Atención Por Favor.

Ante todo nos dirigimos y agradecemos a todos por la ayuda que nos dan con este blog ya sean seguidores, oyentes del programa de radio y por sobre todo a todos aquellos propietarios de webs, blogs, libros y todos los lugares donde han obtenidos la información y nos han acercado a nuestro mail para que podamos publicarlas en este humilde blog, para que todas las semanas desde hace ya 7 años podamos compartir en dos emisiones las tantas historias, enigmas y misterios del universo que se van pasando de generación en generación y así reflejar esas viejas leyendas, historias, enigmas y misterios que de niños oímos mas de una vez y que nos asustaban en algunos casos como también en otras nos enseñaban a valorar y respetar esas narraciones.

Desde ya les agradezco a todos y pido disculpas si no se agrega la fuente por que muchos correos no la poseen y para no cometer errores no se agrega pero en este pequeño equipo estamos muy agradecidos para con todos. Muchísimas Gracias a todos en general por su valiosa información y por su cordial atención.

Equipo Infinito.



jueves, 5 de septiembre de 2019

El Misterioso y Antiguo Castoral


Este castillo ubicado en las afueras de Simoca, entre los ríos Salí al este, Balderrama al sur y Colorado al oeste, data de 1913 y fue construido por un alemán, Otto Ruckaeberle, que administraba las propiedades, se lo llamó del Castoral, por el castor o tártago que se cultivaba de cuyas semillas se extraía un aceite tipo industrial, que el alemán vendía en Europa para el uso de los aviones.

Cuenta el anecdotario popular que una mujer francesa que según los lugareños que la llegaron a conocer "era preciosa", le pidió como prueba de su amor al alemán la construcción de esta propiedad. La obra gigantesca para esa época, poseía lujos europeos tales como el telégrafo,teléfono, agua corriente, piso de mármol de carrara. Salón de fiestas y escaleras suntuosas y verjas de bronce.

El acceso al castillo era un camino arbolado que los propietarios usaban para trasladarse en coches propios de realeza. Se destaca como algo anecdótico interesante que las luces que adornan actualmente el Salón Blanco de la Casa de Gobierno de Tucumán pertenecería al Salón de fiestas de este Castillo. Cuentan los lugareños que el día de la inauguración fueron invitados extranjeros, "personas a quienes no entendíamos lo que hablaban".

Por otra parte se cuenta que la iluminación de la noche inaugural llegaba a 20 kms.a la redonda El personal que atendía la fiesta fue contratado en Europa.Durante la efímera vida que tuvo el castillo, abandonado al poco tiempo por las personas que lo habitaban, ocurrieron numerosas excentricidades. El alemán Otto pedía a don Casimiro García, dueño de un almacén de ramos generales en Río Colorado, hasta cuarenta cajones de champagne. Del castillo tejieron numerosas leyendas como la de la gringa muerta, el familiar, los pasos del propietario, la luz que se eleva, etc.

El Basilisco


Este reptil es muy extraño, semejante a una lagartija con un solo ojo en la frente redondo y sin párpados. En otros casos lo representan como una animal con cabeza de gallo y cuerpo de serpiente (seguramente proveniente de la mitología europea).

Dice la leyenda que nace de los huevos pequeños y sin yema que ponen algunas gallinas y en algunas regiones se comenta que de los huevos puestos por gallos viejos. Paleari completa este concepto diciendo que nace de "un huevo sin yema puesto por un gallo y empollado por un sapo sobre el estiércol".

El basilisco puede esconderse en cualquier lugar de la casa y la persona que lo vea al ojo puede morir o quedar ciega. Una forma de combatirlo es lograr que se observe en un espejo y muera del espanto.

Hay que tener cuidado de destruir los huevos antes de que el animal nazca, pues su gestación dura alrededor de un día.

Nos dice Antonio Paleari, en su completísimo Diccionario mágico jujeño, que el término proviene del griego "basiliskós", que significa reyezuelo(rey con menguado reino). Es interesante la relación que hace el mismo Paleari entre este extraño ser y los animales de la mitología azteca, maya o chibcha; quizá estableciendo alguna relación primitiva entre las distintas civilizaciones y sus mitos.

En la zona de Jujuy y parte de la puna el reptil es semejante a cualquier lagarto, pero en la zona de los valles y parte de Tucumán, Santiago y Catamarca, muchos paisanos aseguran que tiene un solo ojo en la frente, como hemos referido anteriormente. Así como un espejo mata al basilisco, Paleari nos dice que el monstruo también muere si es visto antes por un hombre.

Historia antigua

La dispersión de la leyenda hace que en el noroeste argentino se afirme, que los tesoros o "tapados" escondidos en las cuevas de las montañas, son custodiados por Basiliscos. Quizá esta afirmación sea una transmisión de la creencia europea de los primeros tiempos de la minería.

Decían los mineros que en los socavones morían víctima del aliento de este terrible animal. En realidad se trataba de gases venenosos, de los cuales aprendieron más tarde a protegerse. Como toda leyenda popular, cuando un fenómeno físico sobrepasa los conocimientos que ostenta el hombre que lo observa, encuentra una salida sencilla y satisfactoria, mediante la fabulación.

En la antigüedad, los habitantes de la región de Cantabria (España) afirmaban conocer al Basilisco y el arma que utilizaban para protegerse de él, era un gallo que portaba debajo del brazo, para que cante ante la presencia del demonio, único capaz (el gallo) de contrarrestar su poder. En antiguos tratados de Historia Medieval y China, encontramos relatos de Basiliscos con mucha frecuencia. Además en Europa se acostumbraba bautizar las piezas de artillería, con nombres de animales que configuraban una alegoría a su poder de destrucción. Basilisco se llamó a una pieza de artillería, de bronce, de gran calibre, que cayó en desuso por lo incómodo de su manejo.

A consecuencia de la imposición cultural que significó el implante forzoso de la religión traída por los españoles, y la silenciosa resistencia a abandonar sus antiguos dioses de parte de los nativos, se produjo un sincretismo desordenado de algunas cuestiones culturales. Entonces es común encontrar límites imprecisos entre paganismo y religión (oficial). Así tenemos presencia de Basiliscos en la concurrencia de Salamancas, o custodios de antiguos tesoros en oro y plata enterrados por los aventureros españoles u Obispos poderosos ante la posibilidad de saqueo.

La Dama De La Vela


Cuentan los habitantes de la ciudad de Corrientes que en el edificio de la Escuela Normal “Juan Pujol”, suele verse por las noches a una bella joven, hermosamente vestida con un largo traje de encaje blanco y una capa roja, recorriendo los pisos y escaleras de mármol con una vela encendida en la mano. Ante las primeras luces del alba, la misteriosa criatura se desvanece.

En una familia adinerada tenia una hermosa niña, misma que muy joven fue engañada por un militar. Este militar la engaño prometiendo amor eterno y matrimonio, por tal engaño la hermosa joven quedo embarazada y, poco después, dio a luz una hermosa, poco después de esto el militar dejo de ir donde su amada puesto que se caso con una importante dama, ante todo esto y convertida en madre soltera fue castigada por sus hermanos.
Se cuenta que la encerraron en un cuarto secreto de su gran casa y que en ese encierro la pobre niña envejeció y enfermo por la melancolía y abandono pues casi a nadie se le permitía visitarla; también se dice que para iluminarse en las penumbras de los espacios que habitaba, sus hermanos solo le daban tres velas por semana, mismas que no siempre le alcanzaban.

Dicen que un día frío y húmedo ella murió acompañada solamente por una vela encendida y desde entonces su alma vaga con esa vela encendida esperando que alguien sople la flama para poder descansar en paz después de sus sufrimientos en el mundo.
Han pasado muchos años y quienes en diferentes épocas han jurado haber visto ese fantasma con la vela, no han tenido el valor para soplar la flama; no han tenido valor pues la figura sufrida y transparente de la doliente mujer, que viste largo camisón y muestra un rostro ojeroso entre desordenado peinado, les paraliza el cuerpo y les desencaja las facciones.¿Quién pondrá fin a esta historia? ¿Qué valiente soplará la vela?

martes, 3 de septiembre de 2019

El Archipiélago de Chiloé: Estudios Geológicos de las de 3 Fallas Geológicas que existen y la Leyenda Las Serpientes.


El archipiélago de Chiloé, sobre todo en el lado Pacífico, se está levantando. Puede que dentro de millones de años, deje de ser una isla.

Antes del Terciario, durante el período denominado oligoceno superior -hace 26 millones de años- el mar inundó todo Chiloé, según han podido describir diversos estudios geológicos que han continuado los expertos del Servicio Nacional de Geología y Minería de Puerto Varas.


Esta parte de la historia ha sido reflejada en la leyenda de creación del archipiélago: Ten Ten y Cai Cai Vilú. La leyenda dice "hace miles de años la zona de Chiloé era tierra firme, pero de pronto, apareció Caicaivilú, serpiente del mal, enemiga de la vida terrestre, animal y vegetal, que desea incorporar a sus dominios marinos; así inundó todo el territorio; el nivel de las aguas subió amenazando transformarlo todo en un extenso mar". Ahí fue cuando apareció la serpiente del bien, Tentenvilú, que ayudó a los chilotes a subir a los cerros. Después de años de lucha triunfó el bien y los habitantes del archipiélago pudieron seguir con su vida.


Eso es parte de la leyenda, pero lo que sí está ocurriendo actualmente en Chiloé es que se desconoce con exactitud cómo se mueven las 3 fallas geológicas que existen. La del norte va desde Chepu al norte y está dominado por este sector con rocas volcánicas, sedimentarias y metamórficas. La zona central corresponde a la cordillera de Piuchén, que posee casi pura roca metamórfica; la del sur, en cambio va de Cucao (comuna de Chonchi) al sur y corresponde a sedimentaria.


SIN INCIDENCIAS


Jorge Muñoz, doctor en Geología de Sernageomin, sostiene que el archipiélago se levantaría un milímetro al año, lo que además ocurriría de manea más evidente en el lado del océano Pacífico; sin embargo a nivel de vida humana "no habrá incidencias", excepto que surjan terrenos pantanosos.


Un aspecto claro es que desde el terremoto del 60 Chiloé se hundió: golfo de Ancud, Lacui, golfo de Quetalmahue; después de eso empezaron a elevarse de nuevo. El proceso de levantamiento ya se estaba viviendo antes de que ocurriera el más grande terremoto de la historia del mundo.


Pero esta nueva condición podría hacer que en millones de años, la isla de Chiloé se acople al continente y termine con su condición isleña. Así podría repetirse la historia contada en la leyenda las serpientes.


DE 350 MILLONES DE AÑOS


En Chiloé hay tres unidades geológicas claramente delimitadas. La primera es el basamento metamórfico (piedra laja) del Paleozoico superior (del carbonífero, 350 millones de años) al Triásico inferior (240 a 220 millones de años). Esa evidencia se extiende en casi todo el territorio de Chiloé, formando la cordillera de Piuchén (de la Costa) y al sur del lago Huillinco, todo de roca metamórfica.


El segundo segmento es del ciclo geológico del Terciario, entre 20 y 30 millones de años, y es claramente identificable en la costa pacífica al sur de Cucao, en la Península de Lacui, donde está lleno de fósiles. Esa unidad también se manifiesta en el área de Chonchi, y en el borde de la isla Lemuy, debajo de los depósitos glaciares del Cuaternario -más reciente-, ya que en localidades costeras todavía es posible encontrar sedimento marino del Mioceno (paleopolen, dientes de tiburón y de mantarraya). Se han encontrado vertebrados fósiles, improntas de hojas, troncos y mantos carbonosos. Las rocas están expuestas en el borde costero a lo largo del canal de Yal; aunque también afloran en Punta peuque del Estero Castro y al sur, en el Estero de Compu, Quellón. En su mayoría el espesor no supera los 15 centímetros.


Estos estratos de Chonchi, permiten sugerir la equivalencia con los Estratos de Parga de la cuenca de Chiloé y más al norte, con los estratos de Cheuquemó y con parte de la formación Santo Domingo, de la Cuenca de Llanquihue, sostiene un estudio de geólogos de Sernageomin Puerto Varas y la Universidad de Concepción.


La tercera capa que forma Chiloé son los depósitos no consolidados glaciales, las morrenas, más actuales. En medio de las tres habría una cuarta capa, de origen volcánico del Oligoceno superior-Mioceno inferior, que se aprecia evidentemente en zonas como los islotes de Puñihuil (zona de pingüinos) y Mar Brava.

La Leyenda del Golem de Praga


En los juegos de fantasía épica, a menudo se describe al golem como un ser animado por obra de poderosos hechiceros o alquimistas que les otorgan un aliento de vida con el objetivo de utilizarlos para proteger y defender templos y santuarios de los invasores. Quizá muchos lo desconozcan, pero el golem se originó en el folclore judío. Entre las diversas leyendas que existen sobre estos seres míticos, ninguna figura tanto como la de El Golem de Praga y su creador, el rabino Loew. En torno a esta historia se han hecho libros, piezas teatrales, cuentos e incluso producciones cinematográficas.

A finales de la Edad Media, la ciudad de Praga se convirtió en uno de los centros urbanos más importantes para el Sacro Imperio Romano Germánico, pero también albergaba una enorme comunidad judía que congregaba a estudiosos y místicos. El honorable rabino Judah Loew ben Bezalel era uno de los miembros más famosos y distinguidos de la comunidad.

A pesar de ser perseguido por su férrea defensa de los judíos, tuvo una vida bastante extensa pues nació alrededor del año 1513 y murió en 1609. Sus seguidores lo admiraban tanto que solían llamarlo “el venerable”.

Antecedentes del golem.

En la versión original en hebreo de la Biblia, la palabra “golem” aparece en Salmos 139:16 y significa “sustancia sin forma”. En el hebreo bíblico, la traducción era “ser en formación”. De acuerdo con el Talmud, Adán (el primer hombre) fue un golem durante las primeras horas de su existencia, sugiriendo que antes de recibir el aliento de vida soplado por Yahaveh carecía de alma.

En otra leyenda, se dice que el profeta Jeremías llegó a construir un golem. Mientras que en un pasaje talmúdico, en Sanhedrin 65b, se cuenta la historia de un sabio de Babilonia llamado Rava que llegó a construir un hombre de barro y lo envió al rabino Zera, quien intentó entablar una conversación. Al darse cuenta que este ser era incapaz de expresarse o hablar, Zera lo corrió diciendo: “no eres más que polvo, vuelve a él”, momento en que el golem se desintegró.

La mayoría de los estudiosos serios de escrituras sagradas creen que estas leyendas sobre la creación de vida son elementos simbólicos, y en realidad pueden ser una referencia a un despertar espiritual, no a la creación de un ser animado. Sin embargo, no faltan las personas que interpretan estas leyendas de forma literal, y viven auténticamente convencidos de que es posible crear estos seres a partir de la nada.

La religión judía y su receta para crear golems.

En el Séfer Ietzirá (Libro de la creación), un antiguo documento judío, destacan algunas instrucciones para construir, crear y animar golems. En los volúmenes más antiguos de este mismo tratado figuran algunos comentarios de rabinos que aseguraban haber llevado a cabo este ritual para proporcionar vida a objetos inanimados.

Casi siempre, el golem es construido a partir de rocas, arcilla, barro o cuerdas que le permiten sustentarse. A continuación, con las manos se construye una figura que asemeja vagamente a la del ser humano. No es necesario que el resultado sea perfecto, pues el objetivo no es hacer pasar al golem por una persona, de forma que sus facciones terminan siendo bastante torpes e imperfectas.

Existen muchas técnicas para traer a un golem a la vida. Por ejemplo, hay una versión donde se afirma que cualquier estatua puede ser animada si su creador camina o danza en círculos alrededor mientras recita una combinación de palabras en hebreo. La danza culmina cuando el creador se acerca al oído derecho de la estatua y susurra el nombre secreto de Dios.

Otra forma de dotar de vida a estos seres es escribiendo una combinación de letras que contengan los símbolos aleph, mem y tav (la combinación de estas palabras forman el término emet, que significa verdad) en la frente del golem. Después, un profundo soplo en la boca de la estatua hace que respire profundamente y empiece a vivir. El tercer método, tal vez el más conocido, es hacer una oquedad en el lugar donde estaría la boca de este ser y depositar un pergamino con el nombre secreto de Dios.

La naturaleza de un golem.

Independientemente del método socorrido para animar a un golem, los relatos son muy claros: una vez creados por un rabino, se convierten en seres vivos, aunque construidos con materia bruta. Obedecen las órdenes de su creador y son inmunes a cualquier herida, únicamente se desvanecen ante la voluntad expresa de la persona que los construyó.

De acuerdo con las leyendas, la fuerza vital que sustenta al golem y la resistencia de su cuerpo lo vuelven una máquina indestructible. Su fuerza es equivalente a la de decenas de hombres y sus puños son capaces de pulverizar una pared o echar abajo una casa entera. El golem anda con lentitud, toda vez que su cuerpo es pesado y carece de articulaciones, pero mientras se desplaza no emite sonido alguno.

Sus pasos son enteramente furtivos e incluso en el silencio de la noche logra desplazarse por las calles sin ser percibido. Son famosos por su capacidad para entrar y salir de cualquier lugar, incluso aquellos que están vigilados. Posiblemente el golem esté provisto de alguna capacidad sobrenatural que le permite desplazarse por cualquier lugar cuando realiza una misión.

¿Pero, cuál era el propósito de crear un golem o, mejor aún, porqué los rabinos simplemente no crearon múltiples de estos para defender a su pueblo? Estas preguntas pueden responderse si regresamos a la historia del rabino Loew.

La leyenda del Golem de Praga y el rabino Judah Loew.

Para empezar, es necesario comprender que para cualquier hombre, incluso aquellos con incontables virtudes y capacidad mística notable, está prohibido crear vida. Dios es el único que puede generar vida a partir del barro. Una acción tan grave sólo puede verse justificada cuando muchas vidas corren peligro y la creación de un golem resulta su única salvación.

De acuerdo con la leyenda, el rabino Loew recibió permiso divino para construir su golem utilizando fórmulas cabalísticas que le fueron transmitidas en los sueños. Estos sueños fueron una especie de premonición para que Loew protegiera a los judíos de Praga contra los progromos que tendrían lugar.

En aquella época, el Sacro Imperio Romano Germánico estaba a cargo de Rodolfo II un monarca que, aunque ilustrado, permitía los ataques y persecución a los judíos de Praga. El rabino soñó con una invasión que culminó en la destrucción de la sinagoga de Praga durante la Pascua de 1580. Ese fatídico día, un sacerdote llamado Taddeush incitó a la población del lugar y dirigió una multitud enardecida a incendiar el templo.

Para evitar esta tragedia, Loew empezó a construir el golem con varios meses de antelación. Pero incluso con la aprobación de Dios y su vasto conocimiento, las cosas no le resultaron fáciles. Aunque había recibido las fórmulas cabalísticas, el rabino habría de descifrar cada pasaje. Además, tendría que pronunciar una serie de poderosas palabras (Zirufim) que únicamente podían emplearse en rituales cada ciertas generaciones y podrían llevarlo a la perdición.

El poder que desencadenaría podría volverse contra el propio rabino y cobrarle no sólo con su vida, sino con la de todos aquellos a los que amaba.
El ritual.

Para fabricar al golem, Loew solicitó la colaboración de un par de asistentes: su cuñado Kohen (un judío descendiente de una antigua orden sacerdotal) y uno de sus pupilos, un levita (judío descendiente de los ciervos que laboraban en el templo). Explicó a los colaboradores que necesitaría cuatro elementos – tierra, agua, aire y fuego -, así como rituales específicos dedicados a cada uno de estos.

Sus ayudantes serían la representación del agua y el fuego, el rabino sería el aire mientras el golem la tierra. Cada uno de estos elementos fue debidamente purificado, pues cualquier error podía llevar a su destrucción. Iniciaron el ritual dando lectura a varios capítulos del libro sagrado (La Torá) y del Séfer Ietzirá que el rabino había transcrito de sus sueños. A continuación, el grupo se encaminó a las aguas del río Moldava, en las inmediaciones de Praga.

Allí, bajo la luz de las antorchas empezaron a dar forma al cuerpo del gigante con el barro extraído de los márgenes. Al terminar, el imponente golem se alzaba frente a ellos, con el rostro observando el firmamento. Los hombres se pusieron en sus pies, observando aquel rostro sin expresión.

Kohen dio siete vueltas alrededor de la escultura en sentido antihorario mientras recitaba el Zirufim de fuego. Entonces el barro empezó a calentarse hasta que se volvió incandescente. El levita ejecutó otras siete vueltas en torno al golem en sentido horario, y recitó el Zirufim del agua. El calor disminuyó a medida que un rocío se adhería al cuerpo enfriándolo con un silbido.

Después, el rabino Loew caminó alrededor de aquella escultura siete veces en una dirección y siete veces a la inversa, posteriormente depositó en la boca del golem un pergamino con la inscripción Shem Hameforash, el nombre de Dios. Se inclinó hacia el este, oeste, norte y sur y entonces sopló el Zirufim del aire.

A continuación, los tres hombres no dejaban de repetir: “y él respiró en su boca, el soplo de la vida; el ser ganó el ánimo para vivir”.
El defensor de los judíos en Praga.

Según la leyenda, el golem abrió los ojos y volteó para contemplar su creador. Lo vistieron con un manto de lana de oveja y lo llevaron a la sinagoga antes de que saliera el sol. En las semanas posteriores, el golem llevó a cabo su misión de erradicar a los enemigos de los judíos en Praga.

Loew envió a su creación en la oscuridad de la noche para que asesinara a un sacerdote rencoroso. Un grupo de personas, profundamente molestas por lo sucedido, se dio cita en la sinagoga para exigir justicia. Varios inocentes fueron heridos en el proceso y habrían terminado incendiando el templo de no ser porque el rabino dirigió al golem para que hiciera frente a los invasores. El golem no tuvo piedad y todos los agresores quedaron muertos.

La leyenda empezó a diseminarse por Praga junto con el rumor de que un ser sobrenatural protegía a los judíos del lugar. A pesar del odio, aquellos que habían perseguido a los judíos no tenían el valor de atacar la sinagoga.

El triste final del Golem de Praga.

Y así pasaron muchos años pero, aunque el golem haya tenido éxito protegiendo a los judíos, la historia no tendría un final feliz. A medida que pasaba el tiempo, el golem se hacía cada vez más fuerte y destructivo. Cuando murió el rabino Loew, este ser adquirió voluntad propia y se fue haciendo rebelde. Cierta noche, salió de la sinagoga que protegía a las calles donde mató a varios inocentes.

Algunos dicen que el golem fue escondido en el sótano del templo y la entrada sellada con tabiques y concreto. La entrada a este lugar quedó prohibida durante varios siglos y nadie tenía permiso de ingresar. Otra versión dice que el golem fue liberado y una vez que probó la libertad, vagó por Europa Occidental hasta que decidió hundirse en el Danubio cuando descubrió que nunca encontraría paz y que sólo representaba un peligro para los demás.

Esta historia se volvió sumamente Popular en la ciudad de Praga. Frankenstein o el moderno Prometeo, la famosa novela de Mary Shelley, se habría inspirado en la historia del golem de Praga. Entre el siglo XVIII y XIX se popularizaron varias historias y cuentos sobre este ser. En 1915, el cine mudo adaptó la historia en una producción alemana titulada Der Golem.

La Leyenda de Long Dog


El estado de Tennessee, en los Estados Unidos, figura entre el resto del país en cuanto a temas sobrenaturales. En sus rincones nunca faltan historias sobre lugares macabros, influencia de apariciones, criaturas extrañas vagando por los bosques y pantanos, fantasmas vengativos en busca de sangre y espíritus de asesinos en serie que aun buscan víctimas. Un lugar sin duda muy “pintoresco”.

Sin embargo, la historia que más destaca en su folclore es una que hace referencia a un ente paranormal diferente, algo que los habitantes locales han apodado “Long Dog” (Perro grande, en traducción libre).

Parece un nombre bastante lindo pero…

En medio de las carreteras que cortan a Tennessee, flanqueando los bosques tupidos y las regiones pantanosas, tan estériles y densas que todavía hay algunas sin explorar, se guardan historias muy antiguas. El Long Dog es una de estas.

El primer registro moderno de este ser se hizo en un periódico de la ciudad de Knoxville hace más de 160 años, concretamente en el año de 1847. El escrito daba fe de un cuerpo horriblemente mutilado que había sido encontrado en las inmediaciones de un pantano. El cadáver, encontrado en un camino por unos viajeros, había sido cortado y mordido hasta el punto de quedar casi irreconocible. Si bien las autoridades responsabilizaron a los bandidos por el horrible crimen, los testigos se empezaron a preguntar si aquello no había sido obra de Long Dog.

Para el año 1888, en la región de Piney Flats, en el condado de Sullivan, sucedió algo con las mismas características que lo de Knoxville. Dos cuerpos, pertenecientes a un hombre y una mujer, fueron localizados en las proximidades de un camino que rodeaba un pantano. Los dos parecían haber sido atacados por perros salvajes (apodados mongrels) dada la cantidad de heridas hechas con mordidas y garras que habían quedado impresas sobre los cadáveres. Nuevamente, la sospecha fue que habían sido asesinados por ladrones y que posteriormente una jauría de perros había encontrado los restos. Pero no fue eso lo que indicó el examen de los restos. Las evidencias forenses apuntaron a que ambos habían sido asesinados por perros, o por sólo un perro, ambos con feroces mordidas en el cuello.

La prensa exigió que se tomaran acciones urgentes. Un ataque de perros salvajes no podía tener lugar en una región que se hacía llamar civilizada, mucho menos ataques con víctimas fatales. Las autoridades convocaron a cualquier interesado como delegados temporales, a cada uno de los cuales se les pagarían 15 centavos por cada perro salvaje abatido. Básicamente todo aquel que tenía entre manos un fusil respondió al “llamado cívico” y una gran cantidad de animales fueron muertos. Pese a la campaña, se extendió el rumor de que el responsable por las muertes no era un mongrel, mucho menos una jauría, sino un único animal, el Long Dong.

Hay otros relatos parecidos que suceden hasta nuestros días, muertes inexplicables que acaban siendo atribuidas a esta entidad sobrenatural.

La leyenda sobre esta creatura se encuentra profundamente arraigada en el folclore de sur de los Estados Unidos y se extiende por varios estados, siendo más ampliamente divulgada en Tennessee. La leyenda tuvo su origen entre los nativos americanos que habitaban la región, mucho antes de la llegada de los primeros colonos.

Los indios Cherokee llamaron a este monstruo “Oolonga-daglalla“, que puede ser traducido como “espíritu con dientes afilados”. Se le consideraba una especie de monstruo que vagaba por las praderas siguiendo el curso de los ríos o descansando temporalmente en los pantanos. El sonido de su rugido podía ser escuchado durante la noche, un largo lamento que helaba la sangre en las venas de quien lo escuchaba. Este espíritu, según la leyenda, odiaba a muerte a los humanos, siendo una fuerza primal de venganza y salvajismo, un depredador feroz que cazaba y mataba a quien se cruzaba en su camino. Para algunos chamanes este ser simbolizaba la venganza de la naturaleza y de los animales cazados por el hombre.

Al paso del tiempo, el nombre fue corrompido por los blancos dejando de ser “Oolonga-daglalla” y pasando a ser llamado “Long Dog”. El nombre se incrustó perfectamente en el inconsciente colectivo de los colonos, y parecía adecuado a los ojos de aquellos que alegaban haber visto a la creatura y sobrevivido a la experiencia.

Long Dog es descrito como un animal extremadamente rápido que saltaba a grandes distancias mientras corría sobre cuatro patas. Siempre que saltaba lograba caer de pie o alcanzar una presa tan velozmente que resultaba inútil intentar escapar. Cuando el monstruo elegía un objetivo nunca lo perdía de vista, incluso si este intentaba escapar corriendo entre otras personas, la creatura jamás cambiaba de elección. Las leyendas cuentan que el animal capturaba a sus presas y las torturaba con sus afiladísimas garras, causando dolorosas heridas, pero lo suficientemente leves como para mantenerlas con vida. Luego de rasgar la carne de la víctima, el monstruo se deleitaba lamiendo la sangre que escurría de las heridas. A veces, el ser llegaba al punto de dejar que la presa escapara fingiendo desinterés, solamente para emprender una nueva persecución, capturarla y atormentarla una vez más. Cuando finalmente se cansaba de juguetear, Long Dog simplemente mataba, generalmente con una mordida lacerante en el cuello.

A diferencia de otros animales salvajes, el Long Dog no mataba para alimentarse o defender su territorio. Todo lo contrario, el ser sentía un placer casi humano en la caza y con la masacre de sus víctimas. Los Cherokee le temían de tal manera que evitaban ciertas partes del bosque y colocaban símbolos de protección en la corteza de los árboles a fin de mantenerlo alejado. Aquel que sufría heridas, pero lograba escapar del monstruo, era expulsado de la tribu, pues era cuestión de tiempo hasta que el Oolonga-Daglalla regresara a terminar el trabajo. Los cazadores marcados por el monstruo recibían un cuchillo o una lanza y eran obligados a adentrarse en el bosque donde debían permanecer por 7 días. Si en ese periodo el monstruo no los atacaba, entonces podían regresar, sabiendo que estaban relativamente seguros.

Según la descripción tradicional, el Long Dog sería un animal de grandes dimensiones, con entre 1.50 y 1.80 m de largo, las mismas dimensiones que una pantera o puma. Su cuerpo sería musculoso y ágil, las patas traseras muy largas y la cabeza relativamente pequeña, con hocico plano y orejas levantadas. En comparación, la boca sería extremadamente grande, repleta de dientes afilados. Long Dog era una mezcla de Wolverine, pantera y lobo, con las peores características de cada uno de estos. Peor aún, según la tradición, los ojos de la bestia, de un color rojo amarillento, brillaban en la oscuridad como dos brasas incandescentes. El aliento del monstruo tendría un característico olor a azufre que podía cegar. Su pelaje era muy ralo, bastante pegado al cuerpo, con una característica brillante y aceitosa, casi fluida. Los rastros que dejaban cuando eran encontrados, evidenciaban una pata colosal dotada de enormes garras.

Pero las historias sobre Long Dog no están limitadas a sus habilidades como depredador y asesino. Las leyendas cuentan que la creatura también tenía capacidades sobrenaturales. Esta sería capaz de asumir una forma incorpórea (Los Cherokee decían que se transformaba en humo) y de esa manera podía atravesar los árboles, la vegetación y hasta surgir directamente del suelo o en el propio aire. Para otros tenía la capacidad de hacerse invisible o al menos mimetizarse en la naturaleza de tal forma que no podía ser visto, hasta que ya era demasiado tarde.

Otra horrible capacidad de Long Dog implicaba poder esclavizar a aquellos a quienes mató o de quien probó su carne y sangre.

Algunas veces, la victima de Long Dog simplemente desaparecía y nada era encontrado en el lugar del ataque más que un hedor a azufre, tierra removida y rastros de sangre. Según la leyenda, Long Dog era capaz de devorar el espíritu de su presa y después de masticarlo, devolver su cuerpo hecho de pedazos. Como resultado, la víctima se levantaba y era capaz de andar nuevamente, aunque queda claro que no se trataba ya de una persona, sino de una abominación ni viva ni muerta. En esta condición, la víctima se volvía incontrolable y peligrosa. Como impulsada por una furia ciega, arremetía contra cualquiera que se cruzara en su camino, intentando morder y rasguñar. En las descripciones del pueblo Cherokee, la víctima ya no era una persona, sino un “esclavo de la rabia”, que gradualmente se iba haciendo menos humano hasta convertirse en una cosa perversa con ojos sangrientos, boca babeante y que andaba sobre las cuatro extremidades.

Existe una relación entre la leyenda de Long Dog y las historias macabras relatadas sobre el Túnel Sensabaugn.

La leyenda de Long Dog

El estado de Tennessee, en los Estados Unidos, figura entre el resto del país en cuanto a temas sobrenaturales. En sus rincones nunca faltan historias sobre lugares macabros, influencia de apariciones, criaturas extrañas vagando por los bosques y pantanos, fantasmas vengativos en busca de sangre y espíritus de asesinos en serie que aun buscan víctimas. Un lugar sin duda muy “pintoresco”.

Long Dog

Sin embargo, la historia que más destaca en su folclore es una que hace referencia a un ente paranormal diferente, algo que los habitantes locales han apodado “Long Dog” (Perro grande, en traducción libre).

Parece un nombre bastante lindo pero…

En medio de las carreteras que cortan a Tennessee, flanqueando los bosques tupidos y las regiones pantanosas, tan estériles y densas que todavía hay algunas sin explorar, se guardan historias muy antiguas. El Long Dog es una de estas.

El primer registro moderno de este ser se hizo en un periódico de la ciudad de Knoxville hace más de 160 años, concretamente en el año de 1847. El escrito daba fe de un cuerpo horriblemente mutilado que había sido encontrado en las inmediaciones de un pantano. El cadáver, encontrado en un camino por unos viajeros, había sido cortado y mordido hasta el punto de quedar casi irreconocible. Si bien las autoridades responsabilizaron a los bandidos por el horrible crimen, los testigos se empezaron a preguntar si aquello no había sido obra de Long Dog.

Para el año 1888, en la región de Piney Flats, en el condado de Sullivan, sucedió algo con las mismas características que lo de Knoxville. Dos cuerpos, pertenecientes a un hombre y una mujer, fueron localizados en las proximidades de un camino que rodeaba un pantano. Los dos parecían haber sido atacados por perros salvajes (apodados mongrels) dada la cantidad de heridas hechas con mordidas y garras que habían quedado impresas sobre los cadáveres. Nuevamente, la sospecha fue que habían sido asesinados por ladrones y que posteriormente una jauría de perros había encontrado los restos. Pero no fue eso lo que indicó el examen de los restos. Las evidencias forenses apuntaron a que ambos habían sido asesinados por perros, o por sólo un perro, ambos con feroces mordidas en el cuello.

La prensa exigió que se tomaran acciones urgentes. Un ataque de perros salvajes no podía tener lugar en una región que se hacía llamar civilizada, mucho menos ataques con víctimas fatales. Las autoridades convocaron a cualquier interesado como delegados temporales, a cada uno de los cuales se les pagarían 15 centavos por cada perro salvaje abatido. Básicamente todo aquel que tenía entre manos un fusil respondió al “llamado cívico” y una gran cantidad de animales fueron muertos. Pese a la campaña, se extendió el rumor de que el responsable por las muertes no era un mongrel, mucho menos una jauría, sino un único animal, el Long Dong.

Hay otros relatos parecidos que suceden hasta nuestros días, muertes inexplicables que acaban siendo atribuidas a esta entidad sobrenatural.

La leyenda sobre esta creatura se encuentra profundamente arraigada en el folclore de sur de los Estados Unidos y se extiende por varios estados, siendo más ampliamente divulgada en Tennessee. La leyenda tuvo su origen entre los nativos americanos que habitaban la región, mucho antes de la llegada de los primeros colonos.

perro del infierno

Los indios Cherokee llamaron a este monstruo “Oolonga-daglalla“, que puede ser traducido como “espíritu con dientes afilados”. Se le consideraba una especie de monstruo que vagaba por las praderas siguiendo el curso de los ríos o descansando temporalmente en los pantanos. El sonido de su rugido podía ser escuchado durante la noche, un largo lamento que helaba la sangre en las venas de quien lo escuchaba. Este espíritu, según la leyenda, odiaba a muerte a los humanos, siendo una fuerza primal de venganza y salvajismo, un depredador feroz que cazaba y mataba a quien se cruzaba en su camino. Para algunos chamanes este ser simbolizaba la venganza de la naturaleza y de los animales cazados por el hombre.

Al paso del tiempo, el nombre fue corrompido por los blancos dejando de ser “Oolonga-daglalla” y pasando a ser llamado “Long Dog”. El nombre se incrustó perfectamente en el inconsciente colectivo de los colonos, y parecía adecuado a los ojos de aquellos que alegaban haber visto a la creatura y sobrevivido a la experiencia.

Long Dog es descrito como un animal extremadamente rápido que saltaba a grandes distancias mientras corría sobre cuatro patas. Siempre que saltaba lograba caer de pie o alcanzar una presa tan velozmente que resultaba inútil intentar escapar. Cuando el monstruo elegía un objetivo nunca lo perdía de vista, incluso si este intentaba escapar corriendo entre otras personas, la creatura jamás cambiaba de elección. Las leyendas cuentan que el animal capturaba a sus presas y las torturaba con sus afiladísimas garras, causando dolorosas heridas, pero lo suficientemente leves como para mantenerlas con vida. Luego de rasgar la carne de la víctima, el monstruo se deleitaba lamiendo la sangre que escurría de las heridas. A veces, el ser llegaba al punto de dejar que la presa escapara fingiendo desinterés, solamente para emprender una nueva persecución, capturarla y atormentarla una vez más. Cuando finalmente se cansaba de juguetear, Long Dog simplemente mataba, generalmente con una mordida lacerante en el cuello.

A diferencia de otros animales salvajes, el Long Dog no mataba para alimentarse o defender su territorio. Todo lo contrario, el ser sentía un placer casi humano en la caza y con la masacre de sus víctimas. Los Cherokee le temían de tal manera que evitaban ciertas partes del bosque y colocaban símbolos de protección en la corteza de los árboles a fin de mantenerlo alejado. Aquel que sufría heridas, pero lograba escapar del monstruo, era expulsado de la tribu, pues era cuestión de tiempo hasta que el Oolonga-Daglalla regresara a terminar el trabajo. Los cazadores marcados por el monstruo recibían un cuchillo o una lanza y eran obligados a adentrarse en el bosque donde debían permanecer por 7 días. Si en ese periodo el monstruo no los atacaba, entonces podían regresar, sabiendo que estaban relativamente seguros.

long dog ilustración

Según la descripción tradicional, el Long Dog sería un animal de grandes dimensiones, con entre 1.50 y 1.80 m de largo, las mismas dimensiones que una pantera o puma. Su cuerpo sería musculoso y ágil, las patas traseras muy largas y la cabeza relativamente pequeña, con hocico plano y orejas levantadas. En comparación, la boca sería extremadamente grande, repleta de dientes afilados. Long Dog era una mezcla de Wolverine, pantera y lobo, con las peores características de cada uno de estos. Peor aún, según la tradición, los ojos de la bestia, de un color rojo amarillento, brillaban en la oscuridad como dos brasas incandescentes. El aliento del monstruo tendría un característico olor a azufre que podía cegar. Su pelaje era muy ralo, bastante pegado al cuerpo, con una característica brillante y aceitosa, casi fluida. Los rastros que dejaban cuando eran encontrados, evidenciaban una pata colosal dotada de enormes garras.

Pero las historias sobre Long Dog no están limitadas a sus habilidades como depredador y asesino. Las leyendas cuentan que la creatura también tenía capacidades sobrenaturales. Esta sería capaz de asumir una forma incorpórea (Los Cherokee decían que se transformaba en humo) y de esa manera podía atravesar los árboles, la vegetación y hasta surgir directamente del suelo o en el propio aire. Para otros tenía la capacidad de hacerse invisible o al menos mimetizarse en la naturaleza de tal forma que no podía ser visto, hasta que ya era demasiado tarde.

Otra horrible capacidad de Long Dog implicaba poder esclavizar a aquellos a quienes mató o de quien probó su carne y sangre.

Algunas veces, la victima de Long Dog simplemente desaparecía y nada era encontrado en el lugar del ataque más que un hedor a azufre, tierra removida y rastros de sangre. Según la leyenda, Long Dog era capaz de devorar el espíritu de su presa y después de masticarlo, devolver su cuerpo hecho de pedazos. Como resultado, la víctima se levantaba y era capaz de andar nuevamente, aunque queda claro que no se trataba ya de una persona, sino de una abominación ni viva ni muerta. En esta condición, la víctima se volvía incontrolable y peligrosa. Como impulsada por una furia ciega, arremetía contra cualquiera que se cruzara en su camino, intentando morder y rasguñar. En las descripciones del pueblo Cherokee, la víctima ya no era una persona, sino un “esclavo de la rabia”, que gradualmente se iba haciendo menos humano hasta convertirse en una cosa perversa con ojos sangrientos, boca babeante y que andaba sobre las cuatro extremidades.

Existe una relación entre la leyenda de Long Dog y las historias macabras relatadas sobre el Túnel Sensabaugn.

perro del demonio

Una de estas historias hace mención de que durante la construcción del túnel fueron contratados muchos obreros inmigrantes, chinos e italianos, principalmente. Como sucedía casi siempre en esa época, las condiciones del trabajo eran inhumanas y los accidentes eran bastante frecuentes en el lugar de la construcción.

Según la leyenda urbana, uno de estos “accidentes”, en el cual varios obreros fueron victimados (tres según algunas versiones) estaría relacionado a “Long Dog”. Cuando el túnel estaba siendo construido en el año 1920, la región estaba bastante aislada y para facilitar el progreso, los empleados montaron un campamento y dormían en el lugar en tiendas de campaña improvisadas. Hay rumores de que los obreros escucharon en repetidas ocasiones ruidos extraños en las inmediaciones, aullidos y rasguños, además percibían un olor a azufre que dejó a los hombres con los nervios de punta.

No tardó mucho tiempo para que los trabajadores supieran de la leyenda de Long Dog y empezaran a tener miedo de salir del campamento. Algunos renunciaron al trabajo, pero otros persistieron creyendo que aquello no pasaba de una simple superstición y locura de los nativos que hacía mucho tiempo habían partido. Pese a esto, cada noche encendían una fogata que se quemaba hasta el amanecer.

A pesar de las historias, el trabajo continuó hasta meses después, el túnel quedó listo y sólo faltaban algunos detalles para que fuera inaugurado. La mayoría de los obreros fueron liquidados, y aliviados se llevaron su dinero y abandonaron el lugar. Algunos pocos hombres se quedaron para concluir los detalles que faltaban. La tragedia sucedió una noche, cuando los hombres que permanecieron en el campamento estaban distraídos y con la guardia baja. Dicen que el capataz de la construcción los había consentido con una caja de cerveza que bebieron sin medida olvidándose de encender el fuego. La verdad es que nadie sabe a ciencia cierta…

A la mañana siguiente, el capataz se dirigió al campamento y se encontró con algo espeluznante, una verdadera masacre que evocaba a los sangrientos ataques que los colonos sufrían a manos de los nativos. Los hombres no sólo habían sido asesinados, sus cuerpos fueron salvajemente desmembrados.

El capataz regresó a la ciudad y buscó a los responsables de la obra, entre los cuales se encontraba el Sr. Sensabaugn, quien lo acompañó hasta el lugar, junto con algunos hombres de su entera confianza. Constataron la tragedia y quedaron pasmados por la barbarie del ataque y por el hedor residual de azufre que permeaba todo el sitio. Sensabaugn, sin embargo, era un hombre demasiado práctico: sabía que la construcción no podía permitirse un retraso, y un escándalo de aquella magnitud sería un verdadero problema. También sabía que los muertos eran inmigrantes, hombres sin familia cuya falta no sería sentida por nadie. Argumentando que los perros salvajes eran los responsables, el ingeniero ordenó que los hombres levantaran los restos y los cargaran hasta el túnel. En el interior había una parte profunda que debía ser sellada con concreto. Fui allí donde Sensabaugn habría ordenado en secreto a los hombres que sepultaran a los muertos.

Dice la leyenda que aquellas victimas de Long Dog no se quedaron confinadas a aquel sitio. Los cuerpos fueron obligados a levantarse como “esclavos de la rabia” y encontraron una manera de escapar de su confinamiento para causar más tristeza. Y de alguna manera esto se cumplió…

¿Habría el Oolonga-daglalla liberado a los “esclavos de la rabia” para que fueran en busca de venganza? ¿Serian estos muertos-vivientes los responsables por las tragedias que transformaron en leyenda urbana el área, contribuyendo a la fama del Túnel Sensabaugn? ¿El vagabundo que robó el bebé del Sr. Sensabaugn y lo arrojó a un hoyo del túnel podría ser algo más que sólo un vagabundo? O quien sabe, quizá la masacre sucedida en la casa de los Sensabaugn podría haber sido causada por otra persona.

domingo, 1 de septiembre de 2019

La Leyenda de los Hombres-Serpiente


Cuenta la leyenda que muy atrás en el tiempo, eras antes de la aparición de los elfos o los cambiantes, una raza de lagartos inteligentes habitó Tir n'ail junto con las primeras creaciones de los dioses. Fueron fieles sirvientes de estas deidades a las cuales temían y adoraban, hasta el día en que descubrieron que podían controlar las fuerzas mágicas y tal poder los corrompió. El blasfemo comportamiento de estas criaturas primigénias provocó que los entes elementales los castigaran relegándolos al olvido. Sin embargo, durante siglos se ha rumoreado con la presencia de los hombres serpiente en nuestros tiempos. Nunca nadie logró probar su existencia pero no es extraño oír historias sobre ellos en tabernas y también en boca de padres con niños traviesos a los que atemorizar para que se porten bien.


Imoriel Y Los Hijos Del Dragón

Hace mucho tiempo, Imoriel vivía junto con su clan en el corazón del bosque, aislados de otros elfos y de las principales vías que llevaban a la civilización. Eran libres y tomaban de la naturaleza solo lo necesario para vivir. De entre los elfos de su clan Imoriel era el mejor cazador, capaz de moverse por el bosque tan rápido como la brisa, su pisada no hacía ruido alguno y su puntería era certera. Sus vidas eran relativamente apacibles hasta que un día, mientras cazaban, el grupo se percató de algo inaudito, no se oía nada alrededor, ni el canto de las aves, ni los chillidos de las alimañas o el rugir de los depredadores, absolutamente nada. La quietud y falta de presencia animal pronto fue interpretada como un mal presagio. La situación se prolongó un día, y el siguiente, y otro, así durante cinco días hasta que la tragedia se cernió sobre el pueblo.

En los días siguientes a la desaparición de la caza, las partidas cada vez tenían que alejarse más y más de la aldea para lograr el sustento con el que mantenerlos a todos. Las bayas y el resto de frutos que podían recolectar no eran suficientes. Tanto se adentraban en la selva, que acampaban allí para volver al día siguiente con las capturas. En la oscuridad de la noche un fulgor lejano, en dirección hacia su hogar, iluminó el cielo tiñiéndolo de tonalidades naranjas. Alarmados retornaron a toda prisa pero no fue hasta la mañana del día siguiente que llegaron a la aldea encontrándola completamente arrasada. Los supervivientes lloraban la muerte de sus seres queridos y gritaban: "¡Dragones! ¡Los dragones han despertado!". Imoriel sintió como se resquebrajaba su corazón incapaz de asimilar tanto dolor, no pudo derramar ni una sola lágrima pues la ira y la sed de venganza llenaron el vacío de su pecho. Enloquecido corrió hacia el interior del bosque persiguiendo a los culpables de tanta destrucción.

Las gigantescas pisadas que se hundían profundamente en el suelo húmedo del bosque y las ramas de los árboles quebradas a su paso, eran un rasto tan claro como una límpida mañana de verano. Los pies de Imoriel corrían tan aprisa que casi no tocaban el lecho de hojarasca, sus ojos no parpadeaban y su mente era un torbellino caótico e inconexo que lo absorbía hacia un oscuro vacío de razón. La carrera del elfo fue abruptamente interrumpida al tropezar con la raíz de un árbol que sobresalía de la tierra. Era la primera vez que ocurría tal cosa, ni siquiera en su niñez había caído accidentalmente, juraría incluso que la raiz nudosa había surgido a su paso. Pero no se detuvo por tal nimiedad, no sintió dolor, la piel de su cara estaba encendida y gotas de sudor perlaban su rostro, Se puso en pie pero no había dado un paso cuando alguien reclamó su atención llamándolo por su nombre.

-¡Espera Imoriel!

El elfo, confundido, miró en derredor intentando localizar la fuente de aquella voz que provenía de todas direcciones, era como si el bosque mismo le hablase.

-No intentes detenerme, seas quien seas. Me he prometido reparar el crimen cometido contra mi pueblo y por mi vida que así lo haré.

-Morirás.

-Así sea. Y si te interpones en mi camino, tú me seguirás hasta el lugar del que nadie jamás regresa.

-Palabras de muerte es todo lo que sale de tu boca. Yo te ofrezco palabras de vida.

-¡Muéstrate! O deja que alcance mi destino.

La raíz en la que hubo trastabillado desapareció bajo tierra y asombrosamente el árbol al que pertenecía fue girándose lentamente entre el crujir de su vieja y ajada corteza. Era un castaño muy frondoso y su tronco era el más ancho de los árboles de alrededor, harían falta cinco o seis personas agarradas de la mano para rodearlo, lo que significaba que era el árbol más anciano del bosque. Mostró la parte posterior del árbol y una abertura en su tronco en cuyo interior estaba recostada la figura desnuda de una joven de belleza sobrenatural.



-No sabes qué te depara el destino Imoriel. Yo sí, solo lograrás que tu pueblo derrame más lágrimas y esta vez serán por tu culpa.

El joven cazador quedó impresionado unos segundos ante aquella aparición. Cuando recuperó el habla preguntó.

-¿Quién eres? ¿Cómo es que conoces mi nombre?

-Te conozco a ti y también al resto de tu pueblo. También conocí a tus ancestros y a los que hubieron antes que ellos. Conozco al zorro, a la lechuza y a la hormiga. Al sauce, al tejo y a la madreselva pues todos sois parte del bosque, como yo.

-Un espíritu del bosque. - Susurró para sus adentros Imoriel.

-Sería lo más cercano a lo que es un nombre para vosotros, sí. No soy un individuo así que nunca necesité algo así, un nombre, una palabra que me defina como un slolo ser. Mi existencia está ligada a cada criatura salvaje que aquí habita. Vosotros, los elfos, siempre habéis respetado el orden natural que rige el bosque y por eso me entristece lo que os ha pasado.

-Entonces sabes qué o quién es el responsable de nuestra tragedia. ¿En verdad fueron dragones? ¡Respóndeme por favor!

-Me pides una respuesta que no tengo. Soy tan antigua como éste bosque pues "nací" con él y nunca había visto criaturas semejantes. Parecen lagartos pero caminan sobre dos patas como haces tú y se comunican entre ellas en una lengua desconocida para mí. Ni la serpiente, ni la salamanquesa la entienden. Los animales sintieron el peligro de su presencia y huyeron al otro lado del bosque. Yo... Reaccioné demasiado tarde, mi noción del tiempo es distinta a la de las criaturas mortales, así que en parte soy responsable de lo ocurrido y por ello quiero compensaros de alguna forma.

La dríada saca un brazo del interior del tronco del castaño milenario y una de las ramas del árbol baja hasta su alcance. El espíritu agarra una pequeña rama recta como una vara y ésta se parte con un chasquido. Una mueca de dolor se refleja en el rostro de la ninfa como si la hubiera arrancado de su propia carne.

-Acércate. Toma esta vara de castaño, no es una madera común pues su savia es mi sangre y contiene la magia que te permitirá decidir tu destino. Llegará el momento en el que tendrás que decidir entre cumplir tu palabra de vida o tu palabra de muerte pero elijas una u otra, ambas exigirán un sacrificio. ¿Aceptas lo que te ofrezco?

-Acepto.- Respondió sin dudar si con aquello conseguía acabar con la amenaza de un enemigo desconocido.

-Vuelve entonces con los tuyos y piensa que decisión tomarás. Sea la que sea, al final, yo estaré a tu lado.


Los elfos supervivientes huyeron alejándose del interior del bosque y el peligro que acechaba, como hicieron los animales días atrás. Esa noche Imoriel la pasó en vela rememorando las palabras dichas por la dríada, meditando sobre lo que debía hacer. Sostenía la vara entre sus manos apretándola tan fuerte que sus nudillos se tornaron blancos. La cabeza le pedía calma y preocuparse por la seguridad de los que se salvaron, la sangre le hervía pidiendo venganza. Como él, varios camaradas ya habían decidido cazar a los dragones por imposible que pareciese tal idea. Imoriel aceptó seguirlos y de la vara talló una flecha con cabeza de dragón que al endurecerla al fuego se volvió más resistente que el acero.

Siguiendo el rastro llegaron a un valle en el que vieron que una parte de la ladera se había derrumbado por un deslizamiento de tierra. Viéndolo más de cerca, descubrieron un gran agujero que era la entrada a una caverna. También observaron que las rocas y la tierra habían sido retiradas. Armándose de valor atravesaron la hoquedad por la que podría pasar un gigante y se adentraron en las tinieblas.

Casi una veintena de elfos armados con arcos, cuchillos de caza y lanzas iban a enfrentarse a dragones mitológicos y a unos seres que ni el tiempo conocía de su existencia. Después de tres horas caminando en la oscuridad tan solo alumbrada por la luz de las antorchas, siempre bajando, hacía las entrañas de la tierra, amiroraron el paso al llegar a una bóveda de roca, tan grande que podía contener varias aldeas como la suya. Asomándose por una amplia cornisa natural, quedaron maravillados ante la visión que aparecía ante ellos. Toda una ciudad, una civilización desconocida se erigía sobre ríos de roca fundida que surgía de la tierra como la sangre de una herida profunda.

Avanzaron en silencio a la manera de los elfos del bosque, sus pasos no emitían sonido y solo podía oirse el roce de la tela de sus vestiduras. Antes de descender por la rampa empinada que bajaba hasta un camino de roca que servía de acceso a la ciudad, habían planeado que un pequeño grupo de ellos se internase en territorio enemigo para estudiarlos, mientras el resto permanecería oculto a la espera de entrar en acción.

Inmoriel tenía en mente devolverles todo el dolor causado, si es que unos seres tan viles eran capaces de sentir algo. El elfo iba acompañado por dos camaradas, moviéndose entre las sombras, las cascadas de lava fundida que caían de las paredes más alejadas así como los riachuelos que se filtraban por el suelo de roca eran la única iluminación natural ya que el sol quedaba a cientos de metros sobre la bóveda de piedra. Sudaban copiosamente y les resultaba difícil respirar, debían parar en ocasiones para evitar el sofoco. Una de esas paradas evitó que fueran dscubiertos cuando de una esquina aparecieron dos de aquellas criaturas. Los ojos de Inmoriel se abrieron como platos y por un momento, el rencor fue sustituido por el asombro. Lo que los supervivientes le contaron sobre esos seres no había sido fruto del pánico, sus cuerpos eran humanóides pero tanto su piel como su cabeza eran repulsivamente reptilianas. Vestían una especie de faldón que cubría sus piernas hasta los tobillos, sus pies descalzos acabados en garras negras como las de los dedos de las manos, la piel era escamosa y de un tono gris lechoso, aunque lo más terrorífico era su rostro cuyo rasgo más llamativo eran una gran boca repleta de afilados colmillos y unos malvados ojos de retícula rasgada. Cuando volvieron en si, los dos hijos de dragón les daban la espalda. Los elfos se miraron y asintieron con la cabeza, sacaron sus puñales y no les dieron oportunidad. La piel escamosa era tan dura que de no haber sido de manufactura élfica, la hoja de los puñales no habrían conseguido dañarles los órganos internos. Antes de desplomarse, sus gargantas gortadas emitieron un bufido siseante. arrastraron sus cuerpos detrás del edificio dejando un corto reguero de sangre, ésta era de un color rojo tan oscuro que parecía negro.

Siguieron adentrándose en territorio enemigo asesinando siempre que tenían oportunidad. Cada vez se alejaban más de su compañeros que los esperaban para comenzar la incursión. Sabían que su misión estaba abocada casi con total seguridad a ser una actuación suicida pero darían gustosos sus vidas si con ello conseguían amedrentar al enemigo lo suficiente para que se pensara dos veces volver a atacar a su pueblo. Si lograban llegar hasta alguna personalidad importante en su sociedad sería un duro golpe a su moral. Por eso el comando de Inmoriel se dirigía hacia el edificio más alto y fastuoso, el cual se elevaba como una torre en el centro de la ciudad. Su entrada estaba guardada por más hombres-serpiente y lograr pasar a la fuerza siendo solo tres sería imposible. Habían trazado una ruta más o menos segura y decidieron volver con el resto.

El camino de vuelta les confirmó que el grupo podría acceder hasta el centro de la ciudad con una menor posibilidad de ser descubiertos. Pero antes de llegar al punto de encuentro ocurrió algo que hizo que el corazón les diera un vuelco. Unas pisadas gigantestas hiceron vibrar el suelo, se escondieron en un lugar que les permitía espiar la calle principal y así fue que vieron un monstruo tan grande como las construcciones más altas de los alrededores. Era un dragón, o eso entendieron ellos, caminaba sobre dos poderosas patas traseras, su horrible cabeza era desporporcionadamente grande con respecto al torso del que surgían unos brazos minúsculos, la gran cola se balanceaba de izquierda a derecha al compás de su caminar. Sobre el cuello del monstruo había instalada una silla en la que un hombre-serpiente guiaba al monstruo con una larga lanza. Al dragón lo seguía una comitiva de más hombres-serpiente armados, parecía una partida que estaba de vuelta y lo que horrorizó a Inmoriel fue que entre ellos estaban sus compañeros los cuales habían sido encadendos los unos a los otros y eran obligados a caminar con bruscos empujones. Pasaron lentamente pero sin detenerse e Inmoriel pudo contar su número confirmando que habían peleado fieramente pues faltaban caras conocidas. A pesar de que el corazón los empujaba a salir y liberarlos, no hizo falta tener que refrenar a sus compañeros, sabían que sería imposible y perderían la única oportunidad de salvarlos.

Necesitaron un tiempo para calmarse y organizar su mente. Habían visto cuán complicado era colarse en la torre, una muralla la rodeaba y su entrada estaba protegida por una pequeña guardia. Siguiendo a escondidas a los prisioneros, volvieron al lugar desde el que podían ver claramente el acceso a la torre. La comitiva traspasó la muralla y los perdieron de vista. Pasaron los minutos y estos se convirtieron en horas, en aquel mundo subterráneo carente de sol era imposible orientarse. No encontraban la manera de poder colarse en el palacio hasta que se les presentó una oportunidad. Otro dragón se dirigía hacia la misma puerta por la que habían pasado los elfos cautivos, éste tiraba de un gran carro cargado de unas extrañas rocas luminiscentes. Se posicionaron de tal forma que cuando el carro pasó frente a ellos, treparon ágilmente sin ser descubiertos. Solo el jinete podría verlos desde su posición aunque para ello debería mirar por encima del alto respaldo de la silla. La guardia no lo detuvo para inspeccionar la carga a pesar de haber capturado recientemente a los intrusos, los lagartos estaban confiados en que esos débiles mamíferos no suponían un peligro real para ellos. Así lograron pasa las murallas de la torre y cuando vieron que no habían ojos vigilando, bajaron del carro y pegaron la espalda a los bloques de roca negra que eran la base de la torre. Una hoquedad a ras de suelo que despedía un fétido olor les sirvió para introducirse en el interior de la torre.

Las cloacas les llevaron hasta una cámara de la que colgaban cadenas y ganchos. Era difícil discernir si se trataba de una mazmorra, una sala de tortura o un almacén. Siguieron hacia delante sin saber a ciencia cierta que encontrarían, ni si serían capaces de encontrar a sus amigos. Todos permanecían en completo silencio, tan solo se oía el roce de sus ropas y los ecos lejanos de la vida en la torre. Imoriel creyó oir una voz que le llamaba, era dulce y femenina, apenas la oyó y dudó pensando que su mente estaba jugando con él pero volvió a escucharla una segunda vez. Sus compañeros no parecían darse cuenta pero Imoriel los guió hacia ella. De aquella mística manera llegaron a una habitación que no se distinguía de la anterior salvo por una tosca reja colocada en el suelo. Allí, encerrados tras la reja estaban sus compañeros y alguien más. ¡También encontraron a la gente raptada de la aldea! El gozo fue breve pues un resistente cerrojo impedía poder liberarlos del foso.

-¡Imoriel! Alabada sea la diosa.

-Amigos pronto os sacaremos de ahí y volveremos a casa.

-Antes tendrás que arrebatarle las llaves al carcelero. Escuché a ese cerdo hace un momento, en la habitación contigua.

Raudo, Loreth fue hacia la puerta y espió por la rendija. Allí estaba, una de esas criaturas reptilianas cuya oronda barriga casi no le dejaba realizar la tarea de cortar un gran pedazo de carne. Miró en derredor y comprobó que se trataba de las cocinas. Imoriel se acercó y haciendo gala de su famoso sigilo consiguió robar al carcelero el manojo de llaves que colgaba de su cinto sin que éste se diera cuenta. Acto seguido abrió el candado y usando una escalera que habían dejado intencionadamente cerca, sacó a los cautivos.

Sabían que la treta no tardaría en ser descubierta por lo que se apresuraron a salir por el mismo camino que habían usado para entrar. Algunos estaban heridos y había que ayudarles a caminar, eso les hizo retrasarse. Cuando salieron de la torre por la cloaca se encontraron con el problema de cómo burlar a la guardia de la puerta. La fortuna estaba de su lado y el mismo carro que los había colado permanecía parado en el mismo lugar. Ahora estaba vacío de su carga de rocas y ellos eran más de una veintena de personas, serían descubiertos fácilmente por el carretero o por una simple inspección de la guardia. Habían llegado demasiado lejos y ese parecía el fin del camino, por tanto no había nada más que perder y así fue como redujeron al carretero, se hicieron con el vehículo y sin saber muy bien cómo, un aterrado Loreth consiguió guiar al dragón arrollando a la guardia que les cortaba el paso.

Casi la totalidad de las fuerzas de la ciudad les pisaba los talones. Desarmados y en minoría no tendrían ninguna oportunidad contra el enemigo. El tiempo que les proporcionó el desconcierto fue la ventaja que les permitió llegar a la linde de la ciudad. Abandonaron el gran carromato cuando ya veían acercarse a la vanguardia de los hombre-serpiente. Tenían que cruzar un puente natural sobre una profunda grieta, en el fondo podía verse el intenso color de un río de lava fundida. Después del puente les esperaba la rampa que les llevaría hasta la cornisa desde la que habían visto toda la ciudad y luego tendrían un largo camino a través de la gruta de entrada. No lo conseguirían.

Imoriel quedó en retaguardia junto con Loreth para asegurarse de que nadie quedaba atrás. Junto con Kirin eran los únicos que portaban armas. La certeza de un final haciago era clara en la mente de Imoriel y también en los demás pero se negaban a aceptar una muerte horrenda como desenlace. Colmado de valor, Imoriel se detuvo en medio del puente, no antes de que lo hubiera hecho el resto. Y con una voz tan digna como la de los antiguos reyes élficos dijo sus últimas palabras.

-Loreth escúchame y haz lo que te digo. Guía a nuestro pueblo y llévalo a casa a salvo. Daos toda la prisa que os permitan vuestro pies cansados y no miréis atrás.

-¡No! Me quedaré contigo y les haremos frente. Juntos los retras...

Imoriel negó con la cabeza sin decir nada. Loreth sabía que lo que deseaba no serviría de nada así que aceptó el sacrificio de su amigo y rezó para que sirviera de algo.

Cuando Loreth, Imoriel se fue se giró hacia el otro extremo del puente y encaró al enemigo que ya había llegado. Una lluvia de flechas dieron muerte a toda serpiente que quiso atravesar el puente, ninguno logró si quiera acercarse a la mitad. Pero entonces llegó el grueso del enemigo. No quedaban flechas en su carcaj para tantos y dudaba de que sirvieran lo que él creía que eran dragones jóvenes y aun así enormes. Sin embargo cesó el acoso del enemigo y las filas se abrieron dejando paso a una criatura diferente a las demás. Era significativamente más alta y solo su torso tenía apariencia humanóide, se desplazaba sobre una gruesa cola serpentina y su cabeza era como la de una víbora. Aquel monstruo de casi tres metros de alto vestía ropajes ricamente adornados con metales preciosos y brillantes joyas. Se puso al frente de sus huestes flanqueado de una guardia real. Extendió uno de sus brazos y le trajeron a un elfo demacrado y de ojos hundidos. Era Zarías pero a Imoriel le costó reconocerlo estando en un estado tan deplorable. El jefe de los hombres-serpiente lanzó un pedazo de carne que estaba devorando ávidamente y con horror el elfo pudo ver que de los huesos roídos colgaba intacta una mano de mujer. Llevaron a Zarías junto al cacique y este agarró su cabeza con una mano. El prisionero comenzó a mover la boca emitiendo una voz fantasmagórica y carente de voluntad, tan solo reproducía el pensamiento del monstruo cuyo vocabulario, inteligible para Imoriel, eran solo siseos.

-Pequeña alimaña de superficie. Habéis osado rebelaros contra el pueblo de las profundidades. Nosotros que una vez gobernamos la superficie y caímos en el olvido a causa de una maldición. Pero hemos vuelto después de siglos sin ver la luz del sol y extenderemos nuestro imperio como antaño. Vosotros habéis sido honrados siendo nuestros primeros siervos de esta era. ¿Así nos agradeces que no os hayamos exterminado sin más? Pero tiene solución, si no nos servís como esclavos, seréis útiles como alimento. En nuestro encierro nos teníamos que conformar con las correosas alimañas de las profundidades pero vuetra carne es tierna y dulce. Especialmente la de vuestras crías.

La repulsión y la ira se apoderaron de Imoriel, quería matar a todas esas viles criaturas, que no quedase ni una que pudiera causar más daño. Como en trance su mano fue hacía el carcaj y la yema de sus dedos sintió la pluma de una flecha. Al tocar la madera una voz le habló desde dentro de su cabeza, era como el pensamiento de otra persona, esa voz era la misma que lo había guiado en la torre.

-Llegó el momento que presagié querido Imoriel. - Ahora podía oírla con total nitidez. Era la voz de la díadra del bosque. -Tú decides si tu última acción será de vida o de muerte. Como precio, elijas lo que elijas, tu pueblo sufrirá. Pero elige bien pues sus vidas están en tus manos. - Imoriel giró la vista hacia los suyos que ya casi habían alcanzado la cornisa. -No temas pues no harás este viaje solo, como te prometí estoy aquí, a tu lado, te cedo mi poder en forma de la flecha que tallaste de mi rama. - El elfo sintió una mano incorpórea acariciar su rostro con ternura. El gesto arrancó toda congoja de su corazón y le insufló el valor que necesitaba para sellar su destino.

Con un gesto el general de las serpientes ordenó cargar contra el elfo. Imoriel colocó la flecha de castaño en la cuerda de su arco y la tensó. Conforme preparaba el disparo la punta de la flecha con forma de cabeza de dragón comenzó a brillar, primero débilmente, luego más intensamente hasta que los hombres-serpiente tuvieron que detenerse cegados por tal fulgor. Imoriel apuntó hacia el pecho del rey y concentró todo su odio en ello, con un solo gesto lograría su venganza. Uno de los soldados señaló con el dedo hacia una figura etérea que se había materializado justo detrás de Imoriel, una joven de gran belleza, completamente desnuda, de largos cabellos con hojas enredadas en ellos. La dríada sostenía el brazo con el que él agarraba el arco, otorgándole su poder y evitando que el elfo flaquease. En el último momento el valiente Imoriel bajó el arma, apuntó a la base del puente y liberó la flecha.

Una explosión de luz iluminó la gigantesca bóveda subterránea que tembló cual terremoto. Los elfos se giraron asombrados pero tuvieron que retirar la vista hasta que la luz fue bajando en intensidad. Cuando recuperaron la vista el puente de roca había desaparecido y con él también Imoriel, así como los soldados y dragones que habían ido a por él. Al pie del puente desaparecido los observaba la gran serpiente, con rencor en sus viles ojos de pupilas rasgadas. Tuvieron que retirarse pues el nivel de la lava había crecido con la caída de las rocas imposibilitando de cualquier manera el paso hacia el otro lado.

Los días siguientes al suceso, los elfos lloraron la pérdida de sus seres querido y especialmente de su miembro más virtuoso el cual había dado su vida heróicamente por los demás. Así se cumplió la segunda profecía de la díadra y la pena se instaló en sus corazones durante el luto. Pero luego vino la alegría de la vida y la libertad. Los elfos no descansaron hasta cegar la gruta por la que habían salido los hombres-serpiente, condenándolos a otra era de oscuridad.

Por su parte, la dríada pese a haber consumido la mayor parte de su magia para salvar al pueblo élfico, sobrevivió para mantener con vida el bosque y protegerlo de futuras amenazas como la de los hombres-serpiente. Dicen que muchos años después, una niña que se perdió en el bosque durante tres días. En lo más profundo del bosque se encontró con una anciana que vivía dentro de un castaño muy grande el cual tenía la mitad de su copa muerta. Esta anciana la trató con mucha amabilidad, la alimentó con frutos del bosque y la ayudó a encontrar el camino de vuelta a casa.

Esta tragedia se convirtió en leyenda y llegó a nuestros días tal como ha sido relatada, para que nunca se olvide el peligro que nos acecha desde las profundidades de la tierra. Los hijos del dragón.