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Ante todo nos dirigimos y agradecemos a todos por la ayuda que nos dan con este blog ya sean seguidores, oyentes del programa de radio y por sobre todo a todos aquellos propietarios de webs, blogs, libros y todos los lugares donde han obtenidos la información y nos han acercado a nuestro mail para que podamos publicarlas en este humilde blog, para que todas las semanas desde hace ya 7 años podamos compartir en dos emisiones las tantas historias, enigmas y misterios del universo que se van pasando de generación en generación y así reflejar esas viejas leyendas, historias, enigmas y misterios que de niños oímos mas de una vez y que nos asustaban en algunos casos como también en otras nos enseñaban a valorar y respetar esas narraciones.

Desde ya les agradezco a todos y pido disculpas si no se agrega la fuente por que muchos correos no la poseen y para no cometer errores no se agrega pero en este pequeño equipo estamos muy agradecidos para con todos. Muchísimas Gracias a todos en general por su valiosa información y por su cordial atención.

Equipo Infinito.



sábado, 2 de julio de 2011

Julio César, Una Premonición Fatal



El 15 de marzo del 44 antes de Cristo, a Las 11 de la mañana, César fue asesinado. Veintitrés golpes de espada derriban al dueño de Roma. Se cubre el rostro con su toga para no ser desfigurado, pero, antes de morir, en un último gesto de decencia, esconde sus piernas debajo de su vestimenta.
Los asesinos confiesan que su móvil era impedir que César restableciera la monarquía. Querían salvar la república. Sin embargo. César se negó siempre a tomar el título de rey. ¿De qué le serviría si ya ejercía una monarquía de hecho? Nombrado dictador vitalicio por el senado el 14 de febrero del 44, ya poseía todos los poderes. La acción de los conspiradores, lejos de restablecer la república, provoca una guerra civil en el Imperio.

Señales inquietantes
Sin embargo, el 15, día de los idus de marzo, poco faltó para que la intriga fracasara. Según el historiador Suetonio, autor de Vida de César, mucho antes de estos hechos aumentaron los presagios que debieran haber despertado la desconfianza de la víctima. En primer lugar, Spurinna, el arúspice, es decir, el sacerdote que lee el destino en las entrañas de las víctimas, advierte a César que correrá un gran peligro el día de los idus de marzo. Luego se descubre en Capua la tumba del fundador de la ciudad, Capys: el monumento contenía una extraña tablilla de bronce, con la siguiente inscripción:

"Cuando hayan sido descubiertas las osamentas de Capys, un descendiente de Iule (que César reclama por ancestro) caerá por los golpes de sus deudos, y pronto Italia expiará su muerte por medio de terribles desastres..."

A esto se agrega el extraño comportamiento de los caballos que César ha consagrado al dios del Rubicón, después de haber franqueado este río con su ejército y desatado la guerra civil de la cual salió vencedor. Unos días antes de la muerte del dictador, estos animales se privan obstinadamente de la comida y derraman abundantes lágrimas (Suetonio). Finalmente, la víspera de los idus, un pájaro reyezuelo que llevaba una rama de laurel es despedazado por otros pájaros en la sala donde debe reunirse el senado.

Los presagios según Suetonio
Los últimos días (antes de su muerte), el César se entera de que las manadas de caballos, que había consagrado al dios del río, al franquear el Rubicón y que había dejado sin guardia, se privaban obstinadamente de alimentarse y derramaban abundantes lágrimas. Además mientras sacrificaba, el arúspice Spurinna le advirtió "que tomara precauciones frente a un peligro que no se postergaría más allá de los idus de marzo". La víspera de estos mismos idus, un pájaro reyezuelo que llevaba una rama de laurel volaba hacia la curia de Pompeya. Abandonando los árboles vecinos varios pájaros de diferentes especies lo persiguieron y lo despedazaron en esta misma habitación. Durante la noche anterior al asesinato, César se vio en sueños volando sobre las nubes y apretando la mano de Júpiter; por su parte su mujer Calpurnia soñó que el lecho de su hogar se desplomaba y que sostenía a su marido, apuñalado entre sus brazos, luego, de pronto la puerta de su habitación se abrió sola... Suetonio, César, LXXXI traducción de Henri Ailloud, Les Belles Lettres, 1931.

Una noche agitada
A medida que se aproxima la fecha fatal, las señales se hacen más precisas. Durante la última cena de César, éste discute con sus invitados acerca de la mejor manera de morir. El prefiere "la más inesperada", que se cumplirá. En las horas siguientes, su sueño se agita, probablemente perturbado por esta conversación. Sueña una pesadilla en la que vuela sobre las nubes y aprieta la mano del dios Júpiter. Aún más inquieta, su mujer, Calpurnia, sueña que el techo de la casa se desploma y que sostiene en sus brazos a su marido, que ha sido apuñalado.
Muy asustada por estos sueños, Calpurnia le ruega a César que no salga. Este cede: le pide a su amigo Marco Antonio mandar que se devuelvan los integrantes del senado. Pero Brutus, el hombre a quien César considera como su hijo y que forma parte de los conjurados, asiste a la cena. Consciente de que la conspiración está a punto de fracasar, interviene de pronto. Insiste que tal comportamiento no es digno del César. ¿Es acaso hombre que se deje impresionar por sueños y vanos presagios? Estas palabras convencen finalmente al dictador de no cambiar sus planes.

El día del crimen
César sube a su litera y se dirige hacia el senado. A su paso un hombre se aparta de la multitud, le entrega una nota e insiste que la lea enseguida. Pero Julio César se distrae. ¿Qué contiene entonces este mensaje, que lo hace tan urgente? Nada menos que la revelación de la intriga...
En el trayecto, se encuentra además con el sacerdote Spurinna. Le hace notar bromeando "Y bien, llegaron los idus de marzo". Así es, responde tranquilamente el adivino, llegaron, pero aún no han pasado... Sin inmutarse, Julio César sigue su camino. Cuando llega a su destino, los sacerdotes ofrecen los sacrificios. Inmolan víctima tras víctima, sin resultados. Sólo obtienen malos presagios. Y cuando el dictador, decepcionado, se vuelve hacia donde se está poniendo el sol, los sacerdotes ven una señal aún más siniestra. Finalmente, César entra en la curia donde se encuentran reunidos los senadores. Su escaño de oro ya está rodeado por un grupo de veintitrés senadores. Un vigésimo cuarto se quedó afuera para evitar que Marco Antonio pudiese socorrer a su amigo. Sin sorprenderse por esta aglomeración, Julio César avanza con confianza y se sienta. Los senadores siguen estrechando el cerco. Se levanta para repelerlos, pero uno de ellos tira su toga. Es la seña esperada. Los conspiradores empuñan la espada que llevaban escondida entre los pliegues de su ropa. Todos golpean al César: un solo golpe será mortal. Sorprendido de encontrar a Brutus entre sus asesinos, Julio César habría exclamado su famoso: "Tú también, hijo mío". ¿Tuvo tiempo de darse cuenta de que hubiera sido mejor escuchar los presagios, y no a su corazón o la voz de una presunta razón?

Predecir el futuro
En Roma, dos categorías de hombres ejercen sus talentos de adivino y dan a conocer la voluntad de los dioses: los augures y los arúspices.
Los augures. Son los expertos oficiales. Están agrupados en un colegio que tiene, según las épocas, entre seis y quince miembros. El augur usa un bastón encorvado con el cual define en el cielo o en la tierra el espacio (llamado tempíum) en el cual observará las señas celestes: fenómenos meteorológicos tales como truenos y relámpagos, indicaciones proporcionadas por el vuelo de los pájaros. También se fija en los auspicios (expresión que significa examinar a los pájaros), observando el apetito de los pollos sagrados. Descubre presagios en el movimiento de cuadrúpedos o de serpientes y toma además en cuenta en sus predicciones, incidentes ocurridos durante la adivinación. En Roma, todo acto público debe ser consultado a los augures: la convocación y la llegada de las asambleas, el nombramiento de los magistrados, la partida de los ejércitos a la guerra... Sin embargo, el poder real de los augures, importante bajo la monarquía, disminuye con el tiempo, de manera que a fines de a república su consulta es una mera formalidad.
Los arúspices. Son los sacerdotes de rango inferior. Frecuentemente considerados charlatanes, Catón el moralista dice de ellos: "Dos arúspices no pueden mirarse sin reírse". Según una costumbre de origen etrusco, observan las entrañas de animales sacrificados, sobre todo bestias con cuernos. Examinan los pulmones, el bazo, los riñones, el estómago, el corazón y especialmente el hígado. El estado sólo recurre a ellos para completar los auspicios oficiales.

El Desaparecido Batallón de Norfolk ¿Soldados que se esfuman en una nube?




Uno de los casos de desapariciones más famosos, tal vez porque no se trata de un individuo, sino de un grupo de hombres, se produjo durante la Primera Guerra Mundial, cuando el batallón del Regimiento Real de Norfolk se desvaneció en los Dardanelos, en plena campaña, en el mes de agosto de 1915.
Entre marzo y diciembre de 1913, Inglaterra y Francia intentan adueñarse de los Dardanelos, punto estratégico que controla las comunicaciones entre el Mediterráneo y los puertos rusos del Mar Negro. Pero los ejércitos del Imperio otomano, dirigidos por los alemanes, mantienen en jaque al cuerpo expedicionario occidental. Las pérdidas son tan importantes (46.000 muertos), que los aliados abandonan finalmente la lucha en diciembre.

La desaparición del Norfolk
La historia de la desaparición del batallón de Norfolk es conocida por el relato de los soldados de la Mancomunidad que asistieron a este acontecimiento. El 21 de agosto de 1915, durante el ataque de la península de Gallipoli, uno de los episodios más sangrientos de la campaña de los Dardanelos, veintidós soldados neozelandeses de una compañía de ingenieros vieron al cuarto regimiento de Norfolk, formado por 267 hombres, dirigirse a socorrer al cuerpo de ejército del Comando Unido de Australia y Nueva Zelanda (CUANZ), que estaba atacando la cota 60, al sur de la bahía de Suyla.
Mientras se encontraban en el lecho seco de un río, los soldados del Norfolk penetraron dentro de una extraña nube. En cuanto todos los hombres desaparecieron detrás de la cortina de bruma, la nube se elevó suavemente para alejarse en el cielo, contra el viento, perdiéndose rápidamente de la mirada de los observadores. No se veía ningún ser vivo en el pequeño valle y Turquía afirmó no haber capturado jamás a ningún miembro de ese regimiento.

El testimonio de los soldados neozelandeses (1965)
(El 21 de agosto de 1915) El día había despuntado y estaba claro, sin nubes a la vista (...) Sin embargo, había quizás seis u ocho nubes en forma de "hogaza de pan" todas parecidas que flotaban encima de la cota 60. Se pudo ver que a pesar de un viento sur que soplaba con tina velocidad de 6 a 8 km/h. estas nubes no cambiaban ni de lugar ni de forma. Con respecto a nuestro punto de observación de una altura de 150 m, planeaban con cerca de 60 grados de elevación (1.200 m de altura). Bajo este grupo y en posición estacionaria sobre el suelo, se encontraba otra nube parecida en cuanto a su forma, que medía cerca de 250 m de largo, 65 m de alto y 60 m de ancho. Esta nube era extremadamente densa, hasta el punto de parecer sólida, y se encontraba a una distancia de entre 900 y 1.100 m del combate que se desarrollaba en el territorio ocupado por los ingleses (...) Nuestra posición en altura dominaba la cota 60 por unos 90 m. Un poco más tarde, esta nube singular recubrió el lecho seco de un río a menos que haya sido un camino encajonado, y pudimos distinguir perfectamente sus costados y sus extremos, mientras estaba posada sobre el suelo. Como todas las demás nubes, era de color gris claro. Se vio entonces que un regimiento inglés compuesto por unos centenares de hombres, el cuarto de Norfolk, remontaba ese camino o lecho de río hacia la cota 60. Cuando llegaron hasta la nube, penetraron en ella sin vacilar pero ninguno de ellos salió para combatir sobre la cota 60. Cerca de una hora más tarde, una vez que el último soldado hubo desaparecido en su interior, la nube se elevó muy discretamente del suelo y, como cualquier nube o neblina, subió lentamente hasta juntarse con las otras nubes (...) que parecían "arvejas dentro de su vaina". Durante todo este tiempo, el grupo de nubes se había mantenido inmóvil, pero en cuanto la extraña nube que se había levantado del suelo alcanzó su mismo nivel, partieron todas hacia el norte, es decir hacia Tracia (Bulgaria). Después de unos 3/4 de hora habían desaparecido

Las contradicciones
Este relato se apoya sobre el testimonio hecho cincuenta años después de la campaña de los Dardanelos, Redactado, luego de un encuentro conmemorativo del CUANZ, por tres soldados neozelandeses que pertenecían a la tercera sección de la primera compañía de ingenieros, este testimonio fue presentado como un llamado a prestar declaración destinado a las personas que eventualmente se encontraran todavía vivas y que hubieran asistido a este hecho. Un examen del documento reveló, sin embargo, varios errores de hecho en el relato, que hacían dudar de su confiabilidad. Así, el cuarto regimiento de Norfolk mencionado por los tres soldados no es un regimiento sino un batallón y éste, por lo demás, terminó la campaña de los Dardanelos. En cambio, otro batallón del mismo regimiento, el quinto de Norfolk, fue efectivamente reportado como desaparecido luego de un ataque.
Este tuvo lugar, no el 21 de agosto como lo indica el documento sino el 12, de acuerdo con los archivos militares ingleses y sucedió a cinco kilómetros de la posición supuesta por los testigos neozelandeses. Sin embargo, existe otro texto que relata un episodio similar, escrito poco después de la campaña, en el que no se encontró ninguna contradicción ni afirmación dudosa, y cuyo testimonio parece claramente más confiable.

¿Recuerdos verídicos o sugestiones posteriores?
Se trata del Informe final de la Comisión de los Dardanelos, publicado en 1917. Según este documento, una extraña bruma, que reflejaba los rayos del sol, cubrió la bahía y la llanura de Suyla el 21 de agosto, desdibujando las trincheras ocupadas por los otomanos y permitiéndoles, de ese modo, disparar más fácilmente sobre los aliados. Pero por más extraño que esto pareciera, tal fenómeno meteorológico era al parecer corriente en la región. Es igualmente ese mismo día 21 de agosto, en el curso de la tarde, que el informe cita el ataque de la famosa cota 60 por 3.000 hombres del CUANZ.
Al leer los dos episodios descritos en este documento oficial, las semejanzas con el tardío testimonio de los soldados neozelandeses son impactantes. De hecho, este último más parece una mezcla de los dos acontecimientos presentados en el informe final, como distintos, pero relatados en dos páginas enfrentadas.
Talvez esta disposición pudo influir en la memoria de los tres testigos. Habría que agregar que del quinto de Norfolk, que se reportó efectivamente como desaparecido se recuperaron 122 cadáveres a partir del 23 de septiembre de 1919. Y, si se toma en consideración que 27.000 de los 34.000 muertos, entre soldados ingleses y del CUANZ, nunca fueron sepultados, se puede suponer que los cuerpos de los 145 soldados que faltan hayan podido ser mezclados con la tierra de un campo de batalla ahogado bajo un calor terrible que podría haber sido un factor de putrefacción acelerado. Estos diversos elementos no constituyen ningún apoyo en favor de la autenticidad del testimonio de los tres neozelandeses.
Sin embargo algunos autores siguen viendo allí el relato de un hecho real y justifican las contradicciones sobre la identidad del batallón a la fecha de aparición de la extraña nube aduciendo ciertas fallas en la memoria que serían del todo normales después de cincuenta años. No es tampoco menos cierto que los documentos oficiales de la época hablan de una bruma de una gran superficie y no de una nube de 250 metros de largo posada sobre el suelo. Se podría pensar que si un fenómeno como ese se hubiera producido habría llamado inmediatamente la atención de los observadores militares que están siempre al acecho de un ardid del enemigo.

Extrañas víctimas de guerra
En su libro Desapariciones misteriosas, editado en 1973, Patrice Gasten cita otros casos de grupos de militares que, aparentemente, se desvanecieron tan repentinamente en medio de la guerra.
En España. En 1707, durante la guerra de la Sucesión Española, 4.000 hombres del archiduque Carlos de Habsburgo, que luchaban contra los ejércitos de Felipe V, se pusieron en camino una mañana hacia un corredor de los Pirineos. Nunca más se supo de ellos, a pesar de todas las investigaciones. Habían desaparecido con sus armas y pertrechos.
En Vietnam. En 1858, cuando los franceses atacaban al ejército del reino vietnamita, 650 zuavos del cuerpo expedicionario avanzaban hacia Saigón, que se encontraba a unos 20 km. Los seguía otro grupo de soldados y, repentinamente, desaparecieron sin que nadie pudiera saber qué les pasó.
En China. En diciembre de 1923, Japón habla invadido una buena parte de China y sus ejércitos avanzaban hacia Nankín, la capital china. El coronel LI Fu Sien decidió oponer una última resistencia y colocó a 3.000 de sus hombres bien armados a lo largo del Yangtsé. A la mañana siguiente, se dio cuenta que todos habían desaparecido, menos un centenar que se había guarecido cerca de un puente. Ni éstos ni ningún otro centinela vieron a los 3.000 hombres abandonar su puesto y los archivos japoneses no mencionan haber capturado a ninguno de ellos.

La Guerra de Troya, Un Conflicto no Comprobado



Obras de arte de la literatura occidental. La Ilíada y La Odisea describen sucesos que se habrían desarrollado en 1200 antes de Cristo. Sin embargo, desde hace un siglo, historiadores y arqueólogos se interrogan acerca de la realidad del célebre conflicto que opuso, según Homero, a griegos y tróyanos: la guerra de Troya.
París, hijo del rey de Troya, Príamo, está al origen del conflicto. Llamado a juzgar la belleza de las diosas del Olimpo, elige a Afrodita, divinidad del amor, que le promete la más bella mujer de Grecia, Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta, París conquista a Helena: ésta abandona su ciudad, su marido y su hija para seguirlo. Para vengar a su hermano burlado, Agamenón, el poderoso rey de Micenas, organiza una expedición destinada a destruir Troya.

El sitio de Troya
" (...) Cada cual mandó entonces a su auriga que tuviera dispuestos el carro y los corceles junto al foso; salieron todos a pie y armados, y levantándose un inmenso vocerío antes que la aurora despuntara. Delante del foso ordenáronse los infantes y a éstos siguieron de cerca los que combatían en carros. Y el Cronida promovió entre ellos funesto tumulto y dejó caer desde el éter sanguinoso rocío, porque debía de precipitar al Hades a muchas y valerosas almas. Los teucros pusiéronse también en orden de batalla en una eminencia de la llanura, alrededor del gran Héctor (...). Armado de un escudo liso. (Héctor) llega con los primeros combatientes. Cual astro funesto, que unas veces brilla en el cielo y otras se oculta detrás de las pardas nubes, así Héctor, ya aparecía entre las delanteras, ya se mostraba entre los últimos, siempre dando órdenes y brillando como el relámpago del padre Zeus, que llena la égida (...) Agamenón, que fue el primero en arrojarse a ellas (las falanges teucras), (...) mató a Oileo (...). Este se había apeado del carro para sostener el encuentro, pero el Atrida le hundió en la frente la aguzada pica, que atravesó el casco, a pesar de ser de duro bronce, y el hueso, conmovióle el cerebro y postró al guerrero cuando contra aquél arremetía..." Homero, La Ilíada, canto XI

El relato homérico
El primer poema, La Ilíada, empieza con el relato de la cólera de Aquiles, héroe griego (hijo de un mortal y de una diosa). La guerra de Troya continuó hasta cerca de nueve años, y Agamenón acaba de apoderarse de una prisionera, Briseida, recompensa de Aquiles. Este, furioso, se retira a su tienda y rehúsa volver al combate.
No es sino a la muerte de Patroclo, su amigo más querido, muerto por el troyano Héctor, que vuelve a las armas para vengarlo. La Ilíada termina con la muerte de Héctor y los grandiosos funerales celebrados en honor de Patroclo por su amigo. El relato se organiza en una sucesión de cuadros que describen escenas de guerra. En La Odisea, historia del largo y difícil regreso de Ulises, rey de Itaca, a su patria, sabemos algo más acerca de los nueve primeros años de la guerra, y sobre todo, acerca del final del conflicto y el famoso episodio de! caballo de Troya. Los historiadores griegos del siglo V antes de Cristo, Heródoto, autor de las Historias y Tucídides, a quien debemos la Guerra del Peloponeso, aportan a la tradición homérica explicaciones históricas y políticas. Para el primero, los troyanos representan a los eternos enemigos de Grecia, es decir, a los persas o a los medos. La guerra de Troya sería entonces, según el "Padre de la Historia", una primera guerra médica. El análisis de Tucídides es más político. Para él, el conflicto descrito por Homero simboliza la primera tentativa de unión de los griegos para lanzarse a una conquista, en suma, una primera forma de imperialismo helénico. Luego, la veracidad de los poemas no es puesta en duda por los antiguos: los sucesos que describen tienen, a sus ojos, una realidad histórica.

El testimonio de la arqueología
¿Es esta realidad la de la Grecia micénica del siglo XIII antes de Cristo? Los descubrimientos arqueológicos no parecen confirmarlo. En el siglo XIX, el alemán Heinrich Schliemann, apasionado por la obra de Homero, empieza sus excavaciones en búsqueda del emplazamiento de Troya. No descubre sino una pequeña aldea, bautizada por los arqueólogos con él nombre de Troya VII según el orden de las capas arqueológicas. El yacimiento data de períodos anteriores a los de la supuesta guerra y los vestigios lo muestran tan pequeño y pobre que no se comprende por qué los griegos habrían levantado semejante ejército en su contra. Más aún, cuando las excavaciones efectuadas en Micenas, la ciudad del rey Agamenón, revelan, por el contrario, abundantes tesoros. Luego, la hipótesis de una incursión contra Troya con el objetivo de obtener un botín no puede sostenerse. En cambio, en 1953, un descubrimiento capital abre el camino a otra interpretación de la guerra. Ese año se descifra la escritura, bautizada lineal B. de las tablillas encontradas en las ruinas del palacio de Cnosos en Creta y en Pylos, en el Peloponeso, que muestran que se trata de la misma lengua: una forma primitiva de griego. Esto significa que existió realmente una expansión del poderío helénico. Así, la hipótesis de un rey de Micenas suficientemente poderoso para formar semejante coalición y conducirla tan lejos es históricamente fundada. Historiadores y arqueólogos se apasionan con el debate. Para algunos, Homero describió efectivamente la situación política del siglo XIII antes de Cristo. En cambio, según otros, los evidentes anacronismos contenidos en el texto épico corresponden a las condiciones de vida de la sociedad en la que vivía el aedo, es decir, al siglo VIII.

Una expedición pequeñísima...
Lo seguro es que la Troya de Homero no tiene nada que ver con la pobre aldea descubierta sobre la costa turca. Además, la destrucción de la ciudad troyana no corresponde cronológicamente al período de grandeza de los palacios micénicos. Finalmente, los vestigios de éstos no se parecen a las descripciones que hace Homero. ¿Habría que concluir que los relatos homéricos no tienen ninguna realidad histórica y que la famosa guerra no existió? Un gran historiador, M. I. Finley hizo avanzar el debate en un sentido determinante.
En su obra El Mundo de Ulises , afirma que no es ni en el mundo micénico (siglo XIII) ni en el de las ciudades del período arcaico (siglos VIII-VI) donde hay que buscar la inspiración o el modelo homérico. La sociedad descrita en La Ilíada y La Odisea seria la de los tiempos oscuros de la historia griega, el período que separa la caída de Micenas del nacimiento de las ciudades-estado.
Los investigadores de hoy van más lejos y distinguen tres niveles de lectura en los textos homéricos. Por una parte, se trata de una obra poética de ficción que escapa por esta razón a la interpretación histórica.
Por otra parte, el aedo se refiere efectivamente a tiempos míticos lejanos, los de la edad de oro del poderío micénico. Pero los detalles de la sociedad que describe, es este el tercer nivel de lectura posible, son en realidad los de su tiempo,
Así, sí en verdad hubo una expedición helénica en Asia, seguramente no fue de la amplitud de la legendaria guerra de Troya: pero el alcance y la importancia del suceso fueron magnificados posteriormente. Quizás justamente, como lo decía Tucídides, porque esta empresa fue una acción en común de los griegos contra otro pueblo.

La posteridad literaria de la guerra de Troya
Los héroes de la guerra de Troya sirvieron de modelos y de inspiración a numerosas obras.
El teatro antiguo. Los trágicos griegos, Esquilo, Sófocles y Eurípides, trataron a los personajes y los episodios de manera muy personal. Así, tanto la partida del ejército aqueo hacia Troya y la inmolación de la hija del rey Agamenón, Ifigenia, que permitió a la flota obtener vientos favorables, como el regreso de Agamenón, después de diez años de guerra y su asesinato por su esposa Clitemnestra, tienen versiones muy diversas.
El teatro clásico francés. Numerosos escritores del siglo XVII retoman los temas desarrollados por las tragedias griegas. Jean Racine consagró una obra a la difícil partida de la expedición contra Troya: Ifigenia. Se dedica al personaje de Agamenón, obligado a escoger entre su hija y la continuación de una guerra que él mismo suscitó. Los deberes del rey prevalecen sobre sus sentimientos de padre, y Agamenón acepta el sacrificio de su hija.
En el siglo XX. Algunos grandes autores utilizaron estos mitos antiguos para expresar sentimientos absolutamente contemporáneos. Cuando Jean Giraudoux publica La guerra de Troya no tendrá lugar, Francia está en vísperas de la Segunda Guerra Mundial y la obra expresa las inquietudes y los debates que agitan a la opinión pública de la época. Asimismo, en plena Ocupación, Jean-Paul Sartre escribe Las Moscas, una obra que pone en escena el regreso de Orestes, hijo de Agamenón, venido para vengar a su padre, asesinado por los que se apoderaron del trono y "ocupan" Micenas: Clitemnestra y su amante Egisto.

viernes, 1 de julio de 2011

Ulises y Las Sirenas, Un Canto Mortal Venido del Mar



Las sirenas son personajes mitológicos cuyo canto embrujador llevaba a los marinos a su perdición. Sus métodos de seducción variaban de un relato a otro, pero todas ejercían una atracción sin parangón sobre los navegantes.
El primer testimonio acerca de la aparición de sirenas se remonta a La Odisea de Homero, que relata las aventuras tumultuosas del héroe griego Ulises, durante su largo viaje de regreso a Itaca, después de la guerra de Troya: las sirenas de la época no son esos seres mitad mujer, mitad pez, que las leyendas más modernas retuvieron, sino unas aves con cabeza y pecho de mujer.

Un canto melodioso e irresistible
En la mitología griega, las sirenas viven en una isla del Mediterráneo.
Su canto es tan bello que los marinos que las escuchan no pueden resistírseles y arrojan sus naves contra los arrecifes. Los sobrevivientes son asesinados sin piedad. Cuando Ulises abandona la morada de la hechicera Circe, sabe que debe pasar cerca de la isla de las sirenas. Siguiendo los consejos de la hechicera, el astuto héroe recurre a una estratagema que le permitiría oír y no obstante salvar la nave y a sus compañeros. Tapa los oídos de sus hombres con cera después de haberles pedido ser sólidamente atado al mástil. Así podrá saciar su curiosidad escuchando el canto de las sirenas, sin ceder a su encantamiento.
Este canto se revela melodioso y desgarrador y está colmado de bellas promesas. Ulises les grita a sus compañeros que lo desaten, pero por supuesto éstos permanecen sordos a sus gritos. Finalmente, el barco pasa y los héroes escapan al funesto destino de tantos otros marinos.
Sin embargo Ulises no es el único en enfrentar a las sirenas. El poeta mítico Orfeo, que acompaña a Jasón en su búsqueda del vellocino de oro, logra también resistir a su fatal encanto. En el instante en que Jasón y sus hombres, los argonautas, atraídos por las melodiosas voces, cambian de rumbo y se dirigen peligrosamente hacia los arrecifes de la isla, Orfeo toma su lira y entona un canto tan sublime que cubre las melopeas de las sirenas y salva a los marinos arrancándolos de su mortal contemplación.

¿Quiénes son las sirenas?
Las sirenas de la época homérica son tres hermanas, hijas del dios río Aquelaos y de la musa de la poesía Calíope. Lidia toca la flauta. Parteriopea, la lira y Leucosea lee los textos y los cantos. Antiguas compañeras de Perséfone, hija de Zeus y de Deméter, raptada por Hades, el dios de los Infiernos, pidieron a los dioses que les otorgaran alas para poder salvar a la joven y traerla de vuelta sobre la Tierra. Según otra versión, le deben su apariencia a Deméter, que quiso castigarlas por haber sido negligentes en el cuidado de su hija.
Su nombre proviene del término latino sirén, que a su vez proviene del griego seirén, de la palabra seiro, lazo, cuerda, recordando sin duda el poder cautivador de las sirenas.

Manatíes y sirenas
Los científicos contemporáneos piensan que los manatíes son, quizás el origen del mito de las sirenas y que por largo tiempo, los navegantes los confundieron con éstas. Incluso por referencia mito, se le dio el nombre de sirénidos al orden zoológico al que pertenecen estos mamíferos acuáticos. Los dugongs (vacas marinas) y los manatíes son los únicos representantes de este orden y fueron considerados hasta una época reciente como un eslabón entre los cetáceos y las focas. Los manatíes son animales de gran tamaño pudiendo alcanzar hasta 2 ó 3 metros de largo. También se las llama con el nombre menos grato de "ternero marino". Tienen un cuerpo fusiforme y glabro rematado por una cabeza maciza. Sus gritos armoniosos contribuyeron seguramente a la leyenda del canto de las sirenas. Más aún cuando las hembras tienen dos mamas pectorales que de lejos pueden pasar por los senos de una mujer. Habitan los ríos costeros de los Estados Unidos, entre Carolina del Norte y el golfo de México, pero también se las encuentra a lo largo de la costa occidental de África, donde los antiguos pudieron haberlos divisado. Por otra parte, una mayor zona de difusión de la especie en el pasado no debe excluirse. En cuanto a los dugongs éstos se encuentran más bien en el océano Índico y en el norte de Australia. Animales suaves y poco feroces, están, hoy en día, en peligro de extinción.

Mujeres-pájaro, luego mujeres-pez
La apariencia física de las sirenas evolucionó. En la época griega, eran representadas como seres alados con cara humana y cuerpo de ave como lo prueban diferentes vasijas griegas antiguas. Su transformación en criaturas mitad mujer, mitad pez, con la parte inferior recubierta de escamas, se remonta aparentemente a la Edad Media y a las leyendas celtas y germánicas. Pero, ya bajo el Imperio romano, se les confunde con las Nereidas, las cincuenta hijas de Nereo, dios marino, y de Doris, descendiente del Titán Océano. Estas bellas Nereidas son las ninfas del mar y por lo tanto no es sorprendente que se las haya asemejado a las sirenas, también figuras marinas... Como sea, esta leyenda, nacida de la mitología griega y transmitirla a través de los siglos, permanece por largo tiempo vivaz y continua asediando la imaginación de los navegantes del mundo entero.

Las sirenas a través de los tiempos
Aunque las sirenas nacieron de la imaginación de poetas griegos antiguos, la tradición que éstas inspiraron se transformó y se desarrolló con el paso del tiempo, particularmente bajo la influencia del folklore nórdico.
La mitología nórdica. Las leyendas irlandesas e inglesas hacen referencia a la presencia de sirenas a lo largo de sus costas, mientras que la mitología germánica las ve surgir de la espuma de las olas. La tradición bretona relata que Ahez, hija del rey Grallon, habría sido sumergida en las aguas por haber entregado la ciudad de Ys al diablo y a las olas y se habría convertido en sirena. Saxo Grammaticus, un cronista de los siglos XII y XIII, describe por su parte el combate del rey danés Hadding, hijo de Gram, contra un monstruo acuático, mitad hombre, mitad pez.
Donde se pesca a un hombre-sirena. Las representaciones de sirenas se multiplican durante la Edad Media y se transforman en uno de los temas favoritos de decoración de los manuscritos. Hacia el año 1200, el cronista inglés Ralph de Coggeshall hace el siguiente relato: "Durante el siglo pasado, bajo el reinado del rey Enrique II, unos pescadores de Oxford capturaron en el Canal de la Mancha a un hombre desnudo, que nadaba con soltura bajo el agua. Encerrado durante varios días, éste se alimentó principalmente de pescado. No pronunciaba la más mínima palabra, aún bajo las peores torturas. Vuelto al agua, rasgó la red que lo retenía y consiguió hacerse mar adentro. Después de un tiempo, volvió a la orilla y vivió durante dos meses entre la gente de Oxford antes de volver definitivamente a su elemento natural."
Las sirenas de Cristóbal Colón. Mientras se encuentra frente a las Antillas, el navegante genovés cree divisar tres de estas criaturas que bailan en el agua. Son feas y mudas, pero él descubre en su mirada como una "nostalgia de Grecia".
Un encuentro moderno. En 1869, en las Bahamas, seis hombres que se dirigen en canoa hacia una bahía divisan una sirena de una deslumbrante belleza, con los cabellos azules flotando sobre sus hombros y las manos hendidas. Esta emite unos grititos de sorpresa al ver a los marinos y desaparece poco después, sin dejar que se acerquen. Los fabricantes de sirenas. El sentido comercial de algunos pueblos asiáticos contribuyó igualmente al desarrollo de la leyenda. Incluso se edificaron fortunas con la venta de curiosidades a los europeos: monstruos fabricados con la ayuda de pedazos de animales, simio y pez. Asimismo, en Djibuti, el esqueleto de una auténtica sirena es vendido a unos norteamericanos. Por supuesto, se trata de una falsificación hecha por unos comerciantes ingeniosos.

Poderes Paranormales, Las Levitaciones de un Gran Médium



En la segunda mitad del siglo XIX, el fenómeno del espiritismo pone de manifiesto los poderes psíquicos de algunas personas y plantea el problema de su explicación. Es a esta tarea que se consagra la parasicología, por medio del examen de sujetos particularmente dotados como Daniel Dunglass Home.
Nacido en 1833 en Currie, pueblo cercano a Edimburgo, Home aparece hoy como el mayor médium de todos los tiempos. En 1868, realiza frente a numerosos observadores una presentación que demuestra el poder, aparentemente indesmentible de sus dotes psíquicas.

La levitación
El 16 de diciembre de 1868 en Inglaterra, mientras está junto a un grupo de personas con lord Adare, lord Lindsay, el capitán Wynne y Smith Barry, Home entra en estado de trance y comienza a elevarse por los aires, Sale volando por una ventana de la casa en que todos se encuentran, pasa a 20 metros del suelo y vuelve a entrar por la ventana del pequeño salón contiguo. Regresa al cuarto acompañado por lord Adore.

Los fenómenos paranormales y su estudio
Los fenómenos psíquicos, o poderes paranormales pueden ordenarse en varias categorías. Están los relacionados a la comunicación, el conocimiento de los pensamientos ajenos (telepatía) o del futuro (clarividencia y precognición), de los cuales el médium beneficia directamente o que consigue por intermedio de objetos como la bola de cristal o el tarot. Por otra parte, está la acción de la mente sobre la materia, como la telekinesis y la sicokinesis (desplazamiento o torsión de objetos), la acción sobre su propio cuerpo (levitación), o incluso la radiestesia (facultad que permite con la ayuda de una barrita o de un péndulo, descubrir objetos o cuerpos desaparecidos,). A todo esto, hay que agregar las curaciones psíquicas y aquellas conseguidas por algunos curanderos. La parasicología es la rama científica que estudia los fenómenos psíquicos. Por mucho tiempo, no fue aceptada por los organismos oficiales de Occidente. Terminó por infiltrarse en Francia, en la Universidad de Tolosa, con la creación del laboratorio de parasicología dirigido por el profesor Y. Lignon (autor de El otro cerebro, 1992), bajo la influencia de precursores reconocidos por su talento, los profesores Geley, Richet (premio Nobel de Medicina de 1913), el doctor Osty y el ingeniero químico R. Warcollier. Al mismo tiempo, en los Estados Unidos, el profesor J. B. Rhines realizó numerosos estudios sobre la telepatía en los laboratorios de la Universidad de Duke.

Al no entender este último cómo pudo pasar por una ventana a medio abrir, Home repite la prueba: se eleva nuevamente del suelo y pasa por la ventana, primero la cabeza y después el cuerpo casi horizontal, aparentemente rígido. No es ni la primera ni la última oportunidad en que se presta a estas exhibiciones. Ya en 1866, Home se elevó hasta el techo de un cuarto y dibujó una cruz en él para demostrar a los presentes que no habían participado en una alucinación colectiva. Se elevó así frente a testigos, unas cincuenta veces durante su carrera.

Talentos precoces
Ya a la edad de 4 años, el futuro médium conmovió a su entorno anunciando acontecimientos antes de que ocurrieran. Parece tener las facultades psíquicas de su madre, también conocida por sus dotes de "doble visión". Habiendo quedado huérfano, es adoptado por su tía, la Sra. Cook: quien se lo lleva a los Estados Unidos cuando tiene nueve años. Está delicado de salud y sufre de tuberculosis. A los trece años, Home anuncia la muerte de uno de sus compañeros, Edwin, quien muere tres días después. Algunos años más tarde, unos golpes resuenan en la casa familiar y unas mesas se deslizan cuando se aproxima. La multiplicación de incidentes obliga al joven a dejar a su tía, una mujer supersticiosa, que lo acusa de estar poseído por el diablo...
Estamos a la sazón en 1851, poco tiempo después de los hechos extraños ocurridos en la casa de los Fox, en Hydesville, que marcan el "nacimiento del espiritismo". Ya son muchas las personas que se interesan en los fenómenos que, posteriormente, se llamarán "paranormales". Las sorprendentes capacidades del joven llaman la atención.

Una cantidad impresionante de demostraciones
Desde entonces inicia una carrera internacional, que lo hace recorrer toda Europa. Home es un hombre dulce, amable, encantador que gusta de cierto lujo, aunque rehúsa recibir dinero por sus demostraciones. Las cortes se pelean su presencia. Entre sus admiradores y protectores se encuentran el emperador Napoleón III, el zar de Rusia y el rey de Baviera. En cambio, las autoridades italianas, particularmente las religiosas, no aprecian sus dotes y lo hacen expulsar. En 1862, Home publica sus memorias: Revelaciones sobre mi vida sobrenatural.
El carácter excepcional del caso de Home se debe a las numerosas pruebas, aparentemente sólidas (existen cientos de testimonios), de la extensión de sus poderes. Una comisión enviada por la Universidad de Harvard atestigua que, en presencia del médium, una mesa se elevó algunos centímetros y se desplazó, mientras el piso vibraba. El médium no se ve afectado por el ambiente del local donde opera, y los observadores pueden seguir discutiendo sin que esto lo perturbe en lo más mínimo. Cuando Home está en trance, los fenómenos (cuya naturaleza no puede explicar) son de carácter diverso: levitación por supuesto, pero también clarividencia, elongación del cuerpo, materialización de objetos y de ectoplasmas, telekinesis o desplazamiento de objetos situados a distancia, el sonido de una música en el cuarto, diversos fenómenos luminosos, voces de espíritus, etc. Incluso puede manipular braseros sin quemarse. Sir William Crookes, químico de renombre que descubrió el talic (1861), intrigado por la fama del médium, se reunió con él e hizo pruebas sobre sus capacidades durante muchos años. El resultado de su investigación fue publicado en 1871 en el Quaterly Journal of Science , es enteramente favorable a Home. El científico relata las pruebas a las que Home se había sometido y constata que el médium puede, por ejemplo, hacer que un acordeón cuyas teclas se pusieron a tocar solas se mueva a distancia, sin que se haya podido descubrir ninguna trampa. Home también fue sometido a unas pruebas en San Petersburgo (1870), pero sus dotes no funcionaron entonces, hecho que no extrañó a Crookes. El mismo, durante algunas sesiones, obtuvo escasos resultados: los poderes de Home no se manifiestan continuamente a simple pedido, lo que constituye más bien un argumento en su favor. Hasta su muerte, en 1886 a causa de la tuberculosis que sufrió desde su infancia, jamás se le pudo comprobar algún fraude.

Los grandes médiums
Para los espiritistas, los médiums son los intermediarios entre los hombres y los espíritus. Para los parasicólogos, son sujetos que poseen poderes psíquicos. En algunas oportunidades los médiums fueron sorprendidos haciendo trampa; así, Eusepia Palladino en el siglo XIX y Uri Geller, más cerca de nosotros. Pero los poderes psíquicos no se manifiestan a voluntad. Se puede concebir que ciertos médiums muy solicitados no resistan la tentación de recurrir a subterfugios en caso de impotencia, lo que no pone necesariamente en duda la realidad de sus poderes.
El siglo XIX. Este siglo es rico en médiums, y es difícil hacer una selección. Citemos, sin embargo, a los hermanos Davenport, quienes, amarrados, son capaces de desplazar objetos distantes y elevarse ellos mismos por los aires. O también Eusepia Palladino, quien fue examinada por varios expertos, como el criminólogo C. Lombroso (Hipnotismo y espiritismo, 1911) y el astrónomo Camille Flammarion (Las Fuerzas Naturales Desconocidas, 1907)
El siglo XX. El francés Jean Pierre Girard y el israelí Uri Geller son telekinesistas capaces de torcer objetos metálicos sin tocarlos. En una aparición por televisión se produjo un fenómeno de "contagio" paranormal, para retomar los términos del especialista R. Tocquet, y se torcieron cucharas, llaves y relojes de los televidentes. Los testimonios sobre este fenómeno fueron tan numerosos, que la central telefónica de la televisión inglesa (BBC) se auto-desconectó el 23 de noviembre de 1973, y lo mismo le ocurrió a la de la televisión francesa el 15 de noviembre de 1974.
En Rusia. En la ex-Unión Soviética, varios científicos realizaron estudios sobre los fenómenos paranormales. La médium Nelya Mikhailova fue objeto de experimentos célebres cuyas secuencias fueron filmadas. Un documental la muestra separando a distancia, bajo estricto control, la yema y la clara de un huevo en una fuente de vidrio colocada a 1,80 metro de ella, y luego volviendo a unirlas.

¿Sobrevivió el zar Alejandro I?, Un Vagabundo que Podría ser el Zar



A la muerte del zar Alejandro I, Rusia llora al vencedor de Napoleón. Sin embargo, nadie puede dar un testimonio certero sobre la identidad del cadáver presentado como el del zar.

El drama de Alejandro I empieza una noche de marzo de 1801. Joven zarevitz, Alejandro acepta participar en un complot contra su padre, el impopular Pablo I. Los conjurados, el propio estado mayor de Pablo I, prometen al joven exiliar al soberano depuesto a un retiro apacible. Pero no cumplen lo prometido y, el 23 de marzo, se lleva a cabo una verdadera carnicería en los aposentos del zar. Cuando Alejandro I se entera, es demasiado tarde. El no deseaba la muerte de su padre, pero se siente responsable. De naturaleza muy creyente, casi místico, un sentimiento de culpa y un profundo arrepentimiento por lo sucedido lo acompañarán por el resto de su vida. Corre el rumor que Alejandro no murió. Diez años más tarde un extraño vagabundo llamado Fedor Kusmich recorre las llanuras de Siberia...

Rusia a principios del siglo XIX
La dinastía de los Romanov reina sobre el imperio ruso desde 1613. Nieto de Catalina II e hijo de Pablo I, Alejandro I es zar desde 1801 hasta 1825, aliado y posteriormente enemigo de Napoleón I. Rusia es entonces el miembro preponderante de la Santa Alianza, pacto establecido en 1815 con los soberanos de Austria y de Prusia reunidos por un ideal cristiano común para prestarse ayuda y asistencia mutua. Al mismo tiempo, el Imperio ruso continúa su expansión tanto en el Cáucaso como en Armenia y en los Balcanes. Sin embargo, el país está política y económicamente atrasado con respecto al resto de Europa. La única respuesta a los levantamientos campesinos son las ejecuciones masivas y las deportaciones a Siberia: la esclavitud sigue vigente en un imperio donde los nobles están muy apegados a sus privilegios.

Un zar melancólico
Alejandro es amado por el pueblo ruso. No es un gran demócrata, pero tras Catalina II y Pablo I, parece moderado, permitiendo por ejemplo, a los siervos comprar su libertad. En 1812, salva a Rusia expulsando a las tropas francesas del país.

Tres años después, a la caída de Napoleón, se encuentra en el apogeo de su gloria. Viene un periodo de calma: la melancolía lo carcome, la inacción le pesa; recorre sin cesar su imperio, buscando escapar de sus recuerdos. Es entonces cuando unos misteriosos personajes, la mística baronesa de Krüdener y el visionario lionés Bergasse, lo convierten al protestantismo metodista. Hace mucho tiempo que Alejandro sueña con abandonar el poder. No deja de repetir a sus cercanos que abdicará antes de cumplir 50 años. Un año antes de su desaparición, escribe a Guillermo de Prusia diciéndole que quiere dejar la corona a su hermano Nicolás y retirarse para vivir como ermitaño.

Monarcas que renunciaron al poder Alejandro I es un caso sin paralelo.
Sería el único soberano conocido en haber simulado su muerte para dejar el poder y sumirse en el anonimato. Podemos encontrar en cambio cierto número de casos de abdicación, cuya frecuencia varía según la época, la cultura y el país. Así, en España, durante mucho tiempo fue normal que llegada cierta edad el soberano abdicara en favor de su primogénito; un retiro que fue asumido en primer rugar por Carlos V y luego por su sucesor Felipe V, que deja el poder a su hijo Luis en 1724. Sin embargo, debe volver a subir al trono ocho meses más tarde, tras la muerte prematura del joven rey. Reina hasta el año 1746, es decir, 22 años después de su abdicación... Sus descendientes, Carlos IV y Fernando VII, también abdican.
Un rey abdicó dos veces: Pedro IV de Portugal. Hijo del rey Juan VI, Pedro escapa al Brasil cuando los franceses invaden Portugal en 1807. Cuando su padre vuelve a Portugal en 1821, rehúsa acompañarlo, y se hace proclamar emperador del Brasil bajo el nombre de Pedro I. Pero a la muerte de Juan VI, en 1826, es designado por el Consejo de regencia como rey de Portugal. Vuelve a Lisboa sólo para modificar las instituciones y abdicar en favor de su hija María II. Poco después, el trono de María II es usurpado por el regente Miguel. En 1834, Pedro abdica una segunda vez, en Brasil, en favor de su hijo, y vuelve a Portugal, donde restablece a su hija en el trono.
En Francia, ningún soberano abdica antes de Carlos X, en 1830. El hermano de Luis XVI abandona el poder después de la sublevación de Paris; Luis Felipe hace lo mismo en 1848. Durante el siglo XX, en otros países, distintos monarcas deben renunciar a su cargo bajo presiones políticas: el zar Nicolás II en 1917, el emperador Guillermo II, en 1918, y el rey Víctor Emanuel III de Italia, en 1946. El caso de Eduardo VIII, rey de Inglaterra, es el más emocionante: es por amor que abdica en 1936.

¿Murió Alejandro en Taganrog?
El 16 de noviembre de 1825, Alejandro llega a su castillo de Taganrog, en las costas del mar de Azov. Acaba de cumplir cincuenta años. Quince días más tarde, anuncian su muerte. Oficialmente, el zar murió de un ataque de fiebre de paludismo. Numerosos documentos lo atestiguan, pero lamentablemente son poco confiables: analizados más detenidamente, los relatos de los "testigos" de la muerte de Alejandro son contradictorios.
El informe de la autopsia lleva las firmas de médicos que confesaron no haber estado en Taganrog ese día: se trata evidentemente de un documento falso. Por lo demás, las conclusiones de este documento están en contradicción con lo que se sabe de Alejandro: Ninguna mención de hipertrofia del bazo, síntoma evidente del paludismo; la descripción de una cicatriz en la pierna derecha, cuando es de la izquierda que Alejandro sufría; rastros de una lesión encefálica secuela de una sífilis que Alejandro jamás padeció.

Conforme la costumbre, el cadáver es expuesto varios días en público. En la iglesia de Taganrog, los visitantes quedan sorprendidos: la cara del soberano está irreconocible, casi descompuesta. El príncipe Volkonsky, encargado de los restos, escribe: "la cara está ennegrecida por el aire húmedo y los rasgos del difunto están completamente cambiados". Finalmente, cuando, 40 años después de la muerte del zar, su sobrino nieto Alejandro III hace abrir la tumba para terminar con los rumores, sólo encuentra ¡un ataúd vacío!

El extraño starets de Krasnoretchensk
Doce años después de la muerte del zar, en el otoño de 1836, un sorprendente personaje de unos sesenta años es tomado preso en la provincia de Perm. Este caballero de ademanes nobles se presenta como un vagabundo de nombre Fedor Kuzmich, de vuelta de un largo viaje por tierra Santa. Los policías quedan sorprendidos por su soltura y sus aires de gran señor. Pero, conforme a las leyes en contra de la vagancia, el prisionero es deportado a Siberia. Este no protesta. Durante largos años trabaja en una destilería y después en una mina de oro. Pero Kuzmich no es un hombre ordinario. Brota de él una nobleza moral solo igualada por su piedad y, poco a poco, llega a ser considerado como un starets , un hombre santo. Instalado en una pequeña casa en Krasnoretchensk, Fedor Kusmich no pide nada. Sin embargo, numerosos visitantes, como el obispo de Irkutsk, vienen a entrevistarse con él. El hombre sorprende: habla varios idiomas extranjeros, conoce perfectamente todos los acontecimientos políticos y a los grandes dirigentes, se apasiona cuando cuenta, con una precisión increíble, la guerra de 1812 y los detalles de la entrada del zar Alejandro en Paris. Todos los testimonios concuerdan: sólo se puede tratar de una persona que haya vivido esos acontecimientos desde una alta posición en el Estado. Un antiguo soldado de vuelta de campaña, cruzándose un día con el hombre santo (al que no conoce, se arrodilla frente a él: reconoció a su amo, el zar Alejandro. Fedor Kusmich se enoja y calla al soldado: "yo soy sólo un vagabundo" repite varias veces.
Desde entonces los historiadores están en busca de la verdadera identidad del starets . Algunos documentos prueban que el vagabundo recibió en secreto la visita de varios miembros de la familia imperial: no es imposible que Fedor Kusmich y Alejandro I sean el mismo hombre.

La Isla del Paraíso, Las Travesías de San Brandan



Considerado sin razón durante mucho tiempo como legendario, san Brandan es uno de los grandes viajeros de la época celta. Durante siglos, los relatos apócrifos de sus viajes apasionaron a los lectores medievales.
Las distintas versiones de la Navegación de san Brandan (Navigatio Sancti Brandani) se escalonan entre los siglos IX y XIV, pero las copias de manuscritos aumentan sensiblemente a partir del siglo XII y su difusión se extiende por toda Europa. La fascinación que ejerce el personaje se explica por la convicción generalizada que descubrió la Isla de las Maravillas, es decir, el Paraíso terrenal.

Navegar en la época de San Brandan
Las embarcaciones de los celtas del siglo VI fueron construidas de acuerdo a los modelos antiguos que ya habían sido descritos por los autores romanos. Existen dos tipos: el primero, el coracle es muy liviano. Pieles de animales cosidas entre sí (las costuras eran untadas con manteca para impermeabilizarlas) son extendidas sobre una armazón da madera. Las estructuras que se fabrican así tienen de 4 a 12 m de eslora un ancho no superior a los 2,50 m y pueden llevar hasta dieciséis remeros. El coracle tiene un solo mástil amovible y no posee quilla saliente u orza. El otro tipo de embarcación usado es el pontón de madera, que tiene generalmente poco más de 20 m de eslora y 7 m de manga. La altura del casco del pontón alcanza los 3 metros. Tiene un mástil principal fijo de unos 15 m de altura, que lleva una vela cuadrada de 200 m, más un pequeño mástil en la parte delantera, muy inclinado, cuya vela de 50 m sirve especialmente para las maniobras, Navega en el mar mucho mejor que el coracle. Los instrumentos de navegación se limitan al antiguo "gnomon" (una variación del cuadrante solar) que se usa para comparar la hora local con la hora de salida que se calcula, con muchos errores con la ayuda de relojes de arena que se deben dar india cada... media hora. Aparentemente no existe una brújula primitiva ni ningún instrumento que permita calcular la velocidad. Para llegar a la tierra más cercana, se observa la dirección que toman unos cuervos sedentarios que son liberados para la ocasión, el procedimiento sólo es válido si no se está en medio del océano...

Los monjes navegantes
En los siglos V y VI, los monjes celtas, cuya tradición católica de origen oriental se opone en cierta medida a la que Roma intenta imponer en Europa continental, se adentran en el mar. Se proponen convertir a los paganos del oeste, lo que explica la importancia que reviste para ellos conocer las islas del Atlántico.
Por otra parte, en el evento que pudieran realizar el viaje hasta Jerusalén al menos una vez, se les recomienda exiliarse solos o en pequeños grupos en lugares apartados para hacer penitencia y construir eventualmente un monasterio. De este modo, se establecen en Islandia ya a fines del siglo V. Sin embargo, numerosos monjes ya no pueden integrarse a la vida común y pasan su tiempo viajando de isla en isla. La razón de sus vagabundeos radica en una esperanza loca: descubrir el paraíso terrenal que una tradición ubica con extraña certeza al otro lado del Atlántico.

Los primeros viajes de Brandan
Hacia el 506, Brandan, un hombre libre nacido en Irlanda alrededor del 484 y ordenado sacerdote por el año 504, vive en el país de Gales.
Unos quince años mas tarde, realiza, junto a una pequeña tripulación, su primer gran viaje hasta Islandia a bordo de una embarcación liviana llamada coracle. En el curso de uno de sus viajes a esta isla, entonces considerada como la antesala del Paraíso, una especie de "purgatorio moderno", divisa por primera vez, la capa de hielo que cubre el océano polar y los icebergs. Hacia el 527, esta vez acompañado por otros dos coracles, llega al parecer por primera vez hasta las Canarias, las islas de la Fortuna de los antiguos, luego toma rumbo hacia mar afuera. ¿Hasta dónde llega exactamente en este viaje? No sabríamos decir, ya que las diferentes fuentes tienden a confundir las peripecias de este viaje con las de la expedición siguiente, que fue de mucha mayor trascendencia.
Sin embargo, parece que después de haber viajado lentamente por el mar, los coracles deben enfrentar una terrible tormenta que hunde a dos de ellos con su tripulación y cargamento. Cuando vuelve la calma. Brandan y los sobrevivientes divisan desechos vegetales flotando en el agua que indican la proximidad de una tierra occidental. Demasiado afectados los marinos deciden sin embargo devolverse: el viaje no logra cumplir su objetivo.

Rumbo al Paraíso
Unos quince años más tarde, probablemente en 544 - 545 (a la sazón Brandan ya tiene casi sesenta años y vive en Bretaña), el monje emprende una nueva expedición. Esta vez se embarca en un sólido navío de madera, un pontón, y después de hacer otra vez escala en las Canarias, se lanza a la conquista del Atlántico. Nuevamente, los textos relatan las dificultades de una larga travesía en alta mar y mencionan una tempestad. Luego los navegantes descubren, flotando en el agua hojas de palmera y extrañas cáscaras cubiertas de fibras, sin duda nueces de coco. Este detalle es muy importante, ya que los textos que lo citan datan de una época en que estos frutos todavía no se conocían en Europa. Unos días después, el barco llega finalmente a una gran isla tropical. La descripción de esta isla y la de la corriente marina que la rodea antes de internarse hacia el este hacen pensar que podría tratarse de Cuba. Brandan desembarca ahí y se establece por cierto tiempo, luego vuelve a Bretaña, a la que llega dos años después de su partida. Los textos afirman que ha pisado el suelo del Paraíso terrenal.

¿San Brandan, un personaje histórico?
Aunque no existan razones para dudar de la existencia de Brandan, monje-navegante de la primera mitad del siglo VI, nada indica que todas las hazañas que le atribuyen los manuscritos le correspondan específicamente a él. Es posible que la celebridad medieval del monje viajero y de su isla Maravillosa hayan llevado a atribuirle la paternidad de viajes o episodios de viajes que pudieran corresponder a otros navegantes celtas que se mantuvieron en el anonimato. Es sabido que los textos hagiográficos deben manipularse con mucha prudencia. Sin embargo, la veracidad y los detalles de gran cantidad de descripciones (los icebergs y las nueces de coco) ponen en evidencia que fueron hechas a partir de testimonios reales. Por otra parte, existen muchos indicios que sugieren que desde la antigüedad, el océano Atlántico era mucho más frecuentado de lo que pensamos. El viaje hasta las islas americanas es entonces menos improbable de lo que parece, y es muy legítimo que Brandan, u otro marino celta, pueda ser considerado como un precursor del gran Cristóbal Colón.