Atención Por Favor.

Ante todo nos dirigimos y agradecemos a todos por la ayuda que nos dan con este blog ya sean seguidores, oyentes del programa de radio y por sobre todo a todos aquellos propietarios de webs, blogs, libros y todos los lugares donde han obtenidos la información y nos han acercado a nuestro mail para que podamos publicarlas en este humilde blog, para que todas las semanas desde hace ya 7 años podamos compartir en dos emisiones las tantas historias, enigmas y misterios del universo que se van pasando de generación en generación y así reflejar esas viejas leyendas, historias, enigmas y misterios que de niños oímos mas de una vez y que nos asustaban en algunos casos como también en otras nos enseñaban a valorar y respetar esas narraciones.

Desde ya les agradezco a todos y pido disculpas si no se agrega la fuente por que muchos correos no la poseen y para no cometer errores no se agrega pero en este pequeño equipo estamos muy agradecidos para con todos. Muchísimas Gracias a todos en general por su valiosa información y por su cordial atención.

Equipo Infinito.



miércoles, 3 de agosto de 2011

La Prueba del Fuego, El caminar sobre brasas investigado por científicos



A pesar de que los hombres, desde tiempos inmemoriales, han temido al fuego, han existido, en todos los continentes y en distintas épocas, algunos individuos que parecían haber adquirido una sorprendente inmunidad a las quemaduras. Hace muchos siglos que existe la práctica de caminar sobre el fuego y, sin embargo, sólo fue investigada oficialmente por los científicos en 1937.
El caso más antiguo de resistencia al fuego que ha sido relatado aparece en la Biblia, en el libro Tercero de Daniel: tres intendentes del rey Nabucodonosor fueron condenados a la hoguera, pero las llamas no parecían tener efecto sobre ellos: "Se reunieron los sátrapas, los magistrados, los gobernadores y las personas más cercanas al rey para ver a estos hombres y el fuego no tenía ningún poder sobre sus cuerpos, los cabellos de su cabeza no habian sido consumidos, sus vestidos no se habían alterado y ningún olor a quemado salta de ellos."
Como caso aislado, este relato podría ser incluido entre los milagros que aparecen en la Biblia. Sin embargo, algunos siglos más tarde, Platón y Virgilio se refirieron a unos hombres que caminaban sobre carbones encendidos sin quemarse. Y, en el siglo III, Porfirio y su alumno Jamblico de Chalcis escribieron un estudio sobre este fenómeno.

Un testimonio del siglo pasado
Monseñor Despature, obispo de Mysore India, asistió en marzo de 1921 a una caminata sobre el fuego y lo contó así: "Los empleados del rey prepararon una fosa en el parque que tenía dos metros de ancho por cuatro metros de largo y la llenaron de carbones al rojo vivo hasta un espesor de por lo menos veinticinco centímetros. Yo me acerqué a esta hoguera y la examiné con cuidado, ya que no quería que me engañaran. Y bien, les puedo asegurar que era un fuego verdadero (...) Cerca de la hoguera estaba un mahometano del norte de India, y él fue el héroe de la fiesta (...) Yo pensé que él caminaría sobre el fuego. Pero no. Se quedó como a un metro de distancia e invitó a uno de los empleados del palacio a caminar sobre el fuego. Le hizo señas para que avanzara y le habló. Pero el otro no se movía. Repentinamente, lo tomó por los hombros y lo empujó a la hoguera. Durante los primeros segundos, el indio trató de salir del fuego. Luego, de pronto, su cara que había expresado miedo tomó una expresión sonriente y empezó a atravesar el foso a lo largo, lentamente. Tenía las piernas y los pies desnudos. Cuando salió, los demás empleados lo rodearon y le preguntaron que había sentido. Y pronto uno, luego dos, luego cinco y después diez servidores del palacio entraron en la hoguera. Enseguida, les tocó el turno a los músicos del palacio, entre los cuales había numerosos cristianos. Desfilaron de a tres sobre el fuego, con sus instrumentos y sus partituras. Observé que las llamas los rodearon y los rozaron sin siquiera inflamar las hojas de papel."

Del juicio de Dios a una exhibición de salón
En la Edad Media, esta inmunidad a las quemaduras aparecía como un don del cielo. Casi a fines de esa época, la ordalía o juicio de Dios recurría muy a menudo al fuego, ya que los justos no podían quemarse. En 1062, el obispo de Florencia fue acusado de corrupción por un hombre santo llamado Pedro Aldobrandini y la polémica fue zanjada con la prueba del fuego. Se cubrió un largo corredor de carbones ardientes y se prendió en cada extremo una gran hoguera. Aldobrandini atravesó el corredor sin que su piel ni sus vestiduras se quemaran y el obispo, que no quiso someterse a la misma prueba, debió renunciar a su cargo.
En 1215, el Concilio de Letrán puso fin, en teoría, al juicio de Dios. Pero en 1497, el prior y reformador florentino Savonarola, acusado de herejía, pidió que se le hiciera pasar la prueba del fuego para afirmar la justicia de su punto de vista. Se acobardó delante del brasero y... terminó condenado a la hoguera.
En el siglo XVII, el cronista inglés Juan Evelyn dio testimonio en su Diario de haber conocido a un traga-fuegos llamado Richardson, que hacía demostraciones en los salones londinenses: "Frente a nuestros ojos se comió unos carbones al rojo, mascándolos y tragándoselos; hizo fundir un vaso para cerveza y se lo tragó entero. Colocó un carbón ardiente sobre su lengua y encima de él una ostra cruda. Atizaron el fuego del carbón hasta que se inflamó y lanzó chispas en su boca y permaneció así hasta que la ostra se abrió y se coció completamente. Enseguida, mezcló pez y cera con azufre y se lo bebió en cuanto estuvo encendido. Vi cómo esta mezcla llameaba en su boca por un buen tiempo".

Con la piel desnuda sobre las brasas
Desde el siglo XVII, los viajeros comenzaron a relatar hechos increíbles que habían visto en lejanos países. El jesuita Pablo Lejeune, a su regreso del Nuevo Mundo, relató sus aventuras con los indios hurones en 1637: "Ustedes deben creerme pues hablo de cosas que he visto con mis propios ojos" escribió antes de contar a sus contemporáneos que los hurones frotaban a los enfermos con brasas ardientes y que, en ningún caso, la piel se quemaba.
Otros relatos de personas que caminaban sobre el fuego vinieron de Asia. Se contaba que unos hombres, con los pies desnudos, atravesaban fosas llenas de brasas ardientes sin sentir dolor ni quemarse.
En 1590, cuatro ingleses, entre los cuales se contaba un médico, el Dr. Hocken, intentaron realizar en la Polinesia esa experiencia y, ante su gran sorpresa, sólo sintieron una leve picazón. Su relato dio lugar a un escándalo en los medios científicos londinenses y la controversia duró unos cuantos años. Muchos científicos estaban persuadidos de que se trataba de una superchería, ya que, según ellos, los indígenas pasaban demasiado rápido para tener tiempo de quemarse o se protegían los pies con una sustancia aislante o, incluso, tomaban drogas que inhibían el dolor.

Un testimonio científico
El 9 de abril de 1937, unos investigadores de la Universidad de Londres quisieron aclarar el asunto de una vez por todas y reconstituyeron el experimento en una forma científica. En la campiña de Surrey, en Carshalton, abrieron una fosa de siete metros y la llenaron de brasas. Los termómetros registraron una temperatura de 430° C sobre la superficie. Un joven hindú aceptó servir de conejillo de Indias.
Se comprobó que no podía haber ningún fraude, ya que la piel de la planta de los pies del joven era fina y suave, y enseguida éste cruzó por cuatro veces consecutivas la fosa frente a los ojos de los científicos, quienes examinaron la piel inmediatamente después y luego al día siguiente. El resultado fue indiscutible, ya que no había ninguna huella de quemaduras. Otros experimentos pusieron en evidencia que al caminar, la planta del pie no es insensible a otros dolores.
El profesor Stephenson, al atravesar una fosa de veintisiete metros llena de piedras ardientes en el Japón, sintió un corte que le hizo una piedra cortante. Por lo tanto, es imposible concluir que el pie tiene una insensibilidad total, pero pareciera que la "anestesia" es selectiva y sólo sirve para el calor. Desde entonces, este Fenómeno ha sido constatado por miles de testigos en diferentes puntos del globo: en África, América del Norte, Haití, la India, la Polinesia, Malasia, el Tíbet, las Filipinas, las islas Fidji, Japón e, incluso, en Europa, en Grecia... En la comunidad tamul de la Isla de la Reunión, se organiza todos los años, en el mes de marzo, una gran caminata sobre el fuego, a la que acuden miles de turistas. Todos pueden asistir a este acontecimiento ver fotos y reportajes televisados; el caminar sobre el fuego es un hecho evidente que nadie puede negar. Pero la ciencia, obligada a constatarlo, ha renunciado a explicarlo.
Habría que aceptar que la medicina occidental tiene un inmenso campo aún sin explorar, especialmente en lo que se refiere al control de la mente sobre el cuerpo.

El fenómeno del dolor
Todavía no se conocen completamente los mecanismos del dolor, pero se han elaborado al respecto dos teorías. Para algunos, el dolor, al igual que las demás sensaciones, tendría su propia red de receptores y de conductores de la señal al cerebro. Para otros, el dolor no tiene su propia red sino que seria el resultado de una estimulación intensa de los receptores conocidos, como si, a partir de un cierto umbral, una sensación normal se transformara en dolor. Las investigaciones se han orientado hacia una hipótesis que combinaría ambas teorías, la que vería al dolor como un fenómeno más complejo que una simple sensación específica. Una de las características de este fenómeno, que ha sido muy estudiada por los fisiólogos, es la fluctuación de la eficacia del mensaje del dolor en función del comportamiento y de la voluntad de los individuos, ya que podrían existir controles que aún no han sido investigados a nivel cerebro-espinal.

Tiahuanaco, ciudad del misterio,Una ciudad de piedra edificada en extrañas condiciones



Cuando en 1549 el español Cieza de León llegó al alto valle andino de Tiahuanaco, no lejos del lago Titicaca, descubrió unas ruinas extraordinarias. Algunos ven en estos vestigios la ciudad más antigua del mundo o incluso los restos de una antigua implantación de divinidades extraterrestres.
De todas las ciudades precolombinas, Tiahuanaco es sin duda la más enigmática. Su relativa proximidad a la sorprendente llanura de Nazca con sus inmensos dibujos que sólo pueden apreciarse desde el aire, acentúa aún más el misterio que la envuelve, a pesar de la certeza que ambas culturas no tienen relación entre sí.

La cultura de Tiahuanaco
El apogeo del Imperio de Tiahuanaco se ubica entre los años 800 y 1000 de nuestra era. En esa época, este estado compartía con el imperio militar de Huari, ubicado más al norte, el dominio de los Andes peruanos. El Imperio de Tiahuanaco se extiende en una región comprendida entre el lago Titicaca, el oeste de Bolivia, el norte de Chile y la costa peruana. La religión, basada en el culto al Sol, juega un rol muy importante en Tiahuanaco y parece estar íntimamente ligada a los asuntos políticos. Se descubrió cierta cantidad de centros administrativos locales y regionales, así como una red caminera irradiando desde Tiahuanaco.

Las ruinas más altas de América
Ubicada 20 kilómetros del extremo sur de la parte boliviana del lago Titicaca y a unos 3.840 metros de altitud, Tiahuanaco se extiende sobre unas 420 hectáreas, con vestigios megalíticos que cubren cerca de 16 hectáreas. El paisaje desolado está flanqueado al este y al oeste por dos cadenas montañosas que alcanzan más de 4.700 y 6.000 metros respectivamente. No podemos imaginar un lugar más impropio para el desarrollo de una civilización avanzada... El monumento más conocido de Tiahuanaco es la "puerta del sol", un enorme bloque de piedra erigido y decorado con un fresco. Además encontramos restos de templos (uno de ellos piramidal y otro en parte subterráneo), los vestigios de un palacio, numerosas construcciones e ídolos tallados en imponentes monolitos. Cuando fueron descubiertas por los españoles, las ruinas eran mucho más imponentes, pero los movimientos telúricos, frecuentes en la región, y el desmantelamiento que fueron objeto los muros de la ciudad para utilizar las piedras en otras construcciones, contribuyeron a su destrucción, hasta que fuera declarado sitio arqueológico. Sólo los bloques de piedra más grandes permanecen actualmente en su lugar. Fue necesario realizar observaciones aéreas para establecer el trazado de toda la ciudad. Cuando se descubrió su existencia, se estimó que su población pudo alcanzar 30 o 40,000 habitantes. Finalmente el centro de la ciudad estaba rodeado por un foso artificial.

La ciudad de los gigantes
Desde la llegada de los españoles, surge la pregunta acerca de la antigüedad de Tiahuanaco. Los indios de entonces eran incapaces de dar la menor información confiable: sólo cuentan que la ciudad fue edificada por unos gigantes, en una sola noche, antes del Diluvio, y que fue destruida por un enorme terremoto o por los rayos del Sol.

Apoyándose en estos chismes, algunos autores deducen que Tiahuanaco data de... 300.000 años y que es obra de ¡una raza humana gigante olvidada! Sin embargo, las excavaciones del siglo y las dataciones con carbono 14 realizadas en la década de 1960 permiten establecer cuatro estados de desarrollo del lugar: una fase de formación (de alrededor del año 1000 antes de nuestra era hasta el año 133 de nuestra era), una fase urbana (133-374), una fase imperial (374-724) y una fase llamada de “expansión" que termina repentinamente en el siglo XV. Cuando los ejércitos incas invaden Tiahuanaco a mediados del siglo XV, hacía más de 250 años que la ciudad permanecía abandonada.




Se plantea otro misterio en torno al transporte de los monolitos
de andesita, una roca volcánica, y arenisca roja que sirvieron para edificar los monumentos o para esculpir los ídolos. El más pesado de ellos es una masa de arenisca roja que pesa 131 toneladas. Es posible que la arenisca sea originaria de la región y que la piedra volcánica (cuyo bloque más grande pesa 41 toneladas) provenga de la península de Copacabana, ubicada a más de 80 kilómetros del lugar, a orillas del lago Titicaca. ¿Cómo pudieron desplazar bloques de ese tamaño entre distancias tan considerables, sin que existiera ningún animal de tiro? Los mitos indios evocan a un mago que hizo volar por los aires las piedras gigantes al son de una trompeta, mientras que algunos contemporáneos piensan que hubo una intervención extraterrestre.
El arqueólogo boliviano Carlos Ponce Sangines llevó a cabo numerosos experimentos, obteniendo resultados positivos. Demostró que 20 hombres eran suficientes para tirar con cuerdas un peso de una tonelada, y tomando en cuenta la excelente técnica india para el trenzado de cuerdas muy resistentes afirmó que los monolitos pudieron ser arrastrados por el suelo utilizando diversos procedimientos para reducir la fricción. En cuanto a los bloques de andesita, debieron ser transportados por vía lacustre, sobre balsas hechas de madera que también había que traer desde más de 100 kilómetros. Sin embargo, los problemas mecánicos que implicaba el transporte de los bloques más grandes, especialmente aquellos de más de veinte toneladas, aún no tienen respuesta para él. Existen otros misterios en torno a la ciudad. Aparentemente, fue abandonada en forma repentina. ¿Por qué? No lo sabemos. Ignoramos completamente cuál era su función: ¿era un centro religioso, una capital política? Hasta el momento no existe ningún indicio que permita dilucidar este aspecto. Cualquiera haya sido su función, debía constituir el centro de la cultura que actualmente lleva su nombre.

Gigantes y venusianos
Las leyendas locales asociadas a Tiahuanaco y la escasa información recopilada hasta ahora permitieron a algunos autores elaborar las hipótesis más extravagantes acerca de los orígenes de la misteriosa ciudad.




El reino de los gigantes. A comienzos de la década de 1950, apoyándose en las teorías del alemán Hoerbiger, Denis Saurat elabora una increíble teoría: hace 3.000.000 años, la Luna habría estado tan cerca de la Tierra que su fuerza de gravitación habría provocado el nacimiento de una raza de gigantes de tres metros de estatura y, al mismo tiempo, la formación alrededor del planeta de un anillo estático de aguas oceánicas que se elevaba a más de 3.000 metros en la región andina. Por lo tanto, en esta época, Tiahuanaco habría sido un puerto marítimo habitado por ¡gigantes humanos altamente civilizados!




La colonia venusiana... Hacia 1960, un “renovador de la religión del Sol inca”, un tal Beltrán García, supone que una astronave originaria de Venus se habría posado sobre la ribera del Titicaca y que sus tripulantes habrían fundado Tiahuanaco en ese lugar. Estos acontecimientos se habrían producido hace cinco millones de años... Los ídolos gigantes serian las representaciones de viajeros venusianos. Trasladando el hecho a unos 10.000 años antes de nuestra era, Robert Charroux sostiene también que los venusianos vinieron a fundar una especie de colonia en Tiahuanaco, porque ahí se encontraba uno de los escasos lugares sobre la Tierra que se asemejaban a su medio natural.




Y la Atlántida. Algunos de estos exploradores extraterrestres habrían venido a visitar la Tierra arriesgando su vida, y gracias a ellos habrían nacido las grandes civilizaciones antiguas. Tiahuanaco y la Atlántida serían sólo una... Sin embargo, al no poder aclimatarse a la Tierra, les venusianos habrían desaparecido, dejando su último mensaje sobre el fresco de una de las construcciones: la “puerta del Sol”. Estas lucubraciones dan testimonio de la extraña fascinación que parece ejercer el planeta Venus sobre los astrónomos de las civilizaciones precolombinas
.

martes, 2 de agosto de 2011

Los curanderos filipinos, Médicos que sanan con las manos



Sanar el cuerpo por medio del espíritu constituye una antigua ambición del hombre. La ciencia occidental, sin embargo rehúsa terminantemente esta posibilidad, mientras que otras prácticas médicas, como la china, son menos reticentes a aceptarla. Por su parte, la Iglesia parece admitir implícitamente la posibilidad de una acción del alma sobre el cuerpo al aceptar oficialmente las curaciones milagrosas.
A partir de los años 70, los métodos de los curanderos filipinos que "operan" a sus pacientes sin ningún instrumento quirúrgico hicieron renacer esta polémica. Un equipo científico occidental viajó ahí para investigar los hechos.

”Los poderes de un curandero"
Es posible que intervengan fenómenos electromagnéticos. Pero se trata sobre todo de una fuerza espiritual que actúa a través de mí. Esta fuerza no viene de mí. Tengo la impresión de ser un canal por el cual pasa esta fuerza, o quizás no soy más que un instrumento de esta fuerza... (Veo si hay que operar) según el color del aura, (el doble a veces visible de un hombre) del paciente y el color de mis manos. Mis manos cambian de color cuando las extiendo hacia el paciente. Cuando veo el color amarillo, puedo operar, si mis manos toman un color anaranjado o rojo durante la operación, debo interrumpir inmediatamente mi intervención, porque podría poner en peligro la vida del paciente. Entonces le doy unos remedios y le hago seguir un tratamiento magnético que lo fortalecerá. Y a menudo, puedo operarlo después (...) Los curanderos filipinos, podemos lograr aparentemente una mejoría incluso en los casos más desesperados o, al menos calmar los dolores y a veces sanarlos completamente. Nunca se debe perder la fe (...) Hasta ahora no he provocado la muerte de ninguno de mis pacientes.
Extractos de una entrevista realizada en 1978 a Tony Agpao.

Una operación sin anestesia
La mayoría de los curanderos filipinos pertenece a la Unión espiritista cristiana, nacida de la Sociedad espiritista fundada en 1857 por Allan Kardec. Practican la humildad, la oración y el aprendizaje de capítulos de la Biblia que tratan sobre la curación. No tienen mayores conocimientos de medicina ni pueden explicar en términos científicos su procedimiento operatorio.
Los científicos del equipo dirigido por George Meek que viajó a Filipinas en 1973 y, posteriormente, en 1975, provenían de siete países y eran especialistas en distintas disciplinas: medicina, biología, parasicología, química e incluso prestidigitación. Observaron a un gran número de curanderos y de manera especial al más famoso de ellos. Tony Agpao, cuyas operaciones siguen todas, el mismo patrón.
Se tiende al paciente sobre una mesa y, la mayoría de las veces, éste no es desvestido. Solamente el vientre y a veces el pecho quedan descubiertos. Enseguida se coloca una toalla sobre la ropa para que no se manche. El curandero se acerca al paciente y, con ayuda de un algodón mojado, limpia el vientre frotándolo con fuerza. Enseguida masajea la carne suavemente y luego con más firmeza. Un líquido escarlata surge pronto y los dedos ensangrentados del hombre parecen penetrar en la carne. Cuando se trata de operar un tumor, el curandero lo extrae después de haberlo empujado con la mano. Masajea nuevamente la herida, luego frota la carne con otro algodón, la herida, si hubo alguna, se ha cerrado y no se ve la marca de ninguna incisión. El paciente no sintió ningún dolor durante toda la operación, que dura apenas entre dos y tres minutos, y puede levantarse de inmediato e irse.

La opinión de los científicos
Miles de enfermos acuden a estos curanderos poco comunes para que los sanen. En Brasil existen igualmente curanderos que operan casi del mismo modo, y entre ellos hubo uno llamado José Arigo, ya fallecido. Este último efectuaba ablaciones quirúrgicas muy rápidas, con ayuda de un simple cuchillo, sin que haya habido, por lo que parece, alguna infección postoperatoria.
La medicina oficial ha rechazado estos métodos, que tampoco había realmente estudiado hasta 1973; se contentó simplemente con negarlos, apoyándose en las leyes conocidas de la fisiología. Una investigación de la Asociación Médica Norteamericana concluyó lacónicamente en 1960 que la mayoría de estos curanderos eran unos estafadores.
En cambio, la investigación de Jorge Meek, a pesar de haber encontrado algunos fraudes, constató la realidad de los hechos y la "materialización de sangre, tejidos y órganos humanos, así como objetos de origen no humanos. Las filmaciones realizadas no son realmente probatorias, aunque la existencia de fotografías, tomadas a menudo desde lejos, excluye por lo menos la eventualidad de una hipnosis colectiva. En ellas se pueden ver las manos del curandero, un líquido rojo que podría ser sangre y filamentos. Los exámenes realizados después de las operaciones muestran que la sangre recogida no siempre corresponde al grupo sanguíneo de los pacientes y que a veces es de origen animal. Sigrun Seuteman, un médico homeópata de Karlsruhe, que ha supervisado más de 6.000 operaciones, estima que en un 98% de los casos el tejido conjuntivo que se materializa en la superficie del cuerpo no es humano. Sin embargo, ha constatado que un gran número de pacientes ha experimentado efectivamente una mejoría espectacular en su estado patológico después de la intervención.

Diferentes tipos de curaciones
Al lado de una multitud de charlatanes, cierto número de curanderos honrados parecen haber alcanzado éxitos incuestionables. Muchos de ellos ejercen su talento gratuitamente. Es cierto, sin embargo como lo señala Roberto Tocquet, especialista en fenómenos paranormales, "el agente de la curación no proviene esencialmente del curandero, sino que tiene su origen en el mismo enfermo". Se han ordenado estas curaciones en distintas categorías.
Curaciones religiosas. Se basan en la influencia trascendente de la divinidad, o del Dios único, según la religión. Los ejemplos más clásicos son las curaciones milagrosas realizadas en Lourdes.
Tratamientos mágicos. Se apoyan sobre la idea que un lazo une a los seres y a las casas y que cualquier parte aislada de un organismo está siempre relacionada con el todo. De ahí la elección de tratamientos "simpáticos", como la utilización de ungüentos, talismanes, pociones mágicas, transferencia de las enfermedades, hechizos que curan...
Tratamientos magnéticos. Se basan en la manipulación física que realiza el curandero a fin de captar y reforzar el fluido vital del paciente. Mesmer fue uno de sus principales exponentes.
Tratamientos síquicos. El Dr. Dubois fue uno de los precursores de estos tratamientos a comienzos de siglo, y Emilio Coué, especialmente, continuó con sus enseñanzas y las perfeccionó. Se apoyan en la sugestión y consisten en bajar el umbral de la conciencia del paciente y en condicionarlo.
Los tratamientos sicoanalíticos. Son utilizados por la medicina sicosomática y se basan en la interpretación simbólica de la enfermedad. Su objetivo es lograr que el paciente recobre su libre albedrío.

Los parasicólogos están muy escépticos respecto de los poderes reales de los curanderos. En 1968 una investigación del profesor Hans Bender concluyó que eran fraudes, ya que no se observó ninguna modificación orgánica postoperatoria y que los tejidos materializados eran a menudo de origen animal. Pero Lyall Watson, un biólogo especializado en fenómenos paranormales que asistió a numerosas operaciones, no logró descubrir ninguna superchería.
Como se observa, el tema es muy controvertido. La verdadera pregunta debiera referirse en realidad a la forma en que el fraude se realiza, es decir, cómo aparecen la sangre y los tejidos extraños al paciente que se exhiben después de la operación.

El secreto de los huesos de dragón, El descubrimiento de una mítica dinastía china



A fines del siglo XIX, un descubrimiento debido al mayor de los azares abre una nueva luz sobre una dinastía china de la Edad de Bronce considerada más o menos mítica, los Shang.
Hasta ahora, los arqueólogos pensaban que la historia escrita y las primeras tentativas de organización social no se habían iniciado realmente sino con la dinastía Zhu (entre los siglos XI y III antes de Cristo).

Un remedio contra el olvido
Un día de 1899, en Pekín, un médico prescribe a la familia de un tal Wang I-yung un remedio contra el paludismo. Uno de los ingredientes es lo que se denomina desde siempre "huesos de dragón" reducido a polvo. Al momento de triturarlos, Wang se percata que son, en realidad, pedazos de caparazón de tortuga decorados con extrañas marcas. Experto en escrituras antiguas, Wang constata que estos signos son pictogramas, es decir, representaciones simbólicas e ideogramas como los utilizados en la lengua china y japonesa.
Seguro de haber descubierto algo excepcional, Wang se apura en comprar todos los huesos de dragón" que encuentra, ya sea fragmentos de esqueletos de animales o nuevamente caparazones de tortuga. Al mismo tiempo, trata de obtener información acerca del origen de estos huesos y descubre que los fragmentos de tortuga provienen, en su mayoría, del yacimiento de Xiaotun, en las cercanías de Anyang, en la provincia de Henan, ubicada en la cuenca del río Amarillo.

La adivinación mediante fisura de huesos
Desde el descubrimiento de la verdadera naturaleza de los "huesos de dragón”, los arqueólogos están intrigados por la omnipresencia de fisuras que no tienen, según los análisis, nada de accidental. Terminaron por establecer la manera de proceder de los adivinos para tomar las decisiones que regían la vida del pueblo y de los soberanos. Estos grababan la pregunta sobre el hueso, luego practicaban una muesca cerca de la inscripción. La aplicación de una punta metálica calentada al rojo provocaba la aparición de fisuras que el adivino se apuraba en descifrar para conocer la reacción de los poderes sobrenaturales. En seguida, el adivino grababa sobre el hueso una respuesta más o menos larga que comunicaba al solicitante.

La dinastía perdida
Este yacimiento es conocido desde el siglo XI por aficionados a las antigüedades de la corte imperial china, por las vasijas rituales de bronce y los jades que allí se encuentran. Con el paso de los siglos, los coleccionistas y los comerciantes continúan explotando estos tesoros, seguros de su valor histórico. Después del descubrimiento de Wang, los arqueólogos buscan con éxito los "huesos de dragón" y se convencen rápidamente que estos son la prueba que la escritura en China es mucho más antigua de lo que se creía. En 1915, Luo Zhenyu determina que los signos fueron grabados en los huesos y en las caparazones de tortuga para ser usados en la adivinación y que se remontan a la semi-mítica dinastía Shang.
La China de esa época, que se dedica sobre todo a la agricultura, ya conocía el carro a timón enganchado a dos caballos. En el campo arquitectónico sabía edificar palacios y templos de ladrillo sobre cimientos de piedra y murallas para proteger sus ciudades. Su cuerpo social ya está fuertemente estructurado y encabezado por una casta noble constituida por los parientes y los aliados del rey. La religión está dominada por el culto a los antepasados y la importancia atribuida a la vida en el más allá, como lo atestiguan las grandes riquezas encontradas en las tumbas. Arqueológicamente hablando, estos yacimientos chinos no tienen parangón sino con los del Cercano Oriente antiguo.

La escritura china más antigua
El poder real era asistido en sus actividades administrativas y religiosas por un cuerpo de escribas y de adivinos. Junto con la escritura ya evolucionada, encontramos también un sistema de numeración decimal.
Pero lo que hace original a esta cultura es el uso intensivo de las artes adivinatorias (en las que la escritura juega un papel fundamental), tanto en la vida cotidiana como en el manejo de los asuntos del Estado. Los textos grabados sobre estos huesos son muy cortos, pero existen otros más largos, sobre las vasijas rituales de bronce. Cualesquiera que hayan sido las consecuencias políticas y militares, esta influencia de la religión permitió la constitución de cuerpos de especialistas de la escritura, aunque carecemos de cualquier prueba que hayan existido verdaderas obras literarias. Hay que esperar el final de la dinastía de los Zhu occidentales (hacia 800 años antes de Cristo) para ver aparecer las obras originales de la tradición literaria china.
A pesar de la importancia de ciertos yacimientos de huesos grabados (se han encontrado hasta 17.000 en un mismo lugar en Qishan, en el Shoanxi, y que datan del principio de la época Zhu), ¿quién sabe cuántos datos históricos han desaparecido con el transcurso de los siglos bajo el mortero de los boticarios? Un interrogante para plantear sin duda, a un hueso adivinatorio...

La dinastía de los Shang
El reino de la dinastía Shang (siglos XVIII al Xl antes de Cristo) marca la entrada de la China en la Edad de Bronce. Establecidos en el valle del río Amarillo, los Shang reinan sobre un pueblo de aldeanos y han organizado su sociedad según estructuradas de clanes que descansan sobre el culto a los antepasados y la sumisión a las órdenes reales, inspiradas por los oráculos de los huesos adivinatorios de los sacerdotes. Su civilización está admirablemente avanzada, particularmente en los ámbitos de las artes, la astronomía y el cálculo. Conquistadores empedernidos, los Shang son, sin embargo, derrocados por una de sus antiguas colonias, la ciudad de Zhu, que da lugar a la dinastía del mismo nombre.

Las poseídas de Loudun , Urbano Grandier ¿sacerdote y brujo?



Presas de una verdadera histeria, las diecisiete hermanas del convento de las ursulinas de Loudun gritan que están poseídas por el diablo. Nombran al que hizo entrar en ellas al demonio: Urbano Grandier, sacerdote de una parroquia de la ciudad, en conflicto con la burguesía local.
Después de dos años de acusaciones, Urbano Grandier es encontrado culpable de brujería y quemado en la hoguera. Sin embargo, las crisis de posesión de las hermanas no terminan ahí.

Apariciones y posesiones
En 1632, la pequeña ciudad de Loudun en la provincia de Touraine tiene más de 14.000 habitantes. Entre mayo y septiembre, una terrible epidemia de peste mata a más de 3.700 personas. La población de la ciudad está desesperada, traumatizada. La calamidad es interpretada como signo de la cólera divina: en esta atmósfera de fin del mundo aparecen los primeros casos de posesión.
Durante la noche del 21 de septiembre, en el convento que abriga a diecisiete ursulinas, la superiora Juana de los Ángeles y dos hermanas ven aparecer el espíritu de su confesor, el prior Moussat, que murió víctima de la peste algunas semanas antes.
En los días que siguen, extraños fenómenos se manifiestan: una bola negra vuela a través del refectorio, un fantasma se pasea por los pasillos. A principios de octubre, varias hermanas manifiestan señales de demencia, gritan y ruedan por el suelo. Las contorsiones se generalizan y pronto el convento entero es afectado. Los sacerdotes acuden y la conclusión no tarda: las ursulinas están poseídas, victimas del maligno. Siguiendo la lógica de los sacerdotes, Lucifer no puede aparecer si no ha sido invocado por un brujo. Por lo tanto, en alguna parte, hay alguien culpable de este acto demoníaco.
De toda la región, luego de toda Francia, llegan sacerdotes. Realizan sesiones de exorcismo, acorralando al diablo, buscando al hombre que lo hizo venir. El 11 de octubre, una religiosa poseída, según dice, por el demonio Astaroth suelta un nombre: el de Urbano Grandier, sacerdote de la iglesia de San Pedro del Mercado, en el centro de Loudun. Surgió un culpable, otras hermanas lo acusan a su turno y, en la ciudad, los rumores se extienden con prontitud: Urbano Grandier es un brujo. El pueblo ya ha juzgado.

Atestado de una posesión
Acta establecida por el señor de Laubardemont, encargado del sumario del proceso Grandier. Lo que es francamente admirable, habiéndosele ordenado en latín (al diablo) que le permitiese (a Juana de los Ángeles) juntar las manos, se observaba una obediencia forzada, y las manos se juntaban aunque temblando. Y el Santo Sacramento recibido en la boca, quería, soplando y rugiendo como un león, devolverlo. Ordenado de no cometer ninguna irreverencia se veían cesar (las manifestaciones) y el Santo Sacramento descender al estómago. Se veían arcadas para vomitar y, siéndole prohibido hacerlo, cedía (...) Y ordenado (el diablo) de decir el nombre del tercero (la poseída) se convulsionaba todavía más, hundiendo la cabeza, sacando la lengua con movimientos indecentes, soplando, escupiendo y levantándose muy alto (...) El cuerpo de la hermana, siendo acostado sobre el vientre y tomando sus brazos hacia atrás tuvo grandes y violentas contorsiones, como también sus pies o manos, los que se hallaban tan unidos, e incluso las plantas de los dos pies, que parecían pegados y amarrados por unos fuertes lazos. Varias personas trataron inútilmente de separarlos.

Grandier, un sacerdote molestoso
Urbano Grandier es un hombre alto y bien parecido, vivaz e inteligente। Cautiva a su auditorio cuando sube al púlpito, aunque se le reprocha su libertinaje y, muy especialmente, su gusto por sus parroquianas। El asunto, hasta entonces religioso, se convierte poco a poco en político. El hombre no entró nunca al convento de las mujeres: pero la ciudad entera habla de él, las ursulinas lo saben y empiezan a soñar con él. Los burgueses de Loudun critican su arrogancia y su extrema ambición. Los capuchinos, también instalados en Loudun, aprovechan el juzgamiento de Grandier para denunciarlo como autor de un violento panfleto en contra de Richelieu. Da la casualidad que el barón de Laubardemont, comisario del ministro cardenal, llega a la ciudad en septiembre de 1633, en una misión sin relación con el asunto. Ahí sólo escucha hablar de las sucesivas crisis de las religiosas, de los exorcistas que acoden y de las presunciones contra el sacerdote de San Pedro. De regreso a Paris, se hace asignar la causa. El 8 de diciembre, está de vuelta en Loudun con plenos poderes, encargado por Richelieu de instruir el proceso contra Grandier.




Un proceso ejemplar
Al día siguiente de su llegada, Laubardemont hace arrestar a Grandier. Manda registrar la casa del sacerdote, sin encontrar nada comprometedor y durante el mes de enero de 1634, recoge declaraciones y testimonios. Del 4 al 11 de febrero, interroga a Grandier. El sacerdote niega las acusaciones de brujería y luego rehúsa contestar las preguntas de Laubardemont.
En su convento, sometidas a exorcismos periódicos, las poseídas aún no son liberadas. La gente va a verlas contorsionarse, gritar el nombre de su demonio, e injuriar a los sacerdotes. Laubardemont decide separarlas para examinar cada caso: lo que no impide al público asistir, en masa, a los innumerables exorcismos. Los médicos, invitados por Laubardemont para observar a las poseídas, entregan rápidamente su conclusión: "Encontramos que en todas estas cosas las fuerzas y los medios de la naturaleza están absolutamente sobrepasadas..." El caso está concluido: las religiosas son víctimas de lo sobrenatural. El proceso se abre el 8 de julio de 1634. Se designan doce jueces, que llegan de pequeños tribunales de la región. Leen los informes del sumario realizado por Laubardemont, interrogan a las poseídas y buscan en Grandier "pruebas extraordinarias". Así, una cicatriz en el pulgar indica el punto, antigua herida que se habría infligido para firmar con su sangre un pacto con el diablo. La insensibilidad de un hombro se convierte en la prueba de que el maligno se apoderó de esa parte de su cuerpo y la hizo escapar a las leyes de la naturaleza. Estas pruebas son consideradas decisivas. El 18 de agosto, a las 5 de la mañana, los jueces pronuncian la sentencia. Dos horas más tarde, Laubardemont recoge a Grandier en su prisión. Es sometido a la pregunta, es decir, torturado; luego, hacia el mediodía, llevado a la plaza del mercado donde lo espera la hoguera. La histeria de algunas monjas le cuesta la vida a un hombre culpable de haber sido solamente el objeto de sus fantasías.
Las poseídas se han convertido en una atracción que la gente viene a ver de lejos: las crisis, todavía espectaculares, continúan varios años después de la muerte de Grandier, hasta el día en que la más virulenta de las poseídas, Juana de los Ángeles, cambia de personaje y se convierte en una visionaria habitada por Dios.

El siglo demoníaco
En 1598, Enrique IV promulgó el edicto de Nantes y pone fin a las guerras de religión. Rápidamente, la intolerancia encuentra otras vías para expresarse: el siglo que comienza es más abundante en casos de brujería y de posesión que ningún otro. La brujería se extiende en el campo y afecta a los pobres, la posesión se concentra en las ciudades y toca a los burgueses. A principios del siglo XVII, decenas de casos se instruyen en Bretaña, Franco Condado, Lorena, Alsacia, Poitou, Béarn, Provenza... Los poseídos son más frecuentemente mujeres que hombres. Algunas adquieren celebridad: Nicole Aubry, Juana Féry, Marta Brossier. El caso que causa más revuelo es el proceso de Gaufridy que se lleva a cabo en Aix-en-Provence, y que dura más de dos años, entre 1609 y 1611. El año siguiente se publica un libro que relata detalladamente los hechos: no puede excluirse que su lectura no influirá en los casos posteriores, especialmente el del Faubourg Saint Jacques, entre 1621 y 1622; de Loudun, entre 1632 y 1640; de Louviers, entre 1642 y 1647, y de Auxonne, entre 1658 y 1663.

El conde de Saint-Germain , Un extraño caballero supuestamente inmortal



Durante su paso por Paris, entre 1758 y 1760, se conoce al sorprendente conde de Saint-Germain. Tanto en los salones de la capital como en las cortes de Europa, circulan rumores insensatos acerca de su edad, ¡tendría más de tres mil años, habría conocido a Jesucristo, sabría fabricar diamantes y volverse invisible!
En 1745 se menciona por primera vez al conde de Saint-Germain... Este hombre que parece tener cincuenta años y que vive en Londres desde hace dos, es detenido ese año portando cartas favorables a los Estuardo. Inglaterra, que acaba de reprimir la revuelta de los jacobitas, desconfía de los extranjeros y mas especialmente de los franceses: durante varias semanas Saint-Germain es mantenido bajo arresto domiciliario. Reconoce entonces dos cosas: vivir bajo un nombre falso y no querer tener nada que ver con las mujeres. La personalidad de Saint-Germain es lo suficientemente intrigante para que Horacio Walpole, miembro del Parlamento y amigo de Diderot y del resto de los enciclopedistas, lo cite en su correspondencia, describiéndolo como un "hombre singular".

El amigo de Luis XV
Saint-Germain deja Londres en 1746; ¿qué hace entonces? No se sabe nada de él durante doce años. Según algunos, se va a Alemania, donde se dedica a las investigaciones químicas y alquímicas. Según otros, viaja hasta la India y el Tíbet; no existe ninguna prueba de sus periplos, pero más tarde se constata que el conde posee un profundo conocimiento de Oriente.
Llega a París a comienzos de 1758, e inmediatamente envía una petición a Marigny, director de Obras y Edificios del rey. Solicita que una casa real sea puesta a su disposición para poder instalar ahí un laboratorio y una fábrica, prometiendo a cambio a Luis XV "el más rico y más raro descubrimiento que se haya hecho". Abierto a la investigación de las "artes útiles", Marigny le asigna el castillo de Chambord, gran construcción abandonada en ese entonces. Saint-Germain instala en las dependencias a sus asistentes, sus obreros y su laboratorio.
Sin embargo, pasa más tiempo en París que en Chambord y, rápidamente, es invitado a los más famosos salones. Se presenta ante a marquesa de Pompadour: ésta, seducida, lo presenta al rey. Luis XV aprecia inmediatamente al brillante personaje que se incorpora pronto al círculo de sus más cercanos. En estas circunstancias, Saint-Germain es descrito como un hombre de cuarenta y cinco años, a pesar de que han pasado más de diez desde su estadía en Londres.

Saint-Germain y Casanova
En mayo de 1758, Casanova se encuentra con el conde de Saint-Germain en una cena de la marquesa de Urfé. Así es como lo describe en sus Memorias, "Saint-Germain se creía prodigio, y muchas veces lo lograba. Su tono era decidido, pero su naturaleza era tan estudiada que no desagradaba. Era tan sabio, hablaba perfectamente la mayoría de las lenguas: gran músico, gran químico, de una apariencia agradable y un maestro para atraer a las mujeres, ya que al mismo tiempo les daba aceites y cosméticos que las embellecían, se jactaba no de rejuvenecerlas, ya que tenía la modestia de reconocer que eso era imposible, sino de conservarlas en el estado en que las hallaba, por medio de un agua que, según él, era muy costosa, pero que se las regalaba (...) Este hombre singular y nacido para ser el primero entre los impostores, pretendía con un tono seguro, y para salir del paso, que tenía trescientos años, que tenía la panacea y hacía todo lo que quería con la naturaleza. Sabía cómo fundir los diamantes y de diez o doce pequeños fabricaba uno del agua más bella sin que éstos perdieran ni un gramo. Todas estas operaciones eran para él sólo bagatelas. A pesar de sus fanfarronadas, sus mentiras evidentes y sus excesivos disparates, no pude encontrarlo insolente. Tampoco respetable. Lo encontraba sorprendente, ya que me sorprendió (...) Este hombre singular asistía frecuentemente a las cenas de las mejores casas de la capital, pero no tocaba nada, diciendo que su vida dependía del tipo de comida que comía y que nadie más podía saberlo...

Leyenda y desgracia
Dos anécdotas auténticas provocan los rumores acerca de los conocimientos alquímicos y la inmortalidad del conde de Saint-Germain. Esta es la primera: posee una bellísima colección de piedras preciosas y cierto día pretende ante el rey saber rectificar las imperfecciones de los diamantes.

Luis XV le encarga entonces un diamante manchado. Unos días más tarde. Saint-Germain lo trae perfectamente puro. ¿Utilizó un procedimiento químico o simplemente mandó tallar una piedra idéntica? Es un misterio. La segunda anécdota ocurre durante una cena con la anciana condesa de Cergy, que reconoce en él a un hombre que había conocido en Venecia hacía cincuenta años. Quizás simplemente por entretenerse, Saint-Germain no la desmiente: la historia da la vuelta en París.
Sin embargo, si el conde se ha ganado la simpatía del rey, se ha desvinculado del poderoso duque de Choiseul, principal ministro de Luis XV, que lanza una campaña para desacreditarlo. Choiseul le paga a un bufón llamado Gauve para imitar al conde de Saint-Germain y hacerse pasar por él. Gauve recorre los salones bajo la identidad de Saint-Germain, contando las historias más inverosímiles: que se tomó un trago con Alejandro el Grande, que estuvo de francachela en la boda de Casal y que, por lo demás, conoció muy bien a Jesús, a quien le había predicho un fin trágico. También, que había estado con Carlomagno. El fraude es pronto descubierto y Gauve es reconocido: pero las historias se siguen divulgando. Contrariamente a lo que espera Choiseul, el verdadero Saint-Germain no resulta ridiculizado, sino engrandecido, rodeado de ¡un aura misteriosa!
Despechado, el ministro debe esperar hasta 1760 para lograr deshacerse de Saint-Germain, acusándolo de espionaje. Habiendo caído en desgracia el conde se refugia en los Países Bajos.
En los años siguientes se le ve en Italia, en Rusia, en Saxe, en Prusia: en todas partes, intenta montar laboratorios para seguir adelante con sus investigaciones... acerca de los pigmentos y los colores.

La muerte del inmortal
En 1766, se coloca bajo la protección del rey de Prusia Federico II, pero lo deja al año siguiente. Finalmente llega a Gottrop, en el Báltico, donde es recibido por el príncipe de Hesse. Según el príncipe, a quien le hizo confidencias, muere ahí en 1781, a la edad de 93 años. Sin embargo, físicamente aparentaba sólo sesenta.
Apenas se conoce la noticia, muchos se niegan a creer en la muerte del conde. Surgen los testimonios: algunos citan su presencia en un congreso masónico en 1785, se lo ve en Venecia en 1788, habría prevenido a María Antonieta de una inminente revolución al año siguiente, habría asistido al congreso de Viena en 1815, un inglés lo habría encontrado en Paris bajo Luis Felipe, otros lo habrían visto en 1905 en el Tíbet luego en 1926 en Roma. Testimonios que desgraciadamente son poco creíbles, al igual que el relato del pequeño anticuario llamado Richard Chamfrey, transformado en mensajero del corazón y del horóscopo de revistas para adolescentes que en 1972 intenta usurpar la identidad del ilustre personaje del siglo XVIII para tratar de seducir a una cantante de variedades.

¿Quién era Saint-Germain?
A pesar de la docena de pseudónimos que usa durante sus peregrinaciones, actualmente se sabe algo acerca del origen de Saint-Germain: sería hijo natural de la reina de España Marie-Anne de Neubourg, viuda de Carlos II, y de un noble, el conde de Melgar. Este parentesco explicaría el tren de vida fácil que siempre ha llevado, su educación y su cultura. Efectivamente, además de sus conocimientos puntuales de química, Saint-Germain es reconocido por sus contemporáneos como un hombre muy sabio, un músico hábil y un pintor de calidad.
Su longevidad y su larga juventud pueden explicarse por una naturaleza demente y, en gran medida, por los constantes esfuerzos del conde por prepararse físicamente. Según los testimonios, durante toda su vida, Saint-Germain sigue estrictas dietas alimentarias, asistiendo a las comidas pero comiendo poco, sin beber jamás: aparece como un precursor de los adeptos de la dietética moderna. Saint-Germain, personaje excepcional que, burlándose de los rumores, nunca los desmintió, permanece en la historia y en la leyenda, ya que simboliza el sueño más antiguo del hombre: la inmortalidad.

lunes, 1 de agosto de 2011

La Torre de Babel , Una escalera entre el cielo y la tierra



El texto del Génesis relata que los hombres, reunidos en la llanura de Shinear después del Diluvio, resolvieron levantar una torre gigantesca. Dios (Yahvé), al ver lo que intentaban, obstaculizó sus planes “confundiendo sus lenguas” de modo que los obreros no pudieran entenderse entre si.
Al quedar incapacitados de trabajar de común acuerdo, los constructores abandonaron la empresa y se dispersaron en diferentes direcciones. La torre inconclusa y la ciudad edificada en torno a ella se llamaban Babel o Babilonia.

El relato bíblico
Tenía entonces la tierra un solo lenguaje y unos mismos vocablos. Sucedió que, al emigrar los hombres desde el Oriente, encontraron una llanura en el país de Sinear y se establecieron allí. Se dijeron unos a otros: "Ea; fabriquemos ladrillos y cozámoslos al fuego". Les sirvió el ladrillo de piedra y el asfalto les sirvió de cemento. Dijeron después: "Ea; edifiquémonos una ciudad y una torre con su remate hasta el cielo y hagámonos un nombre, no sea que seamos dispersos sobre la superficie de toda la tierra". Bajó el Señor para ver la ciudad y la torre que habían edificado los hijos de los hombres. Dijo el Señor: "He aquí que todos ellos son un solo pueblo y un solo lenguaje; si es esto lo que comienzan a hacer, nada entonces les será imposible de todo lo que proyecten hacer. Ea; bajemos y confundamos allí su lenguaje, para que unos no entiendan el lenguaje de los otros". Después el Señor los dispersó de allí sobre la superficie de toda la tierra, y cesaron de edificar la ciudad. Por esto se llamó su nombre Babel, porque allí confundió el Señor el lenguaje de toda la tierra y de allí el señor los dispersó sobre la superficie de toda la tierra.

La leyenda de la confusión de las lenguas
La leyenda de la confusión de las lenguas tiene un origen etimológico. El relator bíblico, que escribió posiblemente en tiempos del cautiverio de los israelitas en Babilonia, interpreta la palabra Babel en el sentido de “confusión”, en este caso, confusión de lenguas.
Del mismo modo, los griegos, que no comprenden el lenguaje de los extranjeros y, en primer lugar de los persas adoptan más tarde la costumbre de designarlos con el nombre peyorativo de “bárbaros”. La repetición de la sílaba “ba” simboliza la desorganización aparente de los dialectos no griegos, cualesquiera que sean, con respecto a la rigurosa organización de la lengua de Homero.

Aún en nuestros días, el lenguaje abundante y confuso de los niños se denomina balbuceo, y se califica como “bla bla”. Pero la leyenda del castigo divino de la diversificación de las lenguas se inscribe igualmente en la nostalgia de una época de oro donde todos hablaban un lenguaje común que aseguraba la paz y la comprensión.
Este sueño se revela en el relato cristiano de la glosolalia y de Pentecostés: San Pablo atribuye a los primeros cristianos la facultad de expresarse en una lengua distinta de la que hablaban comúnmente bajo el efecto de un trance místico, y los Hechos de los Apóstoles evocan el milagro de la venida del Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego, que da a los discípulos de Cristo el don de expresarse en lenguas o dialectos de otro modo desconocidos por ellos...

“Que su cúspide se eleve hasta el cielo”
Pero la leyenda de la torre reposa sobre una realidad. Existía en efecto en Babilonia una construcción de varios pisos, llamada zigurat de acuerdo al vocablo babilónico, de origen desconocido y que fue restaurada en tiempos de Nabopolasar (625-605 antes de nuestra era), fundador de la dinastía caldea. Esta construcción se llamaba Etmenanki, “la mansión de lo alto entre el cielo y la tierra”. Una inscripción que data del tiempo de Nabopolasar señala:”Marduk (el gran dios de Babilonia) me ha ordenado colocar sólidamente las bases de la Etmenanki hasta alcanzar el mundo subterráneo y hacer de este modo que su cúspide llegue hasta el cielo”. En otra inscripción, de los tiempos de Nabucodonosor, se precisa que la decoración de la cúspide estaba hecha de “ladrillos de esmalte azul brillante”, es decir, adornada del color del cielo, perfectamente adaptado para dar la impresión que el edificio se perdía en el azul infinito.
Sin embargo, nada permite pensar que los babilonios levantaron tal construcción por presunción. Según la inscripción más antigua, lo hicieron por orden del dios Marduk y parecen haberla hecho para asegurar la armonía entre el cielo y la tierra. El historiador Heródoto, que visita Babilonia hacia el 460 antes de nuestra era, relata que un dios visitaba a una mujer que dormía en una habitación en lo alto del edificio. Etmenanki aseguraba el vínculo, la unión, entre dos realidades opuestas lo alto y lo bajo, el mundo de los dioses y el de los hombres.

Un destino funesto
En el Génesis figura un contrasentido cuando se dice que los constructores tenían malas intenciones. Sin embargo, aunque así hubiese sido, el relato bíblico mezcla además lo verdadero y lo falso. Según la leyenda, pueblos de distintas procedencias, que por lo tanto hablaban lenguas diferentes, trabajaron en la construcción del edificio.

En otra parte, la inscripción de Nabucodonosor afirma ”A todos los pueblos de numerosas naciones (...) yo (los) obligué a trabajar”. Pero esta diversidad étnica no impidió el término de los trabajos. Sin embargo, parece efectivamente que un destino funesto se ensañó con la torre. Construida con esfuerzo, a lo largo de muchos reinados, sobrevivió poco tiempo. Babilonia, que cayó en 539 bajo la dominación persa, se rebeló en 482. Jerjes I que la puso nuevamente bajo su autoridad, tomó represalias que causaron serios daños al monumento. Un siglo y medio mas tarde, en 331, Alejandro el Grande estableció su capital en Babilonia, y cuando vio la torre en ruinas, trató de restaurarla. Pero ello le demandó tanto trabajo, que renunció a su proyecto. A continuación, la torre sirvió de cantera a los constructores de los alrededores, que la redujeron a un montículo informe. Sobre ella se construyó un edificio y, cuando éste se desplomó, cubrió las ruinas de la torre inicial, escondiéndola por muchos siglos.

El aspecto de la torre ¿Dónde está la torre?
Entre el siglo XVI y los inicios del siglo XX, numerosos viajeros y exploradores occidentales fueron a Mesopotamia y se esforzaron en localizar el famoso edificio. Algunos propusieron ubicarla en Afar Quf, al oeste de Bagdad, otros, en Borsippa, en las proximidades de Babilonia. Sólo las excavaciones arqueológicas permitirían establecer la verdad.
Las pruebas arqueológicas. En 1913, el arqueólogo alemán Robert Koldewey descubrió finalmente la ubicación de la torre. Su base es un cuadrilátero de 91,55 m por lado. Su centro, que es la parte más antigua, está formado por un núcleo de ladrillos crudos, cuya altura fue aumentada en tiempos de Nabopolasar y de Nabucodonosor y que fue cubierto de un nuevo paramento de ladrillos cocidos. Las excavaciones han dejado a la vista tres escaleras, dos laterales y una central; esta última perpendicular a la estructura del edificio.
El testimonio de los textos antiguos. Estas reseñas han sido apoyadas por textos antiguos, como el relato de Heródoto y sobre todo la tablilla llamada “del Esagil”, conservada en París en el Museo del Louvre, copiada en el año 229 antes de nuestra era de un documento antiguo que describía el estado de la torre. De una altura de aproximadamente 90 m, el edificio piramidal tenía siete pisos, hechos de muros con resaltos, sin duda verticales. El último piso tenla instalaciones para el culto, adornadas con los ladrillos esmaltados azules de Nabucodonosor.