaro, donde permanecieron, guardados por Campe, hasta que Zeus los liberó. Forjaron rayos para que Zeus los usase como arma y le ayudaron en la guerra para derrocar a Crono y a los otros Titanes (Titanomaquia). Los rayos que se convirtieron en el arma predilecta de Zeus fueron forjados por los tres Cíclopes: Arges ponía el brillo, Brontes el trueno, y Estéropes el relámpago.

Esta primera generación de Cíclopes también creó un tridente que producía terremotos para Poseidón, el arco y las flechas de Artemisa, y el casco de invisibilidad que Hades le dio a Perseo en su búsqueda para matar a Medusa. Ayudaron a Hefesto y se dice que construyeron el primer altar, así como las murallas y fortificaciones de Tirinto y Micenas en el Peloponeso, entre otras. Los ruidos que surgían del corazón de los volcanes se atribuían a sus operaciones.

Se cuenta posteriormente que fue Apolo quien mató a los Cíclopes, después de que Zeus matase a su hijo, Asclepio, con un rayo forjado por ellos. Aunque puede suponerse que estos cíclopes eran inmortales, por lo que quizá los cíclopes que Apolo mató fuesen sus hijos.

Segunda generación

La segunda generación de Cíclopes fue una primitiva tribu de enormes monstruos de un solo ojo descubierta por Odiseo en una remota isla (en ocasiones identificada con Hesperia). Se decía que estaban estrechamente relacionados con los Gigantes y con una tribu fenicia (los Phaiakai) surgidos de las gotas de sangre que cayeron sobre Gea (la tierra) cuando Urano fue castrado.

Sin embargo, el cíclope más conocido de esta generación era un hijo de Poseidón y la ninfa Toosa llamado Polifemo. Otro de los cíclopes de la segunda generación fue Telemo, un vidente.

Orígenes

Dada su inclinación por la herrería, muchos estudiosos creen que la leyenda de los Cíclopes surgió de la práctica habitual de los herreros de llevar un parche sobre un ojo para evitar quedarse ciego de ambos por las chispas. Los herreros también se tatuaban círculos concéntricos en honor al sol, lo que puede ser otra posible fuente de la leyenda. La segunda generación de Cíclopes son definitivamente de un tipo diferente a los de la primera: probablemente sean adiciones muy posteriores a la mitología sin conexión alguna con la herrería. Muchos creen que las leyendas asociadas a Polifemo no contaban que fuera un cíclope hasta que Homero las incluyó en la Odisea, pudiendo ser originalmente Polifemo algún tipo de monstruo o demonio local. Se ha sugerido que quizás fuera uno de los Triamantes de la leyenda cretense, raza rural de ogros devoradores de hombres que tenía un tercer ojo detrás de la cabeza. Aparte del detalle de los ojos, son muy parecidos a los Cíclopes de Homero.

Otro posible origen de la leyenda de los Cíclopes es el hallazgo por parte de los griegos de cráneos de elefantes prehistóricos (algunos existen aún en Creta). Debido a la gran cavidad nasal (para la trompa) en el centro del cráneo, se podría haber pensado que tenían una única cuenca ocular grande. Las cuencas oculares reales, más pequeñas, están a los lados y son mucho menos notables. Dada la escasa experiencia que seguramente los nativos tenían con elefantes vivos, es difícil que hubieran reconocido el cráneo como lo que realmente era.

También es posible que el nacimiento de niños con malformaciones provocadas por ciclopía, un raro trastorno encefálico congénito, pudiera haber inspirado la leyenda.

Quizá los Cíclopes fueran los sicelos (Cclps ~ Scls) de la edad clásica, que posteriormente se establecieron en Siracusa.

Murallas «ciclópeas»

Tras la «Edad Oscura» los helenos vieron con asombro los enormes bloques pulidos, llamados estructuras ciclópeas, que se habían usado en las edificaciones micénicas, en lugares como Micenas y Tirinto, o en Chipre, y llegaron a la conclusión de que sólo los Cíclopes reunían la habilidad y fuerza necesarias para construir de forma tan monumental.

Harpías


En la mitología griega, las Harpías o Arpías (en griego antiguo Άρπυια Harpyia, ‘que vuela y saquea’) eran hermosas mujeres aladas conocidas principalmente por robar constantemente la comida de Fineo antes de que éste pudiera comerla, haciendo cumplir así un castigo impuesto por Zeus. Esto las llevó a pelear con los Argonautas. En tradiciones posteriores fueron transformadas en genios maléficos alados de afiladas garras, que es como se les conoce popularmente.

Mitología

Las Harpías eran hijas de Electra y Taumante y hermanas de Iris. Hesíodo las describía en su Teogonía como criaturas de «adorables cabellos».

Fineo, un rey de Tracia, tenía el don de la profecía. Zeus, furioso con él por haber revelado secretos de los dioses del Olimpo contra la voluntad de éstos, le castigó confinándole en una isla con un festín del que no podía comer nada, pues las Harpías siempre robaban la comida de sus manos justo antes de que pudiera tomarla. Este castigo se prolongó hasta la llegada de Jasón y los argonautas, que enviaron a los héroes alados, los Boréadas, Calais y Zetes, tras las Harpías. Éstos lograron espantarlas, pero no las mataron a petición de Iris, quien prometió que Fineo no volvería a ser molestado por ellas. Agradecido por su ayuda, Fineo contó a los Argonautas cómo superar las Simplégades para poder continuar su periplo.

La versión básica de este mito, a medida que fue contada una y otra vez, añadió nuevos detalles: a saber, que las Harpías no robaban la comida sino que la ensuciaban con sus excrementos, haciéndola incomible. Pronto fueron vistas como difusoras de suciedad y enfermedad, adquiriendo también su más famosa apariencia monstruosa.

Con esta forma fueron agentes del castigo, que raptaban a la gente y la torturaban de camino al Tártaro. Eran despiadadas, crueles y violentas y vivían en las islas Estrófades. Solían ser vistas como personificaciones de la naturaleza destructiva del viento.

Según Hesíodo, las Harpías eran originalmente dos: Aelo (‘viento tempestuoso’, a veces llamada Nicótoe) y Ocípete (‘vuelo rápido’). Posteriormente los romanos añadieron a Celeno (‘la oscura’), considerada la más malvada de todas. Homero nombra en la Ilíada una llamada Podarge (‘pies veloces’), madre, tras unirse con el viento Céfiro, de Janto y Balio, caballos de Aquiles. También se hace a las arpías madres de Flógeo y Hárpago, caballos de los Dioscuros (Cástor y Pólux).

Eneas encontró a las Harpías en las Estrófades cuando éstas robaron repetidamente el banquete que los troyanos estaban preparando. Celeno los maldijo, diciendo que los troyanos estarían tan hambrientos que se comerían sus mesas antes de que el día terminase. Los troyanos huyeron asustados.

Heráldica

En la Edad Media, la harpía, a menudo llamada «águila virgen», se convirtió en una popular carga en la heráldica, particularmente en Frisia Oriental, apareciendo entre otros en los escudos de armas de Reitburg, Liechtenstein y los Criksena.