Tal vez se trate solo de eso, de una nueva Leyenda Urbana,
pero de no ser así, nos encontraríamos ante un suceso escalofriantemente
desconcertante que nos llevaría, una vez más, a la terrible conclusión de que
no existen límites ni fronteras para el horror. Un horror que se adapta
camaleónicamente a los tiempos y se vale de todos sus eventos para manifestarse
ante nosotros.domingo, 12 de agosto de 2012
Blind Maiden
Tal vez se trate solo de eso, de una nueva Leyenda Urbana,
pero de no ser así, nos encontraríamos ante un suceso escalofriantemente
desconcertante que nos llevaría, una vez más, a la terrible conclusión de que
no existen límites ni fronteras para el horror. Un horror que se adapta
camaleónicamente a los tiempos y se vale de todos sus eventos para manifestarse
ante nosotros.
Son muchos los que cuentan haber entrado en una página web
llamada(blind maiden significa doncella ciega).Normalmente, si pretendes
acceder a ella, por más que lo intentes, tu explorador no te lo permitirá ya
que para hacerlo deberás cumplir tres condiciones. Encontrarte completamente solo,
hacerlo exactamente en la medianoche de un día sin luna y tener apagadas todas
las luces de la casa. Entonces, solo entonces se te permitirá el acceso. Una
vez dentro, enseguida tras un impactante viaje por las imágenes que ofrece, sin
necesidad de que nadie te explique nada, comprenderás, como dice el slogan de
presentación de la página, que estarás ante \'una experiencia real de horror absoluto'.Tendrás que emplear tus cincos sentidos y poner especial cuidado en
no cliquear, ni por error, el botón de \'Aceptar\' en participar activamente en
la experiencia. Si así lo hicieses seria tu fin y quedarías transformado en una
imagen más del amplio archivo de incautos que, antes que tu, osaron, tal vez incrédulos,
tal vez curiosos, a probar esta experiencia. Pero ¿que es lo que se supone que
ocurre una vez que haces clic sobre aquel botón? Para tu sorpresa y horror
observarás en tu monitor como una siniestra silueta se pasea... por tu propia
casa!!! Querrás despertar de lo que desearás que sea una pesadilla cuando veas
como ese espectro se acerca y entra en la misma habitación en la que te
encuentras... te verás en tu monitor a ti mismo, de espaldas...entonces
sentirás su presencia detrás de ti... te girarás no pudiéndolo soportar más
y... lo último que verás, antes de morir, será el rostro de la doncella ciega que,
despiadadamente te arrancará los ojos...
lunes, 6 de agosto de 2012
La Niña Perdida
Vanessa, es una joven de Gijón que estudia Terapia
ocupacional en la Universidad de Talavera. Junto con otras dos chicas alquiló
un piso en la calle de los Templarios para que los gastos fueran menores.
Durante el segundo curso, Vanessa suspendió dos asignaturas
y sus padres le enviaron el mes de agosto para estudiar. Una noche de verano en
la que estaba sola, cuatro golpes secos sonaron a su puerta. Vanessa creyó que
se trataba de algún amigo con el que salir a tomarse una copa, pero se trataba
de una niña de alrededor de siete años.
La niña, de hermosos tirabuzones rubios y grandes ojos
castaños miró a Vanessa y le dijo que se había perdido. Vanessa le dejó entrar,
le preparó un vaso de leche y le dijo que iban a ir a la policía. Verónica le
rogó que no lo hiciera esa noche pues tenía mucho sueño y quería dormir.
Vanessa accedió y le preparó la cama. Por la mañana temprano cuando Vanessa iba
a llevarla a la policía, entró en el cuarto y vio que la niña, llamada
Verónica, no estaba.
Un año después en idéntica situación, la niña volvió a
aparecer. Parecía que no había crecido nada. De nuevo Vanessa le preparó la
cena y le dejó dormir pero al día siguiente Verónica volvió a desaparecer sin
dejar rastro. Vanessa fue a la policía y dio todos los datos de la chiquilla
pero no se habían producido denuncias ni nadie había reclamado una
desaparición. Tras dar muchas vueltas, Vanessa llegó al Hospital de San
Prudencio. Un hospicio para niños y niñas huérfanos. Allí la madre Sonsoles, le
explicó que no tenían ninguna niña de esas características. Justo cuando se
disponía a salir Vanessa del lugar, otra monja llegó con un calendario de dos
cursos atrás. Allí estaba la foto de Verónica, tal y como Vanessa le había
visto. - Sí ¡es ella! - gritó. Las dos monjas se miraron extrañadas - Verónica
murió hace dos años.
Aquella noche, cuatro golpes secos sonaron en la puerta de
Vanessa. La muchacha observó por la mirilla de la puerta. Allí estaba de nuevo
Verónica, con los brazos cruzados y cara de enfadada. - Has tardado mucho en
abrirme, tengo hambre y sueño - Dijo la niña. Vanessa aterrada preparó todo
como lo había hecho habitualmente. Cuando acostó a Verónica no pudo soportar el
terror y entró despacio a su habitación. La niña estaba totalmente arropada.
Vanessa retiró la sábana y bajo ella, como un suspiró pareció desvanecerse un
cuerpecito en una nube. Sobre la almohada, con letra infantil y varias faltas
había una nota "Gracias por la leche y los dulces, ahora tengo que irme a
llevar al infierno a las otras tres chicas que no me dejaron entrar a sus
casas."
La Cabaña
Se dice que en una ocasión un estudiante fue al bosque de su
ciudad para un trabajo en su universidad. Su función consistía en recolectar
muestras de diversas plantas y catalogarlas. Fue tanto su interés en su labor,
que no se dio cuenta que el día había acabado y se estaba adentrando en una
oscura noche.
Se sentía perdido, no sabía hacia dónde avanzar con tremenda
oscuridad. Cuidaba sus pasos para no tropezar, lo único que podría distinguir
era la brillante luz de la luna y las estrellas. Después de unos pasos, pudo
distinguir una pequeña cabaña en medio del bosque; pensó que sería buena idea
entrar y pedir resguardo esa noche hasta el amanecer.
El estudiante se acercó a la cabaña, tocó la puerta unas
cuantas veces, pero nadie parecía estar dentro. Al ver que nadie se encontraba
por el momento, se decidió a pasar sin ser invitado. La cabaña parecía haber
cambiado de tamaño, no aparentaba ser tan grande desde fuera. Había muchas
puertas y un largo pasillo.
Mientras buscaba una habitación atravesando el pasillo a
oscuras notó que en las paredes de la morada habían extrañas pinturas de
personas de aspecto siniestro, al pasar parecían seguirlo con la mirada
provocándole un escalofrío que casi le impedía moverse. Tras vencer sus miedos,
tragó saliva y continuo por el pasillo hasta encontrar una habitación donde
pasó la noche hasta el amanecer.
A la mañana siguiente sus miedos se habían evaporado, hacia
una hora que había amanecido por lo que decidió abandonar la cabaña y finalizar
su trabajo. Se levantó de la cama y al salir al pasillo se quedó helado...
En las paredes no había ningún cuadro... sólo ventanas.
La Chica Que Pisó La Tumba
Una noche, unos chicos celebraban una fiesta en un parque,
entre risas y alcohol comenzaron a contar historias de terror. En la misma calle,
había un cementerio y uno de ellos comentó lo mucho que le aterraba pasar por
allí. Aprovechándose del miedo de su amigo otro de los jóvenes advirtió al
resto con la siguiente frase:
- No se os ocurra nunca pisar sobre una tumba cuando se ha
puesto el sol. Si lo haces, el muerto te agarra y te mete dentro.
- Mentira - replicó Alexandra - Eso son sólo supersticiones.
- Si tan valiente te crees ¿por qué no nos lo demuestras? Te
daré 10 euros si te atreves, apostó el chico.
- A mí no me dan miedo las tumbas ni los muertos, respondió
ella. Si quieres te lo demuestro ahora mismo.
El chico le tendió su navaja. Clava esta navaja en una de
las sepulturas le dijo. Así sabremos que has estado allí. Sin dudarlo Alexandra
cogió la navaja y se dirigió con paso firme al campo santo bajo la mirada
atónita de sus amigos.
El cementerio estaba lleno de sombras y había un silencio
sepulcral y sin quererlo el miedo se fue adueñando de la chica que con cada
paso sentía cientos de ojos vigilarla y un aliento helado en la nuca.
- "No hay nada que temer", se repetía Alexandra
para tratar de calmarse a si misma.
Escogió una tumba y pisó sobre ella. Después se agachó
rápidamente, clavó en el suelo la navaja y se dispuso a marcharse. Pero no
pudo. ¡Algo la retenía! Lo intentó de nuevo, pero seguía sin poder moverse.
Estaba aterrada.
- ¡Alguien me sujeta! gritó, y cayó al suelo.
Al ver que no regresaba, los chicos fueron en su busca.
Encontraron su cuerpo tumbado sobre la sepultura, fría, rígida y con la cara
totalmente desencajada del miedo. Sin darse cuenta, Alexandra se había
enganchado la falda con la navaja al clavarla en el suelo. Era la navaja lo que
la retenía y ella había muerto de miedo tras sufrir un ataque al corazón.
domingo, 5 de agosto de 2012
El Libro Tibetano de los Muertos
El Libro Tibetano de los Muertos, también llamado Bardo
Thodol, es una guía de instrucciones para los muertos y los moribundos, pues se
considera que la muerte dura 49 días y después de ello sobreviene un
renacimiento en el ciclo de la reencarnación. Basándose en esta creencia, el
libro da algunas recomendaciones a tener en cuenta durante ese período
intermedio del Bardo.
Según la tradición, el libro fue escrito por Padma Sambhava,
fundador del lamaísmo y escondido como una Terma. La primera parte describe el
momento de la muerte ("Estado Transitorio del Momento de la Muerte"),
la segunda trata acerca del momento inmediato después de fallecer ("Estado
Transitorio de la Realidad") y la tercera parte maneja las cuestiones prenatales
("Estado Transitorio del Renacimiento"), incluyendo el nacimiento de
los instintos.
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