Atención Por Favor.

Ante todo nos dirigimos y agradecemos a todos por la ayuda que nos dan con este blog ya sean seguidores, oyentes del programa de radio y por sobre todo a todos aquellos propietarios de webs, blogs, libros y todos los lugares donde han obtenidos la información y nos han acercado a nuestro mail para que podamos publicarlas en este humilde blog, para que todas las semanas desde hace ya 7 años podamos compartir en dos emisiones las tantas historias, enigmas y misterios del universo que se van pasando de generación en generación y así reflejar esas viejas leyendas, historias, enigmas y misterios que de niños oímos mas de una vez y que nos asustaban en algunos casos como también en otras nos enseñaban a valorar y respetar esas narraciones.

Desde ya les agradezco a todos y pido disculpas si no se agrega la fuente por que muchos correos no la poseen y para no cometer errores no se agrega pero en este pequeño equipo estamos muy agradecidos para con todos. Muchísimas Gracias a todos en general por su valiosa información y por su cordial atención.

Equipo Infinito.



domingo, 11 de marzo de 2018

Las Cinco Aguilas Blancas


Cinco águilas blancas volaban un día por el azul del firmamento; cinco águilas enormes, cuyos cuerpos resplandecientes producían sombras errantes sobre los cerros y montańas. Cinco águilas blancas volaban un día por el azul del firmamento; cinco águilas enormes, cuyos cuerpos resplandecientes producían sombras errantes sobre los cerros y montańas.

Venían del Norte? Venían del Sur? . La tradición indígena sólo dice que las cinco águilas vinieron del cielo estrellado en una época muy remota.

Eran aquellos los días de Caribay, el genio de los bosques aromáticos, primera mujer entre los indios Mirripuyes, habitantes del Ande empinado. Era hija del ardiente Zuhé y la pálida Chía; y remedaba el canto de los pájaros, corría sobre el césped como el agua cristalina, y jugaba como el viento con las flores y los árboles.

Caribay vio volar por el cielo las enormes águilas blancas, cuyas plumas brillaban a la luz del sol como láminas de plata, y quiso adornar su coraza con tan raro y espléndido plumaje. Corrió sin descanso tras las sombras que las aves dibujaban en el suelo; salvó los profundos valles; subió a un monte y otro monte; llegó, al fin, fatigada a la cumbre solitaria de las montańas andinas. Las pampas, lejanas e inmensas, se divisaban por un lado; y por el otro, una escalada ciclópea, jaspeada de gris y esmeralda, la escala que forman los montes, iba por la onda azul del Coquivacoa.

Las águilas blancas se levantaron perpendicularmente sobre aquella altura hasta perderse en el espacio. No se dibujaron más sus sombras sobre la tierra.

Entonces Caribay pasó de un risco a otro risco por las escarpadas sierras, regando el suelo con sus lágrimas. Invocó a Zuhé, el astro rey, y el viento se llevó sus voces. Las águilas se habían perdido de vista, y el sol se hundía ya en el ocaso.

Aterida de frío, volvió sus ojos al Oriente, e invocó a Chía, la pálida Luna; y al punto detúvose el viento para hacer silencio. Brillaron las estrellas, y un vago resplandor en forma de semicírculo se dibujó en el horizonte.

Caribay rompió el augusto silencio de los páramos con un grito de admiración. La luna había aparecido, y en torno de ella volaban las cinco águilas blancas refulgentes y fantásticas.

Y en tanto que las águilas descendían majestuosamente, el genio de los bosques aromáticos, la india mitológica de los Andes moduló dulcemente sobre la altura su selvático cantar.

Las misteriosas aves revolotearon por encima de las crestas desnudas de la cordillera, y se sentaron al fin, cada una sobre un risco, clavando sus garras en la viva roca; y se quedaron inmóviles, silenciosas, con las cabezas vueltas hacia el Norte, extendidas las gigantescas alas en actitud de remontarse nuevamente al firmamento azul.

Caribay quería adornar su coraza con aquel plumaje raro y espléndido, y corrió hacia ellas para arrancarles las codiciadas plumas, pero un frío glacial entumeció sus manos: las águilas estaban petrificadas, convertidas en cinco masas enormes de hielo.

Caribay da un grito de espanto y huye despavorida. Las águilas blancas eran un misterio, pero no un misterio pavoroso.

La luna se oscurece de pronto, golpea el huracán con siniestro ruido los desnudos peńascos, y las águilas blancas despiertan. Erizándose furiosas, y a medida que sacuden sus monstruosas alas el suelo se cubre de copos de nieve y la montańa toda se engalana con el plumaje blanco.

Este es el origen fabuloso de las Sierras Nevadas de Mérida. Las cinco águilas blancas de la tradición indígena son los cinco elevados riscos siempre cubiertos de nieve.

Las grandes y tempestuosas nevadas son el furioso despertar de las águilas; y el silbido del viento en estos días de páramo, es el remedio del canto triste y monótono de Caribay, y el mito hermoso de los Andes de Venezuela.

Ehecatl, Dios Del Viento

Se asociaba a Ehecatl con los cuatro puntos cardinales, porque el viento solpla en todas direcciones.

 Sus templos tenían forma cilíndrica, con el fin de ofrecer menos resistencia al viento. En algunos casos es representado con dos máscaras por las que penetra el viento. 

Según el mito azteca, tras la destrucción del cuarto sol los dioses se reunieron en Teotiahuacán, y Nanahuatzin y Tecciztecatl se arrojaron al fuego sacrificial y se convirtieron en el sol y la luna. 

Quedaron inmóviles hasta que Ehecatl sopló con fuerza sobre ellos: al principio, sólo se movió el sol pero cuando el astro se puso en el ocaso, también se movió la luna.

Imagen basada en el Codex Magliabechiano: Quetzalcóatl como Ehecatl, con los símbolos de la concha, la máscara de la trompeta de viento y el quetzal, ave célebre por las plumas de la cola, de un verde iridiscente

La Leyenda De La Vainilla

Cuentan que Xanath, hija de nobles totonacas, célebre por su belleza, vivía en un palacio cercano al centro ceremonial de Tajín, sede de su pueblo.

Cierto día en que la joven acudió a depositar una ofrenda sobre el plato colocado en el abdomen de Chac-Mool ("Mensajero Divino"), encontró casualmente a Tzarahuín (jilguero), un alegre doncel al que le agradaba silbar, y surgió entre ambos amor a primera vista.

Sin embargo, el romance mostró dificultades para prosperar, porque Tzarahuin era pobre y vivía en una choza humilde rodeada de tierra fértil en que abundaban las anonas, las piñas y las calabazas. 

A pesar de la diferencia de clases, los enamorados se reunían casi a diario, de manera fugaz, cuando el mancebo llevaba al mercado la cosecha de sus siembras, y en poco tiempo una sincera pasión se apoderó de sus corazones.

Una tarde en que Xanath pasó junto al templo sagrado de los nichos, la sorprendió la mirada penetrante del dios gordo, que se caracterizaba por su vientre abultado, la frente rapada y su triple penacho; y desde entonces el señor de la felicidad se dedicó a cortejarla. 

La doncella logró esquivarlo en un principio, mas el astuto dios encontró la forma de revelarle sus sentimientos y, al ser rechazado, su alegría habitual se tornó en cólera y amenazó a la joven con desatar la furia de Tajín, si no accedía a sus reclamos amorosos.

La advertencia hizo temblar de miedo a Xanath, pero no traicionó a Tzarahuín.

El astuto dios gordo resolvió entonces ganarse la confianza del padre de la joven para que influyera en el ánimo de Xanath. 

Lo invitó a su palacio, le reveló secretos divinos y cuando manifestó interés por la linda muchacha, recibió completo apoyo para casarse con ella.

Xanath hubo de soportar un mayor acoso del testarudo dios y su padre la obligó a aceptar una nueva cita, que resultaría fatal, pues luego de haber dado otra negativa al señor de la felicidad, éste, irritado, lanzó un conjuro sobre la doncella y la transformó en una planta débil de flores blancas y exquisito aroma: la vainilla.

Y si bien el dios creyó vengarse, lo cierto es que mientras de él existen sólo vagos recuerdos, en cambio, a ella la tenemos muy presente en nuestros días en el sagrado arte de la cocina...

viernes, 9 de marzo de 2018

Las Profecias De Los Hopis

Las profecías de los indios hopi fueron transmitidas por un anciano curandero llamado Soloho. Los relatos Hopi dan cuenta de tres mundos diferentes antes del actual: 

"... El primero era el mundo en el que el Creador situó a los seres humanos. Mientras éstos vivieron en equilibrio y armonía, se les permitió residir allí. 

Cuando rompieron la armonía con el Espíritu, éste decidió efectuar una depuración. Entonces el Creador hizo que los volcanes entraran en erupción, arrojando rocas volcánicas por toda la región. 

Las erupciones provocaron también la efusión de gases que se extendieron sobre la tierra y mataron a todos aquellos que no se habían escondido en su refugio todo el tiempo que el Creador les había prescrito”..

El primer mundo fue destruido por el fuego, dato corroborado por el período de actividad volcánica que asoló Arizona alrededor de 250.000 años atrás y que dejó huellas irrefutables.

"Una vez terminada la depuración salieron de nuevo y repoblaron la Tierra. Era el segundo mundo. Sus habitantes vivieron en él durante más tiempo que el primero. 

Pero volvieron a perder su equilibrio. Creyeron que ya conocían todas las respuestas, y dejaron de escuchar al Espíritu. El Creador consideró que había llegado el momento de una nueva purificación. Esta vez se pidió a los guardias espirituales que protegían a los Polos Norte y Sur que abandonaran sus puestos y dejasen que la Tierra girara libremente. Y la Tierra giró libremente. Fue un cambio polar. Los Vendavales azotaron el planeta y vastos campos de hielo se extendieron sobre él”..

El segundo mundo fue destruido por el hielo, lo que coincide con la terrible glaciación que descendió hasta Arizona hace alrededor de 100.000 años.

"En el tercer mundo, los seres humanos poblaron la Tierra con mucha mayor extensión a como lo habían hecho antes. Construyeron grandes ciudades y máquinas capaces de hacer cosas muy diversas, incluso máquinas que podían volar. Emprendieron guerras entre ciudades, establecieron límites en la tierra y utilizaron objetivos destructivos. Una vez más el creador vió llegada la hora de una depuración. 

En esta ocasión hizo que las aguas de los océanos se desbordasen y cayeran grandes diluvios del cielo. Esta depuración adoptó la forma de una gigantesca inundación. Entonces, la gente llamada a sobrevivir en este continente: un hombre con sus dos hijos y sus familias. A uno de ellos se le encomendó que viajara al Este y repoblara la Tierra, mientras que el otro se dirigió al Oeste. El que siguió el camino del Oeste fue el primer Hopi. El que se trasladó al este fue llamado el Verdadero Hermano Blanco...".

El tercer mundo, fue destruido por el agua, lo que corresponde al diluvio - universal - que asoló Arizona hace unos 12.000 años, con motivo de la fusión del hielo al finalizar el período glacial precedente.

"Una vez establecidos en sus tierras, guiadas por la estrella azul Kachina, se les encomendó que aguardaran la llegada del Verdadero Hermano Blanco. Entonces llegaron los españoles, y los Hopi preguntaron: ¿Sois vosotros el Verdadero Hermano Blanco? Pero los españoles replicaron: ¿Dónde está el oro, dónde está el hierro amarillo?, y los Hopi supieron que no lo eran. Cuando llegaron los demás europeos, los Hopi preguntaron: ¿Sois vosotros el Verdadero Hermano Blanco?, Pero aquellas gentes sólo deseaban ir a California, y respondieron: allí es donde está el oro. Nos vamos a California".

Los Hopi tienen lápidas de piedra. En ellas hay inscripciones alusivas a todo cuanto ocurrirá después de la próxima depuración. Esas lápidas anunciaron a los Hopi que primero llegarían gentes acompañadas de extraños animales tirando de cajas (vagonetas) y que más tarde las cajas se moverían por sí solas (trenes y automóviles). Les dijeron también que se extendería un hilo plateado a través de la tierra: la carretera 66.

Leyeron también que verían telas de araña en el cielo a través de los cuales la gente podría hablar (líneas telefónicas), y que llegaría el momento en que el águila caminaría sobre la luna. Cuando el astronauta americano Neil Amstrong bajó de su nave espacial.

Averiguaron así mismo que llegaría la hora en que dos potencias sacudirían la Tierra por dos veces. El símbolo de una de ellas sería el Sol naciente (Japón), y el de la otra sería el signo de las cuatro direcciones (Alemania). Durante la Primera Guerra Mundial, los alemanes usaron la cruz de Malta como insignia propia; en la segunda, adoptaron la esvástica (invertida), ambos símbolos de las cuatro direcciones.

Se dijo a los Hopi que en el transcurso de este gran conflicto, una potencia vertería una calabaza de cenizas desde el cielo, que haría hervir los ríos y mataría los peces. Se trataba de la bomba atómica.

También se dijo al pueblo Hopi que viajaría a un lugar donde se reuniríantodas las naciones del mundo y trataría de hablarles para convencerlas de que volvieran a las costumbres sagradas. Representantes Hopi fueron cuatro veces al edificio de las naciones Unidas... no les fue permitido dirigirse a toda la Asamblea General. Las profecías habían advertido que si esto ocurría, la hora de la depuración sería inminente. De modo que los Hopi regresaron a sus tierras.

La cuarta depuración se produciría de dos maneras. Una forma supondría la acción de los cuatro elementos. Esto implica que asistiríamos a grandes inundaciones en muchos lugares, los vientos más intensos que hubiésemos visto jamás, temblores de tierra y erupciones volcánicas. Veríamos como la tierra, el agua, el fuego y el aire participan en el proceso de depuración....

La otra forma en que se llevaría a cabo la depuración tendría como protagonista a un pueblo de piel rojiza. Un día llegaría a esta tierra y la conquistarían. Se advirtió a los Hopi que, si esto sucedía, no debían salir de sus casas porque habría una sustancia en el aire que los mataría.

"... se dijo a los Hopi que, después de la purificación, los supervivientes quizá conservarían la misma religión que tenían; o tal vez buscaran una nueva, o incluso podrían haber evolucionado hasta tal punto, que ya no necesitarían religión

alguna...".

Por último recordaremos parte de la profecía HOPI de LA ESTRELLA AZUL KACHINA ( Sirio)"Cuando la Estrella Azul Kachina haga su aparición en los cielos, el Quinto Mundo emergerá. Ese será el día de la Purificación. Eso sucederá cuando Saquasohuh, (Estrella Azul) Kachina baile en la plaza y remueva su máscara"..."La Tercera Guerra Mundial será iniciada por aquellas personas que primero revelaron la luz (la divina sabiduría) en el viejo mundo conocido (India, China, Naciones Islámicas, y Africa). 

Gran parte de Los Estados Unidos sucumbirán, tanto la tierra y la gente que habita en ellos, por medio de "bolas de cenizas" que caerán en la tierra haciendo hervir los rios e incendiarán la tierra, donde no crecerán plantas por muchos años y causarán enfermedades que ninguna medicina podrá curar." ..."Solo la gente materialista es la que busca construir refugios.

 Aquellos que tengan paz en sus corazones ya están en el gran refugio de la vida. No existe el refugio para la maldad. Aquellos que no tomen parte en el intento por dividir al mundo ya sea por cualquier motivo, raza o religión, están preparados para la vida en el nuevo mundo que se avecina, ya sean ellos negros, blacos, rojos, o amarillos. Todos son uno, todos somos hermanos"

El Pillan y El Sacrificio De Licarayen

Para los huilliches no hay nada más perverso que el demonio Pillán.

Odia a los seres humanos. Desde el Peri Pillán los espía incesantemente porque no puede soportar verlos felices, gozando de una vida que, como ente maligno, el jamás podría tener. Corroído por el odio, habita las tinieblas en la soledad más espantosa.

Así las cosas, refiere la leyenda que en una apacible aldea huilliche vivía Licarayén, la hija del cacique. Y ella no era solo la más hermosa por fuera, sino también lo era por dentro; y todos la amaban por su gran bondad.

La joven estaba lista para casarse con Quiltralpique, joven gallardo y noble que había ganado su corazón. Esperaban para ello que la luna les diera la señal propicia.

El pueblo se aprestaba para la feliz boda. Según la machi, nacerían de ambos hijos buenos y hermosos que como ellos traerían bendiciones a todos.

Sin embargo, el ojo del Pillán se posó en aquella región y al punto descargó sobre ella toda suerte de calamidades: el volcán comenzó a expulsar fuego y lava por todos lados, arrasando sembradíos, bestias, rucas y gentes: el mar se salió de madre, la tierra tembló con violencia. La peste se ensañó con los que habían logrado escapar con vida. Entre estos últimos el cacique, si hija y su prometido.

En vano todos elevaban sus clamores en ritos y machitunes y parecía que la raza huilliche desaparecía de la faz de la tierra.Entonces se presentó ante ellos un anciano quien les dijo que lo que había que hacer para derrotar al Pillán era sacrificar a la doncella mas hermosa, pura y buena de la región, arrancándole el corazón del pecho y depositándolo en la cima del cerro más elevado.

Pronto los huilliches descubrieron que ¡La única doncella que reunía todas estas cualidades era Licarayén!De nuevo la princesita demostró su grandeza de espíritu: si la paz y el bienestar de su pueblo dependían de ella, ella ofrendaba su vida con alegría.

Y así, le fue preparado un lecho donde se tendió plácidamente y pidió que

Quitralpique fuese quien le arrancara el corazón.

Este traspasó con su lanza el pecho de su bien amada y después su propio pecho, para seguir así unidos en la muerte.

El anciano, seguido por el pueblo, depositó el corazon envuelto en una rama de canelo, sobre la cima del cerro más alto.

Surgió entonces en el aire un cóndor gigantesco que, cogiéndolo entre sus garras y elevándose raudo, lo dejó caer por la boca del volcán que ahora se llama Osorno y que, en aquel entonces, se le conocía como Peripillán.

Al instante, las hojas de canelo se convirtieron en copos de nieve, y una tupida nevazón los cubrió totalmente. Luego, tras derretirse en parte la nieve, nacieron los lagos Llanquihue, Todos los Santos, Chapo y Reloncaví.

El anciano forastero aconsejó a los huilliches guardar las tradiciones de su raza, trabajar y no caer en vicios ni odios. Así estarían a salvo de las garras del Pillán quien, aunque vencido, espera la ocasión para vengarse de su encierro del cual, de tanto en tanto, intenta liberarse provocando temblores intensos.

Leyenda De Chonta y Pila

Las abuelas indias de una tribu del Ecuador cuentan de qué manera dos hermanos se salvaron de ahogarse durante un gran diluvio. Es una historia antigua y por eso resulta diferente y curiosa. Por esas tierras y montes hay una altísima montaña que tiene una virtud: cuando las lluvias causan inundaciones, sus cumbres se elevan dando estirones hacia el cielo, de manera que parece una isla que nunca se sumerge. 

Y fue a esta montaña a la que subieron los dos hermanos, niña y niño, cuando el gran diluvio desbordó mares y ríos. Sus nombres se olvidaron, pero podemos llamarlos Chonta y Pila. Cuando vieron que el mar comenzaba a cubrir la tierra, Chonta tomó de la mano a Pila y corrieron hacia la cumbre salvadora que los libró de ahogarse. Toda la montaña temblaba a cada estirón de su mole y los niños tuvieron que quedarse agarrados a las raíces y a las rocas para no rodar hasta los abismos. 

En cuanto pasó la lluvia, Chonta y Pila se asomaron a mirar los valles y vieron que todo estaba cubierto de agua. No podían bajar al lugar donde estuvo su cabaña; recorrieron la cumbre y encontraron una caverna que les serviría como refugio. Salieron a buscar algo que comer, pero sólo hallaron unas hierbas duras y raíces. - ¡Ay! -lloró Pila-, ¡me duelen las tripas de hambre! - A mí me gustaría tener una cabeza de plátanos y un ananá jugoso -suspiró Chonta. Corrían entre las rocas levantando piedras para hallar algún bicho, pero en la noche estaban tan hambrientos como al alba. 

Una tarde, al caer el sol, llegaron a la caverna sin aliento ya para seguir viviendo. Entonces la niña vio sobre la piedra donde machacaban las raíces un mantel de hojas frescas y sobre ellas, frutas, carnes, mazorcas de maíz y todo lo que habían soñado comer durante tantos días. - ¡Mira!, ¿quién habrá traído esta deliciosa comida?- gritó Pila. - No lo sé- contestó Chonta. Y se abalanzó sobre los manjares sin hacer preguntas. Pila hizo lo mismo y cuando estuvieron satisfechos se pusieron a dormir. En sueños oyeron gritos y risas de los guacamayos, esos grandes loros que habitan en las oscuras selvas de los valles. Al despertar, no tuvieron necesidad de recorrer los montes, porque los misteriosos seres continuaron llevándoles comida día a día. 

Nunca alcanzaban a verlos; acudían sólo cuando los niños dormían o se alejaban de la caverna. Sintieron una gran curiosidad de saber quiénes eran los que con tanta generosidad los alimentaban; la curiosidad fue creciendo, sobre todo porque ya no tenían mucho que hacer, sino contemplar los valles convertidos en lagos y jugar. - Escondámonos cerca, entre las rocas- sugirió Chonta. - Así sabremos quiénes son- dijo Pila. Antes del amanecer ambos se escondieron junto a la caverna. Estaban nerviosos e impacientes. Pasaron las horas, el sol empezó a calentar las rocas y, con el calorcito, a los niños les dio sueño. De pronto, algo que sobresaltó a Pila y a Chonta tembló en el aire como un arco iris. Al poco rato oyeron un fuerte aleteo y sonoros gritos. 

Se asomaron con cuidado y vieron unos grandes guacamayos los mismos que habitaban en las selvas, cerca de su antigua cabaña. Sin embargo, su aspecto era diferente, sus plumas de radiantes colores no relucían. Entonces se dieron cuenta de que los loros venían disfrazados con delantales y gorros de cocineros, lo que a los niños les pareció extraordinariamente cómico. Les dio tanta risa que no pudieron seguir escondidos. - Mira, Chonta, son loros disfrazados- se burló Pila. - ¡Ja, ja, ja!, ¡mira cómo las plumas les asoman por debajo de los delantales y de los gorros! -gritó Chonta, sujetándose la barriga de risa. Los loros se enojaron al oír las burlas. 

No les gustó tampoco haber sido descubiertos. Con las plumas erizadas y los ojos chispeantes volaron lejos, llevándose la comida. Los niños rieron largo rato; pero al ver que los guacamayos no regresaban y que luego pasaron los días sin que les trajeran alimentos, comprendieron su imprudencia y su ingratitud. - Ahora moriremos de hambre por habernos reído de nuestros amigos -gimió Pila. - Tal vez si les pedimos perdón, los hermosos guacamayos vuelvan a salvarnos- razonó Chonta. 

Con sus últimas fuerzas, gritaron mañana y tarde pidiendo perdón a sus bienhechores por haberlos espiado y por burlarse de sus disfraces. Al día siguiente, con gran rumor de plumas, los guacamayos regresaron; esta vez no llevaban vestimentas sino que lucían su maravilloso colorido. Los niños crecieron y engordaron con la buena alimentación y con la alegría de tener tan graciosos amigos. Todas las tardes se asomaban a los abismos para ver si el agua bajaba en los valles; y así comprobaron que lentamente volvían a formarse los ríos, las lagunas y los mares; la tierra se secaba y surgían las selvas. Un día Pila y Chonta decidieron regresar al lugar donde estuvo su cabaña, pero no querían perder a los loros, no sólo porque los habían alimentado, sino porque eran unos pájaros muy bellos. 

Sus parloteos, sus cantos y sus vuelos luminosos eran una compañía reconfortante. - Guardemos uno para nosotros- resolvió Pila, convertida en una muchacha-. Así no tendré tanto que trabajar cocinando. Cuando los guacamayos vinieron como siempre, con los alimentos, entre los dos hermanos apresaron a uno de ellos y le recortaron las alas para que no pudiera volar. - Perdónanos por hacerte esto, amigo, pero no queremos perderte al bajar al valle - le explicaron. Lo llevaron consigo montaña abajo, amarrado de una pata. Pero estas aves nunca abandonan a uno de los suyos, así que toda la bandada siguió a los muchachos hasta el sitio donde antes vivieran. 

En el valle los guacamayos se transformaron en seres humanos, en muchachas y muchachos alegres y hermosos: sus ojos brillaban y sus cabelleras tenían reflejos multicolores. Pasó el tiempo. Pila y Chonta se casaron con aquellos seres de extraña belleza, llenos de buena voluntad. Según la leyenda, este es el origen de una raza indígena ecuatoriana. Las abuelas de las tribus concluyen así la historia: "Aquellos loros misteriosos fueron dioses de las antiguas selvas y sus virtudes y poderes benéficos se transmitieron a sus descendientes".

miércoles, 7 de marzo de 2018

Los Aluxe

Por las noches, cuanto todos duermen, ellos dejan sus escondites y recorren los campos; son seres de estatura baja, niños, pequeños, pequeñitos, que suben, bajan, tiran piedras, hacen maldades, se roban el fuego y molestan con sus pisadas y juegos. 

Cuando el humano despierta y trata de salir, ellos se alejan, unas veces por pares, otras en tropel. Pero cuando el fuego es vivo y chispea, ellos le forman rueda y bailan en su derredor; un pequeño ruido les hace huir y esconderse, para salir luego y alborotar más. No son seres malos. Si se les trata bien, corresponden. 

Alejan los malos vientos y persiguen las plagas. Si se les trata mal, tratan mal, y la milpa no da nada, pues por las noche roban la semilla que se esparce de día, o bailan sobre las matitas que comienzan a salir. Nosotros les queremos bien y le regalamos con comida y cigarrillos. Duendecillos malévolos que vagan por los bosques y que suelen penetrar en las casas de los campesinos por las noches. 

Entre sus travesuras están: sacudir las hamacas de los durmientes para despertarlos y lanzar piedras y maltratar a los perros. Provocan fuertes calenturas y vómitos en las personas con sólo pasarles la mano suavemente por la cara. Sólo se compadecen de quienes les regalan comida o les hacen ofrendas. 

En compensación, los protegen, y cuidan de sus casas y sus milpas. A quienes atrapen robando los frutos de los huertos ajenos le propinarán una paliza y, por último, acabarán pegando en los gajos los frutos arrancados por el ladrón. Los aluxes nunca duermen o, si lo hacen, duermen con los ojos abiertos.