Atención Por Favor.

Ante todo nos dirigimos y agradecemos a todos por la ayuda que nos dan con este blog ya sean seguidores, oyentes del programa de radio y por sobre todo a todos aquellos propietarios de webs, blogs, libros y todos los lugares donde han obtenidos la información y nos han acercado a nuestro mail para que podamos publicarlas en este humilde blog, para que todas las semanas desde hace ya 7 años podamos compartir en dos emisiones las tantas historias, enigmas y misterios del universo que se van pasando de generación en generación y así reflejar esas viejas leyendas, historias, enigmas y misterios que de niños oímos mas de una vez y que nos asustaban en algunos casos como también en otras nos enseñaban a valorar y respetar esas narraciones.

Desde ya les agradezco a todos y pido disculpas si no se agrega la fuente por que muchos correos no la poseen y para no cometer errores no se agrega pero en este pequeño equipo estamos muy agradecidos para con todos. Muchísimas Gracias a todos en general por su valiosa información y por su cordial atención.

Equipo Infinito.



martes, 9 de abril de 2019

La Pensión del Miedo


“Esto pasó en Ciudad hace cosa de 20 años cuando recién me casé, ocurrió en una añosa pensión que está en calle Avellaneda, a pocas cuadras de los portones del parque”

Allí llegamos con mi esposa embarazada a vivir de allegados con mi hermana que alquilaba una pieza por módicos 600 pesos que incluían habitación con dos camas, derecho a baño comunitario, cocina comunitaria y los domingos comedor comunitario.

El caso es que yo había hablado con el encargado de la pensión, un chileno a quien llamaré Adriano y quien, para los efectos de la historia merece una reseña.

El tipo era un vividor, un tahúr entregado a los goces de la vida a pesar de cargar sobre sus hombros con 40 y tantos y una renguera producto de una accidente en moto, lo que no le impedía bailar al ritmo de los éxitos de Sandro, a quien se parecía físicamente y deleitarnos los domingos durante el asado de patio con los temas del gitano cantados histriónicamente con un vaso de lata a modo de micrófono.

Adriano era además plomero gasista por oficio y ahí enganché con él para que me enseñara a trabajar y me diera laburo dado que salido recién del cole y con una mina y un gurí en camino no podía pretender ser gerente de nada como hoy en día.

Adriano era un tipo oscuro, igual que el Turco dueño de la pensión que venía solo una vez al mes y solo entraba a la habitación del encargado a cobrar lo recogido por éste de los otros inquilino, sin que el resto le pudiera hacer ver sus molestias por lo desvencijado del edificio.

Y como estas antigüedades abundan en Mendoza, tenía guardada una historia que hasta el día de hoy me pone los pelos de punta cuando recuerdo.

Toda la gente que allí vivía lo hacía normalmente… pero de noche y sobre todo cuando había luna, se escondían temprano y cerraban los postigos de las puertas que tenían vidrios (o falta de ellos) que permitían la vista hacia el exterior (e interior respectivamente), ponían la televisión fuerte o la música para no oír los sonidos del exterior.

Siendo joven era un tipo poco dado a la cobardía, pero aquella ceremonia de encerrarse me empezó a inquietar y más aún cuando cambié de laburo y empecé a trabajar de noche…

Entré a trabajar al carrito que está en el cerro La Gloria como sanguchero y de noche, para ganar más, de mozo, por ende llegaba a casa a eso de las 4 o 5 de la mañana, debiendo recorrer hasta mi residencia una distancia de treinta metros desde el tétrico portón de calle, pasando por las habitaciones de dos pisos del frente lo que le daba a la pensión un aspecto fantasmagórico, una vez ingresado al patio principal, se accedía mediante una galería a las piezas.

Fue en el patio donde por primera vez me sentí vigilado, observado desde arriba, era difícil de explicar, pero se sentía como un frío que bajaba cual un manto de hielo, a pesar de estar en pleno verano, que me obligaba a apurar el paso para meterme a la pieza… debo hoy reconocer que me recagaba de miedo y no me atrevía a mirar al techo. Entonces empecé a indagar y a medida que lo hacía los eventos se desencadenaron vertiginosamente.

Pregunté a los vecinos y la mayoría rehuía a las respuestas como si estuviesen siendo vigilados, amordazados por una mano invisible, fue Mirta, una vecina ya entrada en años y con un pasado opulento (psicóloga retirada y enloquecida por el abandono marital) quien me llamó un día a su cuarto, al lado del nuestro y me contó…

- Vos, pajarito (así le gustaba llamarnos a mi mujer y a mí) no te imaginas lo que acá ha pasado, el tipo ese, Adriano, vos lo conocés, tiene mucho que ver en esto por eso nos callamos, lo que acá pasa va más allá del entendimiento humano… por lo que más quieras ¡¡no preguntes más!!

En este punto sus cenicientos ojos revelaban un dejo de horror, un horror latente y presente, como si hablara conmigo y con alguien más dentro de aquella habitación… me supo transmitir su miedo y mi inicial coraza de hombría e ignorancia se tornó de inmediato en pavor. Estábamos solos en la habitación, sobre la mesa estaba una lamparita de mesa con un foquito de 60 watts que iluminaba mortecinamente la estancia y si inicialmente nuestras sombras eran dos sobre la pared, al culminar las palabras de Mirta… ¡sobre mi sombra aparecía otra en forma horizontal!, me quedé helado mirando, sintiendo sobre mí el frío que he descrito con anterioridad, entonces haciendo acopio de valor, me desembaracé de aquel hipnótico trance y volví mi vista hacia mi vecina. Esto me desmoronó, sus ojos miraban la pared sobre mí y con horror asentía, mientras lágrimas corrían por sus descarnadas mejillas. Hui de allí sin dar crédito a lo que había visto. ¿Cómo podía ella haber visto esa sombra sobre mi si hacía tiempo un severo glaucoma la había enceguecido totalmente?

En los días siguientes los sucesos se desencadenaron vertiginosamente, como si mi intrusión hubiese despertado o molestado a aquella cosa, por las noches se oía en las chapas del techo un constante ir y venir de pasos fuertes y gruñidos… bajos y estertóreos, siempre deteniéndose sobre nuestro cuarto, gruñendo, rascando las latas y tratando de bajar. Debo contar que estas casas, para quienes no hayan visto alguna, poseían en vez de cielo raso una lona gruesa colgando sobre la mampostería y que con el viento (el zonda por ejemplo) se movía como la vela de un barco.

Entonces cuando la cosa caminaba o corría por el techo lona se cimbraba y arrojaba sobre nosotros polvo y restos de insectos secos.

Hasta que una noche, que recuerdo hasta hoy, volviendo del trabajo y cuando los sucesos habían amainado un poco, la ví…

Sobre el techo, en el ángulo que quebraba la pensión en dos, de pie estaba una figura femenina, una mujer de pelo suelto y ropa clara, con las manos crispadas a los lados del cuerpo, mirando el techo bajo sus pies. Mi horror me paralizó y me obligó a presenciar aquello que no era de este mundo. Sus pies desnudos, su ropa de niña mecida por la brisa cálida del verano, sus manos convertidas en dos arañas gigantescas cuyas falanges se agitaban como látigos sobre sus muslos, aprestándose a saltar… aprestándose a bajar… pero ¿adonde?… ¡¡la habitación de Adriano!!, esta tenía un tragaluz y el chileno tenía su cama justo debajo para poder tomar a la luz de la luna y las estrellas, y ahora una aparición lo estaba acechando por esa misma claraboya.



La mujer empezó a moverse en círculos alrededor del agujero en el techo y cuando me daba la espalda, mi respiración se soltaba, fueron dos vueltas, me acuerdo muy claro y a la tercera… me vio, o eso creo porque detuvo su cancina y macabra ronda dirigiendo su faz hacia el patio donde yo estaba petrificado, echó hacia arriba los hombros y comenzó a gruñir, tal como había oído en las carreras por el techo, un gruñido seco, sin vida, de odio, de perdición.

No lo soporté más, corrí venciendo el miedo, pero en cámara lenta, no podía correr, mis piernas daban largas zancadas pero no podía salir del patio, siempre bajo la vigilancia de la cosa, rodeé una hilera de malvones que crecían en una cantera de piedra y me acuclillé, como un feto intentando gritar. Pedí ayuda sin emitir más que un ronco estertor, como cuando una sueña cosas horribles y trata de gritar sin conseguirlo.

Levanté la vista, con ardientes lágrimas brotando descontroladas, con una mezcla de horror y creciente adormecimiento y grite en voz baja:

- Mamita lo tuyo no es conmigo, soltame…

Y desperté con la luna sobre mí, temblando y con mis manos crispadas y vacilantes, con la cabeza agachada, me arrastré por el lado del alero del patio hasta alcanzar la trancada puerta de mi cuarto… golpeé con sigilo, pero con urgencia, y entré como un galgo a la apenas iluminada habitación donde mi mujer y mi hijo recién nacido dormían sin haber oído nada.

Nada le conté, pero hice todos los esfuerzos por emigrar, cuanto antes de allí, consiguiéndolo casi un mes más tarde.

Supe luego que Adriano había estado de novio con una chica de 20 años y que habían vivido hacia años en la pieza del cuidador. Luego de una aventura de él con otra mujer, la chica se colgó del techo en donde las alas de la pensión se juntaban y se veían las vigas de la añosa construcción.

Hace poco supe que Adriano se mudó a una casa de calle Belgrano y que los vecinos ya hablaban de los raros hábitos del hombre y la fijación de los gatos del sector que han agarrado de correr y gruñir por los techos de su casa por las noches.

Hace poco también pasé por la oscura pensión de calle Avellaneda… la herrumbrosa puerta de hierro sigue allí a media cuadra de la Boulogne… como un viejo que se niega a mudarse para que pasé por su casa una autopista…

domingo, 7 de abril de 2019

El Fantasma Del Jardín De Infantes

El principal de los motivos es tratar de contar todo sin dar nombres ni detalles específicos, ya que hay una familia que aún llora a su muerto y mucha gente que trabaja en el jardín de infantes de este terrible suceso. Sinceramente lo que me lleva a contarla es que esta vez doy fe de que es totalmente real porque fue partícipe de los hechos… hechos que aún pueden ser comprobados por cualquier alma inquisitiva como la mía.
 
Hace algunos años se suicidó un personaje público en Mendoza, vamos a llamarlo Pedro. Hay varios rumores sobre su suicidio, los cuales no vienen al caso, lo que sí les puedo comentar es que el hecho fue en el primer piso de su casa, que hacía las veces de oficina de trabajo.

Pedro era un ferviente radioescucha y amante de los gatos. Felipe (nombre alusivo también) era el gato que lo acompañaba durante sus tarde noches de trabajo con la radio de fondo.

El caso conmocionó la provincia, la familia aún hoy no ha hecho público el motivo de tan drástica decisión. Incluso se comenta que previo al suceso hubo un caliente ida y vuelta con un colega suyo. Pedro decidió suicidarse, lo que olvidó fue que los suicidas quedan en el umbral de la vida y la muerte, vagando errantes.

La familia al muy poco tiempo vendió la enorme casa, son más que obvios los motivos. Incluso la misma fue vendida a un precio casi irrisorio, como para sacársela de encima rápidamente. En el lugar se abrió un jardín de infantes, el cual al poco tiempo se llenó de alumnos.

En el piso de arriba abrieron varias aulas y la oficina de la directora, quien siempre era la primera en entrar y la última en irse. Esta oficina era la habitación donde Pedro se había suicidado.

La historia comenzó un día en que una conocida mía me contó que los niños veían a un señor vestido de negro pasando por el pasillo, a mi conocida le vamos a poner el nombre de Alba. Cuando los chicos le decían “Seño, seño, ¿Quién es ese señor?” Alba se daba vuelta y no veía a nadie. Al principio relacionó todo con la imaginación de los niños, hasta ahí no había contado nunca nada.

Me vino con la historia el día que desapareció uno de sus alumnitos. Se pueden imaginar los nervios de todo el personal buscando al niño por todos lados. La directora no quería llamar a la policía para no alarmar a los padres y las seños habían colapsado por la situación. A último momento, Alba encontró a su alumnito en el sótano de la casa. Entre retos, llantos y ovarios que descendían de las gargantas a sus respectivos lugares, Alba y la directora le preguntaron al nene como había llegado ahí abajo, cuando la puerta de entrada al sótano estaba cerrada con llave, llave que la directora guardaba en un cajón de su escritorio. El nene contestó que el “señor de negro” lo había llevado de la mano y le había dicho que se quedara a esperarlo que le traería un regalo. Un escalofrío recorrió toda la espalda de Alba, quien al momento fue citada a una reunión en privado en el despacho de la directora.

Como era de esperar, se le pidió casi de manera amenazante que el hecho no trascendiera. Las llaves del sótano habían desaparecido del cajón de la directora. Obviamente Alba llegó muy shokeada a su casa y fue al poco tiempo cuando me enteré del suceso.

Lo que comenzó a ocurrir después fue que los chicos veían un gato entrar por las ventanas de las aulas. Ya no eran solamente los alumnos de Alba, sino que eran todos los alumnos del jardín. Además, un hombre de negro asustaba a una seño pero no le llamaba la atención a un niño, un gato sí. Alba cuenta que observaba con horror cuando todos sus alumnitos se paraban a ver al gatito en la ventana y lo saludaban al tiempo que ella no veía absolutamente nada.

Una mañana de invierno se comenzó a escuchar una radio en la oficina de la directora, comenzó suave, como el ruido de un aparato viejo. Luego el sonido empezó a aumentar, hasta que se hizo bastante molesto para mantener a los alumnos concentrados. Alba me comentó que parecía una especie de discurso lo que se escuchaba, una voz vitoreada por varias voces. Llegó un punto en el que se puso muy fuerte la radio y Alba decidió ir hasta la oficina de la directora para pedirle que bajara el volumen. Al llegar la habitación estaba cerrada. Alba golpeó una vez, volvió a golpear y nada, llamó a la directora y nada, luego de un minuto se asustó, pensando que quizás la directora se podía haber desmayado y comenzó a llamarla fuerte, sin gritar, por miedo a que se asustaran sus alumnos. Las demás seños salieron al pasillo y vieron la cara de nervios de Alba, llamando a la directora y tratando de no gritar al tiempo que les hacía gestos con las manos y la cara. La llamaron al unísono y nada, golpearon más fuerte y no se oían respuestas, la radio ya estaba a un volumen insoportable.

De pronto subió un celador que dijo que sentía los ruidos de la radio desde el jardín de afuera. Vio a las seños desesperadas intentando abrir y pensó lo mismo que todas, que algo le podría haber pasado a la directora. Forcejeó un poco la puerta y luego la abrió con el hombro de un golpazo. El ruido se mezcló con el volumen de la radio, el cual se cortó en seco al abrirse la puerta… la habitación estaba vacía. Entraron todas las seños para ver si la directora estaba en el baño privado de la oficina y nada. Estando todos adentro apareció la directora que venía de hacer trámites, desde la calle. Jamás tuvo una radio en la habitación.

La siguiente semana la directora puso su oficina en la planta baja, y dejó la habitación donde se suicidó Pedro como una despensa de materiales.
Una tarde noche estaba en la casa de Alba y me llamó desesperada. Los papás de un alumno estaban llegando de viaje y estaban un poco demorados, le habían pedido a Alba que se quedara con su hijo a esperarlos en el jardín porque no tenían a nadie que lo pasara a buscar. Luego de una hora de espera la directora le dio las llaves de la entrada a Alba y le pidió que se quedara sola, porque ella tenía que volver a su casa y no se podía quedar más. Alba bajó al hall y se quedó con el nene. Al poco tiempo oscureció y comenzó a escuchar la radio desde arriba de las escaleras. Alzó al nene al tiempo que este señalaba para arriba y decía “mire seño ahí está el señor con el gatito Felipe”, salió al jardín de la casa y me llamó. Por una cuestión legal no pueden esperar a los padres del niño en la vereda del jardín, si pasa algo se les arma tremendo lío profesional. Alba estaba aterrada, todas sus cosas se habían quedado en el piso de arriba y al nene aún no lo pasaban a buscar.

En el ínterin entre que llegué yo, pasaron a buscar al nene, pero Alba tenía las llaves de su auto, de su casa y su portafolio en el primer piso. No se había animado a contarles nada a los papás del nene, pero tampoco se había animado a subir ella sola a buscar las cosas.
Yo realmente sabía un poco más de la historia. Sabía del suicidio pero jamás se lo quise comentar, para no asustarla, por lo que realmente estaba muerto de miedo. Debo aclarar que soy bastante miedoso, así que no me animé a subir solo. Cerca del jardín vive un amigo mío, así que lo llamé y al toque se vino. Si bien no sentía nada de ruido ni nada, en el ambiente había algo denso y negativo.

Llegó mi amigo y le contamos más o menos lo que pasaba, él no entendía porque no me había animado a subir a buscar las cosas. Entonces fuimos los dos, comenzamos a subir las escaleras y nada. Llegamos al pasillo, a la derecha estaba la salita de Alba y al fondo la despensa con la puerta cerrada. Entramos los dos a la sala de Alba a buscar todas sus cosas, no sentíamos ruido ni nada, de pronto se empezó a escuchar un ruidito, como de alguien sintonizando una radio. Las piernas me comenzaron a temblar y le dije a mi amigo que nos fuésemos ya.

Lo primero que hicimos al salir de la salita fue mirar hacia la despensa… la puerta estaba abierta. El corazón se me salió por la boca y le grité a mi amigo que nos fuéramos ya. Mi amigo me agarró de la manga de la campera y me dijo “esperá boludo, no seas cagón, no pasa nada, vení vamos a ver”. Le contesté que ni en pedo, que estaba loco, que la cortara y que bajáramos que estaba cagado en las patas. Él no quiso bajar y debo reconocer que el miedo se apoderó de mí. Le dije que no me hiciera eso, por favor, que me sentía un cobarde si me iba pero que estaba muerto de miedo, me vio temblando entero y tuvo algo de piedad. Me dijo “bueno, quedate vos acá y bancame, yo voy a ver”. Yo temblaba como nunca en mi vida, ya era tarde para decirle que no, el muy hijo de puta avanzaba decidido hacia la puerta de la despensa. 

De pronto la radio paró de sintonizarse y quedó fija en el discurso ese que escuchaban las seños. Entonces llegó a la puerta, miro para adentro y la puerta se cerró de golpe. Salimos los dos al palo… corrí desesperado e incluso no se en qué momento bajé las escaleras. Al llegar al hall mi amigo estaba blanco, Alba nos preguntó de afuera qué había pasado, qué habíamos visto. Mi amigo se apresuró a hablar y me calló, muy relajado dijo que no habíamos visto nada, que me estaba haciendo un chiste. Yo lo miré con cara de orto y le dije que no podía ser tan boludo de hacerme asustar así. Nos despedimos y cada uno se fue a su auto.

Me subí al auto y me comenzó a sonar el celu, era mi amigo. “Bomur, llamo para contarte culiado, no te quise asustar porque estaba esta flaca y tenía un pánico tremendo, ella labura ahí y tiene que ir todos los días, pero no voy más a esa casa culiado”, le pregunté que qué había visto. Cabe aclarar que en ningún momento le contamos absolutamente nada de la historia, ni Alba ni yo. “No boludo, no sabés, estaba re oscuro, pero así como en sombras pude ver a un viejo vestido de negro acariciando un gato que tenía en los brazos”.

Alba es mi amiga y se lo tuve que contar, ahí pasaba algo feo y no se merecía que le pasase nada raro. A los pocos días renunció. Hoy por hoy han renunciado todas y cada unas de las seños compañeras de Alba, todas por el mismo motivo… y el jardín sigue funcionando en el mismo lugar.

La Maldición del Mítico Boliche del Este


Neuquén era un boliche mendocino ubicado sobre el Acceso Este (Ruta 7) en la localidad de Fray Luis Beltrán de Maipú, a unos30 kilómetrosde la ciudad de Mendoza. El lugar era fantástico, abría los sábados y era lo mejor de Mendoza. Lo fue durante varios años, desde 1991 hasta el 2004.

Neuquén tenía cinco pistas, que iba desde una populosa pista de éxitos generales, con escenario para bandas, hasta una ultra vip, únicamente para destacados y agraciados menducos. Además el lugar tenía pistas afuera, una al aire libre y otra techada, pileta gigante y un salón para eventos enorme.

No solamente llevaban bandas del momento, comoLa Barra, Rodrigo o Sombras, sino que llevaban a rockeros del palo, comoLa Manchade Rolando, Turf y Viejas Locas. Los Rancheros eran habitúes del lugar.

El precio de la entrada no era barato, pero incluía dos tragos, una cerveza, un pancho y un café… ¡era una cosa de locos! Y como quedaba al medio, entre el gran Mendoza y la zona Este, el lugar se ponía hasta las manos y se llenaba de gente que no se veía a diario (como pasa ahora) y de todas las clases sociales. Iban los “nenes bien” de la zona este, los “campechanos” que habían laburado toda la semana en el campo, “los de la ciudad” hartos de los lugares citadinos, “las de la ciudad”, cansadas de los mismos de siempre y todo el mundo. “Los de ciudad” se volvían locos con las “campechanas” y viceversa. Era un hermoso lugar y sobre todo, una máquina de facturar.

Había un rumor que se corría “tras bambalinas” y era de público conocimiento: el dueño del lugar le había vendido el alma al diablo a cambio de que Neuquén anduviese bien.

Recuerdo que en aquella época me pasaban dos cosas, por un lado tenía pésima suerte con las minas y por otro lado me encantaban las historias de terror, por lo que cuando iba andaba más preocupado en conocer más del mito que en levantar minitas. Y fue así como me enteré mucho más de los que todo el mundo sabía. No puedo revelar mis fuentes porque aún hoy trabajan en la noche, pero son confiables y ciertas.

La leyenda cuenta que había un pacto entre el dueño del boliche y el diablo, lo que pocos saben es que ese pacto tenía cláusulas, condiciones y sanciones si no se respetaba. Se firmó entre dos partes, el dueño del boliche, al que llamaremos alusivamente Jorge y Adramelec, demonio de las finanzas y los negocios. El pacto aseguraba el éxito desmesurado del boliche, lo cual estaba en vista de todos, era común que entre cinco y siete mil personas fueran los sábados a bailar ahí. Como contraprestación no solamente bastaba la entrega del alma de Jorge a Adramelec, sino que se debían ir haciendo algunas “modificaciones” y “reformas” oscuras al boliche.

Estas reformas comenzaban con la creación de una serie de estatuas paganas, con las diversas formas que Adramelec se presentaba a los humanos, que iban desde un mulo hasta un pavo real. El pacto contemplaba seis estatuas ubicadas de una manera muy precisa y detallada por el demonio. Las seis estatuas debían estar distribuidas dentro del boliche de manera tal que cinco formaran una estrella de cinco puntas y la sexta (y última en instalarse) debía marcar el centro de esta estrella demoníaca. Todas las almas que anduviesen por el perímetro de la estrella iban a ser dominadas por Adramelec, sin consenso previo de las mismas. Ese era el fin de la primera reforma. La segunda y más espantosa reforma era la creación de un templo satánico en los subsuelos del boliche, el cual se comenzó a construir a fines del 2003.

De no cumplir con las obligaciones, Jorge no solamente iba a perder su alma y padecer la quiebra absoluta del boliche y el embargo de todos sus bienes, sino que iba a arriesgar su linaje. El mismo iba a ser borrado de la faz de la tierra por Adramelec, eliminando a todos los hijos varones que llevasen su apellido.

El pacto fue firmado en Octubre de1992, amenos de un año de inaugurado, cuando el boliche estaba casi en la ruina económica, con su fama por el piso y con un público cada vez más reducido. Pero, poco a poco, la fama de Neuquén comenzó a crecer a un ritmo vertiginoso y sus pistas se abarrotaron de gente.

Y así arrancó el 93, con un boliche que rebosaba de gente, al cual iban miles de personas, bandas y era una máquina de generar eventos… e ingresos.

Al ver su objetivo logrado y sus bolsillos pesados de tanto dinero, Jorge olvidó el pacto firmado. Le parecía desagradable la idea de las estatuas y pensaba que todo bastaba con la entrega de su alma. Su vida había dado un vuelco absoluto, ahora él y su familia andaban en las más poderosas coupés, vivían en la mejor de las casas, se daba todos los gustos y se codeaban con gente muy vip e importante. El cuerpo de Jorge tocaba el cielo con las manos, al tiempo que su alma tocaba lo más profundo del infierno.

La primera señal que Adramelec le mostró a Jorge en reclamo del pacto fue un verano en que él y su familia estaban en Cancún. Uno de sus hijos sufrió una especie de “golpe de calor”, o “picadura” de algo extraño, lo cual lo postró en la cama y lo tuvo más de un mes en el hospital, sin que ningún médico especialista supiese que le pasaba. Una noche en la que Jorge lo estaba cuidando vio como su hijo se retorcía de dolor, por algo que le quemaba el pecho. Al acercarse al pobre adolescente, Jorge pudo ver como en su pecho se dibujaba una estrella de cinco puntas ardiente. Esa noche juró a Adramelec comenzar con la instalación de las nefastas estatuas. Aquella mañana su hijo “misteriosamente” amaneció sin ningún signo de enfermedad.

La primera estatua fue colocada en la entrada del boliche, donde había una flecha que señalaba su locación. Al llegar a la puerta de Neuquén podíamos ver una misteriosa flecha que en teoría señalaba el cielo. Lo que nadie observaba (por la oscuridad de la noche) era que la flecha señalaba la primera de las estatuas de Adramelec… una pequeña gárgola observando todo.

Al poco tiempo, Jorge nuevamente olvidó el pacto, aborrecía la idea de continuar con la instalación de estas desagradables estatuas. Al tiempo comenzó a tener pesadillas, horrorosos eventos en los que Adramelec se le aparecía en forma de mulo y le recordaba lo que había firmado. Entonces pasó el tiempo y Jorge continuó sin cumplir su parte del pacto… y pagó caro su negación.

En julio del 97 el mayor de sus hijos sufrió un trágico accidente automovilístico en el que perdió la vida. No se encontraron rastros de colisión con otro auto o frenadas, no venía en estado de ebriedad ni bajo los efectos de ningún estupefaciente, misteriosamente por algún suceso que ningún perito pudo determinar con exactitud, el auto en el que viajaba se volcó y le quitó la vida de una manera desagradable e instantánea. En el momento de reconocer el cuerpo, Jorge vio como en el pecho del maltrecho cuerpo ardía una estrella de cinco puntas.

Esa misma noche se instaló la segunda estatua, entre los sanitarios de la pista principal. Justo donde Adramelec le dejó una marca imborrable, para que jamás olvide de lo que le había costado esa segunda estatua. Esa marca nefasta perdura aún hoy en el mismo lugar y no hay pintura que la borre.

Neuquén crecía en popularidad al ritmo que Jorge se hundía en un pozo de depresión y espanto. Las pesadillas y los sucesos paranormales eran habituales en la mansión de Jorge, lo que lo llevó a mudarse varios kilómetros desde donde estaba. Todo se comenzó a poner muy denso… hasta que empezaron a pasar cosas en el boliche.

Lo primero que sucedió fue que la gente se desmayaba dentro del lugar, se comenta que las almas más puras no podían tolerar la atmósfera demoníaca del ambiente, los superaba y los desmayaba. No era normal que aún en invierno y con tanto espacio la gente se desplomase así sin más.

Luego se comenzaron a ver espectros errantes en los patios y en los techos de la pista de Rock Nacional. Era impresionante el recambio del personal de maestranza, pagasen lo que pagasen, nadie toleraba ir más de una vez, por los ruidos y las cosas espantosas que pasaban antes del ingreso de la gente y luego al quedarse ordenando todo. Por algún motivo que ningún técnico pudo develar, pero que nosotros, los que sabíamos la verdad siempre intuimos, a las tres de la mañana (hora del diablo) se cortaba un instante la luz y entre los gritos de la multitud se escuchaba un lamento atroz de fondo. Sinceramente era tétrico.

El temple de Jorge toco fondo cuando en el invierno del 99 una parejita que había ido a besarse a la zona de la piscina sufrió un terrible evento. María Estévez murió ahogada en el fondo de la piscina. Su novio, Hernán Siarrochi, nunca pudo contar lo que vio. Hoy es un paciente más del Hospital Psiquiátrico El Sauce. Según los informes en la denuncia policial asentada en la comisaría 27, el musgo que había en la piscina la tomó de los pies y la llevó al fondo. La autopsia revela muerte por ahogamiento, pero los médicos contaron en aquel entonces que había una importante cantidad de musgo en los pulmones de la desgraciada María. Por este evento Jorge instaló la tercera estatua hacia el norte de las inmediaciones, donde jamás creció el pasto. La misma no se veía desde adentro del boliche sino que había que darse la vuelta por atrás y era un horrible pavo real con las plumas sin pelos.

Los rumores cobraron fuerza cuando una seguidilla de accidentes ocurrieron en la puerta del boliche, uno de ellos se cobró la vida de tres jóvenes que quedaron desparramados por la calle, luego de esto se instaló la cuarta estatua en la pista vip, ubicada a la derecha del boliche. Era una serpiente enroscada en una cruz. El ánimo de Jorge no era el de instalar todas las estatuas, por eso demoraba el cumplimiento del pacto y al parecer, Adramelec lo sabía. Poco a poco la popularidad del boliche fue decayendo y los pocos presentes vivíamos con mayor frecuencia sucesos sobrenaturales y apariciones extrañas. Fue ahí cuando sucedió la trágica anécdota de los chicos de San Martín (esta la puedo contar en otra nota).

De no ser por la muerte del hermano varón de Jorge, la quinta estatua jamás se hubiese instalado. El extraño evento tuvo lugar un domingo, luego de un asado de la familia en el boliche, en diciembre del 2003. Como de costumbre se juntaron todos a almorzar y uno a uno se fueron marchando. El hermano de Jorge se quedó tomando sol. La mañana del lunes lo encontraron colgado de la higuera de los jardines. Este hecho nunca se hizo público y solo los allegados a la fuente de información tuvimos acceso. Tantas muertes iban a ser la ruina del lugar. Por este motivo la quinta estatua se instaló ahí mismo, donde Adramelec señaló dejando la sangre y la orina del hermano de Jorge en el piso para siempre, sobre la nefasta higuera del jardín.

La construcción de la última estatua se puso en marcha, al tiempo que se comenzó a hacer el templo del subsuelo. Los obreros que trabajaron en él cuentan que era una especie de pentágono con un altar en el medio de piedra, todo pintado de negro y con estacas que hacían de decorado. Varios de los habitúes podíamos ver como entre la pista de Rock Nacional y el quincho se iba montando une enorme estatua como de una cabra con enormes cuernos rectos. La estrella de cinco puntas estaba formada, esta sería el centro de la estrella, de esta manera se cerraba el pacto infernal.

Hacia fines del verano del 2004 la estatua estaba terminada y era espantosamente real. El artista que talló la estatua amaneció muerto enla Terminaldel Sol, un extraño paro cardíaco a sus jóvenes treinta y dos años… Ninguno de los obreros que ayudaron a ponerla de pié quiso estar presente para la inauguración informal. Aunque jamás ninguno la había visto por estar cubierta con una tela blanca, todos sentían una sensación de temor e inseguridad desde que comenzaron a trabajar en la obra que la circundaba. Incluso uno a uno los obreros del templo del subsuelo fueron enfermando. Cuenta la leyenda que un martes Jorge fue solo al boliche para quitar el telón y de esa manera poder vivir en paz nuevamente y al quitarlo, fue tan horrible la sensación que le causó ver la demoníaca estatua, que él mismo la destrozó con un pico.

Ese martes, el menor de sus hijos, el único varón que quedaba en la familia (su hermano, el que se suicidó, murió sin hijos) fue víctima de un terrible accidente en el acceso Este, a escasos kilómetros del boliche, donde perdió la vida en el acto.

Aquel fin de semana Neuquén estaba cerrado por duelo, duelo que duró para siempre. El pacto se había roto y Jorge había pagado con su alma y su linaje…

La Trágica Historia de los Chicos de San Martín


La historia es nocturna, sucede en fiestas y en boliches, las zonas donde el rumor se repite es en Corralitos,La Primavera, Fray Luis Beltrán, San Martín y Palmira, este último lugar es donde el mito es más latente y poderoso. Una chica vestida de blanco, de tez pálida y pelo negro es sacada a bailar por un chico. Luego de pasar la noche bailando y charlando él le ofrece llevarla a su casa, lo que ella acepta gustosa. Lo hace dar varias vueltas y le pide que paren en un lugar solitario. Él se detiene entusiasmado por la posibilidad de intimar, pero solo se lleva unos besos y una que otra caricia. La “anécdota” concluye cuando ella se baja en el cementerio zonal e ingresa por la puerta, a veces incluso hasta traspasando las rejas.

Una variante, que escuché enLa Primavera, mucho más jugosa y tétrica, es que él la lleva hasta su casa, ella entra y él se va. Al otro día encuentra en su auto una campera de jean y vuelve al domicilio donde la dejó. Lo atiende el padre de ella y le comenta dolorido que su hija murió hace unos años, le pregunta el porqué de la búsqueda, el chico le comenta aterrado y el padre se da cuenta espantado de que la campera era efectivamente de ella.

Sobre esta variante avancé bastante, al punto de que llegué hasta la casa donde teóricamente había sucedido el tema. Me atendió un señor bastante viejo y me hice pasar por periodista de un diario (cosa que he hecho para averiguar todo lo que se, falsificación una tarjeta de presentación). No me dejó entrar, pero desde la vereda me enteré que era viudo, que efectivamente hacía unos años había perdido una hija y cuando le pregunté por el tema de la campera de jean, se le llenaron los ojos de lagrimas y me cerró la puerta en la cara. Saco dos conclusiones, o la historia es verdad y el viejo no quiere contar nada, o la historia no es verdad y está cansado del rumor.

Previo a contarles la historia quiero aclarar que todo lo que les voy a escribir es real, pero he tomado las precauciones de cambiar absolutamente todos los detalles, por respeto a las víctimas, en agradecimiento a los familiares y allegados que me dieron detalles y por cuestiones legales, ya que el caso está aún latente en la fiscalía. Además, suficientes problemas hemos tenido y causado con la nota de Neuquén… donde justamente arranca esta nueva historia.

Era sábado a la noche, Marcos, Ignacio y Damián, eran tres amigos de San Martín que habían ido a bailar al boliche Neuquén, como religiosamente lo hacían cada sábado. Damián era el más ávido para el levante, Marcos lo segundeaba bastante bien e Ignacio era el que menos ganaba, pero siempre estaba. Los tres eran inseparables, toda la primaria y la secundaria la habían echo juntos, solamente se separaron en la universidad, cuando Marcos se decidió por contador, Ignacio por policía y Damián por enólogo.

Esa noche era bastante linda, Ignacio se quedó con una mina que conocía y le dejó el campo de batalla libre a Damián y Marcos que se jugaron toda las fichas en la pista vip. Damián ganó al segundo intento y Marcos se quedó deambulando por la pista hasta tarde. Una vez que se resignó a que no era su noche, tomó varios tragos de más. Al cabo de un par de horas estaba bastante ebrio, por lo que salió a la pista del patio a tomar algo de aire. Estaba mirando hacia el cielo, intentando inspirar más oxígeno del habitual, cuando le tocaron la espalda. Solamente bastó que la chica le pidiese fuego para que Marcos activase todas sus virtudes de galán y terminase conociendo desde que se llamaba Amalia hasta el sabor de su boca.

Se hicieron las seis y se juntaron en la puerta del boliche, para volverse en el auto de Damián, pero no volvían los tres solos, sino que Amalia los acompañaba. Ella vivía también en San Martín y Marcos se había ofrecido a llevarla con ellos.

Manejaron por el acceso hasta la entrada a San Martín, en vez de tomar hacia la ciudad se dirigieron hacia el otro lado, hacia el Norte. Comenzaron a gastarla por lo lejos que vivía, ella no respondía más que con una mueca extraña. Luego de varios kilómetros Amalia señaló que debían tomar por un callejón hacia la derecha (Este), saliéndose de la calle asfaltada y entrando a un camino de tierra, los chistes sobre la lejanía de la casa se tornaron menos chistes. Manejaba Damián, iba de acompañante Ignacio y atrás iban Amalia y Marcos a los arrumacos. Dicen que la mirada de Amalia era misteriosa y seductora. Damián e Ignacio no podían dejar de mirarla por el espejo retrovisor, su palidez era abrumante. Pasados varios minutos la calle se angostó y a escasos metros veían como se curvaba hacia la derecha, Marcos no quería más besos y se impacientaba por llegar a destino. Amalia le señaló a Damián que no doblase a la derecha, sino que se metiese despacio por un callejón que había hacia la izquierda, Damián dobló dubitativo y un poco asustado. De pronto un viento comenzó a zamarrear los sauces llorones que poblaban la zona. Estaban solo ellos en aquel callejón, la última casita había pasado hacía kilómetros. Ninguno de los tres hablaba.

Manejaron unos doscientos metros, donde el callejón se había transformado en una mera huella. No se veía absolutamente nada. Damián detuvo la marcha sin apagar el auto porque era casi imposible seguir avanzando, Marcos le preguntó sorprendido si era acá por donde vivía y si faltaba mucho. Ella contestó que si, que unos metros más adelante, que siguiera un poco más, su voz había cambiado y su palidez resplandecía en la oscuridad del auto. Ignacio bajó el vidrio polarizado para tratar de mirar mejor hacia la derecha, un frío polar y el ruido del silencio penetraron el habitáculo. Damián titubeó y tartamudeando le dijo a Amalia que no podía seguir avanzando… no sabía que más decir. Amalia le dijo que solo faltaban unos metros. Marcos estaba mudo, el frío del cuerpo de la chica lo estaba congelando. Damián encendió las luces altas y no vio absolutamente ninguna casa ni nada, incluso no había más huella. La mirada de Amalia estaba fija en él. De pronto Ignacio reaccionó y le dijo a Amalia que no podían seguir, que se iba a enterrar el auto, que bajase y que ellos la iban a acompañar caminando. Damián le clavó una mirada desesperada a Ignacio y le dijo que no se iba a bajar, que no iba a dejar el auto solo. Marcos le soltó la mano a Amalia y dijo que tenía mucho frío, que no se iba a bajar porque se iba a enfermar, desconcertado de miedo. Ignacio miró hacia la oscuridad, ahora la mirada de Amalia penetraba sus pupilas desde el retrovisor, entonces bajó la mirada y le dijo que fuese sola, que ellos la iluminaban y la miraban desde el auto. Amalia levantó una ceja en señal burlesca. No importa chicos, ustedes vayan, yo voy sola, no quería caminar nomás. Mitad sorprendidos, mitad aterrados, vieron como Amalia se bajaba del auto, saludaba con un beso a Marcos y luego se perdía entre el forraje silvestre del descampado. Los tres tiritaban de frío… pero más de pánico. Todo sin saber porqué. No se… esa mina…

El viento comenzó a correr más fuerte y se empezó a levantar polvo y tierra, Ignacio subió el vidrio y le pidió a Damián que se fuesen ya, que le daba miedo estar donde estaban, en el medio de la nada, con la oscuridad de la noche cubriéndolo todo.

Entonces comenzó a llover, y las ráfagas de viento azotaron contra el auto, salieron marcha atrás del callejón y condujeron a toda prisa hasta la calle asfaltada. El terror que sentían los tres les impidió hablar hasta no estar nuevamente cerca de casa. No sabían porque. La noche llegó a su fin y cada uno se fue a acostar, ninguno pudo dormir.

Al otro día, como todos los domingos, se juntaron después de almuerzo para picar algo previo al partido de Boca – San Lorenzo. Siempre se contaban las aventuras y desventuras de la noche anterior, pero obviamente ese domingo todo se centro en el suceso de Amalia. Ninguno se animaba a comentar el pánico tremendo que habían sentido. Luego de un rato, Marcos les pidió a sus amigos que lo acompañaran hasta la casa de Amalia. Él puso la excusa de que la quería ver, que se había olvidado de pedirle el teléfono y que era una linda mina para volverse a juntar, aunque los tres sabían que quería volver para ver realmente donde vivía, porque ninguno aquella noche pudo pegar un ojo pensando en lo extraña de la situación.

Aquella tarde noche Ignacio tenía que cumplir horario en la comisaría de San Martín, por lo que no pudo acompañarlos, pero Marcos y Damián fueron antes que se hiciera de noche otra vez.

La tarde del domingo era nublada y gris, fresca como luego de haber llovido durante la noche anterior. Se dirigieron hacia el norte, por la misma calle, tomaron por la calle de tierra hacia el este, manejaron varios kilómetros hasta la curva pronunciada y doblaron lentamente hacia la izquierda por el callejón. Manejaron los doscientos metros y pararon el auto, la claridad de la tarde aún alumbraba bien la zona. Tan bien como para que ambos pudiesen ver que no había ninguna casa a la redonda, ni rastros de viviendas, incluso ningún material que demostrase que por ahí pasara gente, como papeles, bolsas, caños o mugre. Damián observó hacia la calle de tierra y solo vio las huellas del auto, las recorrió con su mirada hasta llegar al lugar donde estaba estacionado y siguió con la cabeza hasta la puerta por donde se bajó Amalia, como haciendo un plan mental, como un detective que va uniendo cabos. De pronto vio las huellas de ella, le dijo a Marcos y ambos comenzaron a seguir el rastro. El agua las había borrado bastante pero no hecho desaparecer, sobre todo porque al rato de haberse bajado Amalia comenzó a llover.

Caminaron varios metros, vieron como las huellas sorteaban yuyos y piedras y de pronto vieron algo extraño. Las huellas se fundían con un montón de tierra fresca, distinta a la tierra del lugar. En el acto de dieron cuenta de que era tierra removida. Ambos se miraron y una corazonada de miedo les piantó una duda y una seguridad. No bastaron palabras. Marcos cortó un yuyo grueso y comenzó a correr tierra removida, luego cavó un poco. Se agachó para hundir más el palo en la tierra cuando sintió que topaba con algo de contextura blanda. Arrojó el palo por los aires y siguió cavando con sus manos, al tiempo que Damián lo miraba nervioso. Cavó un poco más y de pronto sintió que tocaba tela con su mano, removió la tierra y vio tela negra, separó la tierra alrededor del bulto que envolvía la tela y de pronto lo develó. Marcos saltó para atrás aterrado, ambos vieron parte del cuello y del hombro de un cuerpo en estado de putrefacción, una cadenita decoraba ajena la nefasta imagen. Marcos le aseguró que era la cadenita que rodeaba el cuello que había estado besando toda la noche anterior.

Ambos huyeron despavoridos hasta el auto, subieron, hicieron marcha atrás al tiempo que el viento nuevamente se levantaba. Mientras Damián manejaba a altísima velocidad por la calle de tierra, Marcos llamaba al teléfono de la comisaría donde estaba Ignacio de guardia. Al cabo de varios minutos de espera en el asfalto llegaron dos móviles de policía dirigidos por Ignacio que conocía perfectamente la locación del siniestro. Marcos y Damián siguieron a los móviles, pero les prohibieron entrar a la zona donde habían visto el cadáver de Amalia.

Un oficial se quedó custodiando a Marcos y a Damián que estaban espantados de miedo, los otros policías junto a Ignacio fueron directo a la zona señalada. Pasó un tiempo que se hizo eterno para ambos, cuando regresó Ignacio. Le pidió al policía custodio que los dejara solos. Muchachos nos vemos nada, fueron las palabras de Ignacio. Volvieron a señalarle la zona y ante la negativa de hallar algo nuevamente los llamaron para que entren en la zona. Marcos y Damián iban adelante, acompañado por el séquito de oficiales. Llegaron a la zona donde habían visto enterrado el cadáver de Amalia, estaba cercado y hurgado, pero no habían rastros de nada. Un calor invadió el cuerpo de ambos, mezcla de horror y vergüenza, los dos sabían lo que habían visto. Marcos cavó un poco más, al tiempo que Damián caminaba alrededor intentando encontrar otro lugar, pero estaba seguro de no haber fallado.

Dos horas después y con la noche oscureciendo todo por completo, decidieron terminar la búsqueda y echarle la culpa al cansancio de los muchachos por la noche anterior. El tema era ¿Dónde vivía Amalia? Uno de los móviles regresó junto a Damián y a Marcos y el otro, conducido por Ignacio, se quedó por la zona para preguntar por aquella tal Amalia en las casas que estuviesen más cercanas al lugar. Ignacio tenía grabada a fuego su mirada y la tez de su piel… esa piel horrorosamente blanca.

Aquella noche Ignacio llamó a sus amigos comentándoles que no había nada, ni rastros de Amalia, dijo que iba a ver en los padrones municipales por las mujeres de ese nombre y de aproximadamente esa edad que pudiesen vivir por la zona, porque le llamaba la atención lo sucedido.

Desde aquella noche todo cambió para los tres. Los tres comenzaron a tener pesadillas extrañas, los tres comenzaron a perder más tiempo de lo normal pensando en esa noche. No se animaron a volver a salir porque no tenían ganas de nada, las juntadas se habían transformado en un horrible contar y recontar de la historia. Pero fue Marcos el que comenzó con las visiones.

Una noche los padres de Marcos llamaron aterrados a Ignacio, que estaba en la comisaría. Cuando se encontraron, Marcos estaba bajo un ataque de pánico y no quería entrar a su habitación. En compañía de Ignacio se animó. La habitación estaba absolutamente desordenada, Ignacio pensó que el desorden lo había hecho Marcos en su estado alterado, pero este juró y perjuró que solo la cama había quedado desarmada. Al cabo de unas semanas las pesadillas se habían hecho tan frecuentes y espantosas que Marcos no quiso dormir más de día. Curas, curanderos, exorcistas y brujas se negaron a entrar en su habitación por las fuerzas oscuras que decían percibir. Dos meses después la casa estaba en venta y la familia de Marcos alquilaba en otro barrio. Por vergüenza, Marcos no había querido contar nada, pero las pesadillas no habían cesado.

Entretanto Ignacio continuó averiguando en la policía y en el padrón municipal por alguna Amalia asesinada, desaparecida o fallecida. Habían algunas pistas, pero nada contundente. De vez en cuando mandaba a algún oficial a que observase la zona, pero jamás ninguno de los tres se animó a volver.

Damián comenzó con pesadillas para luego tener visiones despierto. Todo empezó una noche que se estaba afeitando y pudo ver por el rabillo del ojo como alguien lo observaba desde la ducha. Al darse vuelta, ese alguien desapareció. También le pasaba de estar en cualquier lugar y presentir que alguien lo miraba, sin encontrar quien. El terror en el que había sucumbido lo había llevado a dejar de salir de noche. Una noche tuvo que viajar obligadamente hacia la ciudad de Mendoza. Les pidió a sus amigos que lo acompañen. Marcos estaba realmente desvastado psicológicamente, no solo había dejado de dormir de día, sino que había dejado de estudiar y de salir. Ignacio no trabajaba así que fue sin dudar.

Apenas subieron al Acceso Este se largó una lluvia torrencial, Damián iba manejando despacio por precaución. Los dos iban callados, atentos a lo que pasaba alrededor. De pronto vieron algo delante de ellos, Damián prendió las luces altas del auto y ambos vieron a una chica caminando al costado de la ruta… vestida de negro. El corazón de ambos comenzó a latir y sin saber si continuar o seguir de largo pasaron al lado de ella. En ese justo instante la chica alzó la mirada y ambos pudieron verla a los ojos… era Amalia.

Ignacio le dijo a Damián que pare, este se negó rotundamente. Desenfundó su arma y le dijo que pare, Damián lo miró y continuó acelerando, al tiempo que negaba parar. El policía levantó más el arma, haciendo alusión a que acabaría con ella, Damián se asustó y lo increpó diciéndole que qué iba a hacer, que si iba a andar matando minas así porque sí. Los dos discutieron fuertemente, mientras Ignacio insistía con frenar, Damián aceleraba más y más. De pronto alguien le hace una especie de cambio de luces a la distancia, Ignacio contó que no fue un vehículo el que irradió luz, intuitivamente los dos miraron por el espejo retrovisor… y ahí estaba ella.

Sobre el accidente no tiene sentido ahondar, lo que si les voy a decir es que Damián perdió el control del auto y pagó con su vida las consecuencias. Ignacio se salvó de milagro, pero recordaba todo lo sucedido… incluso los ojos de Amalia en el asiento trasero.

Nadie le creyó, obviamente le dieron licencia del trabajo, parte por las heridas y parte por la pericia psicológica que no había sido muy decorosa. El encierro, la soledad, la angustia de haber perdido un amigo y sobre todo las apariciones, sumieron a Ignacio en un estado devastador. Las apariciones cada vez eran más frecuentes y aterradoras, uno de sus allegados contó que se le aparecía Amalia y lo increpaba por haberla abandonado, por no haberla acompañado hasta su hogar. Una noche de martes, Ignacio no soportó más el espanto y se despidió de este mundo, disparándose un tiro en la boca.

Los compañeros de la seccional aludieron a una pelea con una supuesta novia. Ignacio no estaba de novio y los vecinos no escucharon ningún grito, ni vieron a nadie en el lugar, solo un niño de doce años dijo haber visto entrar una chica vestida de negro de piel muy blanca por la puerta del fondo.

Marcos estaba sumido en una locura total, sus padres desesperados decidieron medicarlo, pero no hubo droga que calmase su miedo. Temiendo lo peor se contactaron con un hospital psiquiátrico de primer nivel ubicado en Temperley, provincia de Buenos Aires, pero no llegaron a llevarlo a ningún lado. La mañana de un domingo los sorprendió con Marcos colgado en el perchero de su placard. Toda la pieza estaba desordenada, todos los cajones abiertos, como si se hubiese librado una batalla atroz.

Solamente encontraron una cadenita extraña, que no reconocieron como propiedad de Marcos, en la parte de atrás estaba escrito “Gracias por acompañarme a casa”

viernes, 5 de abril de 2019

¿Qué es la Religión Vudú?


Es con toda certeza uno de los grandes mitos de todos los tiempos. Cuando escuchamos la palabra vudú, religión vudú o la famosa frase de “te voy a hacer vudú”, no es que pensemos en algo positivo precisamente. A lo largo de la historia se nos ha presentado esta creencia como algo maligno, algo relacionado con el mismísimo diablo y que sirve para perjudicar a las personas que odiamos, de manera física especialmente. Es una especie de hechizo, para que se entienda.

No obstante, desde hace ya poco más de una década, especialmente señalando el año 2003 -fecha en que se hizo oficial la religión Vudú en Haití- que se ha empezado a esclarecer lo que realmente deriva de esta mitología que ha sido distorsionada hasta el ridículo, tal y como apuntan los expertos. Millery Polyné y Elizabeth McAlister, son dos expertos en la materia que han ayudado a realizar distintos estudios historiográficos para desmitificar la “mala prensa” que padece el vudú.

¿En qué consiste la religión Vudú?

Según apunta Polyné, un estadounidense de origen haitiano que llegó al Estado de Florida (EE.UU.) en los años noventa, cuando tan sólo tenía 14 años, ya se quedó impresionado por los comentarios y perjuicios que se venían reproduciendo cuando su persona estaba presente a la hora de socializar. “Ni siquiera yo conocía a fondo mi propia religión”, afirma el autor. Fue a raíz de esos paradójicos momentos cuando decidió aprovechar su curiosidad y estudiar historia afroamericana y del Caribe, donde imparte clases como profesor en la Universidad de Nueva York.

Como suele ocurrir en este tipo de casos, donde el desconocimiento y una mala proyección de una cultura lejana resulta poco atractiva de ser investigada, rápidamente interiorizamos lo primero que se nos brinda detrás de una pantalla, especialmente si es una serie o película. Existen también cientos de miles de obras literarias que no han ayudado precisamente a despejar estas leyendas negras que todavía persiguen a la religión vudú.

Nada más lejos de la pura realidad, toda la fantasía que se ha generado por la indústria citada ha quedado desmentida de manera flagrante. Resulta que los orígenes del vudú hay que encontrarlos en el período de los siglos XVI y XVII, cuando las potencias europeas seguían en su empeño de colonizar a las extensiones de ultramar para seguir comerciando con esclavos e importar riquezas de las islas caribeñas, tales como el tabaco, el azúcar o el ron.

De la mano de misioneros franceses, la religión vudú es descendiente directamente del catolicismo romano, y algunos de sus preceptos son compartidos con el cristianismo occidental. Tienen un Dios que manda a espíritus que obren en la tierra visible mediante el ser humano de carne y hueso. Curiosamente, el vudú no cree ni en el cielo ni en el infierno. Simplemente creían en la buena obra y paz que los ancestros habían encomendado a los que profesaban esta religión.

Una manipulación intencionada

La historia siempre se repite y, como se suele afirmar, la escriben los vencedores. Y este no iba a ser la excepción. Teniendo en cuenta que el vudú proviene de la época colonial y de esclavitud, los negros que padecían estas injusticias se refugiaban en una religión que les permitía mantener cualquier atisbo de esperanza y confort. Fue en este momento cuando los franceses libraron toda una batalla propagandística para evitar cualquier tipo de revolución que permitiera la emancipación de sus lacayos.

En efecto, la religión vudú fue en algunos momentos un acto revolucionario que puso en jaque en más de una ocasión a las fuerzas imperialistas del momento. Por ello, algunas fuerzas globales influyentes como la Iglesia, políticos haitianos y científicos blancos, empezaron a organizar un relato criminalizador en contra de esta creencia. Ritos satánicos, ceremonias carnívoras e idolatría a monstruos es la imagen que se exportó de la isla a Occidente.

Después de la independencia de Haití allá por el siglo XVIII, los pobres lugareños no se quitaron de encima toda esta palabrería. Habiendo sufrido todo tipo de vejaciones por los franceses, llegó el turno de los norteamericanos que, curiosamente, se independizaban del imperio inglés poco antes que los caribeños. Faustin Wirkus, almirante del ejército estadounidense, vio un potencial enorme en las riquezas a explotar dentro de Haití, así como instalar bases navales permanentes para dominar los mares de centroamérica.
El tsunami de Haití

Sigue siendo fresco el recuerdo de los fatales acontecimientos naturales que padeció la isla en el año 2010, cuando en un día tranquilo una gigantesca ola engullía toda la costa, llegando a la zona repleta de hoteles y resorts turísticos ubicados en primera línea de mar. En la actualidad, la zona sigue siendo considerada catastrófica, así como el país más pobre del mundo según un informe de las Naciones Unidas.

Tampoco en esa ocasión se salvaron los haitianos de sufrir improperios y calumnias por su condición de practicar la religión vudista. Sin ir más lejos, el evangelista y polémico estadounidense Pat Robertson, afirmó que el desastre natural había sido un castigo de Dios por haber pactado con el diablo en el año 1791. Unas desafortunadas declaraciones que no hacen más que incitar el odio y racismo hacia una población ya muy desgraciada.