Este castillo
ubicado en las afueras de Simoca, entre los ríos Salí al este,
Balderrama al sur y Colorado al oeste, data de 1913 y fue construido
por un alemán, Otto Ruckaeberle, que administraba las propiedades,
se lo llamó del Castoral, por el castor o tártago que se cultivaba
de cuyas semillas se extraía un aceite tipo industrial, que el
alemán vendía en Europa para el uso de los aviones.
jueves, 5 de septiembre de 2019
El Misterioso y Antiguo Castoral
Este castillo
ubicado en las afueras de Simoca, entre los ríos Salí al este,
Balderrama al sur y Colorado al oeste, data de 1913 y fue construido
por un alemán, Otto Ruckaeberle, que administraba las propiedades,
se lo llamó del Castoral, por el castor o tártago que se cultivaba
de cuyas semillas se extraía un aceite tipo industrial, que el
alemán vendía en Europa para el uso de los aviones.
Cuenta el
anecdotario popular que una mujer francesa que según los lugareños
que la llegaron a conocer "era preciosa", le pidió como
prueba de su amor al alemán la construcción de esta propiedad. La
obra gigantesca para esa época, poseía lujos europeos tales como el
telégrafo,teléfono, agua corriente, piso de mármol de carrara.
Salón de fiestas y escaleras suntuosas y verjas de bronce.
El acceso al
castillo era un camino arbolado que los propietarios usaban para
trasladarse en coches propios de realeza. Se destaca como algo
anecdótico interesante que las luces que adornan actualmente el
Salón Blanco de la Casa de Gobierno de Tucumán pertenecería al
Salón de fiestas de este Castillo. Cuentan los lugareños que el día
de la inauguración fueron invitados extranjeros, "personas a
quienes no entendíamos lo que hablaban".
Por otra parte se
cuenta que la iluminación de la noche inaugural llegaba a 20 kms.a
la redonda El personal que atendía la fiesta fue contratado en
Europa.Durante la efímera vida que tuvo el castillo, abandonado al
poco tiempo por las personas que lo habitaban, ocurrieron numerosas
excentricidades. El alemán Otto pedía a don Casimiro García, dueño
de un almacén de ramos generales en Río Colorado, hasta cuarenta
cajones de champagne. Del castillo tejieron numerosas leyendas como
la de la gringa muerta, el familiar, los pasos del propietario, la
luz que se eleva, etc.
El Basilisco
Este reptil es muy
extraño, semejante a una lagartija con un solo ojo en la frente
redondo y sin párpados. En otros casos lo representan como una
animal con cabeza de gallo y cuerpo de serpiente (seguramente
proveniente de la mitología europea).
Dice la leyenda que
nace de los huevos pequeños y sin yema que ponen algunas gallinas y
en algunas regiones se comenta que de los huevos puestos por gallos
viejos. Paleari completa este concepto diciendo que nace de "un
huevo sin yema puesto por un gallo y empollado por un sapo sobre el
estiércol".
El basilisco puede
esconderse en cualquier lugar de la casa y la persona que lo vea al
ojo puede morir o quedar ciega. Una forma de combatirlo es lograr que
se observe en un espejo y muera del espanto.
Hay que tener
cuidado de destruir los huevos antes de que el animal nazca, pues su
gestación dura alrededor de un día.
Nos dice Antonio
Paleari, en su completísimo Diccionario mágico jujeño, que el
término proviene del griego "basiliskós", que significa
reyezuelo(rey con menguado reino). Es interesante la relación que
hace el mismo Paleari entre este extraño ser y los animales de la
mitología azteca, maya o chibcha; quizá estableciendo alguna
relación primitiva entre las distintas civilizaciones y sus mitos.
En la zona de Jujuy
y parte de la puna el reptil es semejante a cualquier lagarto, pero
en la zona de los valles y parte de Tucumán, Santiago y Catamarca,
muchos paisanos aseguran que tiene un solo ojo en la frente, como
hemos referido anteriormente. Así como un espejo mata al basilisco,
Paleari nos dice que el monstruo también muere si es visto antes por
un hombre.
Historia antigua
La dispersión de la
leyenda hace que en el noroeste argentino se afirme, que los tesoros
o "tapados" escondidos en las cuevas de las montañas, son
custodiados por Basiliscos. Quizá esta afirmación sea una
transmisión de la creencia europea de los primeros tiempos de la
minería.
Decían los mineros
que en los socavones morían víctima del aliento de este terrible
animal. En realidad se trataba de gases venenosos, de los cuales
aprendieron más tarde a protegerse. Como toda leyenda popular,
cuando un fenómeno físico sobrepasa los conocimientos que ostenta
el hombre que lo observa, encuentra una salida sencilla y
satisfactoria, mediante la fabulación.
En la antigüedad,
los habitantes de la región de Cantabria (España) afirmaban conocer
al Basilisco y el arma que utilizaban para protegerse de él, era un
gallo que portaba debajo del brazo, para que cante ante la presencia
del demonio, único capaz (el gallo) de contrarrestar su poder. En
antiguos tratados de Historia Medieval y China, encontramos relatos
de Basiliscos con mucha frecuencia. Además en Europa se acostumbraba
bautizar las piezas de artillería, con nombres de animales que
configuraban una alegoría a su poder de destrucción. Basilisco se
llamó a una pieza de artillería, de bronce, de gran calibre, que
cayó en desuso por lo incómodo de su manejo.
A consecuencia de la
imposición cultural que significó el implante forzoso de la
religión traída por los españoles, y la silenciosa resistencia a
abandonar sus antiguos dioses de parte de los nativos, se produjo un
sincretismo desordenado de algunas cuestiones culturales. Entonces es
común encontrar límites imprecisos entre paganismo y religión
(oficial). Así tenemos presencia de Basiliscos en la concurrencia de
Salamancas, o custodios de antiguos tesoros en oro y plata enterrados
por los aventureros españoles u Obispos poderosos ante la
posibilidad de saqueo.
La Dama De La Vela
Cuentan los
habitantes de la ciudad de Corrientes que en el edificio de la
Escuela Normal “Juan Pujol”, suele verse por las noches a una
bella joven, hermosamente vestida con un largo traje de encaje blanco
y una capa roja, recorriendo los pisos y escaleras de mármol con una
vela encendida en la mano. Ante las primeras luces del alba, la
misteriosa criatura se desvanece.
En una familia
adinerada tenia una hermosa niña, misma que muy joven fue engañada
por un militar. Este militar la engaño prometiendo amor eterno y
matrimonio, por tal engaño la hermosa joven quedo embarazada y, poco
después, dio a luz una hermosa, poco después de esto el militar
dejo de ir donde su amada puesto que se caso con una importante dama,
ante todo esto y convertida en madre soltera fue castigada por sus
hermanos.
Se cuenta que la
encerraron en un cuarto secreto de su gran casa y que en ese encierro
la pobre niña envejeció y enfermo por la melancolía y abandono
pues casi a nadie se le permitía visitarla; también se dice que
para iluminarse en las penumbras de los espacios que habitaba, sus
hermanos solo le daban tres velas por semana, mismas que no siempre
le alcanzaban.
Dicen que un día
frío y húmedo ella murió acompañada solamente por una vela
encendida y desde entonces su alma vaga con esa vela encendida
esperando que alguien sople la flama para poder descansar en paz
después de sus sufrimientos en el mundo.
Han pasado muchos
años y quienes en diferentes épocas han jurado haber visto ese
fantasma con la vela, no han tenido el valor para soplar la flama;
no han tenido valor pues la figura sufrida y transparente de la
doliente mujer, que viste largo camisón y muestra un rostro ojeroso
entre desordenado peinado, les paraliza el cuerpo y les desencaja las
facciones.¿Quién pondrá fin a esta historia? ¿Qué valiente
soplará la vela?
martes, 3 de septiembre de 2019
El Archipiélago de Chiloé: Estudios Geológicos de las de 3 Fallas Geológicas que existen y la Leyenda Las Serpientes.
El archipiélago de
Chiloé, sobre todo en el lado Pacífico, se está levantando. Puede
que dentro de millones de años, deje de ser una isla.
Antes del Terciario,
durante el período denominado oligoceno superior -hace 26 millones
de años- el mar inundó todo Chiloé, según han podido describir
diversos estudios geológicos que han continuado los expertos del
Servicio Nacional de Geología y Minería de Puerto Varas.
Esta parte de la
historia ha sido reflejada en la leyenda de creación del
archipiélago: Ten Ten y Cai Cai Vilú. La leyenda dice "hace
miles de años la zona de Chiloé era tierra firme, pero de pronto,
apareció Caicaivilú, serpiente del mal, enemiga de la vida
terrestre, animal y vegetal, que desea incorporar a sus dominios
marinos; así inundó todo el territorio; el nivel de las aguas subió
amenazando transformarlo todo en un extenso mar". Ahí fue
cuando apareció la serpiente del bien, Tentenvilú, que ayudó a los
chilotes a subir a los cerros. Después de años de lucha triunfó el
bien y los habitantes del archipiélago pudieron seguir con su vida.
Eso es parte de la
leyenda, pero lo que sí está ocurriendo actualmente en Chiloé es
que se desconoce con exactitud cómo se mueven las 3 fallas
geológicas que existen. La del norte va desde Chepu al norte y está
dominado por este sector con rocas volcánicas, sedimentarias y
metamórficas. La zona central corresponde a la cordillera de
Piuchén, que posee casi pura roca metamórfica; la del sur, en
cambio va de Cucao (comuna de Chonchi) al sur y corresponde a
sedimentaria.
SIN INCIDENCIAS
Jorge Muñoz, doctor
en Geología de Sernageomin, sostiene que el archipiélago se
levantaría un milímetro al año, lo que además ocurriría de manea
más evidente en el lado del océano Pacífico; sin embargo a nivel
de vida humana "no habrá incidencias", excepto que surjan
terrenos pantanosos.
Un aspecto claro es
que desde el terremoto del 60 Chiloé se hundió: golfo de Ancud,
Lacui, golfo de Quetalmahue; después de eso empezaron a elevarse de
nuevo. El proceso de levantamiento ya se estaba viviendo antes de que
ocurriera el más grande terremoto de la historia del mundo.
Pero esta nueva
condición podría hacer que en millones de años, la isla de Chiloé
se acople al continente y termine con su condición isleña. Así
podría repetirse la historia contada en la leyenda las serpientes.
DE 350 MILLONES DE
AÑOS
En Chiloé hay tres
unidades geológicas claramente delimitadas. La primera es el
basamento metamórfico (piedra laja) del Paleozoico superior (del
carbonífero, 350 millones de años) al Triásico inferior (240 a 220
millones de años). Esa evidencia se extiende en casi todo el
territorio de Chiloé, formando la cordillera de Piuchén (de la
Costa) y al sur del lago Huillinco, todo de roca metamórfica.
El segundo segmento
es del ciclo geológico del Terciario, entre 20 y 30 millones de
años, y es claramente identificable en la costa pacífica al sur de
Cucao, en la Península de Lacui, donde está lleno de fósiles. Esa
unidad también se manifiesta en el área de Chonchi, y en el borde
de la isla Lemuy, debajo de los depósitos glaciares del Cuaternario
-más reciente-, ya que en localidades costeras todavía es posible
encontrar sedimento marino del Mioceno (paleopolen, dientes de
tiburón y de mantarraya). Se han encontrado vertebrados fósiles,
improntas de hojas, troncos y mantos carbonosos. Las rocas están
expuestas en el borde costero a lo largo del canal de Yal; aunque
también afloran en Punta peuque del Estero Castro y al sur, en el
Estero de Compu, Quellón. En su mayoría el espesor no supera los 15
centímetros.
Estos estratos de
Chonchi, permiten sugerir la equivalencia con los Estratos de Parga
de la cuenca de Chiloé y más al norte, con los estratos de
Cheuquemó y con parte de la formación Santo Domingo, de la Cuenca
de Llanquihue, sostiene un estudio de geólogos de Sernageomin Puerto
Varas y la Universidad de Concepción.
La tercera capa que
forma Chiloé son los depósitos no consolidados glaciales, las
morrenas, más actuales. En medio de las tres habría una cuarta
capa, de origen volcánico del Oligoceno superior-Mioceno inferior,
que se aprecia evidentemente en zonas como los islotes de Puñihuil
(zona de pingüinos) y Mar Brava.
La Leyenda del Golem de Praga
En los juegos de
fantasía épica, a menudo se describe al golem como un ser animado
por obra de poderosos hechiceros o alquimistas que les otorgan un
aliento de vida con el objetivo de utilizarlos para proteger y
defender templos y santuarios de los invasores. Quizá muchos lo
desconozcan, pero el golem se originó en el folclore judío. Entre
las diversas leyendas que existen sobre estos seres míticos, ninguna
figura tanto como la de El Golem de Praga y su creador, el rabino
Loew. En torno a esta historia se han hecho libros, piezas teatrales,
cuentos e incluso producciones cinematográficas.
A finales de la Edad
Media, la ciudad de Praga se convirtió en uno de los centros urbanos
más importantes para el Sacro Imperio Romano Germánico, pero
también albergaba una enorme comunidad judía que congregaba a
estudiosos y místicos. El honorable rabino Judah Loew ben Bezalel
era uno de los miembros más famosos y distinguidos de la comunidad.
A pesar de ser
perseguido por su férrea defensa de los judíos, tuvo una vida
bastante extensa pues nació alrededor del año 1513 y murió en
1609. Sus seguidores lo admiraban tanto que solían llamarlo “el
venerable”.
Antecedentes del
golem.
En la versión
original en hebreo de la Biblia, la palabra “golem” aparece en
Salmos 139:16 y significa “sustancia sin forma”. En el hebreo
bíblico, la traducción era “ser en formación”. De acuerdo con
el Talmud, Adán (el primer hombre) fue un golem durante las primeras
horas de su existencia, sugiriendo que antes de recibir el aliento de
vida soplado por Yahaveh carecía de alma.
En otra leyenda, se
dice que el profeta Jeremías llegó a construir un golem. Mientras
que en un pasaje talmúdico, en Sanhedrin 65b, se cuenta la historia
de un sabio de Babilonia llamado Rava que llegó a construir un
hombre de barro y lo envió al rabino Zera, quien intentó entablar
una conversación. Al darse cuenta que este ser era incapaz de
expresarse o hablar, Zera lo corrió diciendo: “no eres más que
polvo, vuelve a él”, momento en que el golem se desintegró.
La mayoría de los
estudiosos serios de escrituras sagradas creen que estas leyendas
sobre la creación de vida son elementos simbólicos, y en realidad
pueden ser una referencia a un despertar espiritual, no a la creación
de un ser animado. Sin embargo, no faltan las personas que
interpretan estas leyendas de forma literal, y viven auténticamente
convencidos de que es posible crear estos seres a partir de la nada.
La religión judía
y su receta para crear golems.
En el Séfer Ietzirá
(Libro de la creación), un antiguo documento judío, destacan
algunas instrucciones para construir, crear y animar golems. En los
volúmenes más antiguos de este mismo tratado figuran algunos
comentarios de rabinos que aseguraban haber llevado a cabo este
ritual para proporcionar vida a objetos inanimados.
Casi siempre, el
golem es construido a partir de rocas, arcilla, barro o cuerdas que
le permiten sustentarse. A continuación, con las manos se construye
una figura que asemeja vagamente a la del ser humano. No es necesario
que el resultado sea perfecto, pues el objetivo no es hacer pasar al
golem por una persona, de forma que sus facciones terminan siendo
bastante torpes e imperfectas.
Existen muchas
técnicas para traer a un golem a la vida. Por ejemplo, hay una
versión donde se afirma que cualquier estatua puede ser animada si
su creador camina o danza en círculos alrededor mientras recita una
combinación de palabras en hebreo. La danza culmina cuando el
creador se acerca al oído derecho de la estatua y susurra el nombre
secreto de Dios.
Otra forma de dotar
de vida a estos seres es escribiendo una combinación de letras que
contengan los símbolos aleph, mem y tav (la combinación de estas
palabras forman el término emet, que significa verdad) en la frente
del golem. Después, un profundo soplo en la boca de la estatua hace
que respire profundamente y empiece a vivir. El tercer método, tal
vez el más conocido, es hacer una oquedad en el lugar donde estaría
la boca de este ser y depositar un pergamino con el nombre secreto de
Dios.
La naturaleza de un
golem.
Independientemente
del método socorrido para animar a un golem, los relatos son muy
claros: una vez creados por un rabino, se convierten en seres vivos,
aunque construidos con materia bruta. Obedecen las órdenes de su
creador y son inmunes a cualquier herida, únicamente se desvanecen
ante la voluntad expresa de la persona que los construyó.
De acuerdo con las
leyendas, la fuerza vital que sustenta al golem y la resistencia de
su cuerpo lo vuelven una máquina indestructible. Su fuerza es
equivalente a la de decenas de hombres y sus puños son capaces de
pulverizar una pared o echar abajo una casa entera. El golem anda con
lentitud, toda vez que su cuerpo es pesado y carece de
articulaciones, pero mientras se desplaza no emite sonido alguno.
Sus pasos son
enteramente furtivos e incluso en el silencio de la noche logra
desplazarse por las calles sin ser percibido. Son famosos por su
capacidad para entrar y salir de cualquier lugar, incluso aquellos
que están vigilados. Posiblemente el golem esté provisto de alguna
capacidad sobrenatural que le permite desplazarse por cualquier lugar
cuando realiza una misión.
¿Pero, cuál era el
propósito de crear un golem o, mejor aún, porqué los rabinos
simplemente no crearon múltiples de estos para defender a su pueblo?
Estas preguntas pueden responderse si regresamos a la historia del
rabino Loew.
La leyenda del Golem
de Praga y el rabino Judah Loew.
Para empezar, es
necesario comprender que para cualquier hombre, incluso aquellos con
incontables virtudes y capacidad mística notable, está prohibido
crear vida. Dios es el único que puede generar vida a partir del
barro. Una acción tan grave sólo puede verse justificada cuando
muchas vidas corren peligro y la creación de un golem resulta su
única salvación.
De acuerdo con la
leyenda, el rabino Loew recibió permiso divino para construir su
golem utilizando fórmulas cabalísticas que le fueron transmitidas
en los sueños. Estos sueños fueron una especie de premonición para
que Loew protegiera a los judíos de Praga contra los progromos que
tendrían lugar.
En aquella época,
el Sacro Imperio Romano Germánico estaba a cargo de Rodolfo II un
monarca que, aunque ilustrado, permitía los ataques y persecución a
los judíos de Praga. El rabino soñó con una invasión que culminó
en la destrucción de la sinagoga de Praga durante la Pascua de 1580.
Ese fatídico día, un sacerdote llamado Taddeush incitó a la
población del lugar y dirigió una multitud enardecida a incendiar
el templo.
Para evitar esta
tragedia, Loew empezó a construir el golem con varios meses de
antelación. Pero incluso con la aprobación de Dios y su vasto
conocimiento, las cosas no le resultaron fáciles. Aunque había
recibido las fórmulas cabalísticas, el rabino habría de descifrar
cada pasaje. Además, tendría que pronunciar una serie de poderosas
palabras (Zirufim) que únicamente podían emplearse en rituales cada
ciertas generaciones y podrían llevarlo a la perdición.
El poder que
desencadenaría podría volverse contra el propio rabino y cobrarle
no sólo con su vida, sino con la de todos aquellos a los que amaba.
El ritual.
Para fabricar al
golem, Loew solicitó la colaboración de un par de asistentes: su
cuñado Kohen (un judío descendiente de una antigua orden
sacerdotal) y uno de sus pupilos, un levita (judío descendiente de
los ciervos que laboraban en el templo). Explicó a los colaboradores
que necesitaría cuatro elementos – tierra, agua, aire y fuego -,
así como rituales específicos dedicados a cada uno de estos.
Sus ayudantes serían
la representación del agua y el fuego, el rabino sería el aire
mientras el golem la tierra. Cada uno de estos elementos fue
debidamente purificado, pues cualquier error podía llevar a su
destrucción. Iniciaron el ritual dando lectura a varios capítulos
del libro sagrado (La Torá) y del Séfer Ietzirá que el rabino
había transcrito de sus sueños. A continuación, el grupo se
encaminó a las aguas del río Moldava, en las inmediaciones de
Praga.
Allí, bajo la luz
de las antorchas empezaron a dar forma al cuerpo del gigante con el
barro extraído de los márgenes. Al terminar, el imponente golem se
alzaba frente a ellos, con el rostro observando el firmamento. Los
hombres se pusieron en sus pies, observando aquel rostro sin
expresión.
Kohen dio siete
vueltas alrededor de la escultura en sentido antihorario mientras
recitaba el Zirufim de fuego. Entonces el barro empezó a calentarse
hasta que se volvió incandescente. El levita ejecutó otras siete
vueltas en torno al golem en sentido horario, y recitó el Zirufim
del agua. El calor disminuyó a medida que un rocío se adhería al
cuerpo enfriándolo con un silbido.
Después, el rabino
Loew caminó alrededor de aquella escultura siete veces en una
dirección y siete veces a la inversa, posteriormente depositó en la
boca del golem un pergamino con la inscripción Shem Hameforash, el
nombre de Dios. Se inclinó hacia el este, oeste, norte y sur y
entonces sopló el Zirufim del aire.
A continuación, los
tres hombres no dejaban de repetir: “y él respiró en su boca, el
soplo de la vida; el ser ganó el ánimo para vivir”.
El defensor de los
judíos en Praga.
Según la leyenda,
el golem abrió los ojos y volteó para contemplar su creador. Lo
vistieron con un manto de lana de oveja y lo llevaron a la sinagoga
antes de que saliera el sol. En las semanas posteriores, el golem
llevó a cabo su misión de erradicar a los enemigos de los judíos
en Praga.
Loew envió a su
creación en la oscuridad de la noche para que asesinara a un
sacerdote rencoroso. Un grupo de personas, profundamente molestas por
lo sucedido, se dio cita en la sinagoga para exigir justicia. Varios
inocentes fueron heridos en el proceso y habrían terminado
incendiando el templo de no ser porque el rabino dirigió al golem
para que hiciera frente a los invasores. El golem no tuvo piedad y
todos los agresores quedaron muertos.
La leyenda empezó a
diseminarse por Praga junto con el rumor de que un ser sobrenatural
protegía a los judíos del lugar. A pesar del odio, aquellos que
habían perseguido a los judíos no tenían el valor de atacar la
sinagoga.
El triste final del
Golem de Praga.
Y así pasaron
muchos años pero, aunque el golem haya tenido éxito protegiendo a
los judíos, la historia no tendría un final feliz. A medida que
pasaba el tiempo, el golem se hacía cada vez más fuerte y
destructivo. Cuando murió el rabino Loew, este ser adquirió
voluntad propia y se fue haciendo rebelde. Cierta noche, salió de la
sinagoga que protegía a las calles donde mató a varios inocentes.
Algunos dicen que el
golem fue escondido en el sótano del templo y la entrada sellada con
tabiques y concreto. La entrada a este lugar quedó prohibida durante
varios siglos y nadie tenía permiso de ingresar. Otra versión dice
que el golem fue liberado y una vez que probó la libertad, vagó por
Europa Occidental hasta que decidió hundirse en el Danubio cuando
descubrió que nunca encontraría paz y que sólo representaba un
peligro para los demás.
Esta historia se
volvió sumamente Popular en la ciudad de Praga. Frankenstein o el
moderno Prometeo, la famosa novela de Mary Shelley, se habría
inspirado en la historia del golem de Praga. Entre el siglo XVIII y
XIX se popularizaron varias historias y cuentos sobre este ser. En
1915, el cine mudo adaptó la historia en una producción alemana
titulada Der Golem.
La Leyenda de Long Dog
El estado de
Tennessee, en los Estados Unidos, figura entre el resto del país en
cuanto a temas sobrenaturales. En sus rincones nunca faltan historias
sobre lugares macabros, influencia de apariciones, criaturas extrañas
vagando por los bosques y pantanos, fantasmas vengativos en busca de
sangre y espíritus de asesinos en serie que aun buscan víctimas. Un
lugar sin duda muy “pintoresco”.
Sin embargo, la
historia que más destaca en su folclore es una que hace referencia a
un ente paranormal diferente, algo que los habitantes locales han
apodado “Long Dog” (Perro grande, en traducción libre).
Parece un nombre
bastante lindo pero…
En medio de las
carreteras que cortan a Tennessee, flanqueando los bosques tupidos y
las regiones pantanosas, tan estériles y densas que todavía hay
algunas sin explorar, se guardan historias muy antiguas. El Long Dog
es una de estas.
El primer registro
moderno de este ser se hizo en un periódico de la ciudad de
Knoxville hace más de 160 años, concretamente en el año de 1847.
El escrito daba fe de un cuerpo horriblemente mutilado que había
sido encontrado en las inmediaciones de un pantano. El cadáver,
encontrado en un camino por unos viajeros, había sido cortado y
mordido hasta el punto de quedar casi irreconocible. Si bien las
autoridades responsabilizaron a los bandidos por el horrible crimen,
los testigos se empezaron a preguntar si aquello no había sido obra
de Long Dog.
Para el año 1888,
en la región de Piney Flats, en el condado de Sullivan, sucedió
algo con las mismas características que lo de Knoxville. Dos
cuerpos, pertenecientes a un hombre y una mujer, fueron localizados
en las proximidades de un camino que rodeaba un pantano. Los dos
parecían haber sido atacados por perros salvajes (apodados mongrels)
dada la cantidad de heridas hechas con mordidas y garras que habían
quedado impresas sobre los cadáveres. Nuevamente, la sospecha fue
que habían sido asesinados por ladrones y que posteriormente una
jauría de perros había encontrado los restos. Pero no fue eso lo
que indicó el examen de los restos. Las evidencias forenses
apuntaron a que ambos habían sido asesinados por perros, o por sólo
un perro, ambos con feroces mordidas en el cuello.
La prensa exigió
que se tomaran acciones urgentes. Un ataque de perros salvajes no
podía tener lugar en una región que se hacía llamar civilizada,
mucho menos ataques con víctimas fatales. Las autoridades convocaron
a cualquier interesado como delegados temporales, a cada uno de los
cuales se les pagarían 15 centavos por cada perro salvaje abatido.
Básicamente todo aquel que tenía entre manos un fusil respondió al
“llamado cívico” y una gran cantidad de animales fueron muertos.
Pese a la campaña, se extendió el rumor de que el responsable por
las muertes no era un mongrel, mucho menos una jauría, sino un único
animal, el Long Dong.
Hay otros relatos
parecidos que suceden hasta nuestros días, muertes inexplicables que
acaban siendo atribuidas a esta entidad sobrenatural.
La leyenda sobre
esta creatura se encuentra profundamente arraigada en el folclore de
sur de los Estados Unidos y se extiende por varios estados, siendo
más ampliamente divulgada en Tennessee. La leyenda tuvo su origen
entre los nativos americanos que habitaban la región, mucho antes de
la llegada de los primeros colonos.
Los indios Cherokee
llamaron a este monstruo “Oolonga-daglalla“, que puede ser
traducido como “espíritu con dientes afilados”. Se le
consideraba una especie de monstruo que vagaba por las praderas
siguiendo el curso de los ríos o descansando temporalmente en los
pantanos. El sonido de su rugido podía ser escuchado durante la
noche, un largo lamento que helaba la sangre en las venas de quien lo
escuchaba. Este espíritu, según la leyenda, odiaba a muerte a los
humanos, siendo una fuerza primal de venganza y salvajismo, un
depredador feroz que cazaba y mataba a quien se cruzaba en su camino.
Para algunos chamanes este ser simbolizaba la venganza de la
naturaleza y de los animales cazados por el hombre.
Al paso del tiempo,
el nombre fue corrompido por los blancos dejando de ser
“Oolonga-daglalla” y pasando a ser llamado “Long Dog”. El
nombre se incrustó perfectamente en el inconsciente colectivo de los
colonos, y parecía adecuado a los ojos de aquellos que alegaban
haber visto a la creatura y sobrevivido a la experiencia.
Long Dog es descrito
como un animal extremadamente rápido que saltaba a grandes
distancias mientras corría sobre cuatro patas. Siempre que saltaba
lograba caer de pie o alcanzar una presa tan velozmente que resultaba
inútil intentar escapar. Cuando el monstruo elegía un objetivo
nunca lo perdía de vista, incluso si este intentaba escapar
corriendo entre otras personas, la creatura jamás cambiaba de
elección. Las leyendas cuentan que el animal capturaba a sus presas
y las torturaba con sus afiladísimas garras, causando dolorosas
heridas, pero lo suficientemente leves como para mantenerlas con
vida. Luego de rasgar la carne de la víctima, el monstruo se
deleitaba lamiendo la sangre que escurría de las heridas. A veces,
el ser llegaba al punto de dejar que la presa escapara fingiendo
desinterés, solamente para emprender una nueva persecución,
capturarla y atormentarla una vez más. Cuando finalmente se cansaba
de juguetear, Long Dog simplemente mataba, generalmente con una
mordida lacerante en el cuello.
A diferencia de
otros animales salvajes, el Long Dog no mataba para alimentarse o
defender su territorio. Todo lo contrario, el ser sentía un placer
casi humano en la caza y con la masacre de sus víctimas. Los
Cherokee le temían de tal manera que evitaban ciertas partes del
bosque y colocaban símbolos de protección en la corteza de los
árboles a fin de mantenerlo alejado. Aquel que sufría heridas, pero
lograba escapar del monstruo, era expulsado de la tribu, pues era
cuestión de tiempo hasta que el Oolonga-Daglalla regresara a
terminar el trabajo. Los cazadores marcados por el monstruo recibían
un cuchillo o una lanza y eran obligados a adentrarse en el bosque
donde debían permanecer por 7 días. Si en ese periodo el monstruo
no los atacaba, entonces podían regresar, sabiendo que estaban
relativamente seguros.
Según la
descripción tradicional, el Long Dog sería un animal de grandes
dimensiones, con entre 1.50 y 1.80 m de largo, las mismas dimensiones
que una pantera o puma. Su cuerpo sería musculoso y ágil, las patas
traseras muy largas y la cabeza relativamente pequeña, con hocico
plano y orejas levantadas. En comparación, la boca sería
extremadamente grande, repleta de dientes afilados. Long Dog era una
mezcla de Wolverine, pantera y lobo, con las peores características
de cada uno de estos. Peor aún, según la tradición, los ojos de la
bestia, de un color rojo amarillento, brillaban en la oscuridad como
dos brasas incandescentes. El aliento del monstruo tendría un
característico olor a azufre que podía cegar. Su pelaje era muy
ralo, bastante pegado al cuerpo, con una característica brillante y
aceitosa, casi fluida. Los rastros que dejaban cuando eran
encontrados, evidenciaban una pata colosal dotada de enormes garras.
Pero las historias
sobre Long Dog no están limitadas a sus habilidades como depredador
y asesino. Las leyendas cuentan que la creatura también tenía
capacidades sobrenaturales. Esta sería capaz de asumir una forma
incorpórea (Los Cherokee decían que se transformaba en humo) y de
esa manera podía atravesar los árboles, la vegetación y hasta
surgir directamente del suelo o en el propio aire. Para otros tenía
la capacidad de hacerse invisible o al menos mimetizarse en la
naturaleza de tal forma que no podía ser visto, hasta que ya era
demasiado tarde.
Otra horrible
capacidad de Long Dog implicaba poder esclavizar a aquellos a quienes
mató o de quien probó su carne y sangre.
Algunas veces, la
victima de Long Dog simplemente desaparecía y nada era encontrado en
el lugar del ataque más que un hedor a azufre, tierra removida y
rastros de sangre. Según la leyenda, Long Dog era capaz de devorar
el espíritu de su presa y después de masticarlo, devolver su cuerpo
hecho de pedazos. Como resultado, la víctima se levantaba y era
capaz de andar nuevamente, aunque queda claro que no se trataba ya de
una persona, sino de una abominación ni viva ni muerta. En esta
condición, la víctima se volvía incontrolable y peligrosa. Como
impulsada por una furia ciega, arremetía contra cualquiera que se
cruzara en su camino, intentando morder y rasguñar. En las
descripciones del pueblo Cherokee, la víctima ya no era una persona,
sino un “esclavo de la rabia”, que gradualmente se iba haciendo
menos humano hasta convertirse en una cosa perversa con ojos
sangrientos, boca babeante y que andaba sobre las cuatro
extremidades.
Existe una relación
entre la leyenda de Long Dog y las historias macabras relatadas sobre
el Túnel Sensabaugn.
La leyenda de Long
Dog
El estado de
Tennessee, en los Estados Unidos, figura entre el resto del país en
cuanto a temas sobrenaturales. En sus rincones nunca faltan historias
sobre lugares macabros, influencia de apariciones, criaturas extrañas
vagando por los bosques y pantanos, fantasmas vengativos en busca de
sangre y espíritus de asesinos en serie que aun buscan víctimas. Un
lugar sin duda muy “pintoresco”.
Long Dog
Sin embargo, la
historia que más destaca en su folclore es una que hace referencia a
un ente paranormal diferente, algo que los habitantes locales han
apodado “Long Dog” (Perro grande, en traducción libre).
Parece un nombre
bastante lindo pero…
En medio de las
carreteras que cortan a Tennessee, flanqueando los bosques tupidos y
las regiones pantanosas, tan estériles y densas que todavía hay
algunas sin explorar, se guardan historias muy antiguas. El Long Dog
es una de estas.
El primer registro
moderno de este ser se hizo en un periódico de la ciudad de
Knoxville hace más de 160 años, concretamente en el año de 1847.
El escrito daba fe de un cuerpo horriblemente mutilado que había
sido encontrado en las inmediaciones de un pantano. El cadáver,
encontrado en un camino por unos viajeros, había sido cortado y
mordido hasta el punto de quedar casi irreconocible. Si bien las
autoridades responsabilizaron a los bandidos por el horrible crimen,
los testigos se empezaron a preguntar si aquello no había sido obra
de Long Dog.
Para el año 1888,
en la región de Piney Flats, en el condado de Sullivan, sucedió
algo con las mismas características que lo de Knoxville. Dos
cuerpos, pertenecientes a un hombre y una mujer, fueron localizados
en las proximidades de un camino que rodeaba un pantano. Los dos
parecían haber sido atacados por perros salvajes (apodados mongrels)
dada la cantidad de heridas hechas con mordidas y garras que habían
quedado impresas sobre los cadáveres. Nuevamente, la sospecha fue
que habían sido asesinados por ladrones y que posteriormente una
jauría de perros había encontrado los restos. Pero no fue eso lo
que indicó el examen de los restos. Las evidencias forenses
apuntaron a que ambos habían sido asesinados por perros, o por sólo
un perro, ambos con feroces mordidas en el cuello.
La prensa exigió
que se tomaran acciones urgentes. Un ataque de perros salvajes no
podía tener lugar en una región que se hacía llamar civilizada,
mucho menos ataques con víctimas fatales. Las autoridades convocaron
a cualquier interesado como delegados temporales, a cada uno de los
cuales se les pagarían 15 centavos por cada perro salvaje abatido.
Básicamente todo aquel que tenía entre manos un fusil respondió al
“llamado cívico” y una gran cantidad de animales fueron muertos.
Pese a la campaña, se extendió el rumor de que el responsable por
las muertes no era un mongrel, mucho menos una jauría, sino un único
animal, el Long Dong.
Hay otros relatos
parecidos que suceden hasta nuestros días, muertes inexplicables que
acaban siendo atribuidas a esta entidad sobrenatural.
La leyenda sobre
esta creatura se encuentra profundamente arraigada en el folclore de
sur de los Estados Unidos y se extiende por varios estados, siendo
más ampliamente divulgada en Tennessee. La leyenda tuvo su origen
entre los nativos americanos que habitaban la región, mucho antes de
la llegada de los primeros colonos.
perro del infierno
Los indios Cherokee
llamaron a este monstruo “Oolonga-daglalla“, que puede ser
traducido como “espíritu con dientes afilados”. Se le
consideraba una especie de monstruo que vagaba por las praderas
siguiendo el curso de los ríos o descansando temporalmente en los
pantanos. El sonido de su rugido podía ser escuchado durante la
noche, un largo lamento que helaba la sangre en las venas de quien lo
escuchaba. Este espíritu, según la leyenda, odiaba a muerte a los
humanos, siendo una fuerza primal de venganza y salvajismo, un
depredador feroz que cazaba y mataba a quien se cruzaba en su camino.
Para algunos chamanes este ser simbolizaba la venganza de la
naturaleza y de los animales cazados por el hombre.
Al paso del tiempo,
el nombre fue corrompido por los blancos dejando de ser
“Oolonga-daglalla” y pasando a ser llamado “Long Dog”. El
nombre se incrustó perfectamente en el inconsciente colectivo de los
colonos, y parecía adecuado a los ojos de aquellos que alegaban
haber visto a la creatura y sobrevivido a la experiencia.
Long Dog es descrito
como un animal extremadamente rápido que saltaba a grandes
distancias mientras corría sobre cuatro patas. Siempre que saltaba
lograba caer de pie o alcanzar una presa tan velozmente que resultaba
inútil intentar escapar. Cuando el monstruo elegía un objetivo
nunca lo perdía de vista, incluso si este intentaba escapar
corriendo entre otras personas, la creatura jamás cambiaba de
elección. Las leyendas cuentan que el animal capturaba a sus presas
y las torturaba con sus afiladísimas garras, causando dolorosas
heridas, pero lo suficientemente leves como para mantenerlas con
vida. Luego de rasgar la carne de la víctima, el monstruo se
deleitaba lamiendo la sangre que escurría de las heridas. A veces,
el ser llegaba al punto de dejar que la presa escapara fingiendo
desinterés, solamente para emprender una nueva persecución,
capturarla y atormentarla una vez más. Cuando finalmente se cansaba
de juguetear, Long Dog simplemente mataba, generalmente con una
mordida lacerante en el cuello.
A diferencia de
otros animales salvajes, el Long Dog no mataba para alimentarse o
defender su territorio. Todo lo contrario, el ser sentía un placer
casi humano en la caza y con la masacre de sus víctimas. Los
Cherokee le temían de tal manera que evitaban ciertas partes del
bosque y colocaban símbolos de protección en la corteza de los
árboles a fin de mantenerlo alejado. Aquel que sufría heridas, pero
lograba escapar del monstruo, era expulsado de la tribu, pues era
cuestión de tiempo hasta que el Oolonga-Daglalla regresara a
terminar el trabajo. Los cazadores marcados por el monstruo recibían
un cuchillo o una lanza y eran obligados a adentrarse en el bosque
donde debían permanecer por 7 días. Si en ese periodo el monstruo
no los atacaba, entonces podían regresar, sabiendo que estaban
relativamente seguros.
long dog ilustración
Según la
descripción tradicional, el Long Dog sería un animal de grandes
dimensiones, con entre 1.50 y 1.80 m de largo, las mismas dimensiones
que una pantera o puma. Su cuerpo sería musculoso y ágil, las patas
traseras muy largas y la cabeza relativamente pequeña, con hocico
plano y orejas levantadas. En comparación, la boca sería
extremadamente grande, repleta de dientes afilados. Long Dog era una
mezcla de Wolverine, pantera y lobo, con las peores características
de cada uno de estos. Peor aún, según la tradición, los ojos de la
bestia, de un color rojo amarillento, brillaban en la oscuridad como
dos brasas incandescentes. El aliento del monstruo tendría un
característico olor a azufre que podía cegar. Su pelaje era muy
ralo, bastante pegado al cuerpo, con una característica brillante y
aceitosa, casi fluida. Los rastros que dejaban cuando eran
encontrados, evidenciaban una pata colosal dotada de enormes garras.
Pero las historias
sobre Long Dog no están limitadas a sus habilidades como depredador
y asesino. Las leyendas cuentan que la creatura también tenía
capacidades sobrenaturales. Esta sería capaz de asumir una forma
incorpórea (Los Cherokee decían que se transformaba en humo) y de
esa manera podía atravesar los árboles, la vegetación y hasta
surgir directamente del suelo o en el propio aire. Para otros tenía
la capacidad de hacerse invisible o al menos mimetizarse en la
naturaleza de tal forma que no podía ser visto, hasta que ya era
demasiado tarde.
Otra horrible
capacidad de Long Dog implicaba poder esclavizar a aquellos a quienes
mató o de quien probó su carne y sangre.
Algunas veces, la
victima de Long Dog simplemente desaparecía y nada era encontrado en
el lugar del ataque más que un hedor a azufre, tierra removida y
rastros de sangre. Según la leyenda, Long Dog era capaz de devorar
el espíritu de su presa y después de masticarlo, devolver su cuerpo
hecho de pedazos. Como resultado, la víctima se levantaba y era
capaz de andar nuevamente, aunque queda claro que no se trataba ya de
una persona, sino de una abominación ni viva ni muerta. En esta
condición, la víctima se volvía incontrolable y peligrosa. Como
impulsada por una furia ciega, arremetía contra cualquiera que se
cruzara en su camino, intentando morder y rasguñar. En las
descripciones del pueblo Cherokee, la víctima ya no era una persona,
sino un “esclavo de la rabia”, que gradualmente se iba haciendo
menos humano hasta convertirse en una cosa perversa con ojos
sangrientos, boca babeante y que andaba sobre las cuatro
extremidades.
Existe una relación
entre la leyenda de Long Dog y las historias macabras relatadas sobre
el Túnel Sensabaugn.
perro del demonio
Una de estas
historias hace mención de que durante la construcción del túnel
fueron contratados muchos obreros inmigrantes, chinos e italianos,
principalmente. Como sucedía casi siempre en esa época, las
condiciones del trabajo eran inhumanas y los accidentes eran bastante
frecuentes en el lugar de la construcción.
Según la leyenda
urbana, uno de estos “accidentes”, en el cual varios obreros
fueron victimados (tres según algunas versiones) estaría
relacionado a “Long Dog”. Cuando el túnel estaba siendo
construido en el año 1920, la región estaba bastante aislada y para
facilitar el progreso, los empleados montaron un campamento y dormían
en el lugar en tiendas de campaña improvisadas. Hay rumores de que
los obreros escucharon en repetidas ocasiones ruidos extraños en las
inmediaciones, aullidos y rasguños, además percibían un olor a
azufre que dejó a los hombres con los nervios de punta.
No tardó mucho
tiempo para que los trabajadores supieran de la leyenda de Long Dog y
empezaran a tener miedo de salir del campamento. Algunos renunciaron
al trabajo, pero otros persistieron creyendo que aquello no pasaba de
una simple superstición y locura de los nativos que hacía mucho
tiempo habían partido. Pese a esto, cada noche encendían una fogata
que se quemaba hasta el amanecer.
A pesar de las
historias, el trabajo continuó hasta meses después, el túnel quedó
listo y sólo faltaban algunos detalles para que fuera inaugurado. La
mayoría de los obreros fueron liquidados, y aliviados se llevaron su
dinero y abandonaron el lugar. Algunos pocos hombres se quedaron para
concluir los detalles que faltaban. La tragedia sucedió una noche,
cuando los hombres que permanecieron en el campamento estaban
distraídos y con la guardia baja. Dicen que el capataz de la
construcción los había consentido con una caja de cerveza que
bebieron sin medida olvidándose de encender el fuego. La verdad es
que nadie sabe a ciencia cierta…
A la mañana
siguiente, el capataz se dirigió al campamento y se encontró con
algo espeluznante, una verdadera masacre que evocaba a los
sangrientos ataques que los colonos sufrían a manos de los nativos.
Los hombres no sólo habían sido asesinados, sus cuerpos fueron
salvajemente desmembrados.
El capataz regresó
a la ciudad y buscó a los responsables de la obra, entre los cuales
se encontraba el Sr. Sensabaugn, quien lo acompañó hasta el lugar,
junto con algunos hombres de su entera confianza. Constataron la
tragedia y quedaron pasmados por la barbarie del ataque y por el
hedor residual de azufre que permeaba todo el sitio. Sensabaugn, sin
embargo, era un hombre demasiado práctico: sabía que la
construcción no podía permitirse un retraso, y un escándalo de
aquella magnitud sería un verdadero problema. También sabía que
los muertos eran inmigrantes, hombres sin familia cuya falta no sería
sentida por nadie. Argumentando que los perros salvajes eran los
responsables, el ingeniero ordenó que los hombres levantaran los
restos y los cargaran hasta el túnel. En el interior había una
parte profunda que debía ser sellada con concreto. Fui allí donde
Sensabaugn habría ordenado en secreto a los hombres que sepultaran a
los muertos.
Dice la leyenda que
aquellas victimas de Long Dog no se quedaron confinadas a aquel
sitio. Los cuerpos fueron obligados a levantarse como “esclavos de
la rabia” y encontraron una manera de escapar de su confinamiento
para causar más tristeza. Y de alguna manera esto se cumplió…
¿Habría el
Oolonga-daglalla liberado a los “esclavos de la rabia” para que
fueran en busca de venganza? ¿Serian estos muertos-vivientes los
responsables por las tragedias que transformaron en leyenda urbana el
área, contribuyendo a la fama del Túnel Sensabaugn? ¿El vagabundo
que robó el bebé del Sr. Sensabaugn y lo arrojó a un hoyo del
túnel podría ser algo más que sólo un vagabundo? O quien sabe,
quizá la masacre sucedida en la casa de los Sensabaugn podría haber
sido causada por otra persona.
domingo, 1 de septiembre de 2019
La Leyenda de los Hombres-Serpiente
Cuenta la leyenda
que muy atrás en el tiempo, eras antes de la aparición de los elfos
o los cambiantes, una raza de lagartos inteligentes habitó Tir n'ail
junto con las primeras creaciones de los dioses. Fueron fieles
sirvientes de estas deidades a las cuales temían y adoraban, hasta
el día en que descubrieron que podían controlar las fuerzas mágicas
y tal poder los corrompió. El blasfemo comportamiento de estas
criaturas primigénias provocó que los entes elementales los
castigaran relegándolos al olvido. Sin embargo, durante siglos se ha
rumoreado con la presencia de los hombres serpiente en nuestros
tiempos. Nunca nadie logró probar su existencia pero no es extraño
oír historias sobre ellos en tabernas y también en boca de padres
con niños traviesos a los que atemorizar para que se porten bien.
Imoriel Y Los Hijos
Del Dragón
Hace mucho tiempo,
Imoriel vivía junto con su clan en el corazón del bosque, aislados
de otros elfos y de las principales vías que llevaban a la
civilización. Eran libres y tomaban de la naturaleza solo lo
necesario para vivir. De entre los elfos de su clan Imoriel era el
mejor cazador, capaz de moverse por el bosque tan rápido como la
brisa, su pisada no hacía ruido alguno y su puntería era certera.
Sus vidas eran relativamente apacibles hasta que un día, mientras
cazaban, el grupo se percató de algo inaudito, no se oía nada
alrededor, ni el canto de las aves, ni los chillidos de las alimañas
o el rugir de los depredadores, absolutamente nada. La quietud y
falta de presencia animal pronto fue interpretada como un mal
presagio. La situación se prolongó un día, y el siguiente, y otro,
así durante cinco días hasta que la tragedia se cernió sobre el
pueblo.
En los días
siguientes a la desaparición de la caza, las partidas cada vez
tenían que alejarse más y más de la aldea para lograr el sustento
con el que mantenerlos a todos. Las bayas y el resto de frutos que
podían recolectar no eran suficientes. Tanto se adentraban en la
selva, que acampaban allí para volver al día siguiente con las
capturas. En la oscuridad de la noche un fulgor lejano, en dirección
hacia su hogar, iluminó el cielo tiñiéndolo de tonalidades
naranjas. Alarmados retornaron a toda prisa pero no fue hasta la
mañana del día siguiente que llegaron a la aldea encontrándola
completamente arrasada. Los supervivientes lloraban la muerte de sus
seres queridos y gritaban: "¡Dragones! ¡Los dragones han
despertado!". Imoriel sintió como se resquebrajaba su corazón
incapaz de asimilar tanto dolor, no pudo derramar ni una sola lágrima
pues la ira y la sed de venganza llenaron el vacío de su pecho.
Enloquecido corrió hacia el interior del bosque persiguiendo a los
culpables de tanta destrucción.
Las gigantescas
pisadas que se hundían profundamente en el suelo húmedo del bosque
y las ramas de los árboles quebradas a su paso, eran un rasto tan
claro como una límpida mañana de verano. Los pies de Imoriel
corrían tan aprisa que casi no tocaban el lecho de hojarasca, sus
ojos no parpadeaban y su mente era un torbellino caótico e inconexo
que lo absorbía hacia un oscuro vacío de razón. La carrera del
elfo fue abruptamente interrumpida al tropezar con la raíz de un
árbol que sobresalía de la tierra. Era la primera vez que ocurría
tal cosa, ni siquiera en su niñez había caído accidentalmente,
juraría incluso que la raiz nudosa había surgido a su paso. Pero no
se detuvo por tal nimiedad, no sintió dolor, la piel de su cara
estaba encendida y gotas de sudor perlaban su rostro, Se puso en pie
pero no había dado un paso cuando alguien reclamó su atención
llamándolo por su nombre.
-¡Espera Imoriel!
El elfo, confundido,
miró en derredor intentando localizar la fuente de aquella voz que
provenía de todas direcciones, era como si el bosque mismo le
hablase.
-No intentes
detenerme, seas quien seas. Me he prometido reparar el crimen
cometido contra mi pueblo y por mi vida que así lo haré.
-Morirás.
-Así sea. Y si te
interpones en mi camino, tú me seguirás hasta el lugar del que
nadie jamás regresa.
-Palabras de muerte
es todo lo que sale de tu boca. Yo te ofrezco palabras de vida.
-¡Muéstrate! O
deja que alcance mi destino.
La raíz en la que
hubo trastabillado desapareció bajo tierra y asombrosamente el árbol
al que pertenecía fue girándose lentamente entre el crujir de su
vieja y ajada corteza. Era un castaño muy frondoso y su tronco era
el más ancho de los árboles de alrededor, harían falta cinco o
seis personas agarradas de la mano para rodearlo, lo que significaba
que era el árbol más anciano del bosque. Mostró la parte posterior
del árbol y una abertura en su tronco en cuyo interior estaba
recostada la figura desnuda de una joven de belleza sobrenatural.
-No sabes qué te
depara el destino Imoriel. Yo sí, solo lograrás que tu pueblo
derrame más lágrimas y esta vez serán por tu culpa.
El joven cazador
quedó impresionado unos segundos ante aquella aparición. Cuando
recuperó el habla preguntó.
-¿Quién eres?
¿Cómo es que conoces mi nombre?
-Te conozco a ti y
también al resto de tu pueblo. También conocí a tus ancestros y a
los que hubieron antes que ellos. Conozco al zorro, a la lechuza y a
la hormiga. Al sauce, al tejo y a la madreselva pues todos sois parte
del bosque, como yo.
-Un espíritu del
bosque. - Susurró para sus adentros Imoriel.
-Sería lo más
cercano a lo que es un nombre para vosotros, sí. No soy un individuo
así que nunca necesité algo así, un nombre, una palabra que me
defina como un slolo ser. Mi existencia está ligada a cada criatura
salvaje que aquí habita. Vosotros, los elfos, siempre habéis
respetado el orden natural que rige el bosque y por eso me entristece
lo que os ha pasado.
-Entonces sabes qué
o quién es el responsable de nuestra tragedia. ¿En verdad fueron
dragones? ¡Respóndeme por favor!
-Me pides una
respuesta que no tengo. Soy tan antigua como éste bosque pues "nací"
con él y nunca había visto criaturas semejantes. Parecen lagartos
pero caminan sobre dos patas como haces tú y se comunican entre
ellas en una lengua desconocida para mí. Ni la serpiente, ni la
salamanquesa la entienden. Los animales sintieron el peligro de su
presencia y huyeron al otro lado del bosque. Yo... Reaccioné
demasiado tarde, mi noción del tiempo es distinta a la de las
criaturas mortales, así que en parte soy responsable de lo ocurrido
y por ello quiero compensaros de alguna forma.
La dríada saca un
brazo del interior del tronco del castaño milenario y una de las
ramas del árbol baja hasta su alcance. El espíritu agarra una
pequeña rama recta como una vara y ésta se parte con un chasquido.
Una mueca de dolor se refleja en el rostro de la ninfa como si la
hubiera arrancado de su propia carne.
-Acércate. Toma
esta vara de castaño, no es una madera común pues su savia es mi
sangre y contiene la magia que te permitirá decidir tu destino.
Llegará el momento en el que tendrás que decidir entre cumplir tu
palabra de vida o tu palabra de muerte pero elijas una u otra, ambas
exigirán un sacrificio. ¿Aceptas lo que te ofrezco?
-Acepto.- Respondió
sin dudar si con aquello conseguía acabar con la amenaza de un
enemigo desconocido.
-Vuelve entonces con
los tuyos y piensa que decisión tomarás. Sea la que sea, al final,
yo estaré a tu lado.
Los elfos
supervivientes huyeron alejándose del interior del bosque y el
peligro que acechaba, como hicieron los animales días atrás. Esa
noche Imoriel la pasó en vela rememorando las palabras dichas por la
dríada, meditando sobre lo que debía hacer. Sostenía la vara entre
sus manos apretándola tan fuerte que sus nudillos se tornaron
blancos. La cabeza le pedía calma y preocuparse por la seguridad de
los que se salvaron, la sangre le hervía pidiendo venganza. Como él,
varios camaradas ya habían decidido cazar a los dragones por
imposible que pareciese tal idea. Imoriel aceptó seguirlos y de la
vara talló una flecha con cabeza de dragón que al endurecerla al
fuego se volvió más resistente que el acero.
Siguiendo el rastro
llegaron a un valle en el que vieron que una parte de la ladera se
había derrumbado por un deslizamiento de tierra. Viéndolo más de
cerca, descubrieron un gran agujero que era la entrada a una caverna.
También observaron que las rocas y la tierra habían sido retiradas.
Armándose de valor atravesaron la hoquedad por la que podría pasar
un gigante y se adentraron en las tinieblas.
Casi una veintena de
elfos armados con arcos, cuchillos de caza y lanzas iban a
enfrentarse a dragones mitológicos y a unos seres que ni el tiempo
conocía de su existencia. Después de tres horas caminando en la
oscuridad tan solo alumbrada por la luz de las antorchas, siempre
bajando, hacía las entrañas de la tierra, amiroraron el paso al
llegar a una bóveda de roca, tan grande que podía contener varias
aldeas como la suya. Asomándose por una amplia cornisa natural,
quedaron maravillados ante la visión que aparecía ante ellos. Toda
una ciudad, una civilización desconocida se erigía sobre ríos de
roca fundida que surgía de la tierra como la sangre de una herida
profunda.
Avanzaron en
silencio a la manera de los elfos del bosque, sus pasos no emitían
sonido y solo podía oirse el roce de la tela de sus vestiduras.
Antes de descender por la rampa empinada que bajaba hasta un camino
de roca que servía de acceso a la ciudad, habían planeado que un
pequeño grupo de ellos se internase en territorio enemigo para
estudiarlos, mientras el resto permanecería oculto a la espera de
entrar en acción.
Inmoriel tenía en
mente devolverles todo el dolor causado, si es que unos seres tan
viles eran capaces de sentir algo. El elfo iba acompañado por dos
camaradas, moviéndose entre las sombras, las cascadas de lava
fundida que caían de las paredes más alejadas así como los
riachuelos que se filtraban por el suelo de roca eran la única
iluminación natural ya que el sol quedaba a cientos de metros sobre
la bóveda de piedra. Sudaban copiosamente y les resultaba difícil
respirar, debían parar en ocasiones para evitar el sofoco. Una de
esas paradas evitó que fueran dscubiertos cuando de una esquina
aparecieron dos de aquellas criaturas. Los ojos de Inmoriel se
abrieron como platos y por un momento, el rencor fue sustituido por
el asombro. Lo que los supervivientes le contaron sobre esos seres no
había sido fruto del pánico, sus cuerpos eran humanóides pero
tanto su piel como su cabeza eran repulsivamente reptilianas. Vestían
una especie de faldón que cubría sus piernas hasta los tobillos,
sus pies descalzos acabados en garras negras como las de los dedos de
las manos, la piel era escamosa y de un tono gris lechoso, aunque lo
más terrorífico era su rostro cuyo rasgo más llamativo eran una
gran boca repleta de afilados colmillos y unos malvados ojos de
retícula rasgada. Cuando volvieron en si, los dos hijos de dragón
les daban la espalda. Los elfos se miraron y asintieron con la
cabeza, sacaron sus puñales y no les dieron oportunidad. La piel
escamosa era tan dura que de no haber sido de manufactura élfica, la
hoja de los puñales no habrían conseguido dañarles los órganos
internos. Antes de desplomarse, sus gargantas gortadas emitieron un
bufido siseante. arrastraron sus cuerpos detrás del edificio dejando
un corto reguero de sangre, ésta era de un color rojo tan oscuro que
parecía negro.
Siguieron
adentrándose en territorio enemigo asesinando siempre que tenían
oportunidad. Cada vez se alejaban más de su compañeros que los
esperaban para comenzar la incursión. Sabían que su misión estaba
abocada casi con total seguridad a ser una actuación suicida pero
darían gustosos sus vidas si con ello conseguían amedrentar al
enemigo lo suficiente para que se pensara dos veces volver a atacar a
su pueblo. Si lograban llegar hasta alguna personalidad importante en
su sociedad sería un duro golpe a su moral. Por eso el comando de
Inmoriel se dirigía hacia el edificio más alto y fastuoso, el cual
se elevaba como una torre en el centro de la ciudad. Su entrada
estaba guardada por más hombres-serpiente y lograr pasar a la fuerza
siendo solo tres sería imposible. Habían trazado una ruta más o
menos segura y decidieron volver con el resto.
El camino de vuelta
les confirmó que el grupo podría acceder hasta el centro de la
ciudad con una menor posibilidad de ser descubiertos. Pero antes de
llegar al punto de encuentro ocurrió algo que hizo que el corazón
les diera un vuelco. Unas pisadas gigantestas hiceron vibrar el
suelo, se escondieron en un lugar que les permitía espiar la calle
principal y así fue que vieron un monstruo tan grande como las
construcciones más altas de los alrededores. Era un dragón, o eso
entendieron ellos, caminaba sobre dos poderosas patas traseras, su
horrible cabeza era desporporcionadamente grande con respecto al
torso del que surgían unos brazos minúsculos, la gran cola se
balanceaba de izquierda a derecha al compás de su caminar. Sobre el
cuello del monstruo había instalada una silla en la que un
hombre-serpiente guiaba al monstruo con una larga lanza. Al dragón
lo seguía una comitiva de más hombres-serpiente armados, parecía
una partida que estaba de vuelta y lo que horrorizó a Inmoriel fue
que entre ellos estaban sus compañeros los cuales habían sido
encadendos los unos a los otros y eran obligados a caminar con
bruscos empujones. Pasaron lentamente pero sin detenerse e Inmoriel
pudo contar su número confirmando que habían peleado fieramente
pues faltaban caras conocidas. A pesar de que el corazón los
empujaba a salir y liberarlos, no hizo falta tener que refrenar a sus
compañeros, sabían que sería imposible y perderían la única
oportunidad de salvarlos.
Necesitaron un
tiempo para calmarse y organizar su mente. Habían visto cuán
complicado era colarse en la torre, una muralla la rodeaba y su
entrada estaba protegida por una pequeña guardia. Siguiendo a
escondidas a los prisioneros, volvieron al lugar desde el que podían
ver claramente el acceso a la torre. La comitiva traspasó la muralla
y los perdieron de vista. Pasaron los minutos y estos se convirtieron
en horas, en aquel mundo subterráneo carente de sol era imposible
orientarse. No encontraban la manera de poder colarse en el palacio
hasta que se les presentó una oportunidad. Otro dragón se dirigía
hacia la misma puerta por la que habían pasado los elfos cautivos,
éste tiraba de un gran carro cargado de unas extrañas rocas
luminiscentes. Se posicionaron de tal forma que cuando el carro pasó
frente a ellos, treparon ágilmente sin ser descubiertos. Solo el
jinete podría verlos desde su posición aunque para ello debería
mirar por encima del alto respaldo de la silla. La guardia no lo
detuvo para inspeccionar la carga a pesar de haber capturado
recientemente a los intrusos, los lagartos estaban confiados en que
esos débiles mamíferos no suponían un peligro real para ellos. Así
lograron pasa las murallas de la torre y cuando vieron que no habían
ojos vigilando, bajaron del carro y pegaron la espalda a los bloques
de roca negra que eran la base de la torre. Una hoquedad a ras de
suelo que despedía un fétido olor les sirvió para introducirse en
el interior de la torre.
Las cloacas les
llevaron hasta una cámara de la que colgaban cadenas y ganchos. Era
difícil discernir si se trataba de una mazmorra, una sala de tortura
o un almacén. Siguieron hacia delante sin saber a ciencia cierta que
encontrarían, ni si serían capaces de encontrar a sus amigos. Todos
permanecían en completo silencio, tan solo se oía el roce de sus
ropas y los ecos lejanos de la vida en la torre. Imoriel creyó oir
una voz que le llamaba, era dulce y femenina, apenas la oyó y dudó
pensando que su mente estaba jugando con él pero volvió a
escucharla una segunda vez. Sus compañeros no parecían darse cuenta
pero Imoriel los guió hacia ella. De aquella mística manera
llegaron a una habitación que no se distinguía de la anterior salvo
por una tosca reja colocada en el suelo. Allí, encerrados tras la
reja estaban sus compañeros y alguien más. ¡También encontraron a
la gente raptada de la aldea! El gozo fue breve pues un resistente
cerrojo impedía poder liberarlos del foso.
-¡Imoriel! Alabada
sea la diosa.
-Amigos pronto os
sacaremos de ahí y volveremos a casa.
-Antes tendrás que
arrebatarle las llaves al carcelero. Escuché a ese cerdo hace un
momento, en la habitación contigua.
Raudo, Loreth fue
hacia la puerta y espió por la rendija. Allí estaba, una de esas
criaturas reptilianas cuya oronda barriga casi no le dejaba realizar
la tarea de cortar un gran pedazo de carne. Miró en derredor y
comprobó que se trataba de las cocinas. Imoriel se acercó y
haciendo gala de su famoso sigilo consiguió robar al carcelero el
manojo de llaves que colgaba de su cinto sin que éste se diera
cuenta. Acto seguido abrió el candado y usando una escalera que
habían dejado intencionadamente cerca, sacó a los cautivos.
Sabían que la treta
no tardaría en ser descubierta por lo que se apresuraron a salir por
el mismo camino que habían usado para entrar. Algunos estaban
heridos y había que ayudarles a caminar, eso les hizo retrasarse.
Cuando salieron de la torre por la cloaca se encontraron con el
problema de cómo burlar a la guardia de la puerta. La fortuna estaba
de su lado y el mismo carro que los había colado permanecía parado
en el mismo lugar. Ahora estaba vacío de su carga de rocas y ellos
eran más de una veintena de personas, serían descubiertos
fácilmente por el carretero o por una simple inspección de la
guardia. Habían llegado demasiado lejos y ese parecía el fin del
camino, por tanto no había nada más que perder y así fue como
redujeron al carretero, se hicieron con el vehículo y sin saber muy
bien cómo, un aterrado Loreth consiguió guiar al dragón arrollando
a la guardia que les cortaba el paso.
Casi la totalidad de
las fuerzas de la ciudad les pisaba los talones. Desarmados y en
minoría no tendrían ninguna oportunidad contra el enemigo. El
tiempo que les proporcionó el desconcierto fue la ventaja que les
permitió llegar a la linde de la ciudad. Abandonaron el gran
carromato cuando ya veían acercarse a la vanguardia de los
hombre-serpiente. Tenían que cruzar un puente natural sobre una
profunda grieta, en el fondo podía verse el intenso color de un río
de lava fundida. Después del puente les esperaba la rampa que les
llevaría hasta la cornisa desde la que habían visto toda la ciudad
y luego tendrían un largo camino a través de la gruta de entrada.
No lo conseguirían.
Imoriel quedó en
retaguardia junto con Loreth para asegurarse de que nadie quedaba
atrás. Junto con Kirin eran los únicos que portaban armas. La
certeza de un final haciago era clara en la mente de Imoriel y
también en los demás pero se negaban a aceptar una muerte horrenda
como desenlace. Colmado de valor, Imoriel se detuvo en medio del
puente, no antes de que lo hubiera hecho el resto. Y con una voz tan
digna como la de los antiguos reyes élficos dijo sus últimas
palabras.
-Loreth escúchame y
haz lo que te digo. Guía a nuestro pueblo y llévalo a casa a salvo.
Daos toda la prisa que os permitan vuestro pies cansados y no miréis
atrás.
-¡No! Me quedaré
contigo y les haremos frente. Juntos los retras...
Imoriel negó con la
cabeza sin decir nada. Loreth sabía que lo que deseaba no serviría
de nada así que aceptó el sacrificio de su amigo y rezó para que
sirviera de algo.
Cuando Loreth,
Imoriel se fue se giró hacia el otro extremo del puente y encaró al
enemigo que ya había llegado. Una lluvia de flechas dieron muerte a
toda serpiente que quiso atravesar el puente, ninguno logró si
quiera acercarse a la mitad. Pero entonces llegó el grueso del
enemigo. No quedaban flechas en su carcaj para tantos y dudaba de que
sirvieran lo que él creía que eran dragones jóvenes y aun así
enormes. Sin embargo cesó el acoso del enemigo y las filas se
abrieron dejando paso a una criatura diferente a las demás. Era
significativamente más alta y solo su torso tenía apariencia
humanóide, se desplazaba sobre una gruesa cola serpentina y su
cabeza era como la de una víbora. Aquel monstruo de casi tres metros
de alto vestía ropajes ricamente adornados con metales preciosos y
brillantes joyas. Se puso al frente de sus huestes flanqueado de una
guardia real. Extendió uno de sus brazos y le trajeron a un elfo
demacrado y de ojos hundidos. Era Zarías pero a Imoriel le costó
reconocerlo estando en un estado tan deplorable. El jefe de los
hombres-serpiente lanzó un pedazo de carne que estaba devorando
ávidamente y con horror el elfo pudo ver que de los huesos roídos
colgaba intacta una mano de mujer. Llevaron a Zarías junto al
cacique y este agarró su cabeza con una mano. El prisionero comenzó
a mover la boca emitiendo una voz fantasmagórica y carente de
voluntad, tan solo reproducía el pensamiento del monstruo cuyo
vocabulario, inteligible para Imoriel, eran solo siseos.
-Pequeña alimaña
de superficie. Habéis osado rebelaros contra el pueblo de las
profundidades. Nosotros que una vez gobernamos la superficie y caímos
en el olvido a causa de una maldición. Pero hemos vuelto después de
siglos sin ver la luz del sol y extenderemos nuestro imperio como
antaño. Vosotros habéis sido honrados siendo nuestros primeros
siervos de esta era. ¿Así nos agradeces que no os hayamos
exterminado sin más? Pero tiene solución, si no nos servís como
esclavos, seréis útiles como alimento. En nuestro encierro nos
teníamos que conformar con las correosas alimañas de las
profundidades pero vuetra carne es tierna y dulce. Especialmente la
de vuestras crías.
La repulsión y la
ira se apoderaron de Imoriel, quería matar a todas esas viles
criaturas, que no quedase ni una que pudiera causar más daño. Como
en trance su mano fue hacía el carcaj y la yema de sus dedos sintió
la pluma de una flecha. Al tocar la madera una voz le habló desde
dentro de su cabeza, era como el pensamiento de otra persona, esa voz
era la misma que lo había guiado en la torre.
-Llegó el momento
que presagié querido Imoriel. - Ahora podía oírla con total
nitidez. Era la voz de la díadra del bosque. -Tú decides si tu
última acción será de vida o de muerte. Como precio, elijas lo que
elijas, tu pueblo sufrirá. Pero elige bien pues sus vidas están en
tus manos. - Imoriel giró la vista hacia los suyos que ya casi
habían alcanzado la cornisa. -No temas pues no harás este viaje
solo, como te prometí estoy aquí, a tu lado, te cedo mi poder en
forma de la flecha que tallaste de mi rama. - El elfo sintió una
mano incorpórea acariciar su rostro con ternura. El gesto arrancó
toda congoja de su corazón y le insufló el valor que necesitaba
para sellar su destino.
Con un gesto el
general de las serpientes ordenó cargar contra el elfo. Imoriel
colocó la flecha de castaño en la cuerda de su arco y la tensó.
Conforme preparaba el disparo la punta de la flecha con forma de
cabeza de dragón comenzó a brillar, primero débilmente, luego más
intensamente hasta que los hombres-serpiente tuvieron que detenerse
cegados por tal fulgor. Imoriel apuntó hacia el pecho del rey y
concentró todo su odio en ello, con un solo gesto lograría su
venganza. Uno de los soldados señaló con el dedo hacia una figura
etérea que se había materializado justo detrás de Imoriel, una
joven de gran belleza, completamente desnuda, de largos cabellos con
hojas enredadas en ellos. La dríada sostenía el brazo con el que él
agarraba el arco, otorgándole su poder y evitando que el elfo
flaquease. En el último momento el valiente Imoriel bajó el arma,
apuntó a la base del puente y liberó la flecha.
Una explosión de
luz iluminó la gigantesca bóveda subterránea que tembló cual
terremoto. Los elfos se giraron asombrados pero tuvieron que retirar
la vista hasta que la luz fue bajando en intensidad. Cuando
recuperaron la vista el puente de roca había desaparecido y con él
también Imoriel, así como los soldados y dragones que habían ido a
por él. Al pie del puente desaparecido los observaba la gran
serpiente, con rencor en sus viles ojos de pupilas rasgadas. Tuvieron
que retirarse pues el nivel de la lava había crecido con la caída
de las rocas imposibilitando de cualquier manera el paso hacia el
otro lado.
Los días siguientes
al suceso, los elfos lloraron la pérdida de sus seres querido y
especialmente de su miembro más virtuoso el cual había dado su vida
heróicamente por los demás. Así se cumplió la segunda profecía
de la díadra y la pena se instaló en sus corazones durante el luto.
Pero luego vino la alegría de la vida y la libertad. Los elfos no
descansaron hasta cegar la gruta por la que habían salido los
hombres-serpiente, condenándolos a otra era de oscuridad.
Por su parte, la
dríada pese a haber consumido la mayor parte de su magia para salvar
al pueblo élfico, sobrevivió para mantener con vida el bosque y
protegerlo de futuras amenazas como la de los hombres-serpiente.
Dicen que muchos años después, una niña que se perdió en el
bosque durante tres días. En lo más profundo del bosque se encontró
con una anciana que vivía dentro de un castaño muy grande el cual
tenía la mitad de su copa muerta. Esta anciana la trató con mucha
amabilidad, la alimentó con frutos del bosque y la ayudó a
encontrar el camino de vuelta a casa.
Esta tragedia se
convirtió en leyenda y llegó a nuestros días tal como ha sido
relatada, para que nunca se olvide el peligro que nos acecha desde
las profundidades de la tierra. Los hijos del dragón.
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