Atención Por Favor.

Ante todo nos dirigimos y agradecemos a todos por la ayuda que nos dan con este blog ya sean seguidores, oyentes del programa de radio y por sobre todo a todos aquellos propietarios de webs, blogs, libros y todos los lugares donde han obtenidos la información y nos han acercado a nuestro mail para que podamos publicarlas en este humilde blog, para que todas las semanas desde hace ya 7 años podamos compartir en dos emisiones las tantas historias, enigmas y misterios del universo que se van pasando de generación en generación y así reflejar esas viejas leyendas, historias, enigmas y misterios que de niños oímos mas de una vez y que nos asustaban en algunos casos como también en otras nos enseñaban a valorar y respetar esas narraciones.

Desde ya les agradezco a todos y pido disculpas si no se agrega la fuente por que muchos correos no la poseen y para no cometer errores no se agrega pero en este pequeño equipo estamos muy agradecidos para con todos. Muchísimas Gracias a todos en general por su valiosa información y por su cordial atención.

Equipo Infinito.



martes, 3 de abril de 2012

El Triangulo de la muerte


El Triangulo de Bridgewater, uno de los lugares más impresionantes de nuestro planeta, por la cantidad de fenómenos paranormales observados, ritos satánicos, crímenes. Sólo a 50 kilómetros de la ciudad de Boston, es el sitio de Estados Unidos donde más cementerios de personas y animales se concentran, cada uno de ellos con sus propias historias de terror y apariciones espeluznantes.
El triángulo comprende un área de 520 kilómetros cuadrados en el sudeste del Estados de Massachusets, y está delimitado por tres pueblos. En su centro, un espeso bosque donde de día se han perdido decenas de personas,que más tarde aparecieron muertas, donde sectas satánicas han realizado asesinatos rituales de seres humanos. Todo comenzó con el hallazgo del cuerpo de una joven de 15 años en 1979.

lunes, 2 de abril de 2012

Serpientes Gigantes


En 1959 mientras patrullaban con un helicóptero Alouette los cielos de la región de Katanga, actual Zaire, después de partir de la base de Kamina. y a unos cien kilómetros del punto de partida, el coronel Gheyseb observó asombrado cómo salía del interior de un tronco lo que parecía una serpiente gigantesca.
Inmediatamente informó al piloto de la nave, el coronel Remy Van Lierde, y decidieron descender hasta los 40 metros. Estos dos militares, junto con el resto de los tripulantes, el paracaidista Debefve y el ayudante mecánico Kindt, pudieron observar durante varios minutos los movimientos del animal en medio de los arbustos de la zona, e incluso vieron cómo levantaba amenazadoramente su terrorífica cabeza hacia el helicóptero, que con su penetrante ruido rompía la tranquilidad de la sabana. Los militares calcularon que el animal, de color entre verdoso y rosado y vientre blanquecino, mediría unos catorce metros de largo, con una anchura similar a la de un hombre. La cabeza triangular y ancha, de unos 80 centímetros, estaba dotada de unas fuertes quijadas que compararon en tamaño con las de un caballo. El ayudante mecánico pudo fotografiar al monstruo, obteniendo una imagen de notable calidad que, al ser posteriormente analizada, demostró que su tamaño era el estimado por los testigos, unos catorce metros de largo por medio metro de ancho”


Las extintas serpientes del género Gigantophis, que vivieron en el Eoceno Medio hace 40 millones de años y cuyos restos fosilizados encontrados en Egipto prueban que alcanzaban entre los 16 y los 20 metros de longitud.
En 1933, la Comisión de los límites Brasil-Colombia afirmó que una anaconda de casi 90 pies de largo (27 metros) fue cazada en las orillas del Río Negro. Una fotografía también fue proporcionada.

Otra fotografía apareció en 1948. Una anaconda de 100 pies de largo (30,5 m), fue cazada en el Fuerte Tabatinga, en el Río Oiapoc.

Los orígenes de las sangrías


La sangría, entendida como la pérdida deliberada de sangre a través de la piel o de los tegumentos mucosos visibles, es un gesto que como procedimiento terapéutico acompaña al hombre desde los albores de su historia. Desde antiguo la sangre fue considerada como portadora de la vida y por tanto era razonable aceptar que su entrega constituyera una preciada ofrenda. Con similar fundamento puede haber surgido el concepto que su alteración o la presencia en ella de seres maléficos pudiera ser causa de las enfermedades, justificando así su extracción con fin curativo. Cualquiera sea su verdadero origen, lo cierto es que las sangrías, con ropaje religioso, aparecen en casi todas las civilizaciones primitivas sea como sacrificios voluntarios o como actos médicos. Los antropólogos consideran la sangría, junto a las abluciones, baños y aspersiones, y la administración de catánicos, eméticos o clisterios, dentro de los “ritos activos de purificación”. Otros ritos destinados al mismo fin pretendían transportar el factor maléfico a objetos, animales o plantas (rito del chivo expiatorio, ya mencionado en el Levítico) o a destruir los “demonios” mediante el fuego (cauterizaciones o incineración) Algurnos ritos actuales, como el bautizo o las aspersiones con agua bendita entre los cristianos, las abluciones de los musulmanes, la circuncisión judía y la quema de herejes, brujas o relapsos deben considerarse como vestigios de aquellos ancestrales ritos.

En el período neolítico la sangría se practicaba con escarificaciones o el uso de sanguijuelas y, al igual que las craneotomías pretendían dar ‘salida a los demonios. En el Egipto faraónico la sangría no es mencionada. En la India antigua aparece en los libros de los Vedas (Ayur Veda entre los años 2000 y 1000 a.C), en los que también se indica la forma de adiestrar a sus ejecutores. En la China primitiva, a partir del siglo III a.C. y en el Japón a partir del siglo VII d.C. la sangría se apoya en la filosofía del Ying y Yang (Taoismo), pretendiendo recuperar el equilibrio espiritual. En la cultura hebraica la sangría es mencionada en el Talmud aunque no en la Biblia. En las tribus de las planicies de América del Norte, los shamanes eran los encargados de las sangrías. En la California Central abrían las venas del brazo derecho para curar las enfermedades del tronco y las del izquierdo para tratar las enfermedades de los miembros. En Mesoamérica los derramamientos de sangre, relacionados con la propia teogonia de sus moradores, se orientan a alimentar a sus dioses. Entre los aztecas, en los días señalados por el calendario religioso (Tonalamatlm) los sacerdotes se autosangraban utilizando espinas de maguey o cuchillos de obsidiana. En sus ceremonias públicas, dedicadas a Tlaloc (dios de la lluvia y fertilidad) y a Huitzilopochtli (dios de la guerra), realizaban sangrientos sacrificios humanos asociados con actos de canibalismo. En el campo terapéutico y con similar trasfondo religioso, las sangrías se utilizaban junto a las purgas y clisterios. Los incas utilizaban las sangrías como tratamiento de las cefaleas, infiriendo heridas en el entrecejo con un cuchillo de edernal. Para la cura de otros males abrían la vena más próxima al lugar afectado. Los indios amazónicos “karaya” utilizaban un trozo triangular de cáscara de nuez unida a dientes de pescado y rodeado de hierbas que impedían una penetración excesiva. Otras tribus provocaban hemorragias mediante disparos de flecha dirigidos al miembro afectado. En la Polinesia se utilizaba un colmillo de tiburón o una concha aguzada. En la cultura australiana aparece como rito de iniciación celebrado mediante incisiones uretrales, del septum nasal, extracciones dentarias o heridas en el pene y las extremidades. En South Wales la-sangre era recogida y luego untada sobre el cuerpo o bebida a pequeños sorbos.

A partir del siglo VII a.C. luego de desarrollar una ingeniosa mitología que había humanizado a sus dioses, los griegos lograron un manifiesto acercamiento con los moradores de su panteón. En esta “desalmidonada” relación la cultura griega, manteniendo el equilibrio entre lo dionisíaco y lo apolíneo y contando, ahora sí, con una filosofía‘ que facilitó la sistematización del pensamiento lógico, se animó con impulso prometeico a explorar el universo sentando los cimientos de la llamada cultura occidental.

Aunque ya en la mitología babilónica, así como en la Teogonia de Hesíodo (s.VII a.C.) (ll) se relativizaba el papel de los dioses en la génesis de los fenómenos naturales fue Aristóteles quien reconoció para Tales de Mileto (624 — 548 a.C.) la gloria de ser el primer pensador que se animó a considerar la naturaleza (physís) como una fuerza creadora, cuyo principio esencial (arkhe) era el agua, dando así el trascendental paso que pennitió a la humanidad transitar desde la creencia al conocimiento (del mito al logos). Anaximandro (61 1-546 a.C.) agrega al agma otro elemento básico: el aire (apeiron), de cuya combinación provienen, según Empédocles (483-430 a.C.), los componentes básicos del cosmos: aire, agua, tierra y fuego. En ese fértil ambiente y contando con la figura señera de Hipócrates (460-377 a.C.) y sus seguidores, creadores de la llamada Escuela Hipocrática, nace la nueva medicina enriquecida más tarde con el pensamiento oriental aportado después de las campañas de Alejandro Magno (era helenística), Según afirma Landsberg la sangría fue introducida entre los griegos por la escuela de Crotona, uno de cuyos médicos, Diógenes de Abdera, fue maestro de Hipócrates. En uno de los textos del Corpus Hipocraticus (“De la naturaleza humana”) se expone la teoría de los humores (kymos), identificados por Polibo (201

120 a.C.) como sangre, bilis amarilla, bilis negra y “flegma” originados en el corazón, hígado, cerebro y bazo, respectivamente y de cuyas alteraciones cuanti-cualitativas resultaban las

enfermedades (10). A partir de esta interpretación la sangría muda su esencia para convertirse en un acto terapéutico racional, que, aplicado sin violar los límites de la naturaleza (hybris), busca recuperar el equilibrio humoral perdido. Así la sangría y en general los restantes tratamientos, dejan de ser ritos para convertirse en técnicas (tekhne iatrike). La flema, como humor principal, se corporizaba en el material fibrino-seroso obtenido de la s angre recogida. Los diversos aspectos que este coágulo ofrecía, eran considerados como manifestaciones visibles de lo que sucedía en el organismo y fundamentaban conclusiones diagnósticas y aun pronósticas. La flebotomía destinada extraer la “flema pútrida, impura y pemiciosa” se realizaba del mismo lado y cerca del foco “de putrefacción”. Las mejorías observadas significaban para 10s hipocráticos la más importante evidencia de la acción perniciosa de la flema.

En la época de Hipócrates la sangría constituyó una rareza, siendo recién durante la era Alejandrina (s. IH a.C.) cuando adquirió su mayor vigencia, aunque Herófilo (340— 7 a.C.) y Erasistrato, distinguidos pertenecientes a esa escuela, desaprobaron su práctica. En el siglo I a.C. con la escuela de los metódicos y su principio de “contraria contrariis” (oposición al mal), Temison de Laodicea (50 a.C.) aceptaba que la sangría no busca evacuar humores dañinos sino disminuir el impulso de la enfermedad surgiendo así la tendencia a ampliar sus indicaciones realizándola en el lado opuesto al de la enfermedad (sangría revulsiva) .

El mundo latino conoció la cultura griega a través de sus relaciones con la Magna Grecia y a través de la influencia ejercida por el actuar de los médicos griegos,-Arcágato (?—219 a.C.) y Asclepiades de Prusa (13()—6O a.C.), los más conocidos — la medicina romana, salió de su etapa pretécnica. Entre los más importantes médicos del Imperio Romano se destaca Aurelio Cornelio Celso (25 a.C. — 45 d.C.) que en su obra Medicina describió la técnica, indicaciones, oportunidad y lugar de la sangría, afirmando que su aplicación no admitía límites de edad o sexo, debiéndose sólo considerar la resistencia y fuerza vital del individuo por tratar. La fama de Celso fue sólo superada por Claudio Galeno (131-203/205 d.C.) cuyas obras se convirtieron, casi dogmáticamente, en la fuente obligada del saber médico occidental de los siguientes seis siglos. Galeno atribuía a la flebotornía la puesta en marcha de una vis “attracziva” venosa que por “horror al vacío” atraía la sangre arterial. En la medicina galénica la sangría, que también recurría a la incisión de arterias superficiales luego prolijamente ligadas en ambos extremos casi no mostraba contraindicaciones pero se indicaba, de forma especial, en el tratamiento de las neumopatías y en el miembro superior homolateral. Como otra colateral utilización de la sangría merece recordarse que según Aulio Gellio (s. II d.C.) también se utilizaban de forma punitiva en soldados indisciplinados o cobardes.

Transi: descomponiéndose hacia una nueva vida


El “transi”´ (de tránsito, una de cuyas acepciones es deceso o muerte) es una forma especial de escultura funeraria que llegaría a ser muy popular en el norte de Europa a principios del siglo XV. Estos monumentos funerarios son usuales en Gran Bretaña, pero también se los puede ver en algunas iglesias italianas; Andrea Bregno esculpió alguno de ellos, incluidos los del cardenal Alano en San Prassede; otros ejemplos son los del cardenal d’Acquasparta, en Santa María de Araceli, o la tumba del obispo Gonsalvi (1298). En este tipo de representaciones de bulto redondo, que procedían de fórmulas escultóricas anteriores, como los “yacentes” (gissants) se figuraban los honores y bienes terrenales del fallecido junto con su cuerpo en descomposición. Esta forma de concebir la tumba, desprovista de sus elementos más macabros, continuaría en uso hasta bien entrado el siglo XVII. Esta paulatina transformación o estilización se hizo patente en la tumba de Francisco I en la Abadía Real de Saint Denis, a las afueras de Paris: “las efigies del rey y la reina siguen representados como cadáveres desnudos, recién fallecidos, aunque sus cuerpos reposan sobre urnas de influencia romana, de marcado carácter ornamental.” El origen de esta peculiar forma de escultura funeraria se establece con la célebre efigie de la tumba del Cardenal Jean de LaGrange ( muerto en 1402) en Avignon; en ella se fijaron las primeras líneas del estilo del transi, que fue el final, en arquitectura monumental, de la representación habitual del fallecido en vida. El término transi puede ser aplicado también a un monumento que muestra únicamente el cadáver, sin efigie alguna de la persona viva. La cuestión de por qué esta forma tan singular de ornamentación funeraria fue desarrollada es bien compleja y las intenciones de sus creadores incomprensibles a duras penas para nosotros, poco acostumbrados como decíamos a la presencia de la muerte en nuestros hogares o en nuestro entorno social próximo. La gente que concibió el transi convivía a diario con plagas, el fantasma de la pestilencia y la enfermedad, con el horror del infierno. Para el hombre del medievo, la muerte era casi más real, física y presente que la propia vida. Se ha intentado probar en este sentido la influencia de las epidemias de peste sobre la visión de la muerte en la Edad Media y el primer Renacimiento, al margen de las raíces judeocristianas de la Europa medieval, que por sí solas constituírían una buena explicación. Estas formas extremas de la representación de la mortalidad en toda su crudeza servirían, seguramente, como recordatorio de la fugacidad de la existencia humana, una expresión sublime y tremenda del memento mori que prevenía a muchos, del pecado y la vida licenciosa. Eran asímismo una advertencia de que, independientemente de lo alto que fuera el estatus de una persona, cuán rica o poderosa fuese ésta, no había escape posible de la muerte, ni –desde una perspectiva cristiana– escape del alma a la balanza del Juicio Eterno. En estas tumbas quedaban reflejadas las ideas de contricción y humildad, constituyendo un índice terrible que señalaba a los vivos el camino hacia una conducta ejemplar. En algunos casos, el transi o escultura funeraria aparecía vinculada a los símbolos tradicionales de la Resurrección (Francois de la Sarra). En estos casos la representación clásica del individuo particular yacente en la tumba, se ha sustituido por la figura genérica de un cadáver que simbólicamente se asocia con la Resurrección –en el sentido de que el hueso es el ”núcleo duro” y, por ende, incorruptible o diamantino, en sentido figurado, frente a la carne, asociada desde la perspectiva cristiana al pecado y a la desintegración. Sin embargo, este tipo de monumentos, con un exigente programa escultórico, era muy costoso y sólo podría hacerse para personajes de la más alta nobleza, generalmente reyes, obispos o abades, porque se necesitaba una fortuna para costear los gastos de la tumba y además había que ser suficientemente poderoso para asegurarse un lugar en la catedral o la iglesia a la que se destinaría el sepulcro. Algunos de los transi eran tumbas dobles, para el rey y la reina (lo cual, curiosamente, nos remite de nuevo a algunos aspectos del simbolismo alquímico) Anteriormente a la aparición de este tipo de monumento funerario de gran verismo, el esqueleto –o, más ampliamente, el cadáver– se había considerado ligado a la idea de renovación y resurrección desde, al menos, tres ámbitos diferentes: como parte del lenguaje alquímico –donde se vincula con la nigredo, fase de putrefacción y desde un punto de vista bíblico, donde el cráneo y los huesos figuraban al tumba de Adán por un lado o la Resurrección de Cristo por otro. En el primer orden de cosas, muchos alquimistas creían que la meta primera de la Gran Obra era la regeneración espiritual del hombre; las imágenes de la tumba y la putrefacción se vinculan con esta idea general y enlazan con el simbolismo cristiano de la semilla sembrada en corrupción –el cadáver, la materia prima– y que resucita en gloria –el cuerpo sublimado–. Diversos autores herméticos subrayaban la imperiosa necesidad de la muerte y descomposición del cuerpo (metafóricamente, los ingredientes alquímicos) como preludio de la resurrección. Esta fase era llamada “nigredo” o también “Viejo Adán” y eran usualmente representados por un cadáver humano. Por otro lado, bajo la perspectiva cristiana, las parábolas del grano de trigo que cae en tierra (12,24) evocan este simbolismo del que hablamos: Dice San Pablo: ¡Necio! Lo que tú siembras no revive si no muere. Y lo que tú siembras no es el cuerpo que va a brotar, sino un simple grano, de trigo, por ejemplo o alguna otra semilla. Y Dios le da un cuerpo a su voluntad: a cada semilla un cuerpo peculiar (1 Co 15,35-38). Dice también: Se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual ” (15,44). En su forma más extendida, el transi duplicaba la figura del difunto, en un retrato personal y un cadáver; desde la óptica cristiana, esta duplicidad podría equipararse al concepto bíblico del Viejo y el Nuevo Adán –Cristo– que libera al primero, esto es al ser humano, del yugo del sufrimiento y la muerte. Estas extraordinarias obras de arte, aunque gozaron de popularidad hace siglos, se han ido perdiendo y cada vez son más raras, aunque se conservan algunos ejemplares espectaculares, especialmente en Gran Bretaña. Un ejemplo atípico pero excepcional de este tipo de monumento es el transi de René de Châlon en la Iglesia de Saint Peter in Bar-le-Duc, atribuido a Ligier Richier of Lorraine. En épocas recientes se han datado otros muchos ejemplos, cuyo origen se fija entre 1420 y 1480. Se estima en unos ciento cincuenta ejemplares más o menos bien conservados en Reino Unido y el resto de Europa; verdaderos hitos que podrían jalonar un fabuloso peregrinaje por el viejo mundo, una ocasión increíble para meditar largamente sobre el propósito –de haber alguno– de nuestra breve existencia.

domingo, 1 de abril de 2012

Quimera


En la mitología griega, Quimera (en griego antiguo Χίμαιρα Khimaira; latín Chimæra) era un monstruo horrendo, hija de Tifón y de Equidna, que vagaba por las regiones de Asia Menor aterrorizando a las poblaciones y engullendo rebaños y animales. Fue madre con Ortro de la Esfinge y el León de Nemea. «Quimera» procede del griego Χίμαιρα Khimaira, que significa ‘macho cabrío’. Puede que tras el mito esté una batalla real contra un líder guerrero o un bandido cuyo nombre, título o símbolo tuviera que ver con el macho cabrío. Las descripciones varían desde las que decían que tenía el cuerpo de una cabra, los cuartos traseros de una serpiente o un dragón y la cabeza de un león, hasta las que afirmaban que tenía tres cabezas: una de león, otra de macho cabrío, que le salía del lomo, y la última de dragón, que nacía en la cola. Todas las descripciones coinciden sin embargo en que vomitaba fuego por una o más de sus cabezas y por su trasero. Era sumamente rápida. Quimera fue derrotada finalmente por Belerofonte con la ayuda de Pegaso, el caballo alado, a las órdenes del rey Iobates de Licia. Hay varias descripciones de su muerte: algunas dicen simplemente que Belerofonte la atravesó con su lanza, mientras que otras sostienen que la mató cubriendo la punta de la lanza con plomo que se fundió al ser expuesto a la ardiente respiración de Quimera.

Cayetano Santos Gordino "El Petiso Orejudo"


La ciudad porteña de Buenos Aires vio nacer, el 31 de octubre de 1896, al hijo de los inmigrantes calabreses Fiore Gordino y Lucía Ruffo. Este niño quién llevaría el nombre de Cayetano Santos horrorizaría a la Argentina algunos años más tarde bajo el apelativo de el "Petiso Orejudo". Fiore fue quizá responsable en parte de haber engendrado a quién se convertiría en el primer criminal en serie en la historia policial argentina. Alcohólico y golpeador, había contraído la sífilis tiempo antes del nacimiento de Cayetano. El niño vino al mundo con graves problemas de salud, de hecho, durante sus primeros años de vida estuvo varias veces al borde de la muerte a causa de una enteritis. La niñez de Cayetano transcurre en la calle, vagando. A partir de los cinco años concurre a varias escuelas de donde siempre es expulsado por su falta de interés en los estudios y su comportamiento rebelde. El escenario de sus correrías y carrera criminal serían los baldíos y conventillos de los barrios de Almagro y Parque Patricios, por entonces todavía al borde de la pampa. Es una zona de quintas, de retiro, de descanso. Pero también es un arrabal desgranado de paisanos y extranjeros. El 28 de septiembre de 1904, contando con apenas 7 años, Cayetano da inicio formal a su carrera criminal, a fuerza de engaños lleva a Miguel de Paoli, de casi dos años hasta un baldío y allí lo golpea para luego arrojarlo sobre un montón de espinas, un policía que pasaba se percata de lo sucedido y lleva a ambos niños a la comisaría de donde serían recogidos mas tarde por sus respectivas madres. Al año siguiente, Cayetano agrede a su vecina Ana Neri, de apenas 18 meses. Le conduce hasta un baldío en donde le golpea repetidamente en la cabeza con una piedra. Nuevamente es descubierto por un policía quién pone fin al ataque y le detiene, pero, dada su corta edad es dejado en libertad esa misma noche. Extrañamente, el que sería el primer asesinato de Cayetano pasó desapercibido y solamente sería descubierto años después cuando lo relata, en su confesión ante la policía. Según él cuenta, en 1906 toma a una niña de aproximadamente 2 años y la lleva hasta un baldío sobre la calle Río de Janeiro donde intenta estrangularla, después, decide enterrarla viva en una zanja que cubre con latas. Las autoridades, al conocer este crimen, se trasladan hasta el lugar pero se encuentran con que se había edificado una casa de dos pisos. La historia no pudo ser corroborada a pesar de que los archivos policiales registran una denuncia por desaparición con fecha 29 de marzo de 1906, de una niña de tres años de nombre María Roca Face, tomada en la comisaría 10ª. La niña desaparecida nunca fue encontrada. Ese mismo año, al parecer apenas algunos días después de cometer su primer asesinato, Cayetano sería denunciado ante la policía por su padre al descubrir que ha martirizado a algunas aves domésticas. Fiore encuentra dentro de un zapato de su hijo un pájaro muerto y, debajo de su cama, una caja en donde guarda los cadáveres de otras aves. A continuación se reproduce el acta que en aquella ocasión fue levantada. "En la Ciudad de Buenos Aires, a los 5 días del mes de abril del año 1906, compareció una persona ante el infrascripto. Comisario de Investigaciones, la que previo juramento que en legal forma prestó, al solo efecto de justificar su identidad personal dijo llamarse Fiore Godino, ser italiano, de 42 años de edad, con 18 de residencia en el país, casado, farolero y domiciliado en la calle 24 de Noviembre 623. Enseguida expresó: que tenía un hijo llamado Cayetano , argentino, de 9 años y 5 meses, el cual es absolutamente rebelde a la represión paternal, resultando que molesta a todos los vecinos, arrojándoles cascotes o injuriándolos; que deseando corregirlo en alguna forma, recurre a esta Policía para que lo recluya donde crea oportuno y para el tiempo que quiera. Con lo que terminó el acto y previa íntegra lectura, ser ratificó y firmó. Fdos: FRANCISCO LAGUARDA, Comisario. -Fiore Godino"."Se resolvió detener al menor Cayetano Godino y ser remitió comunicado a la Alcaidía Segunda División, a disposición del señor Jefe de Policía" Cayetano pasó recluido poco más de dos meses y después regresa a las calles, como ya no asiste a la escuela vuelve a dedicarse a la vagancia, sumido en sus morbosas fantasías, masturbándose continuamente. El 9 de septiembre de 1908 vuelve a las andadas, conduce a Severino González Caló, de 2 años, a una bodega ubicada frente al Colegio del Sagrado Corazón, ahí lo sumerge en una pileta para caballos cubriéndola después con una tabla para ahogar al pequeño. El propietario del lugar, Zacarías Caviglia, descubre la tentativa pero Godino se defiende diciendo que el niño había sido llevado hasta allí por una mujer vestida de negro de la que suministra señas particulares. Es conducido a la comisaría de donde es recogido al día siguiente. Seis días más tarde, el 15 de septiembre, en Colombres 632, quema con un cigarrillo los párpados de Julio Botte, de 22 meses de edad. Es descubierto por la madre de la víctima, pero alcanza a huir. El 6 de diciembre Fiore y Lucía Godino, cansados de los continuos problemas causados por Cayetano vuelven a entregarlo a la policía, esta vez es enviado a la Colonia de Menores Marcos Paz en donde permanece por tres años. Durante su encierro concurre a clases en donde medio aprende a leer y escribir. La estancia de Cayetano en Marcos Paz, lejos de regenerarlo, le endurece. El 23 de diciembre de 1911 regresa a las calles; ahora es un criminal frío y terriblemente potenciado. Su liberación se da, al parecer, a petición de sus padres con quienes regresa a vivir. En un fútil intento por redimirlo de su secuela criminal se habían ocupado de conseguirle trabajo en una fábrica, por desgracia solamente es capaz de mantener el puesto por tres meses. Nuevamente comienza a vagar por las calles, pero esta vez no se circunscribe a los barrios conocidos, sus vagabundeos le llevan a frecuentar lugares y personas del más bajo nivel de moral de la pujante ciudad de Buenos Aires. Asimismo , comienza a sufrir fuertes dolores de cabeza que se traducían en ganas de matar, sobre todo después de tomar alcohol. 1912 es un año que marca hitos en más de una historia, por un lado se desata la guerra en los estados balcánicos y por otra el Titanic se lleva al fondo del mar toda la gloria y pompa con que fue bautizado. El 17 de enero del fatídico 1912 Cayetano, quién ya es conocido en las calles con el sobrenombre de "Petiso Orejudo", se introduce en una bodega de la calle de Corrientes y da rienda a otra de sus grandes pasiones; el fuego. El incendio que provoca tarda cuatro horas en ser sofocado por los bomberos. Después de su arresto declararía: "Me gusta ver trabajar a los bomberos… es lindo ver como caen en el fuego." El 26 de enero de 1912 un crimen aterrador conmueve a la sociedad porteña. El cadáver del menor Arturo Laurora, de 13 años es encontrado en una casa puesta en alquiler en la calle Pavón. El cuerpo es descubierto, golpeado y semidesnudo, con un trozo de cordel atado al rededor del cuello. Su desaparición había sido reportada apenas el día anterior. Las investigaciones no conducen a ningún lado. Posteriormente Cayetano confesaría la autoría de este crimen. El 7 de marzo siguiente Cayetano prende fuego a las ropas de Reyna Bonita Vaínicoff de cinco años, la pequeña fallece 16 días después de debatirse entre la vida y la muerte en el Hospital de Niños. En los meses siguientes el Petiso causa dos incendios más que son controlados fácilmente por los bomberos sin que se produzcan víctimas El 24 de septiembre, mientras trabaja en una bodega propiedad de Paulino Gómez, Cayetano mata de tres puñaladas a una yegua. No fue detenido por falta de pruebas. Apenas unos días después prende fuego a la Estación Vail de la compañía de tranvías Anglo-Argentina, el incendio fue controlado por los bomberos. En noviembre 8 el Petiso Orejudo, con engaños como siempre, convence a Roberto Russo de 2 años a acompañarlo a un almacén en donde supuestamente le compraría unos caramelos. Le lleva hasta un alfalfar a pocas cuadras en donde le ata los pies y procede a ahorcarlo con un trozo de la cuerda que usa para atarse los pantalones, son descubiertos por un peón del alfalfar quién los entrega a las autoridades. Cayetano declara haber encontrado atado al niño y estarlo rescatando cuando son descubiertos, es liberado por falta de mérito El 16 del mismo mes, en un baldío situado en las calles de Deán Funes y Chiclana, intenta golpear a Carmen Gittone de 3 años. Un vigilante hace acto de presencia y el agresor consigue escapar. Días después, el 20 de noviembre, se lleva de la esquina de Muñiz y Directorio a la niña Catalina Naulener de 5 años. Busca un baldío por la calle Directorio, pero antes de encontrarlo la menor se resiste a seguir. Godino se descontrola y la golpea. El dueño de la casa ubicada en el número 78 de la mencionada calle interviene y Cayetano logra huir de nuevo. El último crimen del Orejudo es probablemente el mejor documentado de su espectacular carrera, su víctima, Gerardo Giordano de apenas tres años sale, como todas las mañanas después de desayunar con sus padres, de su casa ubicada en la calle Progreso número 2185 para reunirse con sus amiguitos y jugar a todo aquello que acostumbran jugar los niños en esa edad. Esa misma mañana del 3 de diciembre, a pesar de los acostumbrados gritos de su padre, Cayetano sale de su casa ubicada en Urquiza 1970, ya lleva clavada entre los ojos la determinación terrible de matar. Después de vagabundear un rato por las calles, Santos Godino encuentra, en la calle Progreso un grupo de chicos jugando. Se les suma sin despertar ninguna sospecha porque, después de todo, su aspecto de idiota siempre le ha permitido ganar la confianza de sus víctimas Poco después consigue convencer a Gerardo para que lo acompañe a comprar unos caramelos. Un rato antes y sin éxito, invitó a Marta Pelossi, de 2 años de edad; pero la menor, asustada, se refugió en su domicilio. Así pues, víctima y homicida se encaminan sin apuro hacia el almacén ubicado en Progreso 2599 en donde compran dos centavos de caramelos de chocolate. Enseguida el más chico los reclama, pero Godino, imperturbable, resuelve dosificarlos: le permite algunos, y le promete los demás si acepta acompañarlo hasta cierto lugar alejado, la Quinta Moreno. Fotografía del Petiso Orejudo en su niñez. Una vez en la entrada, el chico llora y se resiste a entrar. Pero el asesino lleva hecho demasiado, ni siquiera vacila: lo agarra con violencia de los brazos, lo introduce en la quinta y lo arrincona cerca de un horno de ladrillos. Lo derriba con fuerza y lo aquieta poniéndole la rodilla derecha sobre el pecho. Godino conoce el mecanismo: con apuro, pero sereno, se quita el piolín que lleva por cinturón (se trata de esos lazos de algodón que se utilizan en albañilería para sostener las plomadas), y empieza a enrollarlo en el cuello de Gerardo, le da 13 vueltas y procede a estrangularlo. Pero Gerardo intenta levantarse, así que Cayetano procede a atarle de pies y manos cortando la cuerda con un cerillo encendido. De nuevo procede a asfixiarlo con el cordel pero el chiquillo se resiste a morir. Una idea cruza por la mente de Cayetano; ¿Por que no atravesarle la cabeza con un clavo? Uniendo la acción a la idea el Petiso se da a la tarea de encontrar la herramienta deseada, su búsqueda le lleva al exterior del local en donde topa con el padre de Gerardo quién le pregunta por el paradero del niño, imperturbable, Cayetano, le responde no haberlo visto y le sugiere dirigirse a la comisaría más próxima a levantar un reporte. Mientras tanto el Orejudo encuentra un viejo clavo de 4 pulgadas, regresa con él junto a su víctima, usando una piedra como martillo lo hunde en la sien del niño moribundo y después de cubrirlo con una vieja lámina de zinc huye de la escena del crimen. <-- Gerardo Giorndano muerto tras atravesarle "El Petiso" la sien con un clavo Esa noche, durante la velación de su víctima, Cayetano hace acto de presencia. Después de observar durante algún tiempo el cadáver de Gerardo huye llorando del lugar. (Según declaró posteriormente, deseaba ver si el cadáver aun tenía el clavo en su cabeza) Para su desgracia dos policías, el Subcomisario Peire y el principal Ricardo Bassetti ya habían ligado cabos con casos anteriores y esa misma madrugada se allanó el hogar de los Gordino arrestando a Cayetano, encontrando en sus bolsillos un artículo de periódico aun fresco que relataba los pormenores del asesinato y en sus pantalones restos del piolín con que había intentado ahorcar a Gerardo. Tras ser detenido confesó cuatro homicidios y numerosas tentativas de asesinatos. En una primera instancia, Santos Godino fue declarado irresponsable y se lo recluyó en el Hospicio de las Mercedes, en el pabellón de alienados delincuentes, donde atacó a dos pacientes. Uno estaba inválido en una cama. Otro se movía en silla de ruedas. Después intentó huir. Lo trasladaron a la Penitenciaría Nacional de la calle Las Heras y finalmente, en 1923 se le trasladó al penal de Ushuaia, la provincia más austral de la Argentina, a la "Cárcel del Fin del Mundo". En 1927 los médicos del penal le hicieron una cirugía estética en las orejas, porque creían que allí radicaba su maldad. Obviamente este tratamiento "radical" no sirvió de nada. En 1936 pidió la libertad y se la negaron: de los dictámenes médicos elaborados por los doctores Negri y Lucero y los doctores Esteves y Cabred se concluye que; "Es un imbécil o un degenerado hereditario, perverso instintivo, extremadamente peligroso para quienes lo rodean" De su vida de recluso se sabe poco. Apenas alguna anécdota como la siguiente: en 1933, consiguió detonar la furia de los presos porque mató al gato mascota del penal arrojándolo junto con los leños al fuego; le pegaron tanto que tardó más de veinte días en salir del hospital. Las circunstancias de su muerte, ocurrida en Ushuaia el 15 de noviembre de 1944 siguen siendo nebulosas. Supuestamente murió a causa de una hemorragia interna causada por un proceso ulceroso gastroduodenal, pero se sabe que había sido maltratado y, con frecuencia, violentado sexualmente. Sobrellevó los largos días de la cárcel, sin amigos, sin visitas y sin cartas. Murió sin confesar remordimientos. El penal de Ushuaia fue finalmente clausurado en 1947. Cuando el cementerio fue removido sus huesos ya no estaban.

La Historia de Hachiko el perro Leal


Hachiko, perro de la raza Akita Inu, perro de akita. Nacio en 1923 en Ōdate-shi, Ciudad de Ōdate(Akita-ken, prefectura de Akita, de ahi el nombre de la raza) al norte de japon. Hachikō era un Akita macho, de color blanco nieve. A los 2 meses de edad, fue llevado a Tokio, ciudad en la que vivia su nuevo amo. (Ueno Hidesamurō), profesor del Departamento de Agricultura de la Universidad de Tokio Hidesamurō-sensei y Hachikō formaron un vinculo tan fuerte que todas las mañanas, salian juntos hacia estacion de tren Shibuya, Hachiko se quedaba en el parque y su amo viajaba a la Universidad. Por la tarde, Hachikō volvia a la estacion a buscarlo. Durante casi dos años continuaron con la costumbre, hasta que el 21 de mayo de 1925, su amo no volvio. Habia sufrido un ataque cardiaco en la Universidad y habia muerto. Sin posibilidades de saberlo, Hachikō, lo espero como todos los dias frente a la estacion Shibuya. Pasaron los dias y la noticia llego a los transeuntes que acostumbraban ver a su amo y a Hachikō en la estacion. Como la historia del amo y su leal perro era conocida por todos se preocuparon por el destino de tan hermoso y fiel animal, y trataron de disuadirlo de que continuara con la espera. Por supuesto que Hachikō no entendio y espero, continuo esperando. A la otra mañana volvio, y a la siguiente tambien, sin importarle el clima, la temperatura, la hora o el dia, Hachikō volvio todos los dias a buscar a su amo. Esta historia conmovio tanto a los pobladores del lugar que en Abril de 1934 contrataron a Ando Teru, un famoso escultor japones, para que realice una estatua de Hachikō en bronce, la cual colocaron en el lugar que solia ocupar en la plaza, mientras esperaba a su amo. El 7 de marzo de 1935, debido a la edad y a una filariasis, Hachikō fallecio. En el mismo lugar que ocupo todos los dias durante los ultimos diez años mientras esperaba a su amado dueño. Durante la WWII, todas las estatuas fueron retiradas y fundidas para la fabricacion de armamento. Aun asi, los pobladores de Shibuya continuaban recordando a Hachikō , y formaron un grupo para recuperar la estatua, Ando Teru habia fallecido durante la guerra pero localizaron a su hijo, Ando Takeshi, tambien escultor, que volvio a levantar la estatua de Hachikō . Hoy en dia, la estatua sigue en pie y el dia 8 de abril de cada año se conmemora a Hachikō en la plaza de la estacion Shibuya. Chuken Hachikō descansa junto a su amo, Hidesamurō-sensei, en el cementerio de Aoyama, Minami-Aoyama, Minato-ku, Tokyo.