Durante un tiempo en EEUU se empezó una estúpida moda, tener
como mascotas caimanes y cocodrilos, traídos desde Florida, se cuidaban desde
recién nacidos en terrarios hasta que empezaban a alcanzar un tamaño
considerable, en ese momento los animales perdían su “gracia” pues constituían,
además de un peligro, un gasto económico elevado en comida. Ese era el momento
de deshacerse de la “mascota” y que mejor manera que dejando en libertad al
animal que había ganado el cariño de su dueño tras tanto tiempo a su cuidado .viernes, 5 de octubre de 2012
Cocodrilos en las Alcantarillas
Durante un tiempo en EEUU se empezó una estúpida moda, tener
como mascotas caimanes y cocodrilos, traídos desde Florida, se cuidaban desde
recién nacidos en terrarios hasta que empezaban a alcanzar un tamaño
considerable, en ese momento los animales perdían su “gracia” pues constituían,
además de un peligro, un gasto económico elevado en comida. Ese era el momento
de deshacerse de la “mascota” y que mejor manera que dejando en libertad al
animal que había ganado el cariño de su dueño tras tanto tiempo a su cuidado .
La leyenda cuenta que el mejor sistema de liberar al animal
era por el desagüe del inodoro. Reducidos grupos de estos caimanes conseguían
sobrevivir en las alcantarillas alimentándose de ratas y desperdicios e incluso
llegaron a reproducirse en las cloacas.
Tras varias generaciones los caimanes supervivientes mutaron
y perdieron su visión, así como su pigmentación, convirtiéndose en seres ciegos
y albinos que reinaban las profundidades de la ciudad. La leyenda llegaba más
allá pues según relatos de terceras personas algunos indigentes que bajaban a
las cloacas a refugiarse del frío e incluso algún operario municipal encargado
del mantenimiento de las alcantarillas habían desaparecido supuestamente
devorados por estos animales.
¿Qué hay de cierto en en esta leyenda?
La leyenda se cae por su propio peso pues ningún caimán o
cocodrilo podría sobrevivir a las bajas temperaturas del invierno de New York,
además en caso de poder soportar las bajas temperaturas, la acción de los
compuestos químicos nocivos que habitualmente se tiran por el desagüe y las
bacterias que pueblan las alcantarillas les habrían causado enfermedades que
habrían acabado con los reptiles.
Por otra parte recordemos que la leyenda se centra en
ciudades como New York, de existir realmente esos animales mutantes se habría
encontrado algún ejemplar y más teniendo en cuenta que según las descripciones
los cocodrilos alcazaban tamaños considerables.
Aunque la leyenda es falsa si existen casos de suelta de
cocodrilos y caimanes en zonas que no pertenecen a su hábitat natural, gente
desaprensiva ha liberado en ocasiones animales en pantanos, presas y lagos, lo
normal es que estos animales mueran al empezar las épocas invernales pues su
entorno natural suele ser en zonas más tropicales. En España por ejemplo se han
dado casos en los que se han encontrado en estanques cocodrilos de mediano
tamaño así como pirañas y otros peces tropicales. Esto supone no sólo un grave
peligro para las personas y mascotas si no también para la fauna autóctona que
se encuentra con un depredador para el cual no tiene sistema de defensa.
El Perro de la Calle
Sara y Antonio disfrutaban de su luna de miel en México, se
habían casado apresuradamente porque ella se quedó embarazada, pero no por ello
se querían menos que el resto de recién casados. Llevaban años hablando de la
boda y el próximo nacimiento no hizo mas que acelerar un enlace que ellos deseaban desde hacía
tiempo.
Su viaje estaba resultando de lo más placentero, México les
cautivaba, ambos caminaban durante horas por las playas de Cancún hasta que el
sol caía, no habían visto un paraíso igual.
Una tarde mientras caminaban por la playa decidieron
alejarse un poco de la zona turística, a unos cientos de metros encontraron lo
que parecía un vertedero. Una zona sucia con un olor nauseabundo y un riachuelo
cubierto casi totalmente por espuma. Entre la basura vieron un pequeño cuerpo
moverse, un perrito chiguagua que parecía muy enfermo, tenía los ojos rojos,
probablemente por alguna infección, estaba muy delgado y apenas podía moverse.
La pareja que era amante de los animales no pudo quedarse indiferente,
recogieron al animal y lo llevaron al hotel.
No les quedaba mucho tiempo de vacaciones y sabían que las
normas del hotel eran muy estrictas con respecto a los animales así que no
pudieron llamar a un veterinario. Sin embargo el amor y atenciones que dedicaron
al perrito parecía tener sus frutos, lo alimentaron, limpiaron y al día
siguiente parecía haber mejorado mucho, pues ya podía caminar y abrir los
ojitos.
Enamorados del dulce animal decidieron que no podían
abandonarlo de nuevo a su suerte, mientras hacían la maleta para regresar a
España hablaban de lo bien que se llevaría con su gato Baltasar. Metieron al
perrito en un bolso y se dirigieron al aeropuerto.
Como Sara estaba embarazada no tuvo que pasar por los
filtros de seguridad por lo cual pudo pasar fácilmente al perrito escondido en
su bolso, el animal aún estaba tan débil que no podía ladrar por lo que sería
fácil llevarlo sin que nadie se diera cuenta.
Una vez llegaron a su casa, su gato comenzó a comportarse de
una manera extraña, tenía un comportamiento muy agresivo con el chiguagua, como
si estuviera asustado. Pensaron que serían celos y que pronto serían amigos.
Pasados unos meses nadie podría reconocer al chiguagua, el
pequeño animal que parecía un esqueleto cuando lo encontraron había ganado peso
y una poderosa musculatura, ya pesaba casi 8 kilos, un peso desde luego inusual
para un perrito de sus características. El gato estaba muerto de miedo y no
bajaba de los muebles para nada.
El chiguagua se había convertido en el rey de la casa.
Por otra parte Sara había tenido una niñita preciosa, debido
a la preocupación de las últimas semanas de embarazo y la alegría del
nacimiento la pareja casi ni se había percatado del comportamiento de sus
mascotas.
Hasta que un día Baltasar desapareció, el gato alguna vez
había realizado alguna escapadita en busca de gatitas en celo pero era la
primera vez que no regresaba en varios días. Antonio puso varios carteles por
el barrio con la foto del gato pero no dieron sus frutos, el gato se había ido.
Pasado un tiempo todo
parecía haber vuelto a la normalidad, su bebé con dos meses estaba cada día más
guapa. Su perrito ya pesaba 10 kilos y tenían un cuerpo rechoncho pero muy
fuerte, era una verdadera máquina de comer que nunca parecía saciarse.
Una tarde la comida del perro se acabó, por lo que Antonio
tuvo que salir a comprar mas mientras Sara cuidaba de su hija. La madre
aprovechando que el bebé se acaba de dormir se metió a la ducha. Mientras se
enjabonaba escuchó el corto llanto de su hija, pero a los pocos segundo se
calló de nuevo.
Cuando Sara salio de la ducha su niña había desaparecido, no
estaba en la cuna donde la había dejado. Como loca se puso a buscar por toda la
habitación, debajo de la cama, en los armarios… nada, ¡ La niña había desaparecido!.
Antonio que llegaba en ese momento encontró a su mujer
gritando y llorando de desesperación, juntos revisaron hasta el último rincón
de la casa, hasta que se dieron cuenta de que su perro tenía las patas llenas
de barro y sangre en el hocico.
Temiéndose lo peor salieron a su pequeño jardín donde
encontraron oculto detrás de un seto un agujero en la tierra, como una
madriguera. Aterrorizados por lo que pudieran encontrar cavaron con sus manos.
Bajo tierra encontraron el cadáver de su hija parcialmente devorada y los
restos de lo que parecía su gato desaparecido.
Antonio encolerizado fue en busca del perro y con un bate de
béisbol le golpeó varias veces matándolo en el acto.
La policía llegó pocos minutos después y desconcertados por
el caso llamaron a la perrera municipal para que se llevaran al animal, debían
comprobar si tenía rabia y podría haber contagiado a sus dueños u otros perros
del vecindario.
El veterinario al llegar al lugar de los hechos dejó a todo
el mundo estupefacto.
“Esto no es un perro, es una rata enorme”
Al parecer la rata había crecido junto a un riachuelo
contaminado por lo que había perdido el pelo, su increíble tamaño también
podría deberse a una mutación, motivo por el cual había crecido con un cuerpo
deformado que se podría asemejar al de un perro.
Suerte que No Encendiste la Luz
Una chica llega a altas horas de la noche a la residencia de
estudiantes donde vive, se ha quedado hasta tarde con unas amigas y cuando
llega a dormir son más de las tres.
Entra en la habitación tratando de no hacer ruido para no
despertar a su compañera de cuarto, tampoco enciende la luz para no molestarla
por lo que tiene que avanzar a oscuras empleando solo la luz de tu teléfono
móvil para no golpearse con los muebles.
Cuando se mete en la cama empieza a oír unos quejidos
ahogados, la chica se queda en silencio para
escuchar mejor. El sonido es como pequeños grititos ahogados o quejidos
sin fuerza. Se imagina que su compañera se habrá traído a su novio al cuarto y
estarán teniendo una noche apasionada, le sorprende que no colgara una prenda
de ropa en la puerta como acostumbran a hacer como señal de que tienen
“visitas”. Pero está demasiado cansada para levantarse y buscar otro sitio
donde dormir. Sin darse cuenta cae en un profundo sueño entre lamentos y
quejidos.
A la mañana siguiente se despierta sintiendo una humedad en
su cama, aún medio dormida lleva su mano al líquido que empapa la manta y pega
un salto tras comprobar que es sangre. Sobre su colcha la cabeza cortada de su
amiga con un pañuelo en la boca que le sirvió de mordaza la noche pasada.
La habitación parece un matadero, todo está ensangrentado y
en la pared escrito con la sangre de su amiga se podía leer:
“Suerte que no encendiste la luz”
Al llegar el forense dictaminó que la chica llevaba pocas
horas muerta, al parecer el asesino la había estado torturando toda la noche a
escasos metros de la cama donde descansaba. Los quejidos eran gritos de dolor
que quedaban ahogados por la mordaza mientras el psicópata despellejaba y
mutilaba viva a la víctima. Sin saberlo la chica había salvado su vida al no
encender la luz y sorprender al asesino en mitad del crimen.
jueves, 4 de octubre de 2012
El Bebé con Mal Aspecto
Cuenta la leyenda que una azafata a la que le encantaban los
niños en cierta ocasión detectó el caso más espeluznante que se recuerda en la
historia de la aviación. Cuando tras acercarse a una madre con su bebé detectó
algo raro…
Los viajes cruzando el Atlántico siempre habían sido los más
odiados por Alicia, una azafata de una importante aerolínea internacional que
desde hacía pocos meses había sentido como su instinto maternal se disparaba
tras contraer matrimonio y el nacimiento de su primer sobrinito de menos de un
año. Desde entonces no desaprovechaba ninguna ocasión para hacerle carantoñas y
dedicarle unas palabras de cariño a cuanto bebé se cruzaba. Sentirse mamá
aunque fuera por unos instantes la reconfortaba y animaba cada vez más en su
idea de tener una gran familia que la esperara con los brazos abiertos después
de cada vuelo.
A pesar del cansancio y el maldito ”jetlag” de esos vuelos
transoceánicos en los que no daba tiempo a acostumbrarse al nuevo horario
Alicia estaba especialmente feliz ese día. Tras diez días de trabajo con vuelos
interminables y aburridas noches de insomnio en el hotel por fin llegaría a
casa con su marido y disfrutaría de unos merecidos días de descanso. Su alegría era claramente visible y dedicaba
sonrisas y atenciones a todos los viajeros, incluso sus compañeros estaban
sorprendidos de su alegría, sobre todo teniendo en cuenta que aún faltaban más
de nueve horas de vuelo para llegar a Madrid.
Mientras avanzaba por uno de los pasillos del avión
repartiendo las bandejas de comida, observó una mujer con cara de pocos amigos
sosteniendo un bebé en brazos, tras ofrecerle el escaso menú (pollo o carne) le
preguntó por la criatura que estaba dormida.
- Pobrecito debe estar muy cansado, ¿necesita usted algo
para que el bebé descanse mejor? ¿una manta extra o tal vez calentar el biberón
cuando se despierte?
- No gracias – Respondió la mujer con el ceño fruncido, una
respuesta tajante y tan escueta que dejó claro que no quería que les
molestasen.
Alicia continuó avanzando por el pasillo mientras insultaba
mentalmente a la mujer a la que había ofrecido ayuda y la había tratado como un
desecho.
Al acabar de repartir las bandejas le comentó a uno de sus
compañeros lo impertinente que había sido con ella y éste le dijo que a él le
había pasado algo similar cuando trató de ayudarla a subir la maleta, se había
llevado un empujón por ser amable y acercarse a ella. Al parecer la mujer era
una maleducada de mucho cuidado.
Varios minutos después comenzó el turno de recoger las
bandejas y restos de comida así que Alicia decidió dar una segunda oportunidad
a la mujer, al fin y al cabo el bebé no tenía la culpa del comportamiento de su
madre.
- Espero que la comida haya sido de su agrado – Le dijo
Alicia con una sonrisa forzada – Si desea cambiar el pañal al bebé tenemos en
la parte posterior del avión una mesita habilitada para tal efecto.
-Ya le dije antes que no necesito ninguna ayuda – Contestó
la impertinente mujer.
Alicia a estas alturas ya había declarado su odio a la
señora y furiosa la observaba cada minuto como esperando que infringiera alguna
norma para llamarle la atención. Pero la mujer prácticamente no se movía ni
para pestañear y lo más curioso, su bebé permanecía dormido desde hacía más de
seis horas sin tan siquiera haber recibido un cambio de pañal o tomado un
biberón. La azafata que había hecho de niñera de su sobrino en más de una
ocasión sabía de sobre que con pocos meses los bebés son como esponjas y comen
cada tres horas y si no se les cambia el pañal con asiduidad se les puede
irritar el culito.
Alicia decidió acercarse una vez más para comprobar que la
criatura estuviera bien. La mujer había cerrado los ojos y se había dormido con
el bebé en brazos y la mantita que cubría a la criatura se había desplazado un
poco dejando su cabecita al descubierto.
Alicia aprovechó para mirar la carita de lo que parecía un
bebé de no más de dos meses de edad. Su piel estaba pálida y su carita parecía
hinchada, además desprendía mal olor, por lo que supuso que se habría hecho
caca encima y su descuidada madre no se había dado cuenta. Decidió despertar a
la señora para advertirla.
- Disculpe señora – dijo mientras tocaba levemente el hombro
de la mujer – Creo que el bebé se hizo caquita ¿quiere que le habilite la
mesita para cambiarle el pañal?
- No moleste mas, ya le dije antes que no necesito ayuda.-
La mujer al ver que su bebé estaba destapado rápidamente le volvió a cubrir con
la manta toda la cabecita.
- Pero señora si no cambia usted el pañal al bebé puede
ocasionar molestias a los otros pasajeros y lo que es peor puede provocar una
irritación de la piel a su bebé.
- ¡No me va a decir usted como cuidar a mi hijo!, ¡Váyase
inmediatamente o le pongo una denuncia al bajar del avión!
Alicia se fue cabizbaja hacia la cabina del avión, tenían
terminantemente prohibido discutir con un viajero sin la presencia del jefe de
cabina. Tras contarle a su jefe la situación ambos regresaron al asiento de la
señora.
- Buenas noches señora – dijo el jefe de cabina con la voz
más dulce que podía – Quisiera informarle de la posibilidad de cambiar el pañal
a su bebé de una forma más cómoda en la parte trasera del avión y le ruego que
lo haga para evitar molestias a los otros pasajeros.
- Ya le he dicho a la chica que cambiaré a mi hijo cuando yo
quiera ¡¿Quiénes se creen ustedes para ordenarme lo que tengo o no que hacer?!
- Señora por supuesto no le estamos ordenando nada, pero
como usted leería al comprar el billete de su infante es su obligación mantener
la higiene de su hijo y traer con usted el alimento que este precise. En todo
caso le informo que existen preparados de leche a bordo del avión y si necesita
le podemos preparar uno.
- Si no me dejan de molestar les pondré una denuncia y le
diré a mi marido que es abogado que se encargue de que nunca más vuelvan a
volar.
- Disculpe señora pero creo que está usted confundiendo lo
que es una muestra de preocupación y nuestra obligación como tripulantes con
una orden o mandato. Únicamente le estamos informando de las que son sus
obligaciones.
La mujer en este punto de la discusión estaba tan acalorada
que se había olvidado de tapar de nuevo la cabecita del bebé y el olor se hizo
aún más insoportable. Además el color que con la oscuridad de la cabina en las
horas de descanso parecía pálido en realidad era mas bien tirando a violeta o
un morado claro y se podía observar que en efecto el bebé tenía muy mal
aspecto, hinchado y totalmente inmóvil.
Los tripulantes se quedaron mirando fijamente al niño y la
madre al darse cuenta le tapó de nuevo.
- Señora su bebé tiene mal aspecto es nuestra obligación
comprobar el buen estado de salud de todos los ocupantes del avión ¿me permite
que le revise?
- Usted no va a tocar a mi bebé ¡pederasta asqueroso!
- Señora me veo obligado a pedirle que me permita comprobar
que el bebé se encuentra bien o deberé informar al capitán.
- Llame usted al presidente si quiere pero no van a tocar a
mi hijo.
El jefe de cabina le pidió a Alicia que se acercara a la
cabina y le comunicara al capitán todo
lo que había pasada y que un pasajero se negaba a seguir sus indicaciones. El
capitán pidió un relevo a uno de los copilotos y se dirigió al asiento de la
señora.
- Buenas señora, mi nombre es Armando Fuentes y soy el
capitán de este vuelo. Como máxima autoridad de este avión le solicito que
inmediatamente permita a los tripulantes revisar el estado de salud de su hijo
o me veré obligado a advertir a las fuerzas del orden del país de destino para
que le estén esperando al aterrizar el avión.
- Capitán usted entenderá que no quiero que personas
desconocidas toquen a mi hijo – dijo con cara de asustada- yo misma iré al baño
y cambiaré a mi bebé. Perdón.
- Alicia acompañe usted a la señora al baño y cerciórese de
que cumple con mis indicaciones. – dijo el capitán.
Alicia sabía que algo no iba bien, es imposible que ningún
bebé duerma tantas horas sin tomar un biberón, recibir un cambio de pañal y lo
que es más importante con varias personas gritando a su alrededor. Así que
mientras la mujer se encerraba en el baño con el niño decidió espiar por una
rendija de la puerta (por suerte para ella la puerta estaba parcialmente rota).
Lo que vio dentro la dejó sin habla, la mujer desnudó al bebé y un olor pútrido
salió por la rendija, el niño estaba totalmente morado y una gran cicatriz le
cruzaba todo el pecho, no se movía ni hacía ningún gesto.
Alicia dio un grito desgarrador y uno de sus compañeros,
mucho más fornido que Alicia, empujó la puerta hasta abrirla por la fuerza (tan
nerviosos estaban que ni recordaron que tenían una llave). La mujer se abalanzó
contra ellos dejando caer al bebé al suelo y gracias a la ayuda de un pasajero
pudieron inmovilizarla.
El capitán comunicó al aeropuerto de destino que estuvieran
esperando las fuerzas de seguridad, el bebé estaba muerto y las continuas
negativas de la madre a recibir ayuda se debían a que intentaba esconder su
estado.
La policía al revisar al bebé se llevaron una desagradable
sorpresa. Habían sido vaciados todos sus órganos internos y dentro de su
cuerpecito cosido con hilo quirúrgico había gran cantidad de droga. La supuesta
“madre” al entrar en el baño lo que planeaba era tirar por el wc toda la droga
que había en el interior del niño muerto para evitar ser capturada por la
aduana y enjuiciada por narcotráfico.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


